Metafísica y ciencia Kant

Análisis del conocimiento científico:


De acuerdo con los planteamientos más clásicos, heredados de Aristóteles -la herencia aristotélica en la lógica kantiana es muy notable-, Kant piensa que el cono­cimiento se manifiesta en juicios (predicar algo de un suje­to). Ahora bien, hay dos tipos de juicios, según sea su forma y su contenido:
Por su forma -juicios analíticos, (explicativos) cuyo predi­cado no añade nada al sujeto (“el todo es mayor que la parte”, “todos los cuerpos son extensos”).-juicios sintéticos, (ampliativos) en los que el predi­cado supone una propiedad que no está presente en el sujeto (“todos los cuerpos son pesados”, pues la idea de peso o gravedad no está contenida en el concepto de cuerpo como tal).

Por su relación con la experiencia:-


juicios a priori;
Son anteriores a toda forma de experiencia, y entre sus carac­terísticas está el ser univer­sales y necesa­ríos.-juicios a posteriori;
Aquellos que son poste­riores a las experiencias concretas, y son, pues, particulares y contingentes.

Tomemos un ejemplo de juicio científico: “Todo lo que ocurre tiene su causa”. ¿De qué tipo es ese juicio? Por su forma es sintético (ampliativo), pues lo que se predica de todo lo que ocurre (que tiene una causa), es algo que no está contenido en el concepto de lo que ocurre. Pero la validez de esta afirmación es universal y necesaria, por tanto en cuanto a su relación con la experiencia es un juicio a priori
. Pues bien, el conocimiento avanzará cuando puedan darse juicios sintéticos a priori, esto es, cuando pueda decirse algo nuevo (algo que amplíe mi conocimiento) de un sujeto, pero de una forma universal y necesaria.

            Los juicios del conocimiento científico son univer­sales y necesarios, pero no son analíticos, sino sintéticos. Mas siendo sintéticos ¿cómo pueden ser necesarios y univer­sales? Es decir, ¿cómo pueden ser a priori?

            Kant va a plantear esta cuestión ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? Las tres preguntas de la “Crítica de la Razón Pura”:   

1. ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las Matemáticas? Contesta en la Estética Transcendental

2. ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Física? Contesta en la Analítica Transcendental

3. ¿Son posibles los juicios sintéticos a priori en la Metafísica? Contesta en la Dialéctica Transcendental

Estética trascendental:


Contesta a la pregunta de cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en Matemáticas. Se trata de reali­zar un análisis de las condiciones a priori de posibilidad de nuestro conocimiento sensible; (etimológica­mente “estética” = sen­sibilidad = percepción = intuición).

            Respuesta: son posibles porque la Matemática se funda en el espacio y tiempo. Espacio y tiempo no son realida­des metafísicas ni físicas que tengan una existencia en sí y por sí, sino que son FORMAS de nuestra capacidad o facultad de percibir, formas de toda intuición.

 Para ello tiene que demostrar:-Que ESPACIO y TIEMPO son A PRIORI: no pro­vienen de la experiencia sino que son el SUPUESTO, o la Condición de toda experiencia. No podemos tener experien­Cía de nada sino es en el espacio. Igualmente podemos eliminar todos los componentes de una sucesión, pero no la sucesión misma; para que pueda darse cualquier acon­tecimiento tiene que darse en el tiempo. Así pues, pode­mos pensar el espacio sin cosas o el tiempo sin acon­tecimientos, pero no podemos pensar las cosas sin el espacio, ni podemos concebir un acontecimiento sin el tiempo-
ESPACIO y TIEMPO son INTUICIONES, no concep­tos discursivos (categorías). Son FORMAS PURAS DE LA INTUICIÓN SENSIBLE (condiciones de la sensibilidad con validez universal). La intuición es la operación del espíritu que toma conocimiento directamente de una in­dividualidad. El concepto cubre un número indefinido de cosas. El espacio no es un concepto porque no hay muchos espacios, sino que el espacio es único (al igual que el tiempo).-Espacio y tiempo son CONDICIONES DE COGNOSCIBILIDAD DE LAS COSAS, el fundamento de posibili­dad de los juicios sintéticos en la matemática.

El conjunto de nuestras sensaciones y percepciones carecería de objetividad, no sería para nosotros objeto es­table propuesto a nuestro conocimiento si no pusiéramos por debajo de todas esas intuiciones algo que les dé objetividad, que les convierta en objeto de conocimiento. Estas nociones que ponemos son:-el espacio puro: la condición de posibilidad de la geometría-el tiempo puro: la condición de posibilidad de los juicios sintéticos en aritmética.

            Resumen: no hay duda de que nuestro conocimiento comienza con la ex­periencia. Pero en lo que conocemos hemos de distinguir, lo dado, lo que se “presenta”, el fenómeno; y lo que pone el sujeto (las formas puras de la sensibilidad). El elemento “material”, lo dado, es ordenado por las formas de la sensibilidad: el espacio y tiempo. Estas, nos permiten aprehender algo de las cosas, no lo que son en sí, el noúmeno, sino las cosas tal y como se nos aparecen a través de las formas a priori, los fenómenos.

