El proceso inmunitario

Toda sustancia ajena al organismo capaz de desencadenar una respuesta inmune es un antígeno. Según su origen, los antígenos se denominan:
•Heteroantígenos. Son los que pertenecen a organismos de otra especie distinta. Se trata de moléculas situadas en las cápsidas o en las envueltas víricas, en las paredes bacterianas, en la superficie de las células o de moléculas segregadas por ellas, como las toxinas.
•Isoantígenos. Proceden de otro individuo de la misma especie, como los antígenos de superficie de los glóbulos rojos que constituyen el sistema
ABO.
• Autoantígenos. Son los menos habituales y consisten en macromoléculas del propio organismo a las que el sistema inmunitario reconoce como extrañas y considera, por tanto, como antígenos.
Aunque los antígenos son fundamentalmente proteínas, muchos son polisacáridos y lípidos complejos que tienen también capacidad antigénica O. Esto es, desencadenan la formación de anticuerpos. Esta carácterística es responsabilidad exclusiva de una pequeña parte de la estructura de estas macromoléculas, mediante la cual se unen a los anticuerpos o a los receptores antigénicos de los linfocitos.
Esta regíón se denomina determinante antigénico o epítopo y es la zona inmunológicamente activa de un antígeno. En los antígenos proteicos, por ejemplo, el determinante antigénico está constituido únicamente por cuatro o cinco aminoácidos de su secuencia. Cuando el epitopo es único, solo se puede unir con una molécula de anticuerpo, y se conoce como antígeno univalente. Los antígenos polivalentes tienen varios epítopos, y esto supone que puedan unirse a varias moléculas del mismo anticuerpo o a varios anticuerpos distintos.
La mayoría de las proteínas tiene carácter antigénico. La estructura espacial de la proteína es muy importante, pues su desnaturalización impide la uníón del anticuerpo sintetizado contra ella. En muchos casos, la proteína desnaturalizada induce la formación de un nuevo anticuerpo específico.
Hay pocos glúcidos que estimulen la formación de anticuerpos, pero de su combinación con proteínas resulta siempre una molécula altamente antigénica, como es el caso de los isoantígenos del sistema ABO.


Los anticuerpos son moléculas producidas por los linfocitos B como respuesta a la presencia de un antígeno, y destinadas a unirse específicamente a él. Los anticuerpos pueden permanecer adheridos a las membranas de los linfocitos, actuando como receptores de superficie, o bien ser liberados hacia la sangre, donde forman parte de las proteínas plasmáticas, la linfa o las secreciones corporales. Los anticuerpos son proteínas de conformación globular que, debido a sus propiedades, reciben el nombre de inmunoglobulinas (Ig). Están compuestas por cuatro cadenas de aminoácidos:

• Dos cadenas H (pesadas) iguales entre sí y de gran tamaño (400 aminoácidos).

• Dos cadenas L (ligeras) más cortas que las H (200 aminoácidos) y asimismo idénticas entre si.

Las cuatro cadenas se mantienen unidas por una combinación de uniones covalentes (puentes disulfuro) y adoptan en el espacio una estructura tridimensional en forma de Y. El tallo está constituido por parte de las cadenas H y contiene en su base los carboxilos terminales. Cuando se bifurca, se originan dos ramas, integradas por las cadenas H y por las cadenas L adosadas a ellas. Ambas ramas finalizan con los grupos amino terminales de las dos cadenas. La zona de la bifurcación o bisagra tiene varios puentes disulfuro, lo que confiere a la molécula cierta plasticidad. El tallo presenta algunas moléculas glucídicas, cuya función no se conoce con exactitud. Un anticuerpo dispone de una regíón constante integrada por el tallo y una parte de ambas ramas, y de dos regiones variables compuestas por los extremos de las mismas. La regíón variable constituye el sitio de uníón al antígeno, denominado parátopo, y permite la uníón de, al menos, dos moléculas de un mismo antígeno.

