Caída de la primera república de Venezuela

LA Guerra Civil (1936-1939)

La sublevación militar


1936-1939

-Las reuniones conspirativas ya habían comenzado a finales de 1935, el triunfo electoral del Frente Popular precipitó los preparativos de la insurrección armada antirrepublicana, planificada por el general
E. Mola desde su destino en Pamplona. El gobierno tenía sospechas, pero sólo dispónía de informaciones parciales acerca de las intenciones e identidad de los golpistas. La participación de elementos civiles en la trama del golpe fue muy limitada y poco significativa, puesto que los mandos militares se reservaron en todo momento el protagonismo en la dirección y en la toma de decisiones.

-Los generales conspiradores se propónían aprovechar el factor sorpresa para derribar el régimen republicano democrático mediante un golpe de fuerza, cuyo objeto era la rápida conquista de las principales ciudades. Después de algunas indecisiones y de varios aplazamientos en la fecha, el levantamiento militar comenzó el 17 de Julio. El Golpe de Estado fracasó en Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia porque los sublevados no consiguieron el respaldo de la totalidad de las fuerzas armadas. La profunda división dentro de la oficialidad y los mandos del propio Ejército, sumada a la incapacidad gubernamental para derrotar a los rebeldes durante la primeras horas y a la decisión de las autoridades republicanas de repartir armas entre las organizaciones sindicales –accediendo así a las reclamaciones de socialistas, comunistas y anarquistas- convirtieron el golpe militar en una larga y sangrienta Guerra Civil

-El proletariado urbano, los jornaleros rurales y las clases medias progresistas integraron el grueso de la resistencia popular a la sublevación. Durante las primeras horas posteriores al golpe, el gobierno republicano tomó la decisión de entregar miles de fusiles y cartuchos a los afiliados de las organizaciones sindicales y de los partidos proletarios, que formaron unidades  de combate compuestas por voluntarios civiles denominadas “milicias”. Estas fuerzas irregulares lograron frenar la insurrección militar durante las primeras semanas de guerra.
Los católicos dirigentes del PNV optaron en el último momento –con poco entusiasmo y tras fuertes discrepancias internas- por unirse a la defensa del régimen republicano por considerar que este era el único medio de conseguir un Estatuto de autogobierno para el País Vasco. Sin embargo, la población de Álava y Navarra –donde había menos peneuvistas- se sumó masivamente al alzamiento antirrepublicano.

Las causas de la guerra

-Los motivos que provocaron la escisión y el enfrentamiento entre los españoles fueron múltiples y complejos. No obstante, los tres factores principales que se encontraban en el origen de la Guerra Civil fueron la lucha de clases, el antagonismo ideológico y el conflicto religioso.

-En primer lugar, la guerra tuvo una innegable dimensión socioeconómica. La mayoría de los propietarios  y no sólo los más ricos sino también los más humildes respaldaron al bando antirrepublicano con el propósito de defender sus intereses materiales y su modo de vida. Por el contrario, casi todos los trabajadores asalariados urbanos y los campesinos sin tierras se movilizaron a favor de la república con la esperanza de hacer realidad una revolución igualitarista, que acabara con su miseria y liquidara las diferencias sociales y materiales.

-En segundo lugar, los españoles estaban separados por fuertes y arraigadas diferencias ideológicas que –desde hacía bastante tiempo y con anterioridad a la caída de la monarquía- opónían y enfrentaban de forma cada vez más radical y excluyente a izquierdistas contra derechistas y a demócratas contra antidemócratas.

-Por último, el conflicto armado también tuvo una dimensión religiosa, puesto que los católicos tomaron las armas para sostener sus convicciones frente a quienes pretendían reducir la influencia de la Iglesia o incluso habían declarado su disposición a exterminar al clero.

