El teatro desde los 40 hasta la actualidad

tema 9.  1 El teatro de posguerra La evolución del teatro español en el Siglo XX también se ve determinada por la Guerra Civil. Durante los años de la contienda, tanto en la zona republicana como en la nacional se siguen dando representaciones teatrales que continúan las tendencias anteriores a la guerra, a la que quizá hay que añadir dramas testimoniales, inspirados por el clima sociopolítico, como las obras de Juan Ignacio Luca de Tena, del bando nacionalista, o Manuel Azaña, en el bando republicano. También se da un teatro político de circunstancias, como algunas obras de Alberti o Max Aub. Al terminar la Guerra Civil, nuestros dos mejores dramaturgos han muerto, Valle-Inclán y Lorca, y, entre los demás autores, la mayoría parte hacia el exilio (Alejandro Casona, Rafael Alberti, Max Aub…); los viejos maestros, como Benavente o Arniches, poseen ya escaso interés. A este panorama hay que añadir que el cine empieza a ser una seria competencia para el teatro pues el público lo prefiere como espectáculo de evasión o diversión. Recordemos que el aislamiento (político y cultural) y la censura —unida a la autocensura que los creadores se imponen a sí mismos— son condiciones que no debemos dejar de tener en cuenta al estudiar cualquier manifestación artística o cultural en la posguerra. La ideología única y oficial pretende la negación de todas las aportaciones más valiosas anteriores a la Guerra Civil, como las de Valle o Lorca. A estas circunstancias hay que sumar la miseria en que se halla sumido el país después de tres años de contienda fratricida. Aparte del teatro que se hace en el exilio, durante los años 40 y principios de los 50 cabe señalar tres líneas: Un teatro de alta comedia, en la línea del teatro de Benavente, caracterizado por ser las llamadas comedias de salón, que presentan una amable crítica de costumbres y la defensa de los valores tradicionales de la España triunfante y por el seguimiento de estructuras escénicas consagradas. Señalemos a José María Pemán, Juan Ignacio Luca de Tena, Edgar Neville y Joaquín Calvo Sotelo. Un teatro cómico, donde encontramos cierto interés en el trabajo de autores como Jardiel Poncela y Miguel Mihura.
Teatro entre 1939 y 1975 . Al final de la década de los 40 y primeros años 50 aparece un teatro de carácter existencialista, grave, preocupado, inconformista, en el que destacan dos obras y dos autores: Antonio Buero Vallejo, con Historia de una escalera (1949), y Alfonso Sastre, con Escuadra hacia la muerte (1953). Clases de teatros En la España del franquismo existen cuatro tipos de teatros, situados normalmente en grandes ciudades: • Teatros comerciales, gestionados por la iniciativa privada. Normalmente sólo apuestan por la representación de obras comerciales, extremadamente conservadoras en sus planteamientos estéticos. • Teatros nacionales, gestionados por el Estado, que permiten el estreno de montajes más ambiciosos, pero siempre sometidas a la estricta censura. Los más importantes eran el Teatro María Guerrero y el Teatro Español1 , ambos situados en Madrid. • El teatro independiente es el que se arriesga a representar obras más innovadoras, pero su supervivencia estaba amenazada por la penuria económica. Además, tiene escasa difusión y publicidad, por falta de medios económicos y por miedo a la censura. • Teatros universitarios, como el TEU (Teatro Español Universitario), sometido a la ideología falangista del Sindicato Español Universitario, que, sin embargo, se atrevíó a presentar obras de carácter innovador. 