Tipos de inmunoglobulinas:

– IgG o gammaglobulinas: monómeros y con cadenas H de tipo gamma. Son los anticuerpos más numerosos en la sangre. Constituyen las primeras y únicas moléculas defensivas en el embrión y el recién nacido, dotando de inmunidad pasiva. Producen inmunidad frente a bacterias virus y hongos y activan las células fagocito de la sangre y el sistema complementario

• IgA: Son monómeros polímeros, con cadenas H de tipo alfa, son estructuras linfoides presentes tanto en sangre como secreciones vaginales saliva, lágrimas mucosas intestinales y respiratorios, o en la leche. Protegen al organismo tanto de los patógenos inhalados como de los ingeridos. 

•IgM: Pentámeros con cadenas H de tipo mu. Primeras inmunoglobulinas que se forman como respuesta a un antígeno. Aparecen tanto en sangre y otros fluidos extracelulares como en la superficie de los linfocitos B. Eficaces contra bacterias y virus, activan la fagocitosis y el sistema del complemento.  Caracterizan al grupo sanguíneo porque son anticuerpos completos que siempre producen aglutinación.

•IgD: Monómeros y cadenas H de tipo Delta. Se encuentran en la superficie de los linfocitos B.

• IgE: Monómeros con cadenas H de tipo épsilon, se hallan fundamentalmente en los tejidos, y son los causantes de los fenómenos alérgicos.


La reacción inmune es el proceso que tiene lugar cuando los anticuerpos o las células que intervienen en la respuesta inmune se encuentran con el antígeno. De hecho, se la llama reacción antígeno-anticuerpo, y en ella el determinante antigénico se acopla con la porción variable de un anticuerpo como lo hace una llave con su cerradura. La uníón se produce mediante enlaces de Van der Waals,

La reacción antígeno anticuerpo es específica, el resultado final consiste en la formación de complejos antígeno-anticuerpo que, posteriormente, son fagocitados.

TIPOS DE REACCIÓN ANTÍGENO-ANTICUERPO

Precipitación: Tiene lugar cuando los antígenos son polivalentes. En este caso, los anticuerpos libres se unen a ellos formando complejos tridimensionales muy grandes que dejan de ser solubles y precipitan. La precipitación es máxima cuando las concentraciones del antígeno y del anticuerpo son iguales.

Aglutinación: Este proceso ocurre cuando los anticuerpos, aglutininas, se encuentran con antígenos situados en la superficie de bacterias o de otras células, aglutinógenos, constituyéndose agregados celulares que sedimentan con facilidad.

Neutralización: Consiste en eliminar los efectos negativos del antígeno, y es un proceso reversible. Actúan así los anticuerpos que se comportan como antitoxinas, o los que se fijan a la cápsida o a la envuelta de un virus, disminuyendo su capacidad infectante.

Opsonizacion: Las opsoninas son anticuerpos que se fijan en la superficie de los microorganismos, marcándolos para que las células fagocíticas los localicen mejor y los fagociten.


El sistema del complemento

Conjunto de las 20 proteínas plasmáticas que se sintetizan en el hígado y se encuentran en estado de proenzimas.

La interacción de unos con otros, provoca una serie de reacciones en cascada.

El mecanismo logra una enorme amplificación de la respuesta, la función de esas proteínas es complementario producía la acción de la respuesta inmune. 

• Actúan como mediadoras en la inflamación porque provocan un aumento de la dilatación y la permeabilidad de los capilares, facilitando la llegada de leucocitos al lugar en el que se ha producido la infección.

• Señalán células extrañas, para que las detecten, a los macrófagos y a los anticuerpos.

• Provocan la lisis de células invasoras

Dos vías:

• Vía clásica. Se activa ante complejos antígeno-anticuerpo situados en la superficie

de los microorganismos, provocando su lisis. Este sistema, que requiere una respuesta inmune específica previa, se pone en funcionamiento cuando una de estas proteínas es fijada por un complejo antígeno-anticuerpo. Esto genera una serie de activaciones en cadena de las restantes proteínas que conduce finalmente a la formación de una proteasa. Esta produce poros en la membrana del microorganismo, que pierde así sus componentes citoplasmáticos o que permiten la entrada de agua.

Vía alternativa: el sistema se pone en marcha ante la presencia de moléculas microbianas sin que exista respuesta inespecífica previa.