-En ningún caso resulta apropiado simplificar el significado y la interpretación del conflicto para reducir sus explicación a una guerra de ricos contra pobres o de burgueses contra proletarios, ya que la condición de católico practicante o la posesión de un pequeño pedazo de tierra en propiedad fueron suficientes para que millones de españoles optaran por apoyar al bando antirrepublicano. De la misma manera que las convicciones democráticas o los sentimientos anticlericales impulsaron a muchos otros españoles que disfrutaban de una posición económica acomodada a defender la causa republicana.

La internacionalización del conflicto


-La intervención de las potencias extranjeras condiciónó de forma decisiva la duración, la evolución y el resultado del conflicto español  que se desarrolló en un contexto internacional marcado por la conflictiva convivencia entre los países democráticos, los países fascistas y la URSS comunista en el continente europeo.

-La guerra española se internacionalizó rápidamente. Los sublevados recibieron la ayuda de Alemania, Italia y Portugal. Hitler respondíó inmediatamente a la petición de Franco y envió material bélico y aviones que resultaron indispensables para el transporte del ejército de África des de Marruecos hasta la Península. Esta maniobra fue decisiva par ala suerte de los sublevados durante las primeras horas del alzamiento. Posteriormente, y a lo largo de los tras años de guerra, los alemanes mandaron un pequeño cuerpo de tropas de combate – la Legión Cóndor- formado por unos 4.500 soldados y más  material bélico, sobre todo, aviones. Los motivos que impulsaron a Hitler a intervenir fueron económicos (obtener minerales y materias primas españolas) y estratégicos (debilitar a Francia, su principal adversario desde la I Guerra Mundial, pues el gobierno republicano era profrancés).

-La Italia fascista de Mussolini también colaboró con  material bélico y tropas. Las dos razones de la ayuda italiana al bando franquista fueron la simpatía ideológica y la posibilidad de ganar un aliado en el área mediterránea. El gobierno dictatorial portugués facilitó la llegada a España de unos 1.000 combatientes voluntarios derechistas, que fueron conocidos con el nombre de “viriatos”.

-Al terminar la guerra, el bando franquista pagó los envíos alemanes recibidos a crédito con divisas, materias primas y minerales (hierro y wolframio fundamentalmente). Mussolini perdónó gran parte de la elevada deuda contraída por Franco.

-El bando republicano solicitó ayuda a Francia y a Gran Bretaña, que decidieron mantenerse neutrales. El gobierno conservador británico estaba convencido de que en España se enfrentaban los comunistas frente a los contrarrevolucionarios, se negó a ayudar al bando republicano por temor al triunfo de una revolución bolchevique en la Península Ibérica y para evitar un aumento de las tensiones con Hitler y Mussolini.

-Después de que concluyeran sin éxito todos los desesperados esfuerzos por encontrar auxilio entre las potencias democráticas, el gobierno republicano se puso en contacto con el gobierno de Stalin e intentó comprar armas a la URSS, un país con el que ni siquiera manténía relaciones diplomáticas. Stalin aprobó el envío a  España de unos 2.000 asesores militares y de material militar. Los tres motivos principales que le impulsaron a tomar esta decisión fueron: El intento de contrarrestar el apoyo armado de Alemania e Italia al bando antirrepublicano, el esfuerzo por desviar la atención de las potencias fascistas desde el área centro-oriental del continente europeo hacia la regíón mediterránea y el afán por mantener la credibilidad de la URSS como potencia impulsora de la revolución proletaria a escala mundial, que quedaría probada si los soviéticos iban en auxilio de sus camaradas españoles del PCE.

-Los soviéticos movilizaron a la opinión pública de Europa y América e impulsaron la creación de las Brigadas Internacionales, cuerpo militar formado por voluntarios izquierdistas y comunistas que, con el propósito de detener el avance del fascismo, llegaron a España desde diferentes países para combatir en defensa de la República. Se calcula que unos 40.000 brigadistas procedentes de todas partes del mundo lucharon contra el bando franquista en la Guerra Civil.

