La Baja Edad Media en los Reinos Hispánicos: Castilla y Aragón

Introducción

La Baja Edad Media en Castilla y Aragón, que abarca los siglos XIV y XV, se caracteriza por ser un periodo de recesión económica, crisis demográfica y frecuentes enfrentamientos sociales y políticos. También es la época en la que estos reinos se abren al exterior, consolidando un imperio comercial y político, primero en el Mediterráneo y, posteriormente, hacia el Atlántico.

El Proceso de Reconquista

A partir del siglo X, la expansión cristiana se centró en los territorios musulmanes. En la Corona de Castilla, destacan hitos como el dominio de la cuenca del Duero por Fernando I, la toma de Toledo en 1085 por Alfonso VI, la victoria en las Navas de Tolosa por Alfonso VIII y la ocupación de Extremadura, Córdoba, Sevilla y Murcia por Fernando III desde 1230.

En la Corona de Aragón, Pedro I tomó Huesca y Alfonso I el Batallador ocupó Zaragoza en 1118. En 1137, el matrimonio entre Ramón Berenguer IV y Petronila supuso el nacimiento de la Corona de Aragón. Se distinguen tres modelos de repoblación:

  • Presura: dio lugar a la pequeña propiedad.
  • Concejos: repoblación que generó la propiedad intermedia.
  • Repartimientos y órdenes militares: dieron lugar a la gran propiedad.

La Corona de Castilla

El aspecto más destacable fue la pugna entre la monarquía y la nobleza. Tras el reinado de Alfonso X (1252-1284), se desencadenó una larga etapa de crisis sucesoria. La Corona, debilitada, contó con el apoyo de las ciudades organizadas en hermandades. El conflicto principal ocurrió con Pedro I, derivando en la Guerra de los dos Pedros (1356-1359) contra Aragón. Tras la guerra civil, Enrique II inició la dinastía Trastámara.

Los monarcas posteriores intentaron reforzar el poder legal, enfrentándose a la resistencia nobiliaria. Los reinados de Juan II y Enrique IV estuvieron marcados por luchas entre bandos nobiliarios, conflictos externos y problemas sucesorios.

Instituciones de Gobierno

La Corona de Castilla fue un modelo autoritario. El rey ocupaba la cima del poder feudal, limitado por la autonomía de los señoríos y los privilegios de la Iglesia. Las Cortes, surgidas entre los siglos XII y XIII (León, 1188), votaban peticiones económicas a cambio de que sus propias demandas fueran atendidas. Se agrupaban en tres estamentos: nobleza, clero y estado llano.

El derecho romano se asentó mediante las Partidas de Alfonso X y el Ordenamiento de Alcalá de 1348. El gobierno se centralizó con el Consejo Real, la Audiencia (Cancillería en Valladolid) y la especialización de la Hacienda. La organización territorial se consolidó mediante las merindades.

La Corona de Aragón

Su política estuvo marcada por la dificultad de gobernar un conglomerado de reinos, el esfuerzo militar en el Mediterráneo y el pactismo, una negociación constante con la nobleza. Tras la muerte de Martín I el Humano, el Compromiso de Caspe (1412) llevó al trono a Fernando I de la familia Trastámara.

Alfonso V el Magnánimo se centró en la expansión mediterránea, mientras que con Juan II estalló la Guerra Civil Catalana, mezclando conflictos sociales (payeses de remensa) y políticos. El conflicto finalizó con la Capitulación de Pedralbes (1472) y la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486), que abolió el maltrato a los siervos.

El Modelo Pactista

El pactismo obligaba al rey a negociar con las Cortes. Destacan figuras como el Justicia Mayor en Aragón y la Generalitat en Cataluña, que supervisaba el cumplimiento de los acuerdos. La administración local recaía en la oligarquía urbana, controlada por el corregidor en Castilla, mientras que en Aragón variaba entre cabildos de jurados y magistrados locales.

Región de Murcia

La integración de Murcia se definió mediante:

  • Tratado de Cazorla (1179): limitaba las áreas de expansión.
  • Pacto de Alcaraz (1243): entrega del reino de Murcia a Castilla.
  • Tratado de Almizra (1244): fijaba la frontera entre Castilla y Aragón.

Conclusión

A partir de los siglos XII y XIII, se produjo una concentración territorial que convirtió a Castilla en la potencia cristiana hegemónica bajo un modelo autoritario, mientras que la Corona de Aragón consolidó un modelo pactista.