La Poesía de Luis Cernuda: Realidad y Deseo
Su centro temático es el doloroso conflicto y divorcio entre su anhelo de realización personal (el deseo) y los límites impuestos por el mundo que le rodea (la realidad), de donde nace una cierta frustración que lo asemeja vitalmente a su compañero de generación F. García Lorca. Esto entronca perfectamente con lo que en los poetas románticos y simbolistas era la colisión entre la libertad individual y la sociedad burguesa. Ello explica sus temas dominantes: la soledad, la añoranza de un mundo habitable, el ansia de belleza perfecta y, sobre todo, el amor (ya exaltado, ya insatisfecho). Este tema adopta distintos planteamientos a lo largo de su obra, reducibles a cuatro momentos:
- Un amor no disfrutado, pero presentido: Entendido más como experiencia literaria, leída. Es lo que encontramos, principalmente, en el libro Los placeres prohibidos.
- La experiencia amorosa marcada por la insatisfacción, por el dolor y el fracaso, por la incomprensión: Lo podemos encontrar, principalmente, en Donde habite el olvido.
- El amor como experiencia feliz, exaltada, pero marcada por la brevedad: Así lo leemos en los Poemas para un cuerpo.
El tiempo y su discurrir es otro de los grandes temas del poeta sevillano. Vinculados a este motivo temático encontraremos el deseo de juventud eterna, marcada por las experiencias amorosas, por la belleza y por la fuerza de espíritu que le permite mantener una actitud rebelde frente al mundo que le oprime; la nostalgia de la infancia, asociada a la ingenuidad y, por ello, a la felicidad y el deseo de eternidad, de llegar a fundirse con la Naturaleza en un universo perfectamente ordenado.
Por último, debe resaltarse la importancia de la naturaleza. Es clara la oposición que se produce en los poemas de Cernuda entre el mundo burgués, contra el que el poeta reacciona de maneras diversas, y el mundo natural, considerado como un paraíso en el que el artista puede vivir en perfecta armonía. Ese mundo social burgués viene marcado por el caos, es la realidad, y frente a él, el orden natural, el deseo. Esa naturaleza de Cernuda viene dominada por la espontaneidad y por la proyección libre de los sentimientos y los instintos que en el ámbito burgués deben ser reprimidos.
Clasificación de la obra de Cernuda
Desde 1936, Cernuda reúne sus libros bajo un título común: La realidad y el deseo. Este volumen se fue engrosando con nuevos textos en ediciones sucesivas, cuya versión final y definitiva se cierra en México en 1964. Poeta difícilmente encasillable, pero de estimación cada vez más creciente, su obra se puede clasificar de la siguiente manera:
I. Hasta 1927
A la etapa inicial pertenecen las primeras poesías, publicadas en 1927 con el título de Perfil del aire —que muestran a un poeta elegante en su contemplación elegíaca del mundo— y Égloga, elegía, oda, escrito entre 1927 y 1928, que rinde homenaje a la tradición clásica a la vez que toca algunos temas muy del poeta sevillano: amor y eros en especial.
II. De 1927 a 1936
Comienza el ciclo de la juventud con Un río, un amor y Los placeres prohibidos, escritos entre 1929 y 1931. Esos dos libros revelan la adhesión de Cernuda al surrealismo, que lo libera de sus represiones psíquicas y sociales. Aunque el clasicista que siempre hubo en él atempera muchas veces la ruptura formal, lo esencial de esos poemarios es su espíritu de rebeldía contra el orden establecido. En Los placeres prohibidos la rebelión crece con la abierta reivindicación de la homosexualidad. El tono personal cobra protagonismo frente al surrealismo en Donde habite el olvido (1934), e Invocaciones a las gracias del mundo (1934–1935) presenta al poeta neorromántico dilatándose en amplios poemas que celebran las glorias del mundo y exaltan la misión del poeta.
III. Exilio
El período de madurez arranca con Las nubes (1940 y 1943), uno de los más bellos libros de poesía sobre la Guerra Civil, donde lo elegíaco alcanza su plenitud. Bajo el estímulo de la lírica inglesa, prolonga tono y estilo en Como quien espera el alba (1947). Ya en México compondría Vivir sin estar viviendo (1944–1949) y Con las horas contadas (1950–1956), que en ediciones posteriores incorporará Poemas para un cuerpo. Es perceptible la sustitución de la anterior musicalidad elegante, garcilasiana, por un ritmo seco, duro, y por la renuncia a toda ornamentación en favor del concepto. Este estilo alcanza su plenitud en Desolación de la Quimera (1962). La patria perdida, la Grecia clásica y pagana, la evasión y la amargura son los protagonistas temáticos de esta última etapa.