Las dos vías de activación del complemento conduce a la formación del complejo ataque de la membrana que causa la lisis celular


La respuesta inmune humoral:


Es la que está mediada por anticuerpos. Teoría de la selección clonal: la llegada de un determinado antígeno al organismo estimula la proliferación selectiva de aquellos linfocitos que tienen en su membrana anticuerpos específicos para ese antígeno, esto es, se origina un clon de linfocitos. El sistema inmunitario está formado por miles de clones de linfocitos que se adquieren a lo largo de la vida. En una fase temprana del desarrollo embrionario, las células madre de los linfocitos comienzan a diferenciarse y originan miles de tipos de linfocitos distintos. Aquellos que poseen en su superficie autoantígenos sufrirán apoptosis tras el acoplamiento. Mecanismos de la RIH: Cuando un antígeno penetra en el organismo, encuentra al linfocito que muestra en su superficie el anticuerpo con el que se puede acoplar. Esta uníón estimula y activa al linfocito, que prolifera rápidamente generando dos estirpes celulares: 1-Células plasmáticas: Aparecen por diferenciación de linfocitos B inmaduros, que aumentan mucho de tamaño, cambian la disposición de la cromatina en el núcleo y desarrollan una gran masa de retículo endoplasmático rugoso , que genera constantemente enormes cantidades de anticuerpos y estas se sitúan en la corteza de los ganglios linfáticos. 2-Células de memoria: se mantienen en la sangre y continúan fabricando pequeñas cantidades de anticuerpos durante mucho tiempo. Así, una vez superada la infección, si el organismo vuelve a encontrarse con el patógeno, este dispone de cierta cantidad de anticuerpos específicos contra él.

La respuesta inmune celular


En la respuesta inmune celular intervienen los linfocitos T y los macrófagos, pero no se fabrican anticuerpos, y es un mecanismo especialmente efectivo en la destrucción de células infectadas por un virus, en células tumorales, etc…

Mecanismo de la RIC

Los macrófagos son conocidos también como células presentadoras de antígenos.Cuando un antígeno logra penetrar en el cuerpo, es detectado por los macrófagos, que lo fagocitan. Después, los lisosomas fabrican enzimas hidrolíticas que deshacen las proteínas del antígeno, transformándolas en pequeños péptidos que son expuestos en la superficie del macrófago gracias a las proteínas del complejo principal de histocompatibilidad (MHC).Los linfocitos T disponen en su membrana de receptores especializados (TCR) en reconocer esos fragmentos peptídicos unidos a proteínas MHC.

El MHC lo constituyen un grupo de proteínas codificado por un conjunto de genes que se encuentran entre los más polimórficos de los vertebrados superiores.

 Las proteínas del MHC están formadas por dos cadenas distintas y presentan cuatro dominios estructurales. De ellos, los dos más próximos a la membrana celular son comunes a todas, pero los dos más alejados son muy variables y delimitan un surco destinado al antígeno. Este surco es pequeño y cerrado, y solo admite péptidos de 10 o 12 aminoácidos en las proteínas de clase I, o bien se trata de un surco abierto lateralmente que puede aceptar péptidos más grandes, como en las proteínas de clase II: 1- Las proteínas de clase 1: Aparecen en las células con núcleo y están implicadas en la presentación de antígenos endógenos de células infectadas por virus, o cancerosas, a un tipo de linfocitos T, los linfocitos T citotóxicos (CD8). Que los reconocen. 2- Las proteínas de clase 2: Están en las células presentadoras de antígenos, que procesan antígenos exógenos y los presentan a los linfocitos T colaboradores (CD4).

Los linfocitos T en la respuesta inmune celular:


Cuando se produce el reconocimiento y la uníón con el complejo antigénico se activa el linfocito T, que responde dividíéndose y diferenciándose en cuatro posibles tipos celulares:

1- Linfocitos T citotóxicos (CD8)

Reaccionan ante péptidos extraños situados en la superficie de cualquier célula. Se fijan sobre ella y liberan proteínas que la destruyen. Estas proteínas pueden ser de varios tipos: Citotoxinas (degradan la membrana celular), Citocinas (impiden la replicación de los virus), Linfocinas (activan los macrófagos).

