Teatro realista

EL TEATRO ESPAÑOL DESDE 1939 1 El teatro de posguerra. Contexto, teatro burgués y teatro en el exilio


El teatro también se vio muy afectado por las consecuencias de la terrible Guerra Civil. La representación de nuevas obras teatrales, condicionadas en gran medida por la censura y basadas, en su mayoría, en la exaltación ideológica, se retomó las obras clásicas de la literatura española (fundamentalmente las del Siglo de Oro y se adaptaron obras traducidas de autores extranjeros). El teatro se encontró completamente condicionado por las duras condiciones socioeconómicas en que se desarrolló. Dos grandes autores teatrales, como Federico García Lorca y Miguel Hernández, habían fallecido a consecuencia de la guerra, y otros tres, como Rafael Alberti, Alejandro Casona y Max Aub, se encontraban exiliados.                                                                                   

Max Aub

Escribíó obras teatrales de calidad inspiradas por la guerra, como ¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra? (“Teatro de circunstancias”) y Morir por cerrar los ojos, donde critica a Francia por su actitud con los exiliados españoles.                          

Alejandro Casona

Estrenó antes de exiliarse La sirena varada (1934) y Nuestra Natacha (1936), las cuales tuvieron muchísimo éxito. Sus obras intentan alejarse de la realidad, enfrentándola con la fantasía, intentando hacer posible el transformar dicha realidad con deseos ideales. Su obra más importante es La dama del alba.              

Pemán y Luca de Tena



Ambos están unidos por la misma ideología: la restauración monárquica. Así, Pemán estrena dramas en prosa, como Yo no he venido a traer la paz y Callados como muertos. Por su parte, Luca de Tena, obtiene sus mayores éxitos con ¿Quién soy yo? y su continuación Yo soy Brandel y con las obras históricas ¿Dónde vas, Alfonso XII? y Dónde vas, triste de ti.

2.-Teatro de humor:


Busca la risa fácil con técnicas tradicionales y que continúa las formas anteriores a la Guerra Civil. Pero la manifestación más interesante de este período es la de un teatro que busca renovar la risa, intentando provocarla mediante situaciones, personajes, argumentos y lenguaje inverosímil, casi absurdo. Esta forma de hacer teatro había sido iniciada antes de la Guerra por Jardiel Poncela y se continúa ahora con este mismo autor, al que se añaden los nombres de Edgar Neville y, sobre todo, Miguel Mihura.                                       

Enrique Jardiel Poncela

Sus obras destacan por la agudeza de los diálogos y las situaciones disparatadas. El teatro de este autor es el mejor representante de la vertiente comercial que este género alcanzó durante los años cuarenta. Destacan Eloísa está debajo de un almendro, Los ladrones somos gente honrada y Los habitantes de la casa deshabitada
.                     

Miguel Mihura:

La comedia más destacable de cuantas escribe es Tres sombreros de copa, escrita en 1932, pero estrenada en 1952 ya que ningún empresario teatral se atrevíó a llevarla a escena durante veinte años. Otra comedia importante es Ni pobre ni rico sino todo lo contrario, escrita en colaboración con el autor jiennense Antonio Lara Tono. El humor de Mihura encuentra la máxima calidad en dos obras que presentan a un tipo de mujer divertida e independiente: Maribel y la extraña familia y Ninette y un señor de Murcia.

3-El teatro realista de denuncia social:


Trata de reflejar la realidad social tal y como esta se presenta cotidianamente, con una clara finalidad de denuncia.  Prescinde de fantasías e idealizaciones. Denuncia las duras condiciones de trabajo, la deshumanización de la burocracia, la situación de los obreros, las injusticias sociales, la dureza de las oposiciones… Se las ve frecuentemente con la censura, ya que el régimen de Franco no tolera las críticas.                                    

Antonio Buero Vallejo

Condenado a muerte por el régimen de Franco, en la cárcel conoce a Miguel Hernández, Buero es indultado y, ese mismo año, consigue estrenar una de las obras de teatro más importantes de nuestra literatura: Historia de una escalera. Narra la vida de tres generaciones de vecinos, de sus ilusiones y fracasos, como símbolo de la vida de todo el país. Tiene 3 actos. El tiempo pasa, pero la pobreza y los problemas son siempre los mismos, de padres a hijos. Antonio Buero Vallejo es uno de los autores más importantes de nuestro teatro, clave en la renovación del teatro de posguerra.                        

