Introducción y contexto histórico
La creciente influencia de la religión cristiana en Occidente llevó a los pensadores cristianos a confrontar y asimilar el pensamiento filosófico griego, dando lugar a una filosofía de raíz teológica que aborda fundamentalmente la cuestión de las relaciones entre fe y razón y el problema de la existencia de Dios. En este contexto, la orientación hacia el pensamiento de Platón, que culmina con la síntesis de platonismo y cristianismo realizada por Agustín de Hipona en el siglo V d. C., dominará ampliamente el pensamiento occidental hasta el siglo XIII.
No obstante, la conservación y los comentarios de las obras de Aristóteles por parte de los filósofos del Islam —Avicena en el siglo XI y Averroes en el siglo XII— facilitaron la transmisión del aristotelismo a los pensadores cristianos medievales, quienes lo consideraron un valioso instrumento para la filosofía y la teología cristianas. En este sentido, Tomás de Aquino, en el siglo XIII, realizó la gran síntesis entre el aristotelismo y el cristianismo: sistematiza y corrige el pensamiento aristotélico desde una óptica cristiana, dando una justificación racional de aquello que, en tanto teólogo, acepta previamente por la fe. /
Crítica al argumento ontológico de Anselmo
Dentro del marco de la filosofía cristiana medieval se desarrollaron diferentes pruebas demostrativas de la existencia de Dios. Entre ellas, una de las más relevantes es la propuesta por Anselmo de Canterbury. El famoso argumento ontológico de Anselmo intenta demostrar la existencia de Dios a partir del concepto de “Dios” que tenemos en la mente. Así, entendemos por Dios el ser mayor en el que podemos pensar, y dicho ser ha de existir no solo en el pensamiento, sino también en la realidad. En efecto, si no existiera en la realidad, podríamos pensar en otro ser que sería mayor que Dios, ya que existiría tanto en el pensamiento como en la realidad, lo cual resulta contradictorio.
Sin embargo, Tomás de Aquino critica a Anselmo porque considera que éste realiza un tránsito ilícito, desde un punto de vista lógico, del pensamiento a la realidad: si partimos únicamente de la idea de Dios en el pensamiento, no podemos concluir su existencia en la realidad. Por esta razón, Tomás de Aquino rechaza esta demostración a priori. /
Preámbulo de la fe y la distinción entre pruebas
A partir de esta crítica, Tomás de Aquino concibe el problema de la existencia de Dios como un «preámbulo» de la fe, es decir, como una verdad que puede ser alcanzada no solo por la fe, sino también por la razón. En consecuencia, considera necesaria la demostración racional, ya que la proposición “Dios existe” es evidente por sí misma, pero no es evidente para nosotros, dado que en esta vida no conocemos a Dios directamente.
Por ello, Tomás de Aquino distingue dos tipos de pruebas para demostrar la existencia de Dios: las pruebas a priori y las pruebas a posteriori. Las pruebas a priori son aquellas que parten del conocimiento de la esencia de Dios para llegar a la existencia; Tomás no las considera válidas porque esa esencia escapa al conocimiento humano por sí solo. Frente a estas, sostiene que la existencia de Dios debe demostrarse a partir de la observación de los objetos sensibles, es decir, ascendiendo desde los efectos hasta la causa, que es Dios. Estas son las pruebas a posteriori. /
Estructura común de las vías tomistas
Precisamente, las vías o pruebas a posteriori de Tomás de Aquino presentan una estructura común:
- Parten de un hecho de la experiencia, interpretado desde la metafísica aristotélica, asumiendo el empirismo de Aristóteles, según el cual no hay nada en la mente que no haya pasado antes por los sentidos.
- Se aplica el principio de causalidad: todo lo que sucede tiene necesariamente una causa.
- Se afirma la imposibilidad de proceder al infinito en la serie de las causas, lo que conduce a postular la existencia de una causa primera, no causada por otra anterior.
- Se concluye que existe Dios, siendo Dios esa causa primera.