2- Linfocitos T colaboradores:

Reconocen péptidos unidos a proteínas MHC en la superficie de los macrófagos o de otras células presentadoras de antígenos. Cuando estas células se activan, liberan una gran cantidad de linfocinas, que promueven la proliferación de los linfocitos citotóxicos y de linfocitos B. 

3- Linfocitos T supresores

Inhiben la acción de los linfocitos colaboradores y detienen la respuesta inmune.

4- Células de memoria

Cuando los linfocitos T se activan, algunos permanecen en el tejido linfático como células de memoria. Estas células continúan dividíéndose durante años, esperando a que el patógeno vuelva a invadir el organismo. Cuando esto ocurre, se dividen rápidamente y lo destruyen antes de que pueda ocasionar la infección.

Existe otro tipo de linfocitos que no son asimilables a las otras clases conocidas, y se denominan por ello células no-B no-T, son las células NK. Estas son más grandes y tienen granulación citoplasmática, pero no reconocen antígenos ni originan memoria inmunológica. Poseen una actuación inespecífica y destruyen células cancerosas, células infectadas por virus y células de órganos trasplantados. También producen linfocinas, que regulan la actividad de los linfocitos B y T.


El sistema inmune:


El estado inmune lo propician tanto el sistema inmunitario innato como el sistema inmunitario adaptativo. 1-El sistema inmunitario innato: Es capaz de eliminar muchos agentes patógenos en el primer contacto, pero no asegura la inmunidad total al organismo debido al gran número de gérmenes que hay, a su elevada tasa de mutación y a su gran capacidad para evadir las defensas orgánicas. Los leucocitos, no reaccionan específicamente contra ningún germen, sino que reconocen la presencia de determinadas moléculas que son comunes a muchos agentes infecciosos. 2-El sistema inmunitario adaptativo: permite reconocer y atacar a cualquier patógeno, aunque no haya habido ningún contacto previo. El sistema actúa por la acción de los linfocitos que, mediante la producción de un determinado anticuerpo o de células defensivas, desencadenan una respuesta específica. 3-Linfocitos T supresores: Inhiben la acción de los linfocitos colaboradores y detienen la respuesta inmune. 4-Células de memoria: Cuando los linfocitos T se activan, algunos permanecen en el tejido linfático como células de memoria. Estas células continúan dividíéndose, esperando a que el patógeno vuelva a invadir el organismo. Cuando esto ocurre, se dividen rápidamente y lo destruyen antes de que pueda ocasionar la infección. Existe otro tipo de linfocitos que no son asimilables a las otras clases conocidas, y se denominan por ello células no-B no-T, son las células NK

Tipos de inmunidad:


Este tipo de inmunidad, en la que el individuo es resistente a gérmenes concretos es la inmunidad congénita natural. Frente a otras enfermedades infecciosas ante las que se es vulnerable, el organismo va adquiriendo un estado de inmunidad a lo largo de la vida, a medida que se encuentra con los patógenos, se consigue así una inmunidad adquirida y hay dos tipos fundamentales:

1-Inmunidad adquirida activa:

Es el propio organismo, mediante su sistema inmunitario, el que fabrica anticuerpos ante la presencia del patógeno; bien porque padece la enfermedad que este provoca, bien porque se ha vacunado. En el primer caso se habla de inmunidad activa natural, y en el segundo, de inmunidad activa artificial.

2- Inmunidad adquirida pasiva:

Los anticuerpos no han sido sintetizados por el organismo, sino que proceden de otro. Se llama inmunidad pasiva natural cuando el feto o el recién nacido reciben anticuerpos maternos a través de la placenta o durante la lactancia y se trata de inmunidad pasiva artificial cuando, por ejemplo, se inyecta a un enfermo un suero.


Inmunización pasiva:


Consiste en dar protección frente a una enfermedad en curso inyectando un suero con los anticuerpos específicos contra el patógeno que la produce. Así, se proporcionan anticuerpos de forma inmediata y la inmunización es efectiva a las pocas horas y la resistencia es poco duradera y no genera memoria. Esta práctica se realiza cuando una persona está enferma y ni es posible esperar a que una vacuna haga efecto.

