Introducción al Contexto de la Obra
El fragmento se sitúa en el Acto I de La Casa de Bernarda Alba, obra teatral representativa de la última etapa de F. García Lorca, uno de los miembros más destacados de la Generación del 27.
Contexto Histórico y Cultural
La situación política y social que vivió Lorca fue un periodo de preguerra y un total descontento de distintas clases sociales. No obstante, asistimos a un periodo cultural importante con la convivencia de movimientos artísticos vanguardistas con los novecentistas y la Generación del 27.
Trayectoria Teatral de Lorca
En cuanto al género teatral, podemos clasificar la trayectoria teatral de Lorca en tres momentos:
- Experiencia de los años 20.
- Experiencia vanguardista.
- Plenitud: En esta etapa Lorca da un giro hacia un camino propio, cuya identidad consiste en juntar rigor estético y alcance popular. Son los años en que Lorca declara su ansia de una comunicación más amplia y su orientación social. A esta etapa pertenecen obras como: Bodas de Sangre, Yerma, y La Casa de Bernarda Alba.
Análisis de la Obra Cumbre
Subtítulo y Género Dramático
La Casa de Bernarda Alba, subtitulada «Drama de las mujeres en los pueblos de España», supone el final y la cima de una trayectoria dramática. Que el autor la llame en el subtítulo «drama» y no «tragedia» es debido a que para Lorca la tragedia incluía elementos míticos que aquí están ausentes. Existe la presencia de ciertas expresiones que se pueden considerar «cómicas» (en boca de la Poncia, por ejemplo), rasgos propios del drama.
Conflictos Centrales
Lorca impregna su obra con fuerzas contrarias como:
- El conflicto entre el principio de autoridad y el principio de libertad.
- La tradición y la honra social, donde solo importan las apariencias, por encima de los sentimientos (no importa, al final, si no que Adela ha muerto virgen).
Planteamiento Inicial (Fragmento del Acto I)
Bernarda Alba impone a sus hijas un largo y riguroso luto tras la muerte de su segundo marido. Esto genera un ambiente irrespirable en la casa. Por una parte, el carácter autoritario de Bernarda y, por otra, las inquietudes y pasiones de sus cinco hijas. Entre ellas, destaca Adela, que mantiene un romance secreto con el prometido de su hermana Angustias, Pepe el Romano. Esta situación se irá intensificando hasta que Bernarda descubra que Adela se ve en secreto con Pepe el Romano, siendo su hermana Martirio quien da la noticia a su madre. Después de ese momento se desencadena la tragedia con el suicidio de Adela y la implantación del más extremo luto.
El presente fragmento se sitúa al inicio de la obra, cuando ya se van las visitas, y donde se plantea la situación que se genera tras el fallecimiento de su marido: el largo luto.
Estudio de Personajes y Simbolismo
Bernarda Alba: La Autoridad Restrictiva
Bernarda Alba (el significado de Bernarda es «con fuerza de oso») es la encarnación de las fuerzas restrictivas. Ha «interiorizado» plenamente la mentalidad tradicional («Eso tiene ser mujer»). Reconoce la importancia de las críticas («Andar a vuestras cuevas a criticar…»), y su ser incluye: las apariencias y «la buena fachada». Todo ello va unido a la consciencia de pertenecer a una capa social superior. Por tanto, Bernarda representa la autoridad («Aquí se hace lo que yo mando»), lo indica el bastón que lleva siempre («Golpea el bastón»). Y la abundancia del lenguaje prescriptivo que emplea: órdenes, prohibiciones… («Niña, dame un abanico»).
Las Hijas: Deseo y Reclusión
Las hijas: viven entre la reclusión impuesta y el deseo del mundo exterior («querer salir»). Todas están más o menos obsesionadas con lo erótico.
