Historia social, ficha social e informe social

Durante los años de la guerra y los primeros de la posguerra se desarrolló en España una literatura de propaganda ideológica que no se caracterizó, en general, por su calidad. A partir de 1943 podemos distinguir varias tendencias poéticas que se articulan en torno a diferentes revistas literarias. Las principales son la poesía arraigada y la desarraigada. El nombre de esta última se debe a Dámaso Alonso y hace referencia al desmembramiento sufrido por los autores de esta generación a raíz de la guerra. Por oposición, a los poetas afines al régimen se los llamó generación “arraigada”. La poesía arraigada es la cultivada por autores de la Generación del 36 que, salvo excepciones, pertenecen al bando vencedor. Por eso, es una poesía conforme con la realidad, que muestra una visión optimista del mundo, alejada de la triste realidad de esos años. Formalmente, buscan la perfección y el equilibrio, emplean estrofas y metros clásicos y dos tonos diferentes: uno heroico para ensalzar el momento presente, relaciónándolo con el pasado imperial español, y otro intimista para ensalzar la belleza de la tierra, el amor dentro de la familia o el sentimiento religioso. Sus órganos de difusión son las revistas Escorial y Garcilaso y sus principales representantes, Luis Rosales, Leopoldo Panero y José García Nieto. La desarraigada, escrita por los autores vinculados a la revista Espadaña, es una poesía existencialista que intenta reflejar la peripecia del ser humano en tiempos de caos, angustia y dolor y de falta de fe en el futuro. Los temas principales de esta tendencia son el vacío personal, la soledad del hombre y el desarraigo. Lo religioso aparece también con frecuencia, pero será una religiosidad conflictiva, que muestra la desesperación del poeta por el silencio de Dios. El lenguaje utilizado es áspero, abrupto, cercano al grito. Entre los autores destacan José Hierro, Gabriel Celaya y Blas de Otero. Además de estas dos tendencias hay otras más minoritarias como el postismo, que enlaza con las vanguardias –el nombre es una abreviatura de post-Surrealismo– y reivindica la libertad expresiva, la imaginación y la idea de que la literatura debe ser diversión y juego. Algunos críticos ven cierta influencia del postismo en Gloria Fuertes. La poesía existencialista desemboca, en los años 50, en la poesía social:
Los escritores salen de su angustia interior y dan testimonio de lo que ocurre en la calle. Denuncian la marginación, el paro, la falta de libertad, y exigen la justicia y la paz para España, una patria amada y rota que se convierte en protagonista de sus versos. Conciben la literatura como un instrumento con el que transformar la sociedad y pretenden crear una poesía que llegue al pueblo, a la “inmensa mayoría”. Por eso, usarán un lenguaje claro y sencillo y un tono coloquial o conversacional, a veces incluso prosaico. Entre los autores podemos citar a Blas de Otero. A finales de los 50, un grupo de autores surgidos dentro de la poesía social se encargará de renovar el ambiente poético. La diversidad de estos autores, conocidos como “grupo de los 50” o “promoción del 60”, hace difícil hablar de una generación literaria homogénea. No obstante, pueden señalarse algunas carácterísticas comunes. 
Así, en lo que respecta al contenido, frente a la poesía como comunicación de la poesía social, se decantan por la poesía como experiencia. Por eso, es habitual en sus poemas la presencia de lo íntimo, el gusto por el recuerdo, la expresión de la subjetividad; es decir, la poetización de la experiencia personal. Además, aunque la preocupación por la situación española deja de ser tema preferente, hay referencias críticas al injusto orden sociopolítico español, pero siempre con una actitud distanciada e irónica, sin dramatismo. En cuanto al estilo, hay en todos ellos una gran preocupación por el lenguaje, aunque mantienen, en muchos casos, el aire conversacional y el empleo de la lengua coloquial. En la métrica, predomina el verso libre, aunque usan también estrofas clásicas. En cualquier caso, muestran gran cuidado en la construcción de sus poemas. Aunque por edad Gloria Fuertes está más cerca de la generación de la poesía social –y aunque, como ya hemos visto, en un principio se sintió unida al postismo–, se la incluye generalmente en este grupo. Su poesía, singular e innovadora, tiene un trasfondo autobiográfico y mezcla el lirismo, la ternura y la emoción con lo humorístico. Y este es su rasgo más original: el contraste entre la comicidad externa con la gravedad del sentimiento que se oculta tras ella. Los temas que trata son la poesía misma, el amor –siempre desgarrador y a veces imposible–, la existencia –la soledad y el dolor, la vida y la muerte– la religiosidad y la solidaridad, especialmente con los débiles. En su estilo destacan los juegos lingüísticos, las enumeraciones, las metáforas, el lenguaje directo y coloquial y el empleo del verso libre. En cuanto a su trayectoria, tras un primer poemario –el más lírico de su producción– centrado en el sentimiento del dolor, Isla ignorada, publica Antología y poemas del suburbio, donde empieza a forjarse su voz poética, preocupada por los problemas sociales y de tono conversacional y cotidiano. Del mismo año es “Aconsejo beber hilo”, que parte de la crítica adscribe al postismo. En los años sesenta publica varias obras que contienen poemas entrañablemente humanos, cargados de humor y solidaridad: Ni tiro, ni veneno, ni navaja, Poeta de guardia…. Cuando amas aprendes geografía, supone una vuelta al yo subjetivo y a la idea de abandono y, finalmente, tras un silencio de quince años, Mujer de verso en pecho cierra su trayectoria poética.
En lo que respecta al poema, podemos decir que es un claro ejemplo de poesía de la experiencia, pues en él la autora poetiza su propia vida: “Gloria Fuertes nacíó en Madrid”. Se trata de una poesía subjetiva, llena de lirismo y emoción (“A los quince se murió mi madre, se fue cuando más / falta me hacía”), en la que no faltan temas como el amor (“empecé con los amores”), el antibelicismo (“Quise ir a la guerra, para pararla”) e incluso alguna referencia social: “mi juventud de barrio”. En el estilo, la subjetividad se plasma en el predominio de la primera persona (“Yo era”, “empecé”, “pude”…). Como carácterísticas de la autora se aprecian, además, el tono conversacional y cotidiano (“me pilló un carro”), el humorismo (“nacíó en Madrid / a los dos días de edad”), los juegos lingüísticos (“si se descuida muere por vivirme”, “A los nueve años me pilló un carro/y a los catorce me pilló la guerra”) y el empleo del verso libre.