Constitución de 1812: «La Pepa»
La Constitución de 1812, conocida como «La Pepa», fue promulgada el 19 de marzo de 1812 por las Cortes de Cádiz durante la Guerra de la Independencia Española contra Francia. Se trata de un texto jurídico y político de carácter constitucional cuyo objetivo era establecer un nuevo marco legal y político para España y sus territorios.
Es una norma fundamental, ya que organiza el Estado y reconoce los derechos de los ciudadanos. Estaba dirigida a toda la nación española, incluidos los territorios de ultramar, porque consideraba que España y sus colonias formaban una sola nación. Fue aprobada en plena guerra contra Napoleón y estuvo en vigor de forma intermitente hasta 1837, ya que fue derogada y restablecida en varias ocasiones.
Ideas principales
Entre sus ideas principales destacan:
- Soberanía nacional: el poder reside en la nación y no en el rey.
- División de poderes: el poder ejecutivo corresponde al rey, el legislativo a las Cortes y el judicial es independiente.
- Sufragio masculino indirecto: sistema electoral basado en censos.
- Reconocimiento de derechos y libertades para los ciudadanos.
- Religión oficial católica, establecida como la única permitida.
Ideas secundarias
Como ideas secundarias, se pueden señalar:
- Creación de ayuntamientos y diputaciones provinciales.
- Supresión de algunos privilegios de la nobleza y el clero.
- Impulso de la educación pública.
- Obligación del servicio militar.
Esta Constitución supuso un hito en el constitucionalismo español y sirvió de inspiración para otras constituciones en Europa y América Latina.
Carácter revolucionario y referencias
La Constitución de 1812, conocida como «La Pepa», fue un documento revolucionario para su época, ya que estableció principios básicos para organizar el Estado español y también sus territorios de ultramar. Inspirada en las constituciones francesa y norteamericana, supuso un cambio radical en un país que, en plena guerra contra los franceses, había estado gobernado hasta entonces por monarcas absolutistas.
Características principales
Sus principales características fueron:
- Soberanía nacional: el poder reside en la nación y no en el rey, por lo que los habitantes dejan de ser súbditos y pasan a ser ciudadanos.
- Monarquía constitucional: el rey gobierna, pero su poder está limitado por la Constitución.
- División de poderes claramente establecida:
- Legislativo: Cortes unicamerales.
- Ejecutivo: el rey y sus ministros.
- Judicial: jueces independientes.
- Sufragio universal masculino indirecto: podían votar los hombres mayores de 25 años mediante un sistema escalonado de elección (sufragio censitario e indirecto).
- Derechos individuales: igualdad ante la ley, libertad de imprenta y abolición de privilegios feudales.
- Religión oficial: el catolicismo como única religión del Estado.
- Organización territorial: división del país en provincias, con ayuntamientos y diputaciones.
- Servicio militar obligatorio: todos los ciudadanos debían defender la patria.
- Impulso de la educación pública para fomentar la enseñanza.
- Limitaciones al poder del rey: no podía disolver las Cortes ni gobernar sin su aprobación.
Esta Constitución marcó un punto de inflexión en la historia del constitucionalismo español, al establecer un modelo de Estado basado en una norma suprema, la Constitución, característica fundamental de la política del siglo XIX.
Mapa y contexto: la Guerra de la Independencia Española (1808-1814)
El mapa representa la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), un conflicto desarrollado en la Península Ibérica entre España, apoyada por el Reino Unido y Portugal, y la Francia de Napoleón Bonaparte. El escenario principal fue España y Portugal, aunque también afectó a algunas zonas del sur de Francia.
Desde el punto de vista geográfico, el mapa muestra las principales rutas de invasión francesa, señaladas con flechas, así como los movimientos del ejército británico, especialmente la retirada hacia Portugal dirigida por Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington. También aparecen destacadas las zonas ocupadas por los franceses, sobre todo Cataluña y parte del noreste peninsular.
El contenido del mapa se centra en los acontecimientos ocurridos entre 1808 y 1811. Refleja la invasión francesa de 1808, con la entrada de tropas napoleónicas en España, y varias batallas importantes. Entre ellas destacan la Batalla de Bailén (1808), que supuso la primera gran derrota de Napoleón, y la Batalla de Talavera (1809), que consolidó la resistencia frente a los franceses. También aparecen otras acciones militares como las batallas de Ocaña (1809), Chiclana (1811) y La Albuera (1811). Además, se observa la retirada de las tropas británicas hacia Portugal tras la derrota en La Coruña (1809).
El mapa permite identificar a los distintos protagonistas y sus estrategias: el avance francés desde el norte y el este de la Península, la resistencia española a través de levantamientos y enfrentamientos militares, la intervención británica mediante desembarcos y campañas dirigidas por Wellesley y, aunque no se representa directamente, la importante actuación de la guerrilla española, que fue clave para debilitar al ejército francés.
En conjunto, este conflicto marcó el comienzo del declive de Napoleón y supuso el fin del dominio francés en España.
Bandos y protagonistas
En la Guerra de la Independencia Española se enfrentaron dos grandes bandos.
Por un lado estaba el bando napoleónico, formado por Francia y sus aliados. Estaba dirigido por Napoleón Bonaparte, que quería reforzar su dominio en Europa y colocar en el trono español a su hermano José Bonaparte (José I). Contaba con el poderoso Ejército Imperial francés, uno de los más fuertes del momento. Además, recibió el apoyo de algunos españoles conocidos como «afrancesados», que aceptaban el gobierno francés y sus reformas de carácter ilustrado. En los primeros momentos de la guerra lograron importantes victorias y ocuparon ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y amplias zonas de Andalucía y Aragón.
Por otro lado estaba el bando español, junto con sus aliados, el Reino Unido y Portugal. La resistencia española estaba formada por el ejército regular, milicias populares y guerrilleros. En ese momento España no tenía un poder central fuerte, ya que Fernando VII había sido depuesto y llevado a Francia. Ante esta situación, tras la invasión francesa se crearon Juntas locales y provinciales para organizar la resistencia. En 1808 se formó la Junta Suprema Central, que dirigió la guerra hasta 1810. Ese año fue sustituida por el Consejo de Regencia, que gobernó en nombre de Fernando VII y convocó las Cortes de Cádiz en 1812, donde se elaboró la primera Constitución española.
España recibió el apoyo militar del Reino Unido, cuyo ejército estaba dirigido por Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington. Portugal también combatió contