De la Unión Liberal a La Gloriosa: Historia de España (1856-1868)

La vuelta al moderantismo: Unión Liberal, revolución y exilio de Isabel II (1856-1868)

El Gobierno de O’Donnell y la Unión Liberal

O’Donnell, desde la presidencia del Gobierno y con el respaldo de la Unión Liberal, eliminó la obra legislativa del bienio progresista, disolvió la Milicia Nacional y clausuró las Cortes antes de que aprobasen la nueva constitución. Repuso la Constitución de 1845, aunque con un Acta Adicional que reconocía algunos principios progresistas, buscando así la conciliación con estos sectores.

El gobierno de la Unión Liberal fue breve, ya que Narváez, con el apoyo de la reina, retornó al Gobierno rodeándose de la facción más reaccionaria del moderantismo, los llamados «neocatólicos», y suprimió el Acta Adicional. Durante este periodo se desarrolló la conocida como la Ley Moyano, que regulaba el sistema educativo.

El Parlamento Largo y la estabilidad política (1858-1863)

En 1858 volvía de nuevo a la presidencia del Gobierno O’Donnell y la Unión Liberal, abriendo el periodo de mayor estabilidad política que vivió España durante el siglo XIX, conocido como el Parlamento Largo (1858-1863), el cual consolidó el sistema liberal. Durante esta etapa se modernizó la administración, se atrajeron capitales y compañías extranjeras, se completó la red ferroviaria y se realizaron nuevas desamortizaciones.

Política exterior y expansión colonial

También, en un contexto en el que en Europa el nacionalismo y la expansión colonial estaban en auge, España buscó reconstruir un imperio colonial en colaboración con Francia para recobrar prestigio internacional. Con la Guerra de Marruecos (1860) se obtuvieron territorios en la zona del Rif y Sidi-Ifni; también se participó en expediciones militares en México e Indochina.

Aunque las expediciones militares apenas tuvieron ningún beneficio territorial o económico, sí dieron algo de prestigio al Gobierno a nivel nacional y produjeron una ola de exaltación patriótica por todo el país. En estas aventuras coloniales empezó a adquirir gran prestigio el progresista general Prim.

La crisis del régimen isabelino y la Revolución de 1868

Inestabilidad política y desprestigio de la Corona

En 1863, O’Donnell era apartado del Gobierno y se iniciaba una etapa de gran inestabilidad ministerial donde se llegaron a suceder, en cinco años, hasta siete gobiernos diferentes. En estos años se produjo el desprestigio definitivo de Isabel II y su pérdida casi total de apoyos políticos. Isabel, rodeada de una camarilla clerical ultracatólica, tomaba decisiones políticas cada vez más reaccionarias.

Además, su marido Francisco de Asís seguía intrigando con el carlismo para unir de nuevo a las dos ramas de la familia a costa del trono de su mujer, y no dudaba en impulsar campañas de desprestigio moral hacia su esposa.

La mayor parte de las fuerzas políticas fueron perseguidas o se autoexcluyeron del sistema político:

  • Los Progresistas, hartos de que la Corona no les viese nunca como una alternativa de gobierno, decidieron ponerse al margen del sistema político no participando en ninguna elección que se convocase.
  • Los moderados de la Unión Liberal siguieron el mismo camino que los progresistas al ver que eran perseguidos y encarcelados por gobiernos cada vez más autoritarios.
  • Los demócratas-republicanos defendían una revolución que acabase con el reinado de Isabel II.

La crisis económica y social de 1866

En 1866 se desataba una grave crisis económica que afectó a todos los sectores productivos. A la crisis de la industria textil y siderúrgica, se le unió una grave crisis bursátil y financiera provocada por la burbuja especulativa que se había creado en torno a la construcción del ferrocarril. Todo ello se tradujo en la quiebra de bancos, el cierre de empresas y el aumento del paro.

También se dio una crisis de subsistencia que elevó el precio del cereal, lo que, junto con el aumento de la carga fiscal para paliar el grave incremento de la deuda pública, generó un fuerte malestar social en las clases populares.

El Pacto de Ostende y el estallido de «La Gloriosa»

En este contexto de crisis política, económica y social, el general Prim protagonizó varios pronunciamientos militares fallidos para derrocar a Isabel II que fueron reprimidos con mucha dureza. Finalmente, en 1868, todas las fuerzas liberales llegaron al Pacto de Ostende (Bélgica), en el que acordaban eliminar el sistema político isabelino y la construcción de un orden nuevo por medio de unas Cortes Constituyentes elegidas por sufragio universal.

El proceso revolucionario se inició en septiembre de 1868 en Cádiz con la publicación de un manifiesto (“¡Viva España con honra!”) y la sublevación de la escuadra marina al mando del almirante Topete. Le siguió gran parte del Ejército liderado por militares como Prim y Serrano.

El pronunciamiento militar fue secundado por levantamientos populares en las principales ciudades que formaron juntas revolucionarias, al tiempo que reclamaban reformas sociales y democráticas. Las tropas fieles al Gobierno y a la reina fueron rápidamente derrotadas e Isabel II no tuvo otra salida que el exilio a Francia con el permiso de Napoleón III. El éxito de la revolución hizo que fuera conocida como La Gloriosa.