Inmunización activa:


Una vacuna es un conjunto de antígenos que se introducen en el organismo sano e inducen al sistema inmunitario a producir anticuerpos. Como los antígenos carecen de poder patógeno, pero conservan sus carácterísticas antigénicas intactas, no se sufren los efectos de la enfermedad, pero se crean anticuerpos específicos y células de memoria, pudiendo actuar en futuras infecciones. Y las vacunas pueden ser de varios tipos:

1-Formas atenuadas del microorganismo patógeno:

Estas vacunas crean una inmunidad permanente debido a lo estable del antígeno. No ocurre así en el caso de la gripe, que, a causa de la elevada tasa de mutación que presenta, obliga a inyectar un conjunto de virus que incluye las últimas cepas conocidas, pero no asegura la inmunidad frente a otras nuevas.

2-Microorganismos muertos:

Estas vacunas son las que se emplean contra algunas enfermedades víricas (rabia) y bacterianas (cólera). Como los patógenos están muertos, no se reproducen, y su acción antigénica es muy baja; para inducir la memoria inmunológica eficaz requieren dosis de recuerdo.

3-Toxinas bacterianas modificadas químicamente

Son toxoides o toxinas inactivas. No se pueden utilizar toxinas activas porque la cantidad de antígeno necesaria es letal. Son vacunas de este tipo la antitetánica o la antidiftérica.

4-Antígenos purificados

Son moléculas aisladas del germen, que aislados y purificados crean la vacuna contra esta enfermedad.
Las vacunas de ARN o vacunas de ARN mensajero, son aquellas en las que se emplea ácido ribonucleico para lograr el desarrollo de una respuesta inmune. Se diferencian de las vacunas tradicionales en que no se administran agentes vivos atenuados ni fragmentos del mismo, por lo que no existe el peligro de provocar la enfermedad que se pretende prevenir.
Para fabricarlas es preciso encontrar las secuencias de ADN que codifican antígenos esenciales del agente infeccioso y después transcribirlas para obtener el ARN correspondiente, el cual se usará como vacuna. La porción que entra en las células genera péptidos similares a los que posee el agente patógeno, lo que provoca una respuesta inmune que protege de la infección.


AUTOINMUNIDAD: la tolerancia inmune, capacidad que el sistema inmunitario adquiere mediante un proceso de aprendizaje durante las primeras etapas del desarrollo. El aprendizaje tiene lugar en el timo y en la médula ósea por un mecanismo de selección clonal:

• Selección de linfocitos T


Durante su maduración en el timo, desarrollan receptores de membrana que les permitirán reaccionar con las moléculas del MHC propias, con las que contactan mediante los autoantígenos. Solo sobreviven en esta etapa los linfocitos T que tienen receptores adecuados para reconocer antígenos extraños.

• Selección de linfocitos B


Un mecanismo semejante posibilita la selección de los linfocitos B que no producen anticuerpos contra los autoantígenos. Se inactivan los linfocitos que originan una acción destructiva sobre las células del individuo.
Un exceso de tolerancia lleva al organismo a confundir moléculas, generando un escaso nivel de respuesta, que provoca una inmunodeficiencia. Por el contrario, un defecto de tolerancia le hará reaccionar en exceso, incluso ante sus moléculas, creando un estado de autoinmunidad. Las causas de la autoinmunidad pueden tener relación con la predisposición genética, la disminución de linfocitos T supresores y con el mimetismo molecular O. Algunas enfermedades autoinmunes son:

• La esclerosis múltiple


Afecta a la sustancia blanca del sistema nervioso central. Sus síntomas (hormigueos, dolores en brazos y piernas, problemas en la visión y del equilibrio y falta de fuerza muscular) son debidos a la desmielinización de los axones, que produce importantes alteraciones neurológicas y parálisis. La enfermedad transcurre en forma de brotes y con deterioro progresivo. Carece de tratamiento curativo.

