LA NOVELA ESPAÑOLA DE 1975 HASTA
LA ACTUALIDAD.
La falta de perspectiva histórica, el fuerte desarrollo del género novelístico, que se ha convertido en el más leído, la enorme variedad de la producción de este periodo, la negativa generalizada de la mayor parte de los escritores a ser clasificados en un grupo y la intrusión de elementos comerciales en el proceso de creación, selección por parte de los editores y distribución de las obras, hacen que resulte muy difícil clasificar la novela producida en España en las últimas décadas.
Novela intimista y lírica, es más relevante la vida interna de los personajes que la trama. Carmen Martín Gaite se esfuerza en descubrir aspectos de la intimidad humana más profunda, especialmente de la mujer. Autora de una novela emblemática de finales de los 50, Entre visillos, y de un ensayo para comprender la vida sentimental durante el franquismo, Usos amorosos de la posguerra española.
Destaca también Nubosidad variable
. Se escribe una novela que continua la línea experimental pero no renuncia a la narratividad. Eduardo Mendoza, La verdad sobre el caso Savolta aprovecha las aportaciones de la vanguardia y las carácterísticas del género negro. Aparte de la narración, la obra integra elementos ficticios.
Novela de fuerte carga intelectual, en la que prima la intertextualidad y las referencias culturales. Javier Marías, Todas las almas, ha alcanzado un enorme reconocimiento internacional. Su obra junta el descubrimiento de la intimidad, el culturalismo, el gusto por contar historias y la presentación de unos personajes. El mal de Montano, Enrique Vila-Matas es un ejemplo de novela de autoficción, de narración donde ha usado su biografía como base, pero ha adornado con elementos imaginarios.
Novela histórica, exige que el autor se documente escrupulosamente. Su mérito residirá en conseguir el equilibrio entre información histórica y calidad literaria. Uno de los temas más repetidos es la Guerra Civil y la posguerra puesto que las heridas que generó y produjo el conflicto todavía no han sanado. Almudena Grandes es heredera del espíritu de la famosa movida madrileña un movimiento cultural que pretendía la liberación de las artes y que se desarrolló durante los años 80. Es autora de Inés y la alegría. Arturo Pérez Reverté, autor más representativo del género. En la serie Cienfuegos de Alberto Vázquez Figueroa donde predomina el género de aventuras.
Novela de tintes cervantinos, aborda temas de alcance
universal desde una profunda empatía hacia el ser humano y el afán que le lleva a emprender hazañas imposibles. Luis Landero, Juegos de la edad tardía la tragicomedia de los sueños incumplidos de los perdedores. Luis Mateo Diez es uno de los escritores con mejor dominio de nuestra lengua.
Novela negra, no presenta solo la resolución de un caso criminal, sino que la narración persigue realizar un retrato profundo de las taras sociales. Se trata de un género tan popular que ha sido designado como la novela de caballería del Siglo XX. Lorenzo Silva nos presenta en sus obras el fracaso de la persona que ha llegado al éxito económico, pero se siente vacío.
En los años 90, antes de que escribieran el Realismo sucio, aparecíó un grupo de autores jóvenes llamados Generación X. José Ángel Mañas en Historias del kron muestra una juventud de clase media/alta. Sus vidas transcurren entre las drogas, el sexo y el desafío a las normas.
La literatura fantástica. Ana María Matute escribe Olvidado rey Gudú. Por otra parte, el éxito de la novela infantil y juvenil da pie a que el género fantástico se desarrolle más. En esta línea tenemos a Laura Gallego con Memorias de Idhún.
Novela poemática, ofrece una prosa cuidad que hereda el ritmo de la poesía. Los elementos líricos se combinan con los narrativos. Julio Llamazares, La lluvia amarilla.
El cuento, consigue irse abriendo paso con dificultad, lastrado por la hegemonía de la novela. En José María Merino los elementos fantásticos se funden para crear un universo donde todo es posible. Historias del otro lugar recoge los cuentos que escribíó.
Avanzada la democracia, la libertad creativa de los narradores españoles ha dado lugar a una diversidad de técnicas y temáticas que ha permitido la convivencia de subgéneros. Esto ha supuesto una mezcla de géneros y estructuras. En la novela social destaca Rafael Chirbes con Crematorio y En la orilla. Jesús Carrasco con su novela interprete obtuvo uno de los mayores éxitos de la narrativa española que se incluye dentro de la corriente neorruralista. Pablo D’Ors ha conquistado un espacio propio en la narrativa española.
Se puede deducir, que es muy difícil establecer un análisis exhaustivo de la narrativa del periodo posterior a 1975 hasta nuestros días por la inmediatez de la producción; sin embargo, sí cabe recalcar que se produce una clara vuelta al aprecio por la trama y un alejamiento progresivo de la experimentación.