Introducción
Introducción: El tema que vamos a exponer arranca en el siglo XIII con los reyes Fernando III y su hijo Alfonso X para Castilla y Jaime I de Aragón, extendiéndose a los siglos XIV–XV, la llamada Baja Edad Media. Ofrece una visión de paulatino robustecimiento de la autoridad real, de avance territorial peninsular y extrapeninsular para ambas Coronas. Para España ofrece un panorama político con cuatro reinos y dos grandes Coronas: Castilla y Aragón; además estaban Portugal y Navarra y, como último representante musulmán, Granada. Castilla y Aragón centran el objeto de nuestro estudio, desarrollando las bases que les van a permitir convertirse en estados modernos aunque de distintas maneras.
Desarrollo
Expansión territorial de las Coronas
Desde la derrota almohade en las Navas de Tolosa en 1212, el avance cristiano se hace imparable, hasta topar con Granada. Una vez Castilla toma las fortalezas de Gibraltar, Tarifa y Algeciras y cierra el estrecho, la caída de Granada será cuestión de tiempo. Castilla vio cómo Portugal se consolidaba como reino independiente tras la victoria lusa de Aljubarrota en 1385, aunque la rivalidad entre ambos reinos ibéricos se mantendrá en el tiempo. Las islas Canarias serán conquistadas dentro del plan de expansión por el Atlántico en competencia con los portugueses.
Aragón llega a su tope expansivo peninsular cobrando parte del reino de Murcia y centra su expansión en el Mediterráneo, conquistando Baleares y creando su propia área de influencia en Italia, tomando Sicilia y Cerdeña e incluso en Grecia (Atenas y Neopatria). Más adelante, Alfonso V anexiona Nápoles, adelantándose a Francia; este hecho le acarreará la rivalidad con el país galo.
Panorama político: reinos y coronas
El mapa político peninsular se caracterizó por la coexistencia de varios reinos y por la distinta forma de construir la autoridad real en cada Corona. Las dinámicas de expansión, las alianzas y las resistencias internas marcaron la evolución política hasta la unión dinástica de Castilla y Aragón.
Instituciones y evolución política en Castilla
Con Fernando III (el Santo) se emprende el camino hacia la unificación y centralización del poder en Castilla y León e introduce el castellano como lengua administrativa en sustitución del latín. Extiende sus dominios por Extremadura, el valle del Guadalquivir y el reino de Murcia. Sin embargo, será su hijo Alfonso X (el Sabio) quien inicie el camino reformista que culminarán los Reyes Católicos con la creación del Estado moderno. La nobleza y el clero verán cómo su poder es recortado en beneficio del rey; por esta razón, al final de su reinado, Alfonso X tendrá muchos problemas para conservar la corona.
Padre e hijo luchan por imponer su autoridad y, de ahí en adelante, sus sucesores aspirarán a la monarquía autoritaria en la que el rey es responsable solo ante Dios y no se reconoce ninguna otra autoridad a su altura. Fortalecer su autoridad frente a la nobleza, la Iglesia y las ciudades exige una amplia labor legislativa. Se trataba de recuperar el derecho romano para afianzar la autoridad del rey.
Con Alfonso X encontramos el Fuero Real; la idea de que las ciudades dispusieran de las mismas leyes y las famosas Siete Partidas: la introducción de un código jurídico basado en el derecho romano, de gran trascendencia. Elementos de la nobleza y de las ciudades rechazaron estas reformas por considerar que mermaban su poder y privilegios, lo que originó la rebelión de 1272.
Pedro I el Cruel luchó contra la alta nobleza para afianzarse frente a ella, aunque la nobleza, alineada en torno a Enrique de Trastámara, terminará la guerra civil con la muerte del rey y la elección de Trastámara como nuevo monarca. Los conflictos civiles son una constante hasta la llegada de los Reyes Católicos entre el rey y una nobleza que no se quiere someter a su autoridad.
Quedaba claro que, para imponerse, los reyes castellanos necesitaban desarrollar mecanismos de legalidad y autoridad, centralizar el poder y gobernar con eficacia. El camino no es fácil, pero está trazado. Poco a poco irá calando la idea de que el rey debe tener una autoridad amplia sobre el reino y que solo responde ante Dios.
Corona de Aragón: la monarquía pactista
Aragón, en cambio, tuvo más dificultades para imponer la autoridad real, por lo que su camino hacia la modernidad fue distinto. Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca eran territorios pertenecientes a la Corona pero, mediante el pactismo (pactos y acuerdos), el rey lograba gobernarlos. Era indispensable el acuerdo con la nobleza, el clero y las ciudades.
Tal vez esta situación se debiera a que las campañas de expansión por el Mediterráneo de sus reyes necesitaban de la ayuda de los grandes señores y de las ciudades. Jaime I (el Conquistador) utiliza el derecho y las Cortes para dotar de conciencia política a los territorios de su corona. Los Fueros de Aragón unificaban las leyes locales; los Usatges de Barcelona sirven de base legal para Cataluña; y por Valencia se extienden los fueros para su demarcación. Aragón bascula hacia el Mediterráneo por la importancia creciente de Barcelona y la recién reconquistada Valencia. Al recibir parte del reino de Murcia, llega a su máximo expansivo por el levante español. Para no tener problemas con Castilla, debe orientar su expansión hacia el Mediterráneo oriental.
Desde finales del siglo XIII, y ante la necesidad de recabar apoyos para la expansión mediterránea, los reyes van concediendo privilegios a cambio de apoyos: el Privilegio general a la Unión Aragonesa incluía la celebración de Cortes cada año y el respeto de sus fueros. Esto se extiende a los otros territorios de Cataluña y Valencia.
Como puede apreciarse, es más complicado que los reyes de Aragón impongan su autoritarismo que en Castilla: no tienen más remedio que reconocer privilegios a la nobleza y a las ciudades, y suele existir un equilibrio de poderes entre los diferentes grupos de influencia de la Corona aragonesa. La muerte del rey Martín el Humano sin descendencia llevó al Compromiso de Caspe de 1412, que terminó eligiendo a un Trastámara castellano como nuevo rey, situando a dos ramas de la misma familia al frente de ambas Coronas.
Los nuevos reyes intentaron afianzar la autoridad real como sus colegas castellanos, pero esto dio lugar a enconadas luchas civiles, especialmente en Cataluña, donde nobleza y clero se resistían. Tampoco la poderosa ciudad de Barcelona estaba por la labor, aunque sufría conflictos internos como la Busca y la Biga (los magnates contra los gremios de artesanos y trabajadores). El campo catalán tampoco estaba bien: la lucha de los campesinos (payeses) de remensa para mejorar sus penosas condiciones de vida frente a los nobles dejó una Cataluña muy afectada.
Conclusión
Puede apreciarse que la andadura política de ambas Coronas discurre en muchos aspectos de forma paralela hasta confluir en el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Son procesos similares pero no idénticos: cada Corona tiene su propia manera de hacer las cosas, obligadas por las circunstancias.
Se ha mostrado que Castilla opta por la paulatina imposición de la autoridad real sobre todo grupo de poder. Aragón sigue el camino de un obligado pactismo de la Corona con los grupos de poder. Intentando llegar al mismo lugar —la modernidad— cada uno lo hace a su manera, atravesando luchas y guerras civiles similares y todo ello ilustrado con un proceso expansivo sin precedentes, que les llevará a cerrar la Reconquista con los Reyes Católicos y a una proyección internacional inimaginable.