1. Evolución histórica relacionada con el modelo de transición demográfica
El régimen demográfico antiguo se caracterizaba por altas tasas de natalidad, propias de una sociedad agraria en la que los hijos contribuían al trabajo y aseguraban el futuro de los padres, sumado a la ausencia de métodos eficaces de control de la natalidad. La mortalidad general era alta y oscilante, consecuencia de una dieta escasa y desequilibrada, la desnutrición, el atraso médico y la falta de higiene. A esto se añadía la mortalidad catastrófica provocada por epidemias, guerras y malas cosechas, así como una elevada mortalidad infantil. La esperanza de vida era baja y el crecimiento natural reducido.
Transición demográfica (1900-1975)
Durante esta etapa, la mortalidad descendió notablemente, mientras que la natalidad disminuyó de forma más lenta y desigual, condicionada por los acontecimientos históricos:
- 1900-1920: Descenso inicial de natalidad ligado a la reducción de la mortalidad infantil y efectos de la Primera Guerra Mundial.
- Década de 1920: Recuperación de la natalidad gracias a la prosperidad económica.
- 1930-1956: Caída de la natalidad por la crisis de 1929, la Segunda República, la Guerra Civil, la posguerra y el exilio; la política pronatalista de Franco no logró revertirla.
- 1956-1965: Baby boom por el desarrollo económico tras el fin del aislamiento internacional.
- 1965-1975: Descenso de la natalidad por industrialización, urbanización y cambios sociales.
La mortalidad general descendió por la mejora del nivel de vida, la alimentación, la educación y los avances médicos y sanitarios, reduciéndose también la mortalidad infantil y materna. La esperanza de vida aumentó y el crecimiento natural fue alto, especialmente entre 1920 y 1965, aunque comenzó a reducirse desde 1965 con la estabilización de la mortalidad y el descenso continuado de la natalidad.
Régimen demográfico actual (desde 1975)
La natalidad ha seguido un descenso significativo, con dos periodos diferenciados:
- 1975-1998: Descenso brusco debido a crisis económicas, retraso en la maternidad, precariedad laboral, alto coste de la vivienda y cambios sociales y culturales (mayor uso de anticonceptivos, legalización del aborto y del divorcio, incorporación de la mujer al trabajo).
- Desde 1998: Oscilaciones ligadas a la economía y la inmigración; ligera recuperación hasta 2008 y nuevo descenso tras la crisis económica.
La mortalidad general se mantiene baja, aunque aumenta levemente por el envejecimiento, con predominio de enfermedades cardiovasculares, cáncer y accidentes de tráfico. La mortalidad infantil es muy reducida y la esperanza de vida elevada, especialmente entre mujeres y grupos sociales más favorecidos. Como consecuencia, el crecimiento natural es muy bajo o negativo.
2. Principales características actuales y explicación de los desequilibrios
Actualmente, todas las comunidades autónomas presentan bajas tasas de natalidad y mortalidad y un crecimiento natural reducido o negativo, aunque existen diferencias territoriales debidas a la estructura por edades, la tradición natalista y migratoria, el dinamismo económico e inmigración.
Dinamismo demográfico regional
Las comunidades con mayor dinamismo demográfico muestran tasas de natalidad algo superiores y mortalidad ligeramente menor, así como una población menos envejecida. Esto se explica por:
- Tradición natalista: Murcia, Andalucía, Navarra, Ceuta y Melilla.
- Recepción de inmigrantes jóvenes: Tanto por pasado industrial como por sectores de servicios, turismo, agricultura y tecnología en la actualidad (Madrid, Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía y Navarra).
Por el contrario, las comunidades con menor dinamismo demográfico presentan un envejecimiento marcado, bajas tasas de natalidad y mayor mortalidad, asociadas a una larga tradición emigratoria (Galicia, Asturias, Cantabria y gran parte del interior peninsular), estancamiento económico y menor llegada de inmigración extranjera, especialmente tras la crisis de 2008.
3. Consecuencias sociales y económicas de la actual dinámica demográfica en España y perspectivas de futuro
Se prevé que la tasa de natalidad continúe descendiendo hasta 2030, debido a la llegada a la edad fértil de generaciones poco numerosas (1985-1995) y al retraso de la maternidad, con una ligera recuperación entre 2030 y 2040. La mortalidad aumentará por el envejecimiento de la población, mientras que la esperanza de vida seguirá creciendo. En consecuencia, el crecimiento natural seguirá siendo negativo y no se compensará con el saldo migratorio.