• La miastenia grave


Es una afección muscular causada por la producción de anticuerpos contra los receptores de acetilcolina (neurotransmisor). Presentes en las células musculares estriadas; estas dejan de responder a las señales nerviosas que provocan la contracción muscular. Los músculos sufren un debilitamiento progresivo

• La artritis reumatoide


Los macrófagos y los linfocitos se activan contra antígenos del tejido conjuntivo de las articulaciones, que se inflaman de modo crónico.

• El lupus eritematoso


Supone la formación de anticuerpos contra el ADN y las histonas, y ocasiona lesiones en el aparato circulatorio por destrucción de las plaquetas en los riñones, los ganglios y las vísceras. Llega a producir parálisis, y se caracteriza por una erupción en la cara que ocupa pómulos, frente y nariz.
La diabetes mellitus.
Ocurre cuando el sistema inmune produce anticuerpos contra moléculas situadas en las células beta del páncreas, lo que provoca la formación insuficiente de insulina que conlleva estados de hiperglucemia. Los enfermos muestran diversos grados de glucosuria (valores altos de glucosa en orina) y polidipsia (sed constante).


Hipersansibilidad inmediata:


Es la conocida como reacción alérgica o alergia. Consiste en una respuesta muy rápida que aparece a los 15 o 20 minutos tras el contacto con el antígeno, que en este proceso se denomina alérgeno. Son alérgenos los pólenes, hongos, ácaros, el pelo, algunos fármacos, venenos de insectos, sustancias de algunos alimentos como frutos secos, mariscos, huevos, etc. La reacción alérgica se produce en tres fases:

1. Fase de sensibilización


Cuando el organismo entra en contacto por primera vez con el alérgeno, los macrofagos lo captan, lo fagocitan y muestran sus fragmentos en superficie gracias a las proteínas del MHC. Los linfocitos T colaboradores los reconocen, se anclan a ellos y liberan linfocinas que causan la maduración de los linfocitos B vecinos. Estos se transforman en células plasmáticas y liberan grandes cantidades de IgE. Estas se unen y recubren la superficie de los mastocitos.

2. Fase de activación de los mastocitos


Tiene lugar a partir del segundo contacto, cuando las moléculas del alérgeno se unen a las IgE de estas células y de los basófilos. Se genera la liberación de mediadores químicos como la histamina, la serotonina o las prostaglandinas.

3. Fase de alergia


La liberación de mediadores químicos provoca los síntomas de la alergia, que pueden ser inflamación de párpados, ojos y mucosas; congestión nasal y estornudos; asma; vómitos, náuseas y espasmos abdominales en el tracto gastrointestinal. Algunos alérgenos inyectados en sangre pueden provocar la muerte por asfixia o por un descenso brusco de la presión sanguínea (anafilaxia).
Como tratamiento, se usan antihistamínicos que bloquean los receptores de la histamina en los capilares, anulando así la vasodilatación, la permeabilidad capilar y el edema. También se realizan procesos de desensibilización, que son similares a la administración de una vacuna; ante dosis crecientes de alérgeno, el sistema inmune genera grandes cantidades de IgG que se unen a él, impidiendo su acceso a las lgE.


VIH:


 Las inmunodeficiencias adquiridas aparecen en cualquier momento de la vida, y tienen su origen en diversas causas, como la malnutrición, las leucemias, el cáncer o las infecciones víricas. El sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) es una enfermedad infecciosa que reduce la respuesta del sistema inmune y provoca su destrucción. Lleva al organismo a una indefensión tal, que le impide superar cualquier infección microbiana leve, y además aumenta la incidencia de algunos cánceres. Se detectó en 1981 en una serie de casos de neumonía asociada a otras infecciones y al sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer de piel. Los pacientes eran homosexuales jóvenes que tenían una escasa cantidad de linfocitos T colaboradores, lo que hizo pensar en una alteración del sistema inmunitario. Un año después, en EE.UU. Se le asignaba a la patología el nombre de AIDS. Rápidamente aparecieron casos entre personas que se inyectaban drogas intravenosas, enfermos de hemofilia, receptores de transfusiones, personas que manténían contactos sexuales con infectados, y recién nacidos de madres infectadas.

