El encuentro final entre Víctor Frankenstein y su creación

El encuentro en la cima

La noche era oscura y tormentosa mientras Víctor Frankenstein se enfrentaba a su creación en lo alto de la montaña. Los relámpagos iluminaban el cielo y la lluvia golpeaba con fuerza. Víctor, empapado hasta los huesos, miró a su monstruo con ojos llenos de remordimiento.

—¡No puedo más, no puedo más! —dijo con voz entrecortada, mientras en sus ojos se veía agotamiento y sufrimiento.

De repente, un sonido atroz resonó con la misma fuerza que lo hacían los relámpagos:

—¡Ahhhhhhhhhhhhhh! —gritó el monstruo desconsolado.

Víctor se temía lo peor:

—¡Dejémoslo ya, Víctor! —gritó nuevamente el monstruo—. ¡Ya ha habido mucho sufrimiento, demasiado!

Un acto de reconciliación

Víctor se quedó perplejo, mirando las cicatrices del rostro de su monstruo. Finalmente, cayó de rodillas y una lágrima recorrió su rostro. Con voz entrecortada dijo:

—Tienes razón, hijo mío. No más dolor.

Pero Víctor no podía vivir con la monstruosidad que él mismo creó. Así que explicó sus motivos y temores al monstruo, quien le escuchó con atención. Luego, en un acto inesperado, el propio monstruo extendió su mano abierta hacia Víctor en señal de paz.

—Hemos sufrido los dos, y nos hemos equivocado los dos. Aprovechemos la bondad que queda en el corazón humano y encontremos un camino para recorrer juntos.

Víctor tomó su mano y comentó:

—Es el momento de comenzar de nuevo, intentémoslo.

Hacia un nuevo destino

Juntos comenzaron a descender de la montaña entre relámpagos, con la intención de entenderse y aprender el uno del otro, como un padre y un hijo. Mientras bajaban de la montaña, la tormenta se calmó y la luz del último rayo pareció ser la luz de la esperanza.