Rusia
En el siglo XIX es el país más grande del mundo. En el siglo XVIII se importaron formas de arte; la ópera italiana cómica y la francesa eran los entretenimientos preferidos de la corte. La actividad concertística estuvo llena de música importada de Occidente, pero poco a poco los elementos rusos se irán imponiendo, sobre todo en la ópera.
Rusia desarrolla un nacionalismo radical que no busca la independencia política, sino construir una identidad cultural. Se empiezan a buscar argumentos campesinos en lengua rusa con una música muy inspirada en el folclore. Se produce así una corriente de doble sentido: una culturización occidental de músicos rusos y, por otro lado, la adquisición de un color ruso por la inserción de temas y melodías populares en compositores occidentales.
Glinka
Se le conoce como el padre de la ópera rusa. Da a la ópera un auténtico carácter donde antes había color, gracias a las peculiaridades rítmico-armónicas del material folclórico que utilizaba y al color orquestal. Introduce el diletantismo, que va a ser un rasgo común del nacionalismo ruso. Pasa la infancia en el campo y, al parecer, pertenece a la nobleza terrateniente; se traslada a San Petersburgo, donde recibe clases de canto y piano de John Field y participa muy activamente en la actividad musical de la ciudad.
Dargomizhsky
Presenta rasgos semejantes a los de Glinka: pianista dilettante y compositor. Contribuye a sentar las bases de la música nacionalista rusa. Descubre su vocación rusa en un viaje por Europa, porque presta especial atención a la lengua rusa.
A mediados del siglo XIX hay un gran movimiento cultural que coincide con una evolución llamada «revolución desde arriba», que consiste en la abolición de los siervos, la destrucción del orden feudal, la reforma del sistema judicial, etc. La música participa en este impulso cultural. Están, por un lado, los partidarios de la tradición de Occidente (forman la Sociedad Musical Rusa y el Conservatorio de San Petersburgo) y, por otro, los nacionalistas que siguen la línea de Glinka (la Escuela Libre defiende la educación espontánea, organizaba conciertos y fomentaba la música nacional).
El Grupo de los Cinco
Movimiento compostado por músicos que promovieron un nacionalismo musical de carácter ruso.
- Balakirev: Sigue las enseñanzas de Glinka y Dargomizhsky; bajo su guía el grupo se ejercitaba en la actividad didáctica y en el intercambio y recíproca corrección de sus composiciones. Escribe tres poemas sinfónicos: Tamara, Rusia y Bohemia, dos sinfonías y obras para piano.
- César Cui: Escribe numerosos artículos glorificando el nacionalismo ruso, pero su música no siempre sigue estos principios. La mayoría de sus obras son para piano y música camerística.
- Borodín: Profesor de química orgánica, consideró la investigación y la docencia su primera ocupación, de ahí sus pocas obras. Escribe tres sinfonías y música de cámara.
- Rimsky-Korsakov: Representa el punto intermedio entre el nacionalismo y el cosmopolitismo. De autodidacta pasó a ser profesor y luego director del Conservatorio de San Petersburgo. Con su sólida preparación completó, revisó, orquestó y difundió las obras del grupo. La ópera es el nervio de su producción; algunos títulos son Mozart y Salieri, La doncella de la nieve y La fábula del gallo de oro. También destacan entre sus obras sinfonías, oberturas, poemas sinfónicos y suites sinfónicas, entre las que resaltan El capricho español y Sherezade.
- Mussorgsky: El más genial, intuitivo e innovador del grupo, también el más atormentado. Es el que más penetra en el alma rusa con las escalas modales, los ritmos y las melodías. Sus dos óperas más famosas son Boris Godunov y Chovanschina; las dos tratan momentos cruciales de la historia rusa. No son obras encadenadas, sino cuadros separados y autosuficientes. Entre sus obras vocales destacan El cuarteto de los niños y Cantos y danzas de la muerte. En las obras para piano hay que destacar Cuadros de una exposición y, entre las fantasías orquestales, Una noche en el monte pelado.
Países nórdicos
Manifiestan muy pronto los brotes nacionalistas. Sienten la necesidad de expresar sus emociones nacionales y tienen predilección por la canción popular, el canto coral, la música de cámara y las formas pequeñas.
Dinamarca y Suecia
Tienen una tradición musical similar, influida por los flamencos, por la ópera italiana y por la música inglesa de John Dowland. El compositor más representativo es Niels Gade, que compone ocho sinfonías y seis oberturas. En Suecia se menciona a Nielsen, autor de sinfonías y canciones destacadas por un lenguaje tonal avanzado.
Noruega
Edvard Grieg: Estudia en Alemania e Italia y es famoso como director y pianista. No escribe obras de gran envergadura; destaca por sus piezas pianísticas breves. Compone un concierto para piano, sonatas y música de cámara. Su nacionalismo se aprecia en las canciones cortas, donde se capta la esencia de las canciones populares.