Alfonso Sastre:

entiende que el teatro debe ser la denuncia como elemento revolucionario más que estético, es decir, cree que los argumentos deben testimoniar lo que está pasando para intentar cambiar la sociedad. Esta teoría se basa en el marxismo Literario. Sastre tiene problemas con la censura, sobre todo a partir de la publicación de una de sus obras principales, Escuadra hacia la muerte que fue considerada como una especie de manifiesto de los jóvenes que habían sufrido las consecuencias de la Guerra Civil, aunque no habían participado en ella. Otras obras: La mordaza, Muerte en el barrio, Guillermo Tell tiene los ojos tristes, La cornada. La taberna fantástica, Crónicas romanas, La sangre y la ceniza,  Ejercicios de terror y Las cintas magnéticas.                                        

Otros autores encuadrados en el Realismo social:

Lauro Olmo con La camisa. José Martín Recuerda con Las salvajes en Puente San Gil, Las arrecogías en el beaterio de Santa María Egipcíaca, basada en Mariana Pineda.

El teatro comercial durante los años cincuenta y sesenta: Alfonso Paso


: de clara intención social, con obras como Juicio contra un sinvergüenza, aunque pronto pasa a amoldar sus obras a los gustos del público burgués habituado a las representaciones amables, como Vamos a contar mentiras o Las que tienen que servir. Alfonso Paso tiene una obra muy extensa, así como variada: sainetes dramáticos, comedias poéticas, históricas, tragedias, obras de denuncia social, comedias cómicas, de humor negro. Sus obras destacan por la gracia de los diálogos y la originalidad de las situaciones y de los personajes.                               

Antonio Gala

Cultiva todos los géneros (poesía, teatro, novela, ensayo, columnas de opinión) con gran éxito. Con respecto al teatro, presenta obras salpicadas con frecuencia de toques poéticos y humorísticos. Comienza su andadura teatral con Los verdes campos del Edén, con tintes sociales, así como ROMánticos, presenta a una familia que se ve obligada a vivir en el panteón familiar. Obtiene gran éxito con El sol en el hormiguero, Noviembre y un poco de yerba y, sobre todo, Anillos para una dama, en la que trata sobre Jimena, la viuda del Cid.

El teatro experimental de finales de los años sesenta:


A partir de los setenta algunos autores encuadrados en el teatro social de denuncia comienzan a buscar nuevas formas de expresión alejadas del Realismo. Esas obras buscan la creación de un espectáculo total, en el que el argumento pasa a un segundo plano para ceder su lugar a los efectos sonoros, de luces, a la expresión corporal, proyecciones en grandes pantallas e incluyen técnicas propias de otros espectáculos, como el circo, el teatro de marionetas, el cabaret, los desfiles… El punto de vista realista del teatro social desaparece a favor de lo simbólico, alejado de la realidad, aunque sin olvidar la protesta y la denuncia.            

Francisco Nieva

Sus obras presentan influencias del Surrealismo y del esperpento, y suelen tratar temas humorísticos, la mayoría de las veces humor negro. El mismo autor ha clasificado su obra de la siguiente manera: “Teatro furioso”, con influencias del esperpento de Valle-Inclán y de la pintura de Francisco de Goya. Tiene como finalidad la denuncia y la lucha contra las injusticias: El combate de Ópalos y Tasia, Pelo de tormenta, La carroza de plomo candente, y Nosferatu. “Teatro de farsa y calamidad”, más sencillo que el anterior: El rayo colgado, Malditas sean Coronada y sus hijas, etc. “Teatro de crónica y estampa”: en este apartado el propio autor incluye la obra Sombra y quimera de Larra, centrada en la vida de Mariano José de Larra.           

Fernando Arrabal:

Su teatro se caracteriza por la mezcla de elementos surrealistas, esperpénticos y absurdos, en busca siempre de la provocación. Los ingredientes en sus obras son la confusión, el humor, el terror, el azar y la euforia. Denomina al conjunto de sus obras teatro pánico. Trata temas como el erotismo, la oposición a la guerra y a la tiranía o la absurdidad de la religión. Obras  Pic-nic y Cementerio de automóviles. El arquitecto y el emperador de Asiria. La balada del tren fantasma, Oye, patria, mi aflicción, Ceremonia por un negro asesinado.