Actitudes de las Hijas (Fragmento Inicial)
Ante esta situación, las cinco hijas de Bernarda encarnan diferentes actitudes, desde la sumisión a la rebeldía, con grados intermedios:
- Amelia (27 años): Es el personaje más desdibujado, mostrándose de manera tímida, ingenua y simple («¡Madre no hable usted así!»).
- Magdalena («desconsolada y lacrimosa»-30 años): Da muestras de sumisión, pero también se expresa con amargas propuestas («Malditas mujeres»). Incluso prefiere haber sido hombre.
- Martirio («muerte o tormento»- 24 años): Pudo haberse casado, su madre no se hubiese opuesto, lo que explica su resentimiento («Yo no tengo calor»). Es una mujer atormentada por la desesperación y la envidia. Pero su actitud ante los hombres es turbia, por un lado los rechaza, y por otro, la vemos arder de pasión.
- Adela («naturaleza noble»- 20 años): Es la más rebelde, joven, hermosa y apasionada (Le da un abanico redondo con flores rojas y verdes a su madre). El momento que culmina su rebeldía es cuando rompe el bastón de mando de Bernarda («¡Aquí se acabaron las voces de presidio!»).
La Poncia: Sabiduría Rústica
La Poncia: («Poncio Pilatos») su relación con Bernarda es curiosa: como vieja criada, podría ser de la familia. Por ello interviene en conversaciones, da consejos, advierte e incluso tutea a Bernarda. La Poncia es un personaje con sabiduría rústica («No tendrás queja ninguna. Ha venido todo el pueblo»).
Elementos Estructurales y Estilísticos
Tiempo y Espacio
Respecto al tiempo y espacio, el primero hace referencia al desprecio que siente Bernarda Alba por las gentes del pueblo («Ojalá tardéis muchos años en volver a pasar el arco de mi puerta»), la condena del encierro de las hijas («En ocho años que dure el luto»), la amargura del encierro («todo menos estar aquí»). En cuanto al segundo, señalar su escasa referencia, pero con gran intención («¡Cómo han puesto la solería!», «…volver a pasar por el arco de mi puerta»), dramatismo y asfixia («…pueblo sin río, pueblo de pozos…», «no ha de entrar en esta casa el viento de la calle»).
Recursos Lingüísticos
La Casa de Bernarda Alba se trata de una prosa poética, sobre todo por el uso del lenguaje figurado como:
- Símiles («Igual que si hubiese pasado por ella una manada de cabras»).
- Hipérboles («no ha de entrar en esta casa el viento de la calle»).
- Metáforas («…llenar mi casa con el sudor de sus refajos y el veneno de sus lenguas»).
Así mismo podemos señalar que, al ser un texto literario, tenemos la función poética, pero también otras funciones como la expresiva («¡Cómo han puesto la solería!») y la apelativa («Aquí se hace lo que yo mando»).
El Diálogo y las Acotaciones
El diálogo es un elemento importante por su brevedad que da viveza e intensidad al contenido con oraciones:
- Imperativas («Niña dame un abanico»).
- Exclamativas («¡Madre, no hable usted así!»).
- Interrogativas («¿Es éste el abanico que se le da a una viuda?»).
Las acotaciones nos dan información escénica; en este caso, predominan las indicaciones sobre el movimiento de los personajes (Van desfilando todas por delante de Bernarda…), movimientos que nos dan información sobre el carácter o la situación de sus personajes (Arrojando el abanico al suelo, golpea el bastón), tonos de voz (Agria) y sonidos (A Magdalena, que inicia el llanto).
Simbolismo y Léxico
Es importante tener en cuenta otros aspectos que ayudarán a entender el fragmento como obra dramática y como texto:
- Valor simbólico: Oraciones y palabras con valor simbólico como… («…este maldito pueblo sin río, pueblo de pozos», que hace referencia a dos conceptos lorquianos: el río como «vida» y pozo como «muerte»; «Dame uno negro y aprende a respetar el luto de tu padre», refiriéndose a la tradición).