Analítica trascendental:


 Responde con ella a la pregunta de cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la Física.

            Supone un análisis de las condiciones a priori de nuestro conocimiento conceptual (Entendimiento). ¿Cómo actúa nuestro entendimiento? Nuestros razonamientos concep­tuales se expresan en juicios que son síntesis de experien­cias: “opera­ción de reunir las representaciones unas con otras y comprender toda su diversidad en un sólo conocimiento”.

            Kant va a proceder entonces a:-Establecer una tabla completa de todas las formas de juicio posibles; según la cantidad, la cualidad, la rela­ción y la modalidad.-Buscar el concepto o categoría a priori de la cual depende cada uno de los juicios (ver tabla de categor­ías).

            Las cosas no nos envían más que impresiones sen­sibles, pero no nos envían la unidad, o la pluralidad, totali­dad, causa­lidad, etc… Las categorías son absolutamente necesarias y están universalmente implícitas en el juicio correspondiente. Son formas a priori del entendimiento, con­ceptos puros del enten­dimiento, al igual que el espacio y el tiempo eran intuiciones puras de la sensibilidad.

            Conocer (el resultado de percibir más entender) es aplicar a los fenómenos intuiciones puras (espacio y tiempo) y categorías que, por medio de los juicios, les vienen a dar forma precisa. Conocer es formar (dar forma a) la experiencia mediante condiciones a priori de nuestra sensibilidad (espacio y tiempo) y de nuestro entendimiento (categorías). Por ello dice Kant que categorías sin intuiciones son vacías y que intuiciones sin categorías son ciegas.
Es decir, el material sensible, sin las categorías, sería ciego, caótico, sin forma, y el pensamiento sin experiencia sería vacío. Las categorías son las condiciones sin las cuales no habría conocimiento. No nos vienen de las cosas. Somos nosotros los que las hemos puesto en las cosas. El enten­dimiento es así una facultad unificadora, sintetizadora o juz­gadora gracias a su estructura categorial a priori.

Además Kant piensa que no puede haber represen­taciones (sensaciones, intuiciones, categorías) si no hubiera en el pensamiento, en cualquier conciencia en general, un centro que pudiera ordenarlas y sintetizarlas. Este centro es el Yo pienso. No puede existir conciencia de algo sin el Yo pienso, universal, necesario y a priori. El trabajo sin­tetizador del entendimiento no es posible más que dentro de la unidad de la conciencia. La multiplicidad de la percepción no puede convertirse en objeto de conocimiento más que si la percepción y el pensamiento están unificados en un sujeto; de tal modo que la autoconsciencia pueda acompañar todas las representaciones. Este es el “yo pienso” o “yo puro” o “yo transcendental” que llama Kant, al que le carac­teriza la autoconsciencia, y que es la condición permanente de la ex­periencia.

            Algo absolutamente novedoso se desprende de lo que hemos visto hasta aquí: hemos dicho que las categorías son conceptos puros (a priori) del entendimiento, formas a priori del enten­dimiento, y que son los objetos los que se conforman a ellas.
Para Aristóteles, sin embargo, las categorías eran los modos o flexiones del ser, los “géneros supremos del ser” a los que se adaptaba la mente. Estamos ante lo que se ha denominado el giro copernicano que realiza Kant. Sólo cono­cemos a priori lo que hemos puesto en las cosas. No es el sujeto el que recibe de forma pasiva la realidad ya organizada del objeto, sino que el objeto es cognoscible por nosotros, gracias a que, nosotros, los suje­tos, proyectamos en él (el objeto) nuestras categorías. No podríamos formular cualquier juicio, si no tuviéramos previamente la categoría correspon­diente (por ejemplo, no podríamos decir “una tiza no es verde” si no tuviéramos previamente la categoría de unidad y de negación).

Dialéctica trascendental:


 Responde a la pregunta de si es posible o legítima la metafísica. La respuesta va a ser negativa. La facultad humana de la que se ocupa es la razón. El hombre, además de percibir y juzgar, tiene otra forma de ejercer su conocimiento: razonar (razonar = enlazar juicios para formar otros enlazados con aquellos). En este apartado de la Crítica de la Razón Pura, Kant estudia las formas ilegales de racioci­nio, cuando este rebasa los dominios de la experiencia e incurre en lo que Kant llama “dia­léctica” (en el sentido peyorativo que lo hiciera Aristóteles, es decir, razonamiento falaz, inconsistente, insuficiente). Para Kant lo que ha hecho la metafísica hasta el momento tiene que ser incluido dentro de esa “Dialéctica Transcendental”.

