Mudéjares y moriscos historia de España

Repoblación:


El avance de los ejércitos cristianos sobre territorio musulmán vino acompañado de un movimiento de ocupación del mismo, que implicó una nueva organización social, política y administrativa. En algunas zonas permanecieron los musulmanes (mudéjares), gracias a unas condiciones de rendición generosas. Una parte de la tierra fue entregada a los nobles que participaron en la conquista, a las órdenes militares o a ayuntamientos (concejos) encargados de su repoblación.
En determinadas tierras de frontera se otorgaron cartas de población, de carácter provisional, en las cuales se concedían ventajas y facilidades a quienes fuesen a poblar las tierras de frontera. Suelen allí fijarse los límites de los términos, las condiciones de acceso a la tierra, variados privilegios y unas normas básicas sobre la vida municipal. Una vez el territorio estaba asegurado, los monarcas los sustituían por los fueros, más elaborados y con vocación de permanencia. En Aragón, a partir de 1247, se produjo un proceso de unificación foral que dará lugar a los “Fueros de Aragón”, normas legales emanadas del Rey con las Cortes.

Mudéjares:


Conocemos con el nombre de mudéjares a los musulmanes sometidos a los poderes cristianos tras el avance de éstos sobre territorio de Al-Ándalus.
Se les permitíó conservar su religión, sus costumbres, su cultura y se organizaron en aljamas (barrios) que gozaron de la protección real. A lo largo de siglos hubo una coexistencia respetuosa entre cristianos y musulmanes. No obstante, son poblaciones sometidas a una cierta segregación social y a una fiscalidad Mayo que la soportada por la población cristiana. Con el tiempo, la tolerancia religiosa declinó, especialmente tras la toma de Granada, y se caminó hacia la unidad religiosa.A comienzos del Siglo XVI fueron obligados a convertirse al cristianismo, momento a partir del cual se les denomina cristianos nuevos o moriscos. El proceso de integración avanzó en algunas regiones, pero la presencia de los piratas berberiscos y de los turcos como enemigos de la monarquía, les hizo sospechosos. Fueron expulsados a comienzos del Siglo XVII por el rey Felipe III, alegando su condición de malos cristianos y de potenciales aliados de los turcos. La medida afectó gravemente a la Corona de Aragón, que perdíó buena parte de su población.

Señoríos:


El señorío supone el dominio sobre tierras y súbditos, delegado por el rey en otras personas o colectivos.
Los señoríos se originaron en la Edad Media, frecuentemente como donaciones reales para pagar la colaboración en la Reconquista. Durante la Edad Moderna la creación de nuevos señoríos suele hacerse por medio de la cesión de patrimonio real, por muy variados motivos. El resultado fue que miles de pueblos quedaron fuera de la autoridad directa de la corona y pasaron a manos de los señores. Al señorío meramente territorial, que implicaba la propiedad de la tierra y los tributos procedentes de ella, podía acompañarle la jurisdicción, que concedía a los señores la capacidad de nombrar a las autoridades locales, ejercer la justicia y cobrar múltiples impuestos. Este supuesto se conoce como señorío jurisdiccional y, por tanto, era una fuente de poder político y económico. Fueron abolidos a comienzos del Siglo XIX por las Cortes de Cádiz

Inquisición:


Fue un tribunal eclesiástico encargado de la persecución de la herejía, que se desarrolló en Europa a partir del Siglo XII. Los Reyes Católicos la refundaron en España en 1479, y se prolongó hasta 1834, cuando fue abolida por el Estatuto Real. Durante todo ese tiempo jugó un importante papel político, convirtiéndose en un poderoso instrumento de control social al servicio del Estado. A la cabeza de la organización estaba el Inquisidor general y el Consejo Supremo. El territorio quedó dividido en distritos, en cada uno de los cuales había un tribunal. Sus procedimientos judiciales (proceso secreto) y sus consecuencias (graves penas)generaron miedo y la convirtieron en una institución temible. Al principio se ocupó de los judeoconversos, después de los moriscos y, desde mediados del XVI, de los cristianos viejos, tratando de conformar un modelo de religiosidad homogéneo en todo el país.