1.1 El teatro en el exilio Desarrollado en países como México o Argentina, presenta notables diferencias temáticas y estéticas con el desarrollado en España. Los autores exiliados incluyen en sus obras novedades vanguardistas. Los principales dramaturgos del exilio son los siguientes. Pedro Salinas escribe en Estados Unidos una serie de dramas sin apenas acción dramática, impregnados de un radical humanismo, con títulos como Judit y el tirano y El director. Rafael Alberti (1902-1999), uno de los principales poetas y dramaturgos de la Generación del 27, que había cultivado un teatro vanguardista antes de la Guerra Civil (El hombre deshabitado, de 1931) y un teatro político durante la República y la guerra (Fermín Galán, 1931; De un momento a otro, 1938) continuará su producción dramática en el exilio, con obras como Noche de guerra en el Museo del Prado (1956), de contenido épico-político. Durante el traslado de los cuadros del Museo realizada durante la Guerra Civil, los personajes de algunas pinturas cobran vida y personifican una gran sublevación política contra los tiranos. Su teatro se caracteriza por la presencia de elementos poéticos. Su obra más destacada quizá sea El adefesio (1944), grotesca y poética crítica de la intolerancia del poder. Max Aub (1903-1972), además de ocupar un lugar central dentro de la novela española del exilio, es un destacado dramaturgo. Comenzó su producción en el ámbito de la farsa, con influencias vanguardistas (El desconfiado prodigioso, 1934; Espejo de avaricia, 1927; Jácara del avaro, 1935). Es un teatro ligado al entremés, breve, con personajes corales. Durante la guerra produce un teatro de urgencia, y en el exilio sus obras se centran en los desastres de la guerra, la soledad y el propio exilio. Su obra más importante es el drama San Juan (1942), escenifica los hechos que se desarrollan en un buque en el que viajan un gran grupo de judíos que huyen de los nazis y a los que ningún gobierno concede permiso para desembarcar. El barco acaba naufragando. La obra no se representó en España hasta 1998. Alejandro Casona (1903-1965) había participado activamente en la vida cultural de la República —fue director del Teatro del Pueblo— y vivíó exiliado en Argentina hasta su regreso a España en 1962. Sus obras se caracterizan por su lenguaje cuidado y por estar muy bien construidas. Sus dramas están más cerca del teatro de evasión y de la comedia burguesa, alejado de las circunstancias sociales e históricas. Sin embargo, acercan al espectador a un universo dramático cargado de sentimiento y de poesía. La fantasía, el misterio, la imaginación y la leyenda parecen querer fundirse en sus obras con el mundo de la realidad y con la propia existencia de los personajes. 


Actualmente, el Teatro María Guerrero pertenece al Centro Dramático Nacional, dependiente del Ministerio de Cultura; el Teatro Español es propiedad del Ayuntamiento de Madrid. Teatro entre 1939 y 1975 3 Entre sus obras más conocidas figuran La sirena varada (1934), Prohibido suicidarse en primavera (1937), La barca sin pescador (1945) o Los árboles mueren de pie (1949). Su obra más destacada es La dama del alba, una bella fábula poética que desarrolla una historia fantástica. Se estrenó en Buenos Aires en 1944 y en España en 1962. 1.2 La comedia burguesa Esta tendencia dramática, evolución de la alta comedia, cumplíó la función de entretener al público y educar mediante el elogio de la virtud. La comedia burguesa se caracteriza por la perfecta construcción de las obras y por su intrascendencia, con dosis de humor, ternura y amabilidad. Las obras suelen dividirse en tres actos, poseen minuciosas acotaciones y un lenguaje muy elaborado desde el punto de vista estilístico. Sobresale el tema del amor para exaltar valores como la familia, el matrimonio, el hogar, etc. Ideológicamente muestran cierta neutralidad y presentan finalidad moralizadora. Los personajes pertenecen a la burguésía. Entre los autores de esta tendencia teatral debemos mencionar a los siguientes autores: • Jacinto Benavente (1866-1954) presenta en este período obras como Aves y pájaros (1940), Nieve en Mayo (1945), Divorcio de almas (1948), Ha llegado don Juan (1952) o El marido de bronce (1954). • José María Pemán (1898-1981) escribe obras como El testamento de la mariposa (1941), Hay siete pecados (1943) o Yo no he venido a traer la paz (1947). • Juan Ignacio Luca de Tena (1897-1975) es célebre por sus obras ¿Dónde vas, Alfonso XII? (1957) y ¿Dónde vas, triste de ti? (1959), muy populares en sus versiones cinematográficas —dirigidas por Luis César Amadori y protagonizadas por Vicente Parra y Paquita Rico—, estrenadas en 1959 y 1960, respectivamente. • Joaquín Calvo Sotelo (1905-1993) es autor de comedias y dramas de fondo moralizante, con pretensiones ideológicas. Posee un estilo refinado e ingenioso. Entre sus obras destacaremos La muralla (1954) —que alcanzó 600 representaciones seguidas en Madrid— y Una muchachita de Valladolid (1957). • José López Rubio (1903-1996) fue dramaturgo, guionista y director de cine. Entre sus obras dramáticas podemos destacar Celos del aire (1950) y La venda en los ojos (1954). 