Finlandia
Jean Sibelius: Su literatura se inspira en la historia y el mito, en especial en el Kalevala. Sibelius estudió en Centroeuropa y su música está inspirada en el amor a la naturaleza. Entre sus poemas sinfónicos cabe destacar Finlandia, Tapiola y El cisne de Tuonela. Escribió siete sinfonías, suites orquestales y obras para piano y violín.
Centroeuropa (Checoslovaquia)
Toda la zona de Bohemia había pertenecido desde el siglo XVI al Sacro Imperio Romano. En el siglo XIX se dan pasos hacia la independencia y se produce un florecimiento de la literatura checa y un renovado interés por el folclore, las canciones y la ópera en lengua checa.
Smetana
Después de recorrer varios países de Europa y, de regreso a Praga, ocupa dos puestos fundamentales: crítico en un periódico de Praga y director de la ópera checa. Compone ocho óperas en lengua checa. Al principio de su carrera escribe numerosas piezas para piano, danzas, estudios y música programática, pero es en su música orquestal donde mejor expresa las inquietudes de su patria; la obra más importante es Mi patria.
Dvořák
Gracias a una beca y al apoyo de Brahms y de Hanslick se le abren las puertas de la fama; realiza giras por toda Europa con gran éxito, es director de la ópera de Nueva York y regresa a Praga con un prestigio sin precedentes. Escribe nueve sinfonías, entre ellas la conocida Del Nuevo Mundo, una suite checa, danzas eslovacas, música de cámara (cuartetos de cuerda) y un concierto para violonchelo. Su originalidad radica en la invención melódica, los efectos orquestales y el color local.
Francia
Se considera 1881 como el renacimiento musical francés porque se crea la Société Nationale de Musique (Sociedad Nacional de la Música Francesa). Fue un movimiento con principios nacionalistas: buscaba la inspiración en la música popular y resucitar la música del pasado.
Podemos distinguir tres líneas evolutivas:
- Tradición cosmopolita: Representada por César Franck, que utiliza las formas tradicionales con un estilo conservador; su obra está impregnada de idealismo religioso. Escribe sinfonías y poemas sinfónicos, todo muy tradicional.
- Tradición francesa: Es una tradición clásica que concibe la música como forma sonora; se caracteriza por el orden, la melodía sencilla, lírica y reservada. Sus representantes son Camille Saint-Saëns y especialmente Gabriel Fauré.
Fauré
Sobre todo escribe música de cámara y piezas líricas; las únicas obras grandes son un réquiem, música incidental para Pelléas et Mélisande y las óperas Prometeo y Penélope. Destacan sus cien canciones, la música de cámara y la música para piano. Sus mayores influencias se encuentran en Ravel y en Nadia Boulanger.
- El impresionismo: El nombre proviene de la escuela de pintura francesa que surge desde 1880. La composición impresionista crea atmósferas e impresiones sensoriales mediante armonías y timbres; en muchos aspectos es una evocación, un sentimiento fugaz o una atmósfera, y puede considerarse también una antítesis del Romanticismo.
Representantes del impresionismo y movimientos afines
Claude Monet y Edgar Degas (pintores) son frecuentemente citados como inspiradores de la estética. El representante musical más significativo es Claude Debussy, además de uno de los más influyentes del siglo XX.
- Su obra orquestal más importante es el Preludio a la siesta de un fauno, al que le siguen otras piezas sinfónicas. Sus obras orquestales requieren una orquesta amplia para obtener una gran sonoridad. Toda su técnica orquestal se ejemplifica en sus nocturnos: Nuages, Fêtes y Sirènes, orquestados como un mundo encantado y brumoso. Estos mismos recursos aparecen en su música pianística. También compuso música no impresionista para piano, como la Suite bergamasque y Children’s Corner. La única ópera que terminó fue Pelléas et Mélisande.
- Erik Satie: El movimiento antiimpresionista tiene en Francia a Satie como figura destacada. Algunas de sus primeras piezas para piano, las Gymnopédies, se anticipan al uso de acordes sin resolución y armonías modales. Sus obras pianísticas (1900–1915) se especializan en la caricatura y el humor absurdo, con títulos surrealistas como Trois morceaux en forme de poire y Embryons desséchés. Destaca el famoso ballet Parade (con texto de Cocteau y decorados y trajes de Picasso) y el drama sinfónico Socrate. Tiene un espíritu mordaz; la severidad de su armonía y melodía influyó en la música francesa.
- Maurice Ravel: Los títulos de sus primeras composiciones para piano y de las últimas indican cuánto difirió de Debussy; por ejemplo, Minuet antique, Pavane para una infanta difunta y Tombeau de Couperin. En algunas obras adopta técnicas impresionistas, pero sus ritmos y estructuras son más fieles al clasicismo. Entre sus obras clásicas están la sonatina para piano y música de cámara (tríos, cuartetos, etc.). Obras de carácter impresionista o con color local son Gaspard de la nuit y la Rapsodia española.