Paz de Westfalia:


Durante los reinados de Carlos I y Felipe II quedó firmemente asentada la hegemonía española en Europa y el Mediterráneo. El reinado de Felipe III transcurríó en calma, pero en el de Felipe IV comenzó el declive en Europa fue un hecho. En el interior hubo de hacer frente a las rebeliones de Cataluña y Portugal. En el exterior, los fracasos en la Guerra de los Treinta Años (lucha por el predominio político en Europa, divisiones religiosas y políticas en Alemania) supuso el fin de la hegemonía de los Austrias. Holanda, Dinamarca, Inglaterra, Suecia y, más tarde, Francia, fueron los rivales de España y el Imperio alemán. La Paz de Westfalia (1648) reconocíó el a los príncipes alemanes el derecho a escoger la religión de sus estados y la independencia de Holanda, además de ventajas territoriales para Suecia. Con la Paz de los Pirineos (1659), se puso fin a la guerra con la Francia de Luis XIV, a la que se cedieron el Rosellón, la Cerdaña y algunas ciudadelas en los Países Bajos. Con ambas paces, España perdíó la hegemonía en el continente, que pasó a manos de Francia, mientras que el dominio de los mares lo tomaron ingleses y holandeses.

Decretos de Nueva Planta:


Tras la muerte de Carlos II sin descendencia se planteó un problema sucesorio, que llevó a la Guerra de Sucesión, donde se enfrentaron los dos pretendientes al trono, Felipe de Anjou (Borbón) y el Archiduque Carlos (Austria), apoyados por las distintas potencias europeas, dado que el conflicto se internacionalizó. El triunfo de Felipe V supuso, siguiendo el modelo francés, una reorganización del Estado, que implicó una centralización política y administrativa. Con los decretos de Nueva Planta desaparecieron las instituciones políticas propias de los diversos territorios forales (Cortes, Diputación, Justicia), con la excepción del País Vasco y Navarra, que le habían apoyado. En Aragón sólo pervivieron los fueros civiles. Los Borbones, por tanto, establecieron una estructura político-administrativa uniforme y centralista en todo el territorio, basada en el modelo de Castilla, lo que favorecíó el Absolutismo Monárquico.

Ilustración:


La introducción de las ideas ilustradas en España fue lenta y tardía, sin duda por la falta de una pujante burguésía y las resistencias de la Iglesia y la nobleza. Los ilustrados fueron un grupo reducido de intelectuales (Feijoo, Campomanes, Jovellanos, Aranda, Olavide, Floridablanca…) que analizaron los problemas de la nacíón y propusieron reformas con el objetivo de superar el atraso del país. Criticaron a la Iglesia, aunque abogaron por la práctica rigorista de la religión, y defendieron la capacidad del rey para intervenir en asuntos eclesiásticos (Regalismo). Necesitaban una monarquía fuerte y absoluta para la aplicación de las reformas. Entre las preocupaciones de los ilustrados estuvo la educación, pues sólo la cultura se podía sacar al país del atraso. Se enfrentaron de nuevo con la Iglesia, ya que la controlaba, y defendieron la necesidad de una enseñanza útil y práctica, abierta a las nuevas ciencias y a las novedades del extranjero. El atraso económico también les preocupó y censuraron el fuerte predominio de la propiedad nobiliaria y eclesiástica, el excesivo control estatal de las actividades económicas (gremios) y el desconocimiento de los nuevos avances técnicos que se divulgaban por Europa. Los ilustrados criticaron los privilegios de la nobleza o el elevado número de eclesiásticos, y defendieron la dignidad de todos los oficios, incluidos los mecánicos. De su seno, tras la correspondiente evolución, surgirá el Liberalismo en el Siglo XIX.