1.3 El teatro de humor Mención aparte merece el teatro humorístico, con sus tramas alejadas de la realidad cotidiana y con dos importantes nombres que debemos destacar: Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela. 1.3.1 Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Intentó renovar la risa en la escena española. Su humor está teñido de cierto absurdo y, frecuentemente, de inverosimilitud. Destacan Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936), Eloísa está debajo de un almendro (1940), Los ladrones somos gente honrada (1941), Los habitantes de la casa deshabitada (1942) y Como mejor están las rubias es con patatas (1945). 1.3.2 Miguel Mihura (1905-1977) Pese a sus limitaciones es nuestro mejor dramaturgo de la posguerra. Destaca su habilidad para urdir tramas sorprendentes, desde la comedia de enredo a la policíaca, su magistral manejo de los recursos escénicos y su imaginativo humor, disparatado y poético, por el que puede ser considerado un precedente del teatro del absurdo. De 1932, aunque estrenada en 1952 es su mejor obra: Tres sombreros de copa. Mihura ha afirmado que todo su teatro responde a una misma línea: “la de ocultar mi pesimismo, mi melancolía, mi desencanto por todo, bajo un disfraz burlesco”. En esta obra, Mihura muestra su concepción de la vida, el choque entre individuo y sociedad, que provoca descontento ante un mundo lleno de convenciones que atenazan al hombre y le impiden ser feliz. Otras obras son: El caso de la mujer Teatro entre 1939 y 1975 4 asesinadita (1946), El caso del señor vestido de violeta (1954), Carlota (1957), Melocotón en almíbar (1958), Maribel y la extraña familia (1959).


2 El teatro de los años 50: el social
Realismo. Con las obras de Buero Vallejo y Alfonso Sastre pasamos a una etapa orientada al teatro social y/o de protesta. Un nuevo público, joven y universitario pide un nuevo teatro más cercano a la realidad y más crítico, aprovechando la leve relajación de la censura en los últimos años cincuenta y sesenta. Surgen los primeros grupos de teatro alternativos, vinculados al mundo universitario. Sastre crea en 1950 el T.A.S. (Teatro de Agitación Social), que fue prohibido, y en 1961 el GTR (Grupo de Teatro Realista). Tras estos autores aparecen Carlos Muñiz (El tintero, de 1961), Lauro Olmo (La camisa, de 1962) y José Martín Recuerda (Las salvajes de Puente san Gil, de 1963; Las arrecogías del beaterío de Santa María Egipcíaca, 1970). Los temas son la deshumanización, las ilusiones truncadas, la brutalidad social. Con una técnica realista, pueden seguir dispares caminos estéticos: esperpento, expresionismo, sainete, etc. 2.1 Antonio Buero Vallejo (1916-2000) Buero presenta, tras ganar el premio “Lope de Vega” en 1949, Historia de una escalera, que muestra tres generaciones de varias familias modestas, con sus sueños e ilusiones, su resignación, sus amores, rencores, fracasos. Un drama sobre la frustración que provoca el medio social y la propia debilidad del ser humano para ser fiel a sus convicciones. En general, el teatro de Buero trata de inquietar, planteando los problemas pero sin dar las soluciones y, también, de curar al ser humano impulsándole a luchar contra las adversidades que impiden el desarrollo de la dignidad humana: sus obras son, finalmente, una lección de humanidad y una llamada a la esperanza. Señálamos tres etapas en la producción de Buero. En la primera destacan, además de Historia de una escalera, Madrugada (1953), Hoy es fiesta (1956), Las cartas boca abajo (1957) en una línea existencial, que llega hasta 1958. Una segunda etapa se caracteriza por el enfoque social y el recurso al drama histórico, hasta 1970, donde escribe algunas de sus mejores obras: La Meninas (1960), El concierto de san Ovidio (1962), El tragaluz (1967). En su tercera época, manifiesta su voluntad de no permanecer al