-El gobierno republicano pagó al contado y a precios muy elevados los suministros enviados por los soviéticos con las importantes reservas de oro y plata depositadas en el Banco de España, que se agotaron muy pronto. La llegada del material militar soviético tuvo consecuencias trascendentales. En primer lugar, evitó el hundimiento del ejército republicano y contribuyó así a la prolongación de los combates; y en segundo lugar, la ayuda estalinista reforzó la posición de poder e influencia de los comunistas españoles dentro del gobierno republicano.

Desarrollo militar del conflicto


Se pueden distinguir tres fases diferentes en el desarrollo bélico de la Guerra Civil:

Primera fase

Desde el 17 de Julio de 1936 hasta mediados de 1937. El general Francisco Franco, que desempeñaba la comandancia general de Canarias, se trasladó en avión hasta Marruecos. Alí se puso al frente del ejército de África, que era el cuerpo militar mejor preparado y entrenado de toda España. Durante los primeros días de la guerra, estas tropas lograron cruzar el Estrecho de Gibraltar en aviones alemanes e italianos para unirse a los sublevados en Andalucía.

-Las fuerzas militares sublevadas avanzaron hacia Madrid desde el norte –con mayores dificultades y a las órdenes del general Emilio Mola- y desde el sur, pero fueron contenidas en los alrededores de la capital y en la Sierra de Guadarrama. Esto supuso un importante revés para los insurrectos, que consideraban esencial la conquista de la ciudad de Madrid por razones políticas, económicas, diplomáticas, propagandísticas y simbólicas.

Los republicanos mantuvieron bajo control el 60% del territorio español, incluyendo los núcleos urbanos más poblados –Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao etc Las  mejores y más extensas regiones ganaderas y productoras de trigo, patatas, legumbres y maíz fueron pronto ocupadas por los enemigos de la República. En el aspecto monetario, cada uno de los dos bandos emitíó sus propios billetes y prohibíó la circulación de las monedas del adversario.

-Durante las primeras semanas de combate ya se comprobó que el ejército rebelde superaba en organización, disciplina y suministros al ejército republicano, que estaba forma básicamente por improvisados batallones mixtos de soldados, guardias y voluntarios civiles. También permanecíó bajo la autoridad del gobierno republicano la mayor parte de los buques de guerra y submarinos, pero esta flota carecía de mandos eficaces y fue desaprovechada.

-En la retaguardia de ambos bandos se desencadenó, de forma más o menos incontrolada, una violenta persecución con el propósito de exterminar a todos los adversarios. Los sublevados fusilaron –especialmente durante el verano de 1936- a militantes de sindicatos y partidos del Frente Popular, alcaldes y dirigentes políticos republicanos y maestros de izquierdas, que muchas veces fueron descubiertos al ser delatados por sus mismos vecinos. También fueron ejecutados los militares que se negaron a secundar el alzamiento. Los sublevados –que actuaron impulsados por un deseo de venganza y con el propósito de “limpiar y poner orden”- liquidaron a más de 70.000 personas.

-Por su parte, los milicianos, ugetistas y comunistas se lanzaron al asesinato de todos los odiados derechistas, clérigos, empresarios, terratenientes, burgueses, monárquicos y católicos que encontraron. Con su exterminio se destruía a los “enemigos sociales” y se demostraba que la revolución estaba en marcha y era imparable. La violencia fue terrible y el miedo se adueñó de los habitantes de Barcelona y Madrid, donde las víctimas eran sacadas de sus domicilios, para ser “paseadas”, es decir, ejecutadas en descampados y arrojadas a una zanja. En ocasiones, los asesinos actuaron de manera más sistemática y organizadas. Así sucedíó en Noviembre de 1936 en Madrid, donde 2.000 prisioneros antirrepublicanos, fueron extraídos de las cárceles, transportados en autobuses públicos hasta Paracuellos del Jarama y fusilados ante la inhibición de la Junta de Defensa que –presidida por el general José Miaja y con Santiago Carrillo como consejero responsable de Orden Público –había asumido las tareas de gobierno en la ciudad después del traslado a Valencia del presidente y los ministros de la República.

