La crisis de la posguerra
Tras la 1ª Guerra Mundial, la clase obrera italiana intentó recuperar el nivel de vida perdido durante el conflicto. Por este motivo, los obreros y campesinos realizaron numerosas huelgas y ocuparon fábricas y tierras de cultivo. Ante esta situación, la burguesía italiana temía el estallido de una revolución obrera social.
En el terreno político, la monarquía constitucional atravesaba un momento de debilidad:
- Los gobiernos no eran duraderos.
- La coalición de centro en el gobierno sufría la oposición de la izquierda y la derecha.
- Existía un nacionalismo exaltado generado por el resultado de la guerra, ya que Italia no consiguió todos los territorios que reclamaba (Costa dálmata y Fiume = “tierras irredentas”).
La formación del Partido Nacional Fascista
En 1921, Benito Mussolini fundó el Partido Nacional Fascista, caracterizado por:
- Nacionalismo exacerbado, xenófobo y racista.
- Política exterior expansionista y militarista.
- Defensa de la propiedad privada y programa social populista (empleo y vivienda).
- Rechazo de la democracia, de la soberanía popular y de la separación de poderes.
- Empleo de la violencia para amedrentar a sus adversarios políticos (sindicatos e izquierda).
- Culto al líder: ensalzaban a un líder que concentraba todos los poderes (Duce).
- Desprecio por el racionalismo ilustrado, ensalzando los aspectos irracionales del hombre (fanatismo).
- Indumentaria paramilitar.
El partido fascista tuvo el apoyo de la burguesía, del ejército y del propio gobierno, temerosos de una revolución obrera, pero también contó con el respaldo de parte de la clase obrera descontenta con la crisis. Las escuadras fascistas empleaban la violencia social contra políticos, sindicatos y periódicos de izquierdas. Pretendían acabar con toda oposición política y tuvieron la complicidad de la policía y la justicia (en 1921 se registraron 600 personas asesinadas). El Partido Nacional Fascista creció rápidamente.
La marcha sobre Roma y la llegada al poder
En agosto de 1922, los partidos y sindicatos de izquierda convocaron una huelga general. Mussolini advirtió al gobierno que, si no era capaz de impedirla, el partido fascista tomaría el poder. Además, escuadras fascistas mantuvieron en funcionamiento los servicios de correos, trenes y autobuses, aumentando su apoyo entre la burguesía.
En octubre de 1922, el Partido Fascista, considerando que el Estado era débil, dio un golpe de Estado y se hizo con el poder: la marcha sobre Roma. Miles de «camisas negras» acudieron a Roma y ocuparon los edificios del Estado y de comunicaciones. El gobierno dimitió y el rey Víctor Manuel III pidió a Mussolini que formara un nuevo ejecutivo. Mussolini contó con el apoyo de la Monarquía y del Ejército.
La dictadura fascista
Desde 1925, el Duce inició un proceso para convertir a Italia en un régimen totalitario:
- Se proclamó jefe del gobierno y concentró todos los poderes.
- Prohibió todos los partidos y sindicatos, excepto el partido fascista.
- Sustituyó el Parlamento por un órgano consultivo formado por fascistas (Cámara de los Fasci).
- Las autoridades locales y alcaldes eran nombrados por el gobierno.
- Creó una policía política (OVRA) que perseguía a los opositores.
Mussolini logró ganarse el apoyo de la sociedad italiana mediante dos medidas:
- Pactos de Letrán (1929): Restableció las relaciones entre el Papado y el Estado italiano. De este modo, el fascismo logró el apoyo de la Iglesia católica, fundamental en un país predominantemente católico.
- Política exterior expansionista: comenzó una campaña para recuperar los territorios irredentos e intentó obtener territorios coloniales en Europa (Albania) y en África (Eritrea, Somalia, Libia y Abisinia).
Un fuerte dirigismo económico
En el terreno económico, el fascismo se caracterizó por imponer la autarquía económica mediante el intervencionismo estatal y el proteccionismo comercial. A través del IRI, el Estado se hizo con el control de sectores importantes de la economía.
La crisis de los años 30 acentuó la autarquía, que generó cierta renovación de la industria, pero a costa de una producción cara y de baja calidad. El fascismo invirtió en obras públicas y en la industria de armamento para frenar el desempleo. Los grandes beneficiados fueron los grandes empresarios (FIAT); sin embargo, el nivel de vida de los italianos se situó por debajo de la media europea.
Un estricto control social
El régimen pretendió controlar y dirigir a toda la sociedad a través de medios como el partido único, los sindicatos fascistas y la educación. El catolicismo fue declarado religión oficial. El control de la prensa, la radio y la cultura fue total (en Roma se creó Cinecittà para producir películas propagandísticas).