David Hume y el Emotivismo: Por Qué los Sentimientos Dominan la Razón Moral

La Ciencia del Hombre de David Hume

La teoría del conocimiento constituye solamente una parte del proyecto general de David Hume de fundar y desarrollar una ciencia del hombre, basada en el método experimental.

Crítica de Hume al Racionalismo Moral

En general, podemos decir que un código moral es un conjunto de juicios a través de los cuales se expresa la aprobación o reprobación de ciertas conductas y actitudes. La mayoría de los filósofos que se han ocupado de la moral se han preguntado por el origen y el fundamento de estos juicios morales.

Una contestación, extendida desde los griegos, es que la distinción entre lo bueno y lo malo moralmente es una distinción basada en el entendimiento, es decir, en la razón.

Algunos autores, como Sócrates y Platón, afirman que la condición necesaria y suficiente para la conducta moral es el conocimiento. Esta teoría parece contraria a las ideas corrientes. El emotivismo moral se acerca mucho más a la concepción de sentido común al destacar la importancia de los sentimientos y las emociones en la vida moral. Hume es su más importante defensor en la filosofía moderna.

El Papel Limitado de la Razón

La mera razón nunca puede ser el motivo de una acción de la voluntad. De este principio, Hume deriva su conocida sentencia: “La razón es, y debe ser, solamente la esclava de las pasiones, y nunca puede pretender otro cometido que servirlas y obedecerlas”. Sin embargo, la razón sí tiene un papel en la acción moral:

  1. Puede ser usada para descubrir que una pasión se basa en un juicio falso.
  2. Puede mostrar que los medios elegidos para lograr un fin son insuficientes.
  3. Puede advertirnos que la consecución de un bien deseado resultará en algo cuya evitación deseamos aún más.

Argumentos contra la Razón como Fundamento Moral

Hume intentará mostrar que, a pesar de su utilidad, la razón es insuficiente como fundamento de la moralidad a través de varios argumentos:

  1. Si la razón fuese el fundamento de la moral, entonces lo moral tendría que ser una cuestión de hecho o algún tipo de relación, dado que la razón solo puede juzgar sobre estos dos ámbitos. Hume intenta mostrar que no es un hecho.
  2. El carácter de buena o mala de una acción o cualidad tampoco es una propiedad de relación.
  3. La esfera moral tiene una clara analogía con la esfera del gusto o la experiencia estética, que se basa en el sentimiento.
  4. Existen relaciones similares a las que despiertan en nosotros valoraciones morales que, sin embargo, no tienen influjo alguno en la moralidad.
  5. Los fines últimos de las acciones humanas no dependen de la razón, sino del sentimiento.

Las Dos Esferas de la Subjetividad

Concluye Hume señalando que hay dos esferas diferenciadas en nuestra subjetividad:

La Esfera de la Razón

  • Es la base del conocimiento del mundo, de la verdad y la falsedad.
  • Descubre lo que hay.
  • Nos enseña los medios para alcanzar los fines.
  • Nos muestra las cosas tal y como están en la naturaleza.
  • No es motivo para la acción.

La Esfera del Gusto (Sentimiento)

  • Es la base de la experiencia moral y estética.
  • Genera el sentimiento de belleza y deformidad, de vicio y de virtud.
  • No descubre nada nuevo, sino que crea rasgos en las cosas.
  • Provoca placer o dolor.
  • Se convierte en motivo para la acción.

El Sentimiento como Fundamento de los Juicios Morales

Hume rechaza la razón como fundamento de la moral. La razón se ocupa de las deducciones de las matemáticas y de la descripción de las leyes naturales, y ni unas ni otras tienen que ver con el bien y el mal moral. La moral, sin embargo, nos motiva a actuar de una forma u otra y afecta a las decisiones y conductas. Los sentimientos son las fuerzas que realmente nos determinan a obrar. El sentimiento moral es un sentimiento de aprobación o reprobación que experimentamos respecto de ciertas acciones, y es de carácter natural y desinteresado.

Pasiones, Simpatía y Virtud

Las pasiones que dan lugar a nuestros motivos pueden ser directas o indirectas. Las pasiones directas (alegría, esperanza o temor) surgen del instinto natural o de nuestro deseo del bien. Las pasiones indirectas (orgullo, amor u odio) surgen de una combinación de estos motivos primitivos con otros factores.

Afirmar que algo es bueno o malo significa que lo aprobamos o lo rechazamos por motivos morales. Esta aprobación o desaprobación se refiere solo a las personas y sus actos, los cuales juzgamos mediante el sentimiento de simpatía (la capacidad de ponerse en el lugar del otro). Por tanto, el bien moral es aquello que aprobamos en los demás y en sus actos.

El vicio y la virtud son, en última instancia, percepciones de la mente. El sentimiento de aprobación despertado por una acción es placentero, y el de desaprobación, displacentero. Podemos entender la virtud como la capacidad de producir amor u orgullo, y el vicio como la capacidad de producir humillación u odio.

Utilidad, Justicia y Política

El sentido moral valora la virtud por su utilidad para lograr una convivencia beneficiosa, al llevarnos a trascender nuestros intereses egoístas en aras del bien común. Este bien común es el objeto del que se ocupa la filosofía política. Para Hume, el ser humano tiene una propensión natural a la convivencia; es sociable por naturaleza. La sociedad le beneficia, pues aumenta su fuerza, incrementa su habilidad y le da seguridad. El bien común es el encargado de promover la justicia. Así pues, no hay ni derecho natural ni leyes eternas e inmutables.

Ahora bien, ¿existe algún sistema político que encarne de modo eminente la idea de justicia? No podemos decidir a priori que un sistema sea mejor que otro. Debemos partir de la observación y analizar los procedimientos prácticos antes de decidir qué régimen es más ajustado a las condiciones concretas de cada sociedad. Por tanto, también en política el hombre ha de guiarse por los principios empiristas de la observación y la experimentación.

El Legado del Emotivismo de Hume

Hume recoge una corriente de pensamiento desarrollada en la primera mitad del siglo XVIII en Inglaterra por filósofos moralistas como Shaftesbury y Hutcheson, una corriente que ha encontrado su continuación en la doctrina moderna del emotivismo moral.