Segunda fase


Desde mediados de 1937 hasta el verano de 1938. Las tropas de Franco, que dispónían de mejores abastecimientos de alimentos y armas, tomaron pronto la iniciativa y lograron conquistar toda la zona norte peninsular (Victoria, Santander y Asturias) en Octubre de 1937. De esta manera, el bando republicano perdíó importantes recursos económicos y el ejército franquista pudo disponer de las valiosas factorías industriales bilbaínas. Las ofensivas emprendidas por el ejército republicano en Brunete (Madrid), Belchite (Zaragoza) y Teruel fracasaron, dejando cuantiosas pérdidas humanas y materiales.

-Con el objetivo de quebrar la moral y la capacidad de resistencia del enemigo, la aviación franquista efectuó intensos bombardeos aéreos contra la población civil en Valencia, Madrid, Barcelona y también en la localidad vizcaína de Guernica, que quedó completamente destruida por el ataque de los aviones alemanes de la legión Cóndor.

Fase final


Desde Julio de 1938 hasta Abril de 1939. En Julio de 1938, el general Vicente Rojo planeó una audaz ofensiva en la zona del Ebro con el fin de forzar una retirada del ejército franquista y disminuir la presión sobre Valencia y Cataluña. Los combatientes pelearon cerca del río Ebro durante casi cuatro meses. Finalmente, la totalidad de Aragón y también Castellón fueron ocupados por el ejército de Franco, Cataluña quedó aislada y la zona bajo control republicano quedó cortada en dos.

El fracaso de la acción ofensiva en el frente del Ebro dejó a la República prácticamente derrotada. Además, se acentuaron las diferencias internas entre los partidarios de la resistencia a ultranza (con el presidente Juan Negrín a la cabeza) y aquellos que se mostraban favorables a intentar una negociación de paz (como el dirigente socialista Julián Besteiro y el general José Miaja); aunque esta posibilidad fue rechazada categóricamente por Franco.

En Diciembre de 1938, las unidades militares antirrepublicanas penetraron en Cataluña y un mes más tarde ocuparon – sin encontrar apenas resistencia – la ciudad de Barcelona, donde los soldados franquistas fueron recibidos como “libertadores” por la multitud que llenaba las calles. En Febrero de 1939, las desmoralizadas tropas republicanas se rindieron en Menorca sin presentar combate y Madrid cayó el 28 de Marzo

Evolución política en la zona republicana


El levantamiento militar desencadenó un profundo proceso revolucionario en la zona republicana. En los diferentes pueblos, ciudades y provincias de la España republicana se crearon de manera espontánea diferentes comités revolucionarios populares que –dirigidos en algunos casos por los anarquistas y en otras ocasiones por los socialistas o los comunistas- pasaron a asumir el control y tomaron las decisiones políticas, económicas y militares por su cuenta. La situación era bastante caótica.

-Desde el principio, el bando republicano carecíó de unidad política y, con el paso destiempo, el desorden y las divisiones internas entre los distintos partidos y organizaciones sindicales se acentuaron.

-La vida cotidiana en la retaguardia republicana estuvo marcada por el hambre, el desbarajuste económico, los ataques aéreos y las continuas evacuaciones. Los alimentos básicos y los productos de primera necesidad pronto escasearon en las ciudades y fue necesario organizar un sistema de racionamiento de comestibles que no pudo impedir la extensión de la desnutrición entre la población civil. Las autoridades republicanas también optaron por evacuar a 38.000 niños y enviarlos a Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Holanda, México y la URSS para que pudieran escapar de los horrores de la guerra.

-Los comunistas españoles, respaldados por la URSS, aumentaron su influencia, situando a sus hombres en puestos clave e imponer sus decisiones militares, ideológicas y políticas en la zona republicana. Esta tendencia se acentuó con la llegada a la presidencia del gobierno –en Mayo de 1937- del socialista Juan Negrín,  que compartía los planteamientos del PCE y prescindíó rápidamente de los ministros anarquistas.