Las cinco vías de Tomás de Aquino
Sobre esta base, Tomás de Aquino formula cinco vías o pruebas racionales para demostrar la existencia de Dios:
1. Vía del movimiento
La primera es la vía del movimiento, según la cual en el mundo existe el movimiento, entendido como el paso del ser en potencia al ser en acto. Todo lo que se mueve es movido por otro, pues nada puede moverse a sí mismo sin ser al mismo tiempo potencia y acto, lo cual es imposible. Además, es imposible una cadena infinita de motores, pues entonces no habría un Primer Motor que iniciase el movimiento y, por tanto, no podríamos tener experiencia de él. De este modo se concluye que existe Dios como Motor inmóvil, en una vía inspirada en Aristóteles. /
2. Vía de la causa eficiente
La segunda es la vía de la causa eficiente, que parte de la existencia de un orden de causas eficientes en el mundo sensible. Nada puede ser causa eficiente de sí mismo, pues en ese caso sería anterior a sí mismo, lo cual es imposible. Asimismo, si la serie de causas eficientes fuese infinita, no existiría una primera causa eficiente ni causas intermedias, lo cual contradice la experiencia. Por tanto, debe existir una Causa eficiente primera, que es Dios, también inspirada en Aristóteles. /
3. Vía de la contingencia (lo posible y lo necesario)
La tercera es la vía de la contingencia, que observa que en la naturaleza existen seres contingentes, es decir, seres que existen pero podrían no existir. La causa del ser contingente debe ser un ser necesario, porque si todas las cosas fueran contingentes habría habido un tiempo en que no existiera nada; del no-ser no puede surgir el ser. Por consiguiente, no todos los seres son contingentes, sino que debe existir algún ser necesario que sea la causa de los seres contingentes. Además, es imposible un proceso de regreso al infinito en la serie de seres necesarios. Por ello existe un ser necesario por sí mismo, que es Dios, en una vía inspirada en Avicena y en Maimónides.
4. Vía de los grados de perfección
La cuarta es la vía de los grados de perfección, que parte del hecho de que hay seres con distintos grados de perfección —mayor o menor bondad, verdad o belleza— lo cual se manifiesta en los juicios que hacemos sobre las cosas. El ser que posee una perfección en grado máximo es causa del grado limitado de perfección que observamos en los demás seres. Dado que es imposible un proceso infinito en el orden de las perfecciones, ha de existir un ser que contenga en grado máximo todas las perfecciones y sea causa de las perfecciones de los demás. Este Ser perfectísimo es Dios, en una vía inspirada en Platón y el neoplatonismo.
5. Vía de la finalidad (o gobierno del mundo)
La quinta es la vía de la finalidad, que observa que en la naturaleza existen seres que, aunque carecen de inteligencia, obran orientados hacia un fin. Esta finalidad no puede ser explicada por ellos mismos, del mismo modo que una flecha no se dirige sola hacia la diana, sino que necesita la inteligencia del arquero que la orienta. Por ello, es imposible una serie infinita de inteligencias ordenadoras, y debe existir un primer Ser inteligente que dirija todas las cosas naturales hacia su fin. En consecuencia, existe Dios como Suprema Inteligencia Ordenadora.
Objeciones y respuestas de Tomás de Aquino
Finalmente, Tomás de Aquino no solo aporta argumentos racionales para demostrar la existencia de Dios, sino que también responde a las objeciones de quienes niegan dicha existencia.
Principales objeciones
- El problema del mal: la existencia del mal en el mundo parece contradecir la existencia de un Dios absolutamente bueno.
- Explicación por simplicidad: no sería necesario recurrir a Dios para explicar la naturaleza ni las obras humanas; bastarían las leyes naturales y las capacidades humanas (razón y voluntad).
Respuestas de Tomás de Aquino
Respecto al problema del mal, siguiendo a Agustín de Hipona, Tomás responde que Dios no quiere el mal, pero lo permite para obtener un bien superior. En concreto, sostiene que Dios permite el mal para permitir bienes como la libertad humana o la obtención de bienes mayores que incluyen la posibilidad del mal.