- Pronombres: Observamos el uso de pronombres tónicos («tu», «yo») que señalan a las personas del discurso («¿y tú?», «Yo no tengo calor»). También es importante el uso del pronombre personal átono («Lo mismo me da») que hace referencia a la desgana de las hijas ante su nueva realidad. Luego, tenemos un demostrativo («Eso tiene ser mujeres») refiriéndose al destino trágico de las hijas por ser mujeres. Se hace uso reiterado de los determinantes, sobre todo los posesivos («Así las tuyas lucirán más»).
El predominio del presente hace que sea cercano a cualquier público.
Temas Centrales
Lorca en su obra quiso reflejar una época donde las mujeres son víctimas de una sociedad patriarcal y machista. Los temas que encontramos en este fragmento son:
- La tradición.
- La rígida moral.
- Las diferentes clases.
- Las relaciones de poder y autoritarismo de Bernarda.
- El largo luto, que es algo que condena continuamente a la mujer.
Todo ello a través de un estilo sencillo y realista, que busca llamar la atención en los temas fundamentales.
Análisis de Escenas Posteriores (Actos II y III)
Fragmento del Acto II: El Alboroto y la Pasión Oculta
El presente fragmento se sitúa en los momentos finales de la obra, después de conocer los primeros enfrentamientos entre hermanas, la pérdida del retrato de Pepe el Romano y las advertencias de la Poncia en el momento del gran alboroto en la calle y Bernarda ordena que averigüe qué sucede. Mientras las hijas salen al patio, Martirio y Adela, dentro de la casa, se enfrentan por Pepe ya que ambas lo desean, pero solo Adela ha conseguido el favor de este. Cuando entra el resto de las mujeres se relata lo sucedido en la calle: la hija de la Librada, soltera, ha tenido un hijo, lo ha matado y lo ha escondido; ahora los vecinos quieren matarla, pero Adela quiere que la dejen escapar.
Bernarda y la Apariencia (Acto II)
Bernarda Alba es la encarnación de las fuerzas restrictivas. Ha «interiorizado» plenamente la mentalidad tradicional («Y que pague la que pisotee su decencia»). Reconoce la importancia de las críticas, aunque le gusta enterarse de todo («¡Corre a enterarte de lo que pasa!»), y su ser incluye: las apariencias y «la buena fachada». Por tanto, Bernarda representa la autoridad, lo indica el bastón que lleva siempre. Y la abundancia del lenguaje prescriptivo que emplea: órdenes, prohibiciones… («¡Matadla!»).
Actitudes de las Hijas (Fragmento Acto II)
Las hijas viven entre la reclusión impuesta y el deseo del mundo exterior («querer salir»). Todas están más o menos obsesionadas con lo erótico.
Personajes en Conflicto (Acto II)
- Martirio: Pudo haberse casado, su madre no se hubiese opuesto, lo que explica su resentimiento («Yo te romperé los brazos»). Es una mujer atormentada por la desesperación y la envidia.
- Adela: Es la más rebelde, joven, hermosa y apasionada («He ido como arrastrada por una marmota»). El momento que culmina su rebeldía es cuando rompe el bastón de mando de Bernarda («¡Aquí se acabaron las voces de presidio!»). Sus hermanas aparecen para continuar con el encierro al que están sometidas («Siempre os supe mujeres ventaneras y rompedoras de su luto»).
La Poncia y Pepe el Romano (Acto II)
- La Poncia: Interviene en conversaciones, da consejos, advierte e incluso tutea a Bernarda («¡Bernarda!»). La Poncia es un personaje con sabiduría rústica.
- Pepe el Romano: Un hombre que representa la encarnación del “oscuro objeto del deseo”. Por lo que se dice acerca de él se descubre su verdadero rostro: va por el dinero de Angustias, pero se enamora de Adela.
