La Revolución Industrial en el País Vasco: minería, burguesía y desigualdad
El texto explica cómo la Revolución Industrial en el País Vasco, sobre todo en Vizcaya y en la margen izquierda del Nervión, comenzó gracias a la explotación industrial de las minas de hierro a finales del siglo XIX, lo que generó mucha riqueza para la burguesía vasca por la venta del mineral a Gran Bretaña, pero también provocó una gran desigualdad social. La minería atrajo a muchos inmigrantes que huían del paro agrícola, pero, como no había suficientes viviendas ni servicios, acabaron viviendo en condiciones durísimas, con hacinamiento, enfermedades y alta mortalidad. Además, como el trabajo no requería especialización, los empresarios podían reemplazar fácilmente a los obreros, lo que significaba salarios bajos y poca capacidad de exigir mejoras, haciendo que el movimiento obrero tardara en organizarse. Aun así, estas malas condiciones impulsaron el nacimiento del movimiento obrero vasco, principalmente socialista, con la llegada de Pablo Iglesias y la creación del PSOE, y más adelante también el comunismo, destacando figuras como Facundo Pérezagua y Dolores Ibárruri. Finalmente, la huelga general de 1890 fue clave porque marcó el inicio real del movimiento obrero vizcaíno y cambió las relaciones laborales al darle más fuerza a los trabajadores.
Industrialización regional: Bizkaia y Cataluña
En la segunda mitad del siglo XIX, España empezó a industrializarse, aunque de forma lenta y complicada porque otros países europeos ya iban muy adelantados. Este proceso se concentró sobre todo en Cataluña con el sector textil y en Bizkaia con la siderurgia, gracias al hierro, que era fácil de extraer y estaba cerca del mar. La explotación y exportación de este mineral atrajo a muchísima gente de otras zonas de España, provocando un gran éxodo rural hacia la periferia y convirtiendo a Bizkaia en uno de los principales destinos.
Condiciones laborales y urbanas
Sin embargo, aunque esta inmigración impulsó la economía, los trabajadores, especialmente los mineros, vivían en condiciones durísimas: jornadas interminables, sueldos bajos, una esperanza de vida muy corta y alojamientos miserables en barracones controlados por las propias empresas, además de estar obligados a comprar en cantinas también de la empresa. Ante esta situación, el movimiento obrero fue ganando fuerza y organizando huelgas que presionaron para mejorar poco a poco la vida de los trabajadores.
Diversidad del movimiento obrero
El movimiento obrero estuvo compuesto por corrientes variadas, entre las que destacan:
- Socialistas
- Comunistas
- Nacionalistas
- Anarquistas
- Católicos
Finalmente, a principios del siglo XX, la aparición de nuevas industrias como la metalurgia y la naval, junto con la creación de Altos Hornos y el control de las minas por parte de la burguesía vasca, ayudó a que la situación empezara a mejorar ligeramente para los mineros.
El nacimiento del nacionalismo vasco
El nacionalismo vasco nació a finales del siglo XIX con el bizkaitarrismo, primero centrado en Bizkaia y luego extendido a todo el País Vasco, defendiendo que la identidad vasca se basaba en la religión, la lengua, las tradiciones y los fueros. Su principal impulsor fue Sabino Arana, fundador del PNV en 1895, que buscaba la independencia para proteger a la sociedad vasca de la industrialización, el laicismo y la inmigración, adoptando el lema “Dios y Ley Vieja”. Al principio tuvo poco apoyo hasta que se abrió a una burguesía más moderna, generando divisiones entre independentistas y autonomistas, mientras surgían corrientes más liberales como la de Ramón de la Sota. En 1910 se produjo la escisión del grupo Askatasuna, más laico y republicano, que luego influyó en la creación de ANV durante la Segunda República.
La Segunda República: proclamación, reformas y conflictos
Tras las elecciones municipales de abril de 1931 y la proclamación de la II República, Alfonso XIII se exilió y se formó un gobierno provisional que convocó elecciones a Cortes Constituyentes, ganadas por republicanos y socialistas, nombrando a Niceto Alcalá-Zamora jefe del Gobierno provisional. Las Cortes elaboraron la Constitución de 1931, muy avanzada para la época, con derechos amplios y el sufragio universal femenino gracias al impulso de Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. Aunque la Constitución fue aprobada por mayoría, generó conflictos sobre la religión y la autonomía, provocando la dimisión de los ministros católicos y la sustitución de Alcalá-Zamora por Manuel Azaña. Las mujeres votaron por primera vez en 1933, y aunque algunos culparon a su voto de la victoria de la derecha, en realidad el problema fue más de estrategia y unidad de la izquierda, algo que se corrigió en las elecciones de 1936 con el triunfo del Frente Popular.
Reformas y retrocesos (1931–1936)
Tras la proclamación de la II República en 1931, se convocaron elecciones generales que ganó la coalición republicano-socialista, nombrando presidente a Niceto Alcalá-Zamora y aprobando una Constitución avanzada. Entre 1931 y 1933, este gobierno impulsó reformas educativas, militares, agrarias, sociales y territoriales, pero su mandato terminó con las elecciones de 1933, ganadas por la derecha (CEDA) y el centro (Partido Radical). Esto provocó polarización, ralentización de las reformas, amnistía para los implicados en la Sanjurjada y conflictos con Cataluña y el País Vasco. La tensión llevó a la Revolución de octubre de 1934 en Asturias y León, reprimida con violencia. En 1936, la izquierda se presentó unida como Frente Popular frente a la derecha dividida, defendiendo retomar las reformas republicano-socialistas y amnistiar a los encarcelados de 1934.
Conclusión
En conjunto, el proceso de industrialización en el País Vasco transformó profundamente la estructura social, económica y política de la región: la explotación minera y el desarrollo siderúrgico generaron riqueza y cambio demográfico, pero también desigualdad y conflictividad laboral. Estas tensiones favorecieron la organización del movimiento obrero y la emergencia de nuevas fuerzas políticas, entre ellas el nacionalismo vasco, que marcaron decisivamente la historia regional y nacional durante las primeras décadas del siglo XX.