La Novela Española: De 1939 a la Actualidad
1. La novela desde 1939 hasta los años 70
I. Novela existencial y tremendista (década de los 40)
La Guerra Civil y la Dictadura afectaron también al devenir de la narrativa. Las novelas existenciales reflejan la miseria moral y material y la frustración que produce el ambiente de posguerra en unos personajes desarraigados y desilusionados, que sufren una existencia sin valores a los que aferrarse, con la guerra y sus consecuencias, la incomunicación y la incertidumbre como temática principal.
- La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (1942): Se caracteriza por la técnica del tremendismo, un realismo centrado en los aspectos truculentos y aberrantes de la realidad.
- Nada, de Carmen Laforet (1944): De tendencia existencial, está protagonizada por Andrea, que va a estudiar a la universidad de la Barcelona de posguerra, un escenario gris e hipócrita.
- La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes (1948): Se sitúa en la ciudad de Ávila, cuyo provinciano ambiente social está regido por la hipocresía y el pesimismo.
II. Novela social (década de los 50)
La publicación en 1951 de La colmena, de Camilo José Cela, marcó el paso a un tipo de novela de contenido social y enfoque realista. Los relatos se llenaron del testimonio de las clases trabajadoras, que padecieron las consecuencias de una situación laboral, moral y política de injusticia y explotación, con dos variantes:
- El realismo objetivista: El escritor narra la historia limitándose a registrar de manera neutra la conducta de los personajes. Destaca Rafael Sánchez Ferlosio con El Jarama.
- El realismo crítico: El narrador se implica en lo que cuenta y adopta una actitud crítica. Destaca Alfonso Grosso con La zanja. Novelas representativas son El camino de Miguel Delibes, Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender o Entre visillos de Carmen Martín Gaite.
III. La novela experimental (década de los 60)
La nueva década supuso la vuelta a la necesidad de experimentación, pues las fórmulas del realismo social se percibían agotadas. Esta nueva actitud creadora estaba influida por la renovación de la literatura del boom hispanoamericano, así como por la narrativa de escritores europeos y estadounidenses como Franz Kafka, Proust, Joyce o Faulkner. Los temas tratados son el tiempo y la identidad, que reconstruyen la memoria del narrador a través de momentos como la infancia, la adolescencia y la guerra. La intención crítica se manifiesta de manera más humorística, irónica, onírica o irracional, empleando técnicas narrativas nuevas y más complejas: cronología desordenada, fragmentación, protagonista individual, punto de vista múltiple, estilo indirecto libre y monólogo interior.
Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos (1961), es paradigmática de este periodo experimental. En esta línea de renovación se hallan Señas de identidad de Juan Goytisolo, Retahílas de Carmen Martín Gaite o La saga/fuga de J.B. de Torrente Ballester.
2. La novela desde 1975 hasta nuestros días
Resulta difícil establecer una sistematización rigurosa de tendencias y autores durante este período. La ruptura de fronteras entre subgéneros convierte a la novela actual en un género multiforme. Dos novelas anunciaban ese cambio de rumbo: La saga/fuga de J.B., de Torrente Ballester, y La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza. La continuidad generacional la encontramos en la Generación del 36 (Miguel Delibes, Camilo José Cela) y en la Generación del Medio Siglo (Juan Marsé, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite).
Como reacción al hermetismo de la novela experimental, algunos autores reivindican el placer de narrar historias. En estos “nuevos realismos” destaca Rafael Chirbes, Almudena Grandes o Luis Landero. Junto a tendencias como la novela negra, la “Generación X”, la novela “Zapping” o la autoficción, destacan las siguientes corrientes:
- La novela lírica o poemática: Estilística, intimista y de tono reflexivo. Mortal y rosa (1975), de Francisco Umbral, es uno de los ejemplos más acabados. También destacan La lluvia amarilla (1988), de Julio Llamazares, o El lápiz del carpintero (1998), de Manuel Rivas.
- La novela histórica: Plantea la recuperación de hechos pasados para arrojar luz sobre el presente. Destacan obras sobre la Edad Media (Juan Eslava Galán), el Siglo de Oro (Arturo Pérez-Reverte) o la Guerra Civil (Javier Cercas, Alberto Méndez).
- Novela de la memoria y del testimonio: De enfoque realista, la memoria de una generación y el compromiso son los temas básicos. Cabe mencionar a Luis Mateo Díez, Rosa Montero con Te trataré como a una reina (1981), Rafael Chirbes con Crematorio (2007) o Ignacio Martínez de Pisón con El día de mañana (2011).