margen de las inquietudes experimentales de los años setenta; en esta etapa expone de manera más explícita los contenidos sociales y políticos y desarrolla el llamado fenómeno de inmersión, que consiste en un intento de incorporar al espectador, introducíéndolo en el mundo interno del protagonista. Destacan La llegada de los dioses (1971), La Fundación (1974), Caimán (1981), Diálogo secreto (1984) y Las trampas del azar (1995). La Fundación se considera una de las cimas del autor. El compromiso social y la coherencia ideológica de Buero van acompañadas de una excelencia literaria: depurada técnica y gran aprovechamiento de los diversos recursos escénicos. 2.2 Alfonso Sastre (1926) Su obra Escuadra hacia la muerte (1953) marca un hito en el teatro de posguerra por su hondura existencial; después, defenderá un teatro realista de intención social con Muerte en el barrio (1955). En 1986 recibíó el Nacional de teatro por La taberna fantástica escrita veinte años antes. En su ensayo titulado Arte como construcción, (1958) que llevaba el subtítulo de El social-Realismo: un arte de urgencia, expuso las claves de la literatura de los años 50 y 60, coincidiendo, en gran medida con las teorías de J. P. Sartre (¿Qué es la literatura?, de 1949).
3 Los años sesenta y setenta. 3.1 El teatro comercial Heredero de la comedia burguesa, en los años sesenta tiene gran éxito comercial un teatro inmovilista, que repite esquemas del pasado, con personajes alejados de las circunstancias sociales de la España del momento. Se trata de un arte que pretende el máximo grado posible de evasión. Entre los autores más destacados debemos citar los nombres de Alfonso Paso, Jaime de Armiñán, Jaime Salom y Juan José Alonso Millán. 3.1.1 Alfonso Paso Autor de gran fecundidad dramática, comienza su producción en 1945 y llegó a dirigir grupos universitarios y experimentales. Sus primeras obras se inscriben en un estilo realista, pero luego evoluciona hacia formas más fáciles, en las que lo esencial es la búsqueda de la felicidad y la defensa del amor ROMántico. Su teatro carece de elementos connotativos y sugerentes. Tiene una gran habilidad par la creación de tipos, situaciones y diálogos, con un excelente dominio del humor. Entre sus obras podemos destacar Los pobrecitos (1956), Las que tienen que servir (1962) o Enseñar a un sinvergüenza (1967). 3.1.2 Jaime de Armiñán Nacido en 1927, es también director y guionista de cine. Como dramaturgo, es autor de comedias de enredo, llenas de enredo, ternura y humor, no exentas de alguna crítica de circunstancias. Entre sus obras, destacaremos Eva sin manzana (1953), Paso a nivel (1960) y El último tranvía (1965)2 . 3.1.3 Jaime Salom Este médico y dramaturgo barcelonés nacíó en 1925 y murió en 2013. En su amplia producción dramática predomina el género de la comedia de intriga y entretenimiento, que trata de llegar casi siempre a una moraleja. Su temática fue evolucionando en sus últimos años, así como su búsqueda de nuevas técnicas teatrales y planteamientos espaciales. Entre sus títulos podemos destacar los siguientes: El mensajero (1955), La casa de las chivas (1964), El corto vuelo del gallo (1980), Una hora ante el televisor (1994) y El otro William (1998). 3.1.4 Juan José Alonso Millán En la línea de Jardiel y de Mihura, Alonso Millán (Madrid, 1936) crea un teatro disparatado, tanto por sus situaciones como por sus diálogos. Son muy célebres sus títulos El cianuro… ¿solo o con leche? (1963), Pecados conyugales (1966), La vil seducción (1967), Capullito de alhelí (1984) o Golfos de cinco estrellas (1988). 3.2 El teatro social Continuando con la línea creativa iniciada por Buero Vallejo y Alfonso Sastre en los años 50, en las décadas de los sesenta y setenta continúa la producción de obras dramáticas de carácter realista y con temática social. Ente ellos hemos de destacar, entre otros muchos, los nombres de José Martín Recuerda, Lauro Olmo, José María Rodríguez Méndez o Carlos Muñiz. 2 No hay que confundir esta comedia de Jaime de Armiñán con la revista musical del mismo título, con música de Gregorio García Segura, libreto de Manuel Baz e interpretación de Lina Morgan, estrenada en 1987 Teatro entre 1939 y 1975 .