            Kant no sólo quiere ver cuáles son las condiciones de posibilidad del conocimiento puro, sino que quiere también determinar sus límites. Pues bien, es idea kantiana que el conocimiento termina precisamente cuando la metafísica em­pieza. Y aún cuando Kant afirma que la pregunta, esencialmente metafísi­ca, “qué me cabe esperar”, estará siempre presente en el alma de todos los hombres, no existe para ella ninguna solución posible dentro de los límites del conocimiento puro o científico. La metafísica no es ciencia. Cuando se trata de metafísica, las categorías y los juicios trabajan en el vacío, puesto que, según Kant, no existe ninguna experiencia a la cual puedan aplicarse intuiciones y categorías. Tal es, en esencia, la idea general de la crítica kantiana al conocimien­to metafísico. Tal es, precisa­mente, el sentido de la distin­ción entre fenómeno y noúmeno:-fenómenos, para Kant, no son cosas, sino la represen­tación que la conciencia se hace de las cosas.-noúmenos, en cambio, son precisamente cosas, “cosas en sí” (en términos clásicos: esencias). Estas “cosas en sí” son incognoscibles; no quiere decir que no existan, sólo que no las podemos conocer, porque tratar de conocerlas sería querer saltar más allá de nuestras posibilidades.

La Dialéctica Transcendental está organizada al­rededor de los temas clásicos de la metafísica: Psicología racional, Cosmología racional y Teología racional. Su argumen­tación es la siguiente: lo carácterístico del conocimiento es elaborar sínte­sis; la razón pretende realizar la síntesis suprema, síntesis de síntesis, las síntesis totales cuando habla de:-Alma (Psicología). Síntesis de todas nuestras viven­cias.-Universo (Cosmología). Síntesis o unidad absoluta de todos los fenómenos naturales (calor, electricidad, cuer­pos…)-Dios (Teología). Unidad absoluta de todos los objetos de pensamiento concebibles que contiene en su seno la razón de todas las cosas.

            A esas unidades supremas, totalitarias que se llaman alma, universo y Dios, Kant les da el nombre de “ideas”: unidades totalitarias que la razón, saltando por encima de las condiciones del conocimiento, construye más allá de los lími­tes de toda experiencia sensible, salíéndose de esos límites. “Conceptos basados en nociones que sobrepasan la posibilidad de toda ex­periencia”.

            La crítica a la Psicología racional la realiza Kant usando de los Paralogismos de la Razón Pura, y de resultas de ello se desprende que el “yo pienso” no es una sustancia, sino la condición de la unidad del pensamiento.

            La Cosmología racional es sometida a las pruebas de las Antinomias de la Razón Pura (afirmaciones contrarias, pero igualmente demostrables), y de resultas de ello se desprende que es imposible conocer el universo como totalidad.

            Por último analiza Kant la Teología racional, y clasi­fica los argumentos racionales a favor de la existencia de Dios en tres grupos: argumento ontológico, cosmológico y teleológico. Veamos brevemente la descalificación que hace al primero de ellos (los demás se remiten en último término al argumento ontológico). Para afirmar que algo existe, no basta con tener la idea de ese algo sino además, la percepción sensible correspondiente. Podemos decir: yo tengo la idea de un ente perfecto y tengo la idea de que este ente perfecto existe, porque en la idea de ente perfecto está contenida la idea de la existencia. Pero no salimos de las ideas. La exis­tencia auténtica, lo que diferencia a cien táleros realmente existentes de cien táleros ideales no es más que los primeros son sensibles, perceptibles. Y esto es, comparativa­mente, lo que le falta a la idea de Dios. En resumen, el argumen­to falla porque salta indebidamente de la concepción de la idea a la existencia real de lo ideado, y porque considera la existencia como una propiedad positiva de las cosas cuando no es más que una categoría y, por tanto, sólo aplicable a fenómenos.

            La metafísca pues, como conocimiento científico, es imposible, puesto que las categorías, que son condiciones necesa­rías de la experiencia, son vacías, sin intuición. Si se violenta este principio, se cae en ilusiones transcendentales.

            Pero que la metafísica (la pretensión de captar las cosas en sí) sea imposible como conocimiento científico, no quiere decir que sea imposible en absoluto. En efecto, Kant había distinguido el “conocer” (que tiene como contenido la experien­Cía), del “pensar” (que tiene como contenido la cosa en sí); a esta última no se ajustan las determinaciones de la sensibilidad ni las formas a priori del entendimiento, y justamente por eso no es cognoscible. Y sin embargo, para Kant sería “pensable”.  Podría haber otros caminos o vías que no fuesen los caminos del conocimiento, que condujesen a los objetos de la metafísica. Pues el hombre no posee solamente la actividad de conocer. El campo de la ac­tividad humana es más amplio. No nos olvidemos de la Razón Práctica (conjunto de principios de conciencia moral), a través de la cual va a llegar Kant a los objetos metafísicos.