Frente a la objeción de la simplicidad explicativa, Tomás apela a lo demostrado en las vías. Por un lado, la quinta vía muestra que la naturaleza está orientada por Dios hacia su finalidad. Por otro lado, la tercera vía muestra que los seres humanos, en cuanto contingentes, requieren de Dios como ser necesario; por tanto, las creaciones humanas y el orden natural no se explican plenamente sin la referencia a Dios. /
Desarrollo detallado: apartados a), b) y c)
a) Planteamiento del problema y posiciones enfrentadas
En cuanto al problema filosófico planteado, el texto aborda las objeciones de quienes niegan la existencia de Dios y la respuesta que Tomás de Aquino ofrece frente a ellas, recurriendo tanto a la fe como a la razón. En concreto, se enfrentan dos tesis opuestas: la de quienes rechazan la existencia de Dios y la defendida por Tomás de Aquino. /
Quienes niegan la existencia de Dios sostienen que Dios no existe y fundamentan esta tesis en dos argumentos principales. En primer lugar, afirman que si Dios existiera no podría existir el mal en el mundo; sin embargo, dado que el mal existe, concluyen que Dios no puede existir. En segundo lugar, argumentan que, por simplicidad, todo lo que existe en el mundo puede explicarse sin recurrir a Dios: los seres naturales se explican mediante las leyes de la naturaleza y las creaciones humanas mediante las capacidades humanas, como la razón y la voluntad. /
Frente a estas objeciones, Tomás sostiene como tesis fundamental que Dios existe. En primer lugar, afirma la existencia de Dios apoyándose en el texto bíblico, lo cual constituye un argumento basado en la fe. No obstante, Tomás no se limita a esta afirmación, sino que responde racionalmente a las objeciones planteadas, tal como continúa el fragmento tras la exposición de la quinta vía. /
Respecto a la primera objeción, Tomás defiende que existe Dios, caracterizado por una bondad infinita, y que, al mismo tiempo, existe el mal. El argumento que justifica esta tesis es que, aunque Dios no quiere el mal, lo permite para obtener a partir de él un bien superior, de modo que la existencia del mal no contradice la existencia de Dios. /
En relación con la segunda objeción, Tomás sostiene que es necesario recurrir a Dios como principio explicativo. Esta tesis se apoya en dos argumentos. En primer lugar, se necesita a Dios para explicar la naturaleza, ya que Dios orienta a los seres naturales hacia su finalidad, como se demuestra en la quinta vía. En segundo lugar, se necesita a Dios, entendido como ser necesario, para explicar las creaciones humanas, tal como se demuestra en la tercera vía, puesto que el ser humano es contingente y, por tanto, también lo son las obras de su razón y de su voluntad. /
Finalmente, esta problemática se inscribe en el conjunto de la filosofía de Tomás de Aquino como un problema metafísico-teológico, ya que la teología es la ciencia que estudia a Dios y, para Tomás, Dios constituye la realidad suprema.
b) Defensa de las vías primera y segunda
En cuanto al problema filosófico planteado, Tomás pretende demostrar racionalmente la existencia de Dios en la realidad, recurriendo a pruebas racionales que permitan alcanzar esta verdad mediante la razón humana. La tesis que defiende en este fragmento es que Dios existe como realidad suprema, y para justificarla recurre a dos argumentos fundamentales, correspondientes a la primera y la segunda vía.
En primer lugar, la vía del movimiento parte de lo que muestran los sentidos, a saber, que en el mundo existe el movimiento. Todo lo que se mueve —es decir, todo móvil que se encuentra en potencia— es movido por otro, que actúa como motor y está en acto. Si algo se moviera a sí mismo, tendría que estar al mismo tiempo y respecto a lo mismo en potencia y en acto, lo cual no es posible. Además, no puede existir una cadena infinita de motores, ya que en ese caso no habría un primer motor ni motores intermedios que produjeran el movimiento. Por tanto, es necesario afirmar la existencia de un primer motor, que es Dios.
En segundo lugar, la vía de la causa eficiente se apoya también en la experiencia sensible, que nos muestra que en el mundo existe un orden de causas eficientes que producen efectos. Nada puede ser causa eficiente de sí mismo en cuanto efecto, ya que, dado que la causa es anterior al efecto, ello implicaría que algo sería anterior a sí mismo, lo cual es imposible. Asimismo, no puede haber una cadena infinita de causas eficientes, puesto que, de ser así, no existiría una causa eficiente primera ni causas eficientes intermedias, y tampoco existirían los efectos que observamos. En consecuencia, debe existir una primera causa eficiente, que es Dios.