3.2.1 José Martín Recuerda Nacíó en Granada en 1926 y murió en 2007, en Motril. Sus obras presentan tanto temas históricos como contemporáneos. En ellas nos encontramos con personajes ansiosos de libertad. El mismo dramaturgo califica su Realismo como desnudo, agrio, cruel, sincero, denunciador y testimonial. Debido a la censura y a lo costoso de los montajes, algunas de sus obras no han llegado a estrenarse. Es un teatro de marcado carácter documental, desgarrado y lleno de crispación, con clara intención crítica. Entre sus obras destaca Las salvajes en Puente San Gil, de 1961. En ella, una compañía de revista llega a un pequeño pueblo, y se desata una oleada de crispación entre la población. Las damas católicas y el cura piden la prohibición, casi el linchamiento de las artistas, a las que acusan de inmorales. Al mismo tiempo un grupo de hombres ataca a las artistas. Se trata de una obra de personaje colectivo, en la que se pretende denunciar la intolerancia e hipocresía moral y la represión sexual. En Las arrecogías del beaterío de Santa María Egipcíaca, de 1970, pero estrenada en 1977, se nos presenta un centro de acogida de mujeres pecadoras (prostitutas y presas políticas) durante el reinado de Fernando VII. El drama presentado es el de la heroína liberal Mariana Pineda (que ya fue protagonista de un drama de Lorca). Representa el conflicto interno que representa para el personaje su enfrentamiento con la muerte provocado por su deber patriótico. Lo más destacado de la obra es que se trata de una especie de fiesta teatral, en la que intervienen música y danzas, que incluso invaden el patio de butacas, rompiendo la tradicional división entre escena y espectadores. A través de esta obra de personaje colectivo, Martín Recuerda lanza una feroz crítica a la sociedad represora y al poder establecido. 3.2.2 Otros autores del teatro realista Lauro Olmo (1922-1994) es conocido fundamentalmente por su obra La camisa, de 1962, en la que aborda el tema de la pobreza ocasionada por el paro y la consiguiente necesidad de emigrar en busca de trabajo. Otros títulos suyos son La pechuga de la sardina (1962), English Spoken (1967), Pablo Iglesias (1982) y Desde abajo (1994). José María Rodríguez Méndez (1925-2009) es autor de Los inocentes de la Moncloa, de 1960, sobre la falta de esperanzas de la juventud amargada y abocada al fracaso. En Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga, de 1965, aborda la crítica política en forma de esperpento, con la incorporación de canciones y bailes. Carlos Muñiz (1927-1994) es conocido, sobre todo, por su obra El tintero, de 1960, con influencia del teatro del absurdo y de la obra de Kafka, presenta una fuerte crítica sociedad burocrática y despiadada. Otros nombres destacados son los de Ricardo Rodríguez Buded (1928), con obras como La madriguera, de 1960, o Antonio Gala (1936), cuyo Realismo es más abstracto y simbólico, con obras como Anillos para una dama (1973)