Los vecinos aparecen como personaje grupal que se comporta con brutalidad, como una jauría de perros («La traen arrastrando por la calle abajo…»).
Espacio y Lenguaje (Acto II)
Respecto al tiempo y espacio, el primero señala la urgencia de matar a la hija de la Librada («Acabar con ella antes de que lleguen los guardias»). En cuanto al segundo, vemos el enfrentamiento entre el exterior («¡En lo alto de la calle hay un gran gentío…»), y el interior («¡Vosotras al patio!»). Bernarda odia todo lo externo, pero no por eso deja de estar atenta a todo lo que pasa en ese espacio, alejando a las hijas del mismo («¿Dónde vais?»). Otros espacios son internos: el patio, la entrada de la casa, bajo el arco…
La obra sigue mostrando una prosa poética con:
- Símiles («He ido como arrastrada por una marmota»).
- Metáforas («Yo romperé tus brazos»).
- Personificación («…pisotea su decencia»).
Funciones del lenguaje: poética, expresiva («¡No, no, para matarla no!») y apelativa («¡Vosotras al patio!»).
Diálogo y Acotaciones (Acto II)
El diálogo es breve y da viveza con oraciones imperativas («¡Martirio déjame!»), exclamativas («¡Lo tendré todo!») e interrogativas («¿Y qué ibas a decir?»).
Las acotaciones predominan en el movimiento (Las mujeres corren para salir…), tal vez el más significativo sea «Cogiéndose el vientre» que informa sobre un posible embarazo de Adela; tonos de voz (Suplicante) y sonidos (fuera se oye un grito de mujer…).
Simbolismo y Léxico (Acto II)
Tenemos oraciones y palabras con valor simbólico como… («…que no desate mi lengua», amenaza de Martirio que conoce la situación de Adela; «sitio de pecado», referencia sexual).
Uso de pronombres personales («tu», «yo», «el», «ella»), destaca «él» ya que se refiere a Pepe, que, aunque ausente es un elemento clave en el drama. También es importante el uso del pronombre personal átono («…déjame», «me quiere…») que refleja la pasión y rebeldía de Adela. El uso de «Todos» hace referencia a ese personaje grupal que actúa como uno. Se hace uso reiterado de los determinantes, sobre todo los posesivos («su luto»).
El predominio del presente hace que sea cercano a cualquier público.
Temas: La tradición, la rígida moral, las diferentes clases, las relaciones de poder y autoritarismo de Bernarda, además ese largo luto, que es algo que condena continuamente a la mujer.
Desenlace Trágico (Fragmento del Acto III)
El Clímax y la Rebelión Final
El presente fragmento se sitúa en los momentos finales del último acto, donde todos los temas planteados acaban concluyendo: el conflicto surge cuando Martirio y Adela se encuentran en el patio después de que esta última haya permanecido con Pepe el Romano. Acto seguido discuten y llegan a las manos por él. Bernarda, que ya no puede negar lo evidente, interrumpe la pelea, Adela le confirma su amor por Pepe delante de todas, y se rebela ante su madre. Todo esto dispara contra Pepe el Romano, que se halla fuera de la casa. Adela que lo cree muerto se suicida.
Bernarda y la Autoridad Final
Bernarda Alba es la encarnación de las fuerzas restrictivas. Ha «interiorizado» plenamente la mentalidad tradicional («¡Esa es la cama de las mal nacidas!»). Reconoce la importancia de las críticas, aunque le gusta enterarse de todo («Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen»), y su ser incluye: las apariencias y «la buena fachada». Por tanto, Bernarda representa la autoridad, lo indica el bastón que lleva siempre. Y la abundancia del lenguaje prescriptivo que emplea: órdenes, prohibiciones… («¡Descolgarla!»).
Las Hijas en el Desenlace (Acto III)
Las hijas: viven entre la reclusión impuesta y el deseo del mundo exterior («querer salir»). Todas están más o menos obsesionadas con lo erótico.