Caract. Y estructuras:

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es el causante del sida, y fue aislado en 1983 en el Instituto Pasteur de París. Se trata de un virus que pertenece a la familia de los retrovirus, que se caracterizan porque su material genético es ARN y copian su información genética a ADN gracias a la acción de una enzima, la transcriptasa inversa. El VIH tiene una estructura carácterística formada por:
•La envuelta, constituida a su vez por una capa continua interna,  y una bicapa lipídica externa.
• La cápsida, que es troncocónica, hueca y está constituida por moléculas de la proteína p24, que protege el material genético. Este consiste en dos fragmentos de ARN monocatenario asociados a dos moléculas de transcriptasa inversa y a enzimas. Existen dos formas del virus: el VIH-1 y el VIH-2. El VIH-1 es el más extendido por el mundo y el más devastador. Esta variante causó más de 40 millones de muertes en 20 años. El VIH-2 ha sido detectado solo en ciertas poblaciones de África occidental; se diferencia en que algunas proteínas de la envuelta son distintas y es menos virulento. El virus está sometido a mutaciones constantes de su ARN. Que se traducen en cambios de sus antígenos de superficie, lo que dificulta el hallazgo de una vacuna. Se ha sugerido también que las mutaciones del virus que causan inmunodeficiencias en primates africanos podrían haber generado el virus de la inmunodeficiencia humana. El virus se encontraba ya en África a mediados del Siglo XX, como demuestran los anticuerpos hallados en muestras de sangre fechadas en 1959 en Zaire. Todo parece indicar que en ese tiempo era menos patógeno y era bien tolerado por la población. Los cambios que ha experimentado el mundo globalizado han extendido un virus que, inicialmente aislado, en la actualidad es la causa de una pandemia.



– Infección por el VIH:

La infección se desarrolla en dos fases; la fase asintomática en la que el virus llega a la sangre, y una segunda, o fase sida, en la que se manifiestan los efectos de la infección.

Ciclo de reproducción:


Cuando el virus entra en contacto con los linfocitos T colaboradores, la glucoproteína se une a las membranas de estos linfocitos, que poseen la proteína CD4 en su superficie. Se produce una fusión de membranas por la cual la cápsida del virus queda libre en el citoplasma del linfocito. Se reabsorben sus proteínas líberándose el ARN, que gracias a la transcriptasa inversa se copia en ADN. El ADN formado se autocopia, dando lugar a dos fragmentos de doble hélice que se desplazan hasta el núcleo del linfocito y se
integran en su genoma. Se completa así el ciclo lisogénico del virus, que puede permanecer inactivo en estado de provirus hasta10 años, en una fase asintomática. En este tiempo, cada vez que el linfocito se divide, se transmite una copia del ADN vírico a las células hijas. A los dos meses desde el comienzo de la infección, pueden detectarse en el suero anticuerpos contra el virus. Y se habla entonces de un individuo seropositivo.
Después, el ADN vírico se separa del genoma del linfocito y se expresa: entra en ciclo lítico formándose moléculas de ARN y de ARNm que migran al citoplasma donde se codificarán las proteínas de la cápsida. Tras el ensamblaje, los virus abandonan la célula.
Al salir, arrastran una porción de la membrana de la célula, y así se constituye la envuelta. El linfocito libera lentamente virus hasta que muere, y estos infectan a otros linfocitos. El número de linfocitos T va disminuyendo, (menos de 200 linfocitos por mm° de sangre). Los linfocitos B sin el estímulo de los T no producen suficientes anticuerpos para contrarrestar al virus, por lo que la respuesta humoral también se ve afectada.
Entonces comienza la fase sida, en la que el sistema inmune está tan debilitado que las infecciones microbianas, incluso las oportunistas, se generalizan. Además, se desarrollan ciertos tipos de cáncer. El tiempo que media entre la infección por el virus y la aparición de los primeros síntomas oscila entre uno y diez años.

Contagio, prevención, diagnóstico y tratamiento:

El virus se contagia cuando entran en contacto los fluidos corporales:

• La sangre


Desde 1987 es obligatoria la prueba de detección de anticuerpos anti VIH en los bancos de sangre. Pero supone riesgo compartir o entrar en contacto con objetos contaminados, como jeringuillas o agujas infectadas, o con heridas.