. 3.3 El teatro experimental Hacia 1970 otros autores se han lanzado a una renovación de la expresión dramática, superando el Realismo y asimilando corrientes experimentales del teatro extranjero, con lo que surge una nueva vanguardia teatral. Por lo demás, siguieron estrellándose contra la censura y su audacia formal los alejó de los teatros convencionales, del público mayoritario y de cierta crítica hasta su marginación. En este sentido, hay que destacar por un lado la obra individual de autores como Fernando Arrabal o Francisco Nieva y, por otro lado, las creaciones de grupos como Els Joglars o La fura dels Baus, de los que hablaremos más adelante. 3.3.1 Fernando Arrabal El caso más interesante es Fernando Arrabal (1932), que tras su primera obra, Los hombres del triciclo (1958) optó por continuar su teatro en el extranjero, donde ha alcanzado un gran reconocimiento. Teatro entre 1939 y 1975 7 Creador del llamado “teatro pánico”, desenfrenado y provocador, deudor del Surrealismo, del esperpento y del teatro del absurdo, nos ha dejado El cementerio de automóviles, El arquitecto y el emperador de Asiria (1966), El triciclo (1961), Oigo, Patria, tu aflicción (1975), Las delicias de la carne (1983), etc. Los rasgos más comunes de este teatro serían: • Los temas giran en torno a la crítica a la dictadura, la falta de libertad, las injusticias, etc. • Se sustituye el enfoque realista por uno simbólico o alegórico. • Los personajes suelen ser tipos descarnados, estereotipados. • Se recurre a la farsa, a lo grotesco, a la deformación esperpéntica. • El lenguaje es directo, vibrante, pero también poético o ceremonial. • Se cultivan los recursos no verbales: sonoros, visuales, corporales, etc. Por la influencia del cine, el circo, la comedia musical o la revista. 3.3.2 Francisco Nieva Nacíó en Valdepeñas en 1927 y murió en Madrid en 2016. Tuvo dificultades para que su teatro fuera aceptado, ya que sus obras no son tan directas como las realistas, su escenografía es demasiado compleja y su carga de inmoralidad molestaba a los organismos oficiales del franquismo. Su obra conecta con el teatro del absurdo y con los planteamientos de Antonin Artaud, al tratarse de un teatro que pretende ser catártico y liberador, pues su finalidad es la de mostrar la esencia del ser humano. Nieva crea un teatro de gran calidad, nuevo y transgresor, crítico y satírico, vanguardista y alejado de los cánones tradicionales. España, el erotismo y la religión son temas frecuentes en sus obras. Él mismo clasificaba sus obras en tres tipos: • «Teatro furioso» de carácter coral, que pretende «ir contra todo, contra nada y a favor de todo y de nada». «La furia trágica […] habrá de tener un efecto sensorial y reflexivo. Es el caso de su obra Pelo de tormenta. • «Teatro de farsa y calamidad», en el que «la acción es menos coral, menos esquemática; la anécdota, más novelesca y explícita; los personajes, algo más complejos», como en su obra Malditas sean Coronada y sus hijas. • «Teatro de crónica y estampa». «No es un teatro aleccionador, pero sí informativo». La única obra de este género es Sombra y quimera de Larra. 3.4 La innovación de los grupos de teatro independiente Abundan los grupos de teatro independiente, que actúan al margen de los teatros comerciales, destacando Los Goliardos o el grupo Tábano en Madrid, La cuadra en Andalucía, Akelarre en Bilbao. Mucha mayor fama han adquirido los grupos catalanes, como Els Joglars, grupo fundado y dirigido por Albert Boadella, que representa montajes muy críticos con la sociedad contemporánea (M-7 Catalònía, 1978; Olympic man, 1981; Los virtuosos de Fontainebleau, 1986; Ubú, president, 1995; La increíble historia del Dr. Floit y Mr. Pla, de 1998). También han alcanzado gran fama el grupo Els Comediants, (Dimonis, 1981; Mediterrànía, de 1992; Libro de las bestias, de 1997), el Teatre Lliure, La Fura dels Baus, (Noun, 1990; Fausto 3.0, de 1998), que siguen activos y llenos de vitalidad en la actualidad.