Actitudes Finales de las Hijas
Ante esta situación, las cinco hijas de Bernarda encarnan diferentes actitudes, desde la sumisión a la rebeldía, con grados intermedios. En este fragmento aparece:
- Angustias («opresión y aflicción»-39 años): Es la hija del primer matrimonio y la heredera de una gran fortuna, que atrae a un pretendiente, Pepe el Romano.
- Amelia (27 años): Personaje desdibujado, tímido, ingenuo y simple.
- Magdalena («desconsolada y lacrimosa»-30 años): Da muestras de sumisión, pero también se expresa con amargas propuestas («¡Endemoniada!»).
- Martirio («muerte o tormento»- 24 años): Atormentada por la desesperación y la envidia («¡Estaba con él!»).
- Adela («naturaleza noble»- 20 años): Es la más rebelde, joven, hermosa y apasionada («¡En mi ni manda nadie más que Pepe!»). El momento que culmina su rebeldía es cuando rompe el bastón de mando de Bernarda («¡Aquí se acabaron las voces de presidio!»). Sus hermanas aparecen para continuar con el encierro al que están sometidas («Siempre os supe mujeres ventaneras y rompedoras de su luto»).
La Poncia y Pepe el Romano (Acto III)
- La Poncia: Interviene en conversaciones, da consejos, advierte e incluso tutea a Bernarda («¡No entres!»). Ella asume su condición, pero está llena de rencor contenido. Sin embargo, la Poncia es un personaje con sabiduría rústica («¡Nunca tengamos ese fin!»).
- Pepe el Romano: Representa la encarnación del “oscuro objeto del deseo”. Va por el dinero de Angustias, pero se enamora de Adela.
Tiempo, Espacio y Estilo (Acto III)
Respecto al tiempo y espacio, el primero hace referencia a la noche («Avisad que al amanecer den los clamores de las campanas»), y la condena del encierro de las hijas («En ocho años que dure el luto»). En cuanto al segundo, señalar su escasa referencia, pero con gran intención («¡Cómo han puesto la solería!», «…volver a pasar por el arco de mi puerta»), dramatismo y asfixia (el pajar, la casa…).
La obra mantiene la prosa poética mediante:
- Símiles («…respirando como si fuera un león»).
- Metáforas («no ha de entrar en esta casa el viento de la calle»; «¡Nos hundiremos todas en un mar de luto!»).
- Personificación («La muerte hay que mirarla cara a cara»).
- Hipérboles («¡Hubiera volcado un río de sangre sobre su cabeza»).
Funciones del lenguaje: poética, expresiva («¡Endemoniada!») y apelativa («¡Trae el martillo!»).
Diálogo y Acotaciones (Acto III)
El diálogo es breve y da viveza con oraciones imperativas («¡Descolgarla!») y exclamativas («¡Ella ha muerto virgen!»).
Las acotaciones predominan en el movimiento de los personajes (Sujetandola, con la cabeza sobre la pared…), tonos de voz (En voz baja) y sonidos (Suena un disparo).
Léxico y Temas Finales
Se observa el uso de pronombres personales («tu», «yo», «el», «ella»), destaca «él» ya que se refiere a Pepe. También es importante el uso del pronombre personal átono («me quiere a mí») que refleja la pasión y rebeldía de Adela, así como el uso de «nadie» («Nadie podrá conmigo»). Se hace uso reiterado de los determinantes, demostrativos («esta casa», «ese fin»…), posesivos («nuestra casa», «su cabeza»…) e indefinidos («una mujer», «un golpe»…).
El predominio del presente hace que se actualice el tema, que sea cercano a cualquier público.
Temas: La tradición, la rígida moral, las diferentes clases, las relaciones de poder y autoritarismo de Bernarda, además ese largo luto, que es algo que condena continuamente a la mujer. Todo ello a través de un estilo sencillo y realista, que busca llamar la atención en los temas fundamentales.