• Las relaciones sexuales


Es la vía de contagio más extendida. Se produce cuando el semen o los fluidos vaginales entran en contacto con la sangre, debido a pequeñas lesiones en las mucosas producidas durante la penetración. Las infecciones de transmisión sexual como gonorrea o sífilis aumentan las probabilidades de contagio.

• La vía materno-filial


El porcentaje de hijos de madres seropositivas infectados está en torno a un 30 %. El virus es capaz de atravesar la placenta y llegar a la sangre del feto; y puede contagiarse durante el nacimiento por lesiones en el canal del parto. La lactancia también es una vía de contagio, por la carga viral de la leche. El diagnóstico se realiza con el método ELISA, que consiste en poner en contacto
suero del paciente con antígenos del VIH; así se detectan anticuerpos anti-VIH, lo que implica la presencia del virus. No existe aún ningún tratamiento que permita destruir y eliminar el virus, pero los medicamentos de los que se dispone (retrovirales) ralentizan el curso de la infección, ya que pueden dificultar la transcripción inversa o inhibir las proteasas liberadas por ARN vírico, o impedir que el ADN vírico se integre en el genoma de los linfocitos T. Estos efectos se traducen en una menor carga viral.


CÁNCER:


En un adulto, solo los tejidos proliferativos presentan actividad mitótica constante en sus células. En el resto de los tejidos, las células están normalmente en fase G0, salvo cuando, por causas desconocidas, algunas sufren una transformación que las lleva a dividirse de manera anárquica y sin control. Se forma un tumor. Este es benigno cuando las células tienen un crecimiento limitado y circunscrito al órgano donde se han originado. Cuando la proliferación no se detiene e invade otras estructuras, es un tumor maligno, esto es, un cáncer. Si las células que migran a través de la sangre o la linfa se instalan en otra parte del cuerpo y causan otro tumor, se trata de metástasis. Las células cancerosas poseen carácterísticas comunes: pierden la morfología y funciones de las células del tejido del que proceden, presentan numerosas alteraciones cromosómicas, proliferan indefinidamente, muestran alteraciones del citoesqueleto y de su glicocálix (desaparece en ellas la inhibición por contacto y su dependencia del anclaje con las células vecinas), y tienen un origen clonal.

SISTEMA INMUNITARIO FRENTE A CÁNCER:


El sistema inmunitario inhibe normalmente el desarrollo del cáncer. Sus células presentan en superficie moléculas antigénicas distintas a las de las células normales que, al no ser reconocidas, desencadenan mecanismos de defensa inmune. Se desarrolla una respuesta inmune celular gracias a los linfocitos T citotóxicos, que se unen a células con antígenos alterados y las destruyen. Los linfocitos T colaboradores liberan linfocinas, que refuerzan a los citotóxicos y activan a los macrófagos y a los linfocitos B. Estos, gracias a los anticuerpos, pueden unirse a las células cancerosas, activando a los macrófagos, pero además, a las células NK y al sistema del complemento.

Pero a pesar del sistema inmune, el organismo sufre a veces cáncer y no se sabe con certeza cómo las células cancerosas consiguen eludir su acción. Esta es una de las líneas de investigación de la oncología

. Algunas de esas ideas son:

•Las células cáncerígenas tienen pocas moléculas MHC en su membrana, lo que hace que los linfocitos citotóxicos posean dificultades para reconocerlas.
• Las células cancerosas tienen la capacidad de “esconder” sus antígenos, y los anticuerpos específicos no los detectan, porque no resultan extraños.
• Existe un gran número de antígenos en las células cancerosas que provocan un bloqueo de los linfocitos y los impide reconocer a las células extrañas.
• La respuesta inmune es lenta, comparada con la velocidad de crecimiento del tumor.
Actualmente, en el tratamiento contra el cáncer se están impulsando una serie de técnicas (además de las clásicas como cirugía, radioterapia o quimioterapia) basadas en la acción del sistema inmune, que son las técnicas de inmunoterapia tumoral.