-El desmoronamiento republicano se aceleró durante las semanas finales de la guerra. En Febrero de 1939, Azaña presentó su dimisión como Presidente de la República y se marchó a Francia atravesando a pie la cordillera pirenaica. Pocos días después y en medio de una enorme confusión, el coronel Segismundo Casado –Jefe del Estado Mayor republicano- se rebeló en Madrid contra el gobierno de Negrín, quien con el respaldo de los comunistas pretendía prolongar la resistencia militar hasta el límite y se negaba a entablar negociaciones con el bando franquista.

-La quiebra del poder central gubernamental y la fragmentación política debilitaron al bando republicano y fueron dos de los factores que más contribuyeron a su derrota final. Del mismo modo, la falta de unidad de mando impidió una dirección ordenada y eficiente tanto de las operaciones militares, como del esfuerzo económico necesario para la victoria.

La génesis de la dictadura franquista

-En principio, los sublevados carecían de un proyecto político definido para reemplazar a las instituciones republicanas en caso de un rápido triunfo. Sin embargo, la mayoría de los generales pronto comprendíó la necesidad de unificar el mando de las tropas, de manera que todo el poder quedara acumulado en un único jefe para garantizar así una dirección estratégica más eficaz de las operaciones bélicas.

Los principales mandos militares antirrepublicanos,  se reunieron en Septiembre de 1936 y eligieron en una votación informal al general Francisco Franco como “jefe de Gobierno del Estado”. De este modo, Franco se convirtió en el máximo dirigente con poderes ilimitados y absolutos tanto militares como políticos, puesto que se reservaba en exclusiva la capacidad para imponer disposiciones con rango de ley. Entre los factores que favorecieron la rápida ascensión de Franco a la dictadura unipersonal y al mando supremo indiscutido de los sublevados estaban sus espectaculares éxitos militares al frente del ejército de África durante las primeras semanas de combate, su habilidad para entablar contactos y obtener ayuda material de alemanes e italianos, y también la ausencia de posibles rivales, ya que otros generales de prestigio como José Sanjurjo, Manuel Goded  o Joaquín Fanjul habían muerto al principio de la guerra.

A principios de 1937, Franco exprésó su negativa a reponer en el trono a Alfonso XIII y encargó a su cuñado Ramón Serrano Súñer la dirección de los asuntos políticos, de manera que Franco pudo concentrarse en la conducción militar de la guerra.

-Desmontar el sistema parlamentario democrático y constitucional, derogar la legislación reformista republicana, defender los intereses socioeconómicos de los grupos que apoyaban el alzamiento y construir las bases de un nuevo Estado autoritario tomando como modelo el régimen fascista italiano fueron los objetivos inmediatos de las primeras disposiciones adoptadas por os sublevados:

Anulación de la Ley de Reforma Agraria, devolución de las fincas expropiadas a sus antiguos propietarios y expulsión de todos los campesinos asentados en esas tierras (sobre esta cuestión se adoptaron varias medidas entre Septiembre de 1936 y Abril de 1938).

Prohibición de todos los partidos políticos y agrupaciones sindicales por “envenenar al pueblo con supuestas reivindicaciones sociales”, lo que significaba el final de la libertad  de asociación (decreto de Septiembre de 1936).

Creación  en Abril de 1937 de un partido único y subordinado al Estado que fue denominado Falange Española Tradicionalista y de las JONS .Su jefatura fue asumida por el general Franco quien, con esta maniobra, reforzó su posición de poder y logró poner bajo su control personal a todos los diferentes grupos políticos que conformaban el bando sublevado. El antiguo dirigente cediste Gil Robles y los monárquicos ultraderechistas apoyaron esta medida, pero los escasos dirigentes carlistas (como Manuel Fal Conde) o falangistas (como Manuel Hedilla) que se resistieron a esta forzosa unificación fueron silenciados o encarcelados. Esta nueva fuerza política aportó al recién nacido Estado franquista sus símbolos (el escudo con el yugo y las flechas), canciones (el “Cara al sol”), vestuario (boina roja y camisa azul) y saludos (con el brazo alado y la mano abierta y extendida).