Impacto del envejecimiento
El envejecimiento se acentuará, aumentando el gasto en pensiones y sanidad, la dependencia de los ancianos, la demanda de residencias y el riesgo de exclusión social. La tasa de actividad disminuirá por jubilaciones y menor emprendimiento entre población envejecida, aunque por sexos tenderá a aproximarse. Además, la terciarización de la economía incrementará el porcentaje de población empleada en servicios, mientras que la participación de jóvenes y mayores de 65 años seguirá reduciéndose.
Soluciones propuestas
Entre las soluciones destacan:
- Fomento de la inmigración joven.
- Retraso de la jubilación y reforma del sistema de pensiones.
- Racionalización del gasto sanitario e incremento de residencias.
- Promoción del envejecimiento activo y la solidaridad intergeneracional.
4. Evolución histórica de los movimientos migratorios: Causas y consecuencias
Migraciones interiores tradicionales
Tuvieron una motivación fundamentalmente laboral y estuvieron protagonizadas por población joven y poco cualificada, que se desplazó del campo a las grandes ciudades industriales y de servicios. Se distinguen:
- Migraciones estacionales y temporales: Vinculadas a labores agrarias o trabajos urbanos temporales.
- Éxodo rural: Desde áreas de Galicia, el interior peninsular y Andalucía oriental hacia Cataluña, País Vasco, Madrid, el litoral mediterráneo, el valle del Ebro y zonas turísticas.
El éxodo rural pasó por varias etapas: crecimiento inicial hasta 1930; estancamiento entre 1931 y 1950 (crisis, Guerra Civil y posguerra); máximo desarrollo entre 1951 y 1975; y su declive desde entonces. Las consecuencias fueron demográficas (desequilibrios territoriales), económicas (descenso de productividad agraria), sociales (dificultades de integración) y medioambientales (abandono rural y contaminación urbana).
Migraciones exteriores tradicionales
Los principales destinos fueron ultramar y Europa occidental:
- Emigración transoceánica: Intensa entre mediados del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial (América Latina). Decayó en entreguerras, se recuperó brevemente tras 1945 y disminuyó desde 1960.
- Emigración europea: Alcanzó su máximo entre 1960 y 1973 hacia Francia, Alemania y Suiza, decayendo tras la crisis de 1975.
Sus consecuencias incluyeron la reducción de la población, el alivio del paro y la entrada de divisas.
Inmigración extranjera reciente
Poco relevante hasta los años noventa, pero desde 1995 España se convirtió en país receptor debido a la demanda de mano de obra, proximidad a África, vínculos con América Latina y atracción climática. Tras un descenso en 2008, se recuperó con fuerza desde 2016.
5. Estructura de la población según los distintos aspectos de descripción
Estructura por sexo
Expresa la relación entre hombres y mujeres. Nacen 105 niños por cada 100 niñas, pero las mujeres presentan una mayor longevidad. Existe un predominio masculino en edades jóvenes, equilibrio en la edad adulta y claro predominio femenino en edades avanzadas.
Estructura por edad
Se divide en tres grupos: jóvenes (0-14 años), adultos (15-64) y ancianos (65 y más). En España, esta estructura está claramente envejecida. Las causas principales son el fuerte descenso de la natalidad desde 1975, el aumento de la esperanza de vida y los cambios en los flujos migratorios. Esto genera consecuencias demográficas (menor natalidad), económicas (presión sobre pensiones) y sociales (mayor dependencia).
6. Relación entre movimientos migratorios y la actual dinámica demográfica en España
Las migraciones interiores acentúan los desequilibrios territoriales. Las migraciones residenciales intraurbanas provocan el envejecimiento de áreas emisoras y el crecimiento de receptoras. Las migraciones de retorno favorecen el sobreenvejecimiento en algunas zonas, aunque pueden impulsar la economía local si se instala población joven. Los movimientos pendulares generan problemas de tráfico y los desplazamientos por ocio incrementan ingresos en áreas receptoras.
Las migraciones exteriores influyen reduciendo la demanda de empleo, pero suponen una pérdida de talento joven. La inmigración extranjera ha sido clave: entre 1995-2007 y desde 2016, impulsó el crecimiento demográfico, aumentó la natalidad, aportó población activa y alivió el gasto en pensiones. No obstante, también se asocia a retos como la presión salarial, el retraso en la modernización de sectores y dificultades de integración que pueden generar