Antropología
Antropología: estudio sobre el ser humano. El término proviene del griego ánthropos (hombre) y logos (razón, estudio racional). Aunque durante gran parte de la historia la antropología formó parte de la filosofía, actualmente existen ramas que han evolucionado hacia disciplinas científicas independientes.
Ramas de la antropología
Dentro de la antropología científica se ocupan tanto del aspecto biológico como del aspecto cultural del ser humano. Podemos distinguir dos subramos principales:
- Antropología física: se centra en el aspecto biológico del ser humano como animal resultado de un proceso de evolución. Estudia su lugar en la taxonomía general del reino animal, analizando semejanzas y diferencias con otros animales, así como la diversidad humana entre distintas etnias.
- Antropología cultural: analiza al ser humano como ser cultural, estudiando las características de las culturas humanas, las diferencias entre sus estructuras políticas, las diversas relaciones de parentesco, los ritos, el arte y otros elementos simbólicos y materiales.
Antropología filosófica
Antropología filosófica: reflexión filosófica sobre el ser humano que intenta definir sus rasgos esenciales, lo que lo diferencia del resto de seres y cosas en el mundo, su constitución y su posición frente al resto de los seres. Para esta reflexión, la filosofía tiene en cuenta los conocimientos derivados de ciencias como la biología y la psicología.
Teorías sobre el origen del ser humano
Entre las posturas sobre el origen de la vida y de las especies destacan:
- Creacionismo: sostiene la intervención divina como explicación del origen del mundo y de las especies. Según esta postura, Dios crea el mundo y sitúa a los seres humanos en un plano distinto y superior al del resto de los seres vivos.
- Fijismo: aparece vinculado al creacionismo aunque no se reduce a él. Por ejemplo, Aristóteles fue fijista pero no creacionista. Según el fijismo no cabe la posibilidad de la aparición o desaparición de especies ni de modificación de sus características.
Hominización
Hominización: proceso de evolución biológica mediante el cual surgió la especie humana. A lo largo de este proceso, la selección natural fue modificando las características anatómicas y fisiológicas de nuestros antepasados, dando lugar a distintas especies de homínidos cada vez mejor adaptadas al entorno.
La línea evolutiva que dio origen al Homo sapiens se separó de la que conduce a los actuales chimpancés hace aproximadamente 4,5 millones de años. Desde ese momento, nuestros antepasados se consideran homínidos. Entre las principales características de la hominización destacan:
- Bipedismo: la posición erguida provocó cambios en la columna vertebral y el fortalecimiento del cuello. Además, permitió una mejor observación del entorno y liberó las manos.
- Liberación de las extremidades superiores: posibilitó la manipulación de objetos, la caza, la defensa y la fabricación de herramientas. La mano humana, con un pulgar oponible, permitió una motricidad fina y operaciones complejas.
- Desarrollo del cerebro: aumentó considerablemente de tamaño y complejidad, posibilitando el pensamiento técnico y simbólico y, con ello, el surgimiento de la cultura.
- Modificación de los órganos de fonación: una laringe más baja que en otros primates permitió articular una gran variedad de sonidos y desarrollar el lenguaje.
- Infancia prolongada y mayor esperanza de vida: favoreció el aprendizaje y la transmisión cultural entre generaciones.
Gracias a este proceso biológico se sentaron las bases para la aparición del ser humano actual.
Humanización
Humanización: proceso mediante el cual el ser humano desarrolla la cultura, entendida como el conjunto de creaciones materiales y simbólicas que permiten compensar limitaciones físicas y adaptarse al mundo. La cultura distingue claramente al ser humano del resto de los animales, ya que gracias a ella somos capaces de elaborar un pensamiento complejo y transformar nuestro entorno.
La humanización fue posible por la aparición del lenguaje, la vida en sociedad y la técnica. Entre los fenómenos fundamentales de este proceso destacan:
- Fabricación de herramientas.
- Descubrimiento y control del fuego.
- Aparición del lenguaje articulado, que facilitó la comunicación y la transmisión cultural.
- Sociabilidad, es decir, la vida en grupo.
- Autoconciencia, la capacidad de reflexionar sobre uno mismo.
- Inconclusión, ya que el ser humano nunca se siente completamente “terminado”, sino que está en constante proyecto y cambio.
Como señaló Nietzsche, el ser humano es el único animal capaz de hacer promesas, es decir, de proyectarse conscientemente hacia el futuro. Además, a diferencia de otros animales, el ser humano tiene conciencia de la muerte, lo que lo lleva a reflexionar sobre el sentido de la vida y a preguntarse si la finitud es una motivación para aprovechar la existencia o una razón para dudar de su valor.
Proceso de formación de conceptos
El proceso de formación de conceptos implica varias operaciones cognitivas:
- Abstracción: etimológicamente significa separar (del latín). Observando conjuntos de objetos o acontecimientos separamos las características comunes a todos ellos, dejando de lado los rasgos singulares para construir el concepto.
- Simbolización: con ese conjunto de rasgos comunes formamos el concepto y para representarlo inventamos un símbolo que será convencional.
- Generalización: a partir de ese momento, el conjunto de todas las cosas que posean esas propiedades quedará representado por ese concepto.
Innatismo y ambientalismo
El innatismo: postura que defiende que la conducta humana está determinada por la naturaleza genéticamente desde el nacimiento. Reconoce la influencia de la educación, pero plantea que la herencia genética establece el margen en el que nos moveremos.
El ambientalismo: defiende la gran plasticidad humana, la existencia de pocos (o incluso ningún) instinto, y afirma que casi todo es aprendido. Sostiene que la herencia genética tiene poca importancia en lo que somos, ya que lo que somos depende básicamente de la socialización.