Supresión del derecho de huelga y declaración de la misma como un delito grave contra la patria (en Marzo de 1938).

Anulación de la libertad de expresión y establecimiento de una estricta censura con el propósito de controlar el contenido  y la difusión pública de todo tipo de textos escritos y editados en España o procedentes del extranjero (decreto de Abril de 1938).

Abolición de los Estatutos de autonomía regionales (disposición legislativa de Abril de 1938), aunque se mantuvieron los sistemas fiscales especiales forales de Álava y Navarra, dos provincias que apoyaron la sublevación del 18 de Julio y donde los carlistas poseían una fuerte implantación.

Las consecuencias de la guerra


Durante la Guerra Civil murieron unos 450.000 españoles de ambos bandos en los frentes de combate, en los bombardeos y en las actividades represivas. Esta no fue la única trágica repercusión demográfica del conflicto, ya que un elevado número de personas se vieron obligadas a huir del país por temor a las represalias franquistas. En Francia fueron recibidos con hostilidad e instalados en inhóspitos campos de internamiento a la intemperie, sin mantas, ni alimentos, ni asistencia médica. A México –cuyas autoridades sólo admitieron la llegada de intelectuales, médicos y profesores- llegaron 22.000 exiliados. El gobierno británico se negó a acoger refugiados procedentes de España. Durante la II Guerra Mundial y tras la ocupación de Francia por las tropas alemanas de Hitler en 1940, regresaron a nuestro país más de la mitad de los refugiados, pero 15.000 fueron enviados a los campos nazis de exterminio.

Dentro de nuestro país, los vencedores se dejaron llevar por el ansia de revancha y no dudaron en “dar un escarmiento a los rojos”. En consecuencia, los vencidos fueron silenciados, humillados, marginados, sancionados, económicamente, expulsados de sus empleos y encarcelados.

Durante los primeros años de la posguerra, las cárceles franquistas pronto se llenaron de personas acusadas por delitos políticos. En 1940, había 18.000 mujeres y 240.000 hombres encarcelados, de los que 7.800 ya habían sido juzgados sin garantías legales y condenados a muerte por inflexibles tribunales militares. Se calcula que 48.000 individuos – fueron fusilados durante la posguerra- en 1943, la cifra de prisioneros que se hacinaban hambrientos, maltratados y enfermos en las celdas todavía superaba los 100.000. Mientras que otros 25.000 cumplían penas de trabajo forzados y participaban en la recuperación de caminos y canales, o bien en la construcción de edificios públicos

El gobierno de Franco inició en 1939 una exhaustiva “purificación” del sector público para descubrir y expulsar a cualquier persona que hubiera estado afiliado a algún partido del Frente Popular, que hubiera desempeñado un cargo (ministro, diputado, embajador, gobernador civil, alcalde, concejal) durante la República o que hubiera combatido dentro del ejército derrotado. Así, miles de excombatientes republicanos, izquierdistas, demócratas, sindicalistas y otros individuos acusados de ateísmo o de pertenencia a la masonería fueron multados, castigados con la expropiación de sus bienes y despedidos de su empleos en cualquiera de los sectores de la administración pública o del funcionariado (burocracia, ejército, policía, profesorado, judicatura, educación). Los puestos que dejaron vacantes pasaron a ser ocupados por adictos al régimen franquista, por excombatientes del bando antirrepublicano y por afiliados a Falange. La depuración alcanzó también a otros grupos profesionales como periodistas, abogados, médicos e incluso a los árbitros de fútbol.

Los vencidos y sus familiares también sufrieron una severa represión económica, ya que muchos perdieron sus propiedades –pisos, tiendas, fincas- que fueron incautadas y subastadas por las autoridades franquistas- de las sanciones y las confiscaciones no se libraron ni siquiera los muertos