Finalmente, esta problemática se sitúa dentro del conjunto de la filosofía de Tomás de Aquino como un problema metafísico-teológico, ya que la teología es la ciencia que estudia a Dios y, para Tomás, Dios es la realidad suprema.
c) Defensa de las vías tercera, cuarta y quinta
Tomás pretende demostrar racionalmente la existencia de Dios recurriendo a pruebas que permitan alcanzar esta verdad mediante la razón humana. La tesis que defiende en este fragmento es que Dios existe como realidad suprema, y para justificarla recurre a tres argumentos fundamentales, correspondientes a la tercera, cuarta y quinta vía.
La vía de lo posible o contingente parte de la constatación de que en el mundo encontramos cosas que pueden existir o no existir, es decir, seres contingentes. Debe existir un ser necesario que sea la causa de los seres contingentes, ya que lo contingente no existió en algún momento y, si todo fuese contingente, habría habido un tiempo en que nada existía. Aquello que no existía solo pudo pasar a existir en virtud de otro ser ya existente, que no podía ser contingente, sino necesario. Además, no es posible una cadena infinita de seres necesarios que tengan en sí mismos su necesidad. Por tanto, existe un ser absolutamente necesario, que es Dios.
La vía de los grados del ser se apoya en el hecho de que en las cosas encontramos distintos grados de verdad, belleza o bondad. Estos distintos grados se explican por aproximación a la verdad máxima, a la belleza máxima y a la bondad máxima. Por ello, debe existir un ser que sea máximamente verdadero, máximamente bello y máximamente bueno, y que sea la causa de los diferentes grados de perfección que encontramos en las cosas. Este ser que posee en grado máximo todas las perfecciones es Dios.
Por último, la vía de la inteligencia ordenadora observa que en la naturaleza existen cosas que tienden a un fin a pesar de carecer de inteligencia, y que dicha orientación no se produce por azar sino con intencionalidad. La causa de que los seres naturales carentes de inteligencia se orienten hacia un fin es que un ser inteligente los dirige hacia dicho fin. En consecuencia, debe existir un ser inteligente que ordene todas las cosas naturales hacia su finalidad, y ese ser es Dios.
El mal moral en Tomás de Aquino en relación con Sócrates y Platón
Tomás de Aquino se plantea un problema ético: ¿por qué hay mal moral? Aquino adopta un enfoque voluntarista moderado. Entiende que el mal moral es una privación o ausencia del bien. Dios no quiere el mal, pero lo ha permitido para alcanzar un bien superior: la libertad humana. El mal moral existe porque Dios ha creado al ser humano como un ser dotado de voluntad libre. En consecuencia, el ser humano puede elegir entre hacer el bien o hacer el mal. Ahora bien, cuando la voluntad opta por el mal, lo hace aunque la inteligencia lo presenta como un bien.
La cuestión del mal moral ya había sido tratada anteriormente por Sócrates y continuada por Platón. Estos pensadores griegos ofrecieron una visión intelectualista del mal moral: el mal moral consiste en un error intelectual.
Sócrates defiende el intelectualismo moral, considerando que es el intelecto quien guía la conducta moral. Parte de la identificación entre saber y virtud, de forma que solo quien consigue alcanzar un conocimiento de las virtudes (el bien, la justicia) puede llegar a ser virtuoso (ser bueno, ser justo). Por tanto, quien obra mal es por ignorancia: no conoce verdaderamente lo que es el bien. Si realmente lo conociera, no hubiera obrado mal. Por su parte, Platón considerará que el conocimiento de la Idea del Bien es necesario para actuar bien.
La postura tomista frente al intelectualismo
¿Cuál es la postura tomista sobre el mal en relación con el intelectualismo moral socrático y platónico? A diferencia del intelectualismo griego, que ve el mal moral como un fallo intelectual, Tomás de Aquino entiende el mal moral desde la idea de pecado, lo que introduce la culpa en quien lo comete (la ignorancia no supone culpabilidad). Este cambio es consecuencia de su planteamiento filosófico cristiano.
Por otra parte, aunque la razón llegue a mostrar a la voluntad lo que está bien o el mal que debe evitarse, Tomás no lo considera suficiente, ya que se puede actuar mal tanto por pura ignorancia (intelectualismo griego) como por actuar en contra de lo que la razón nos muestra como bueno. Aunque se necesita la razón para poder elegir, la posición de Tomás de Aquino es que la elección del mal moral radica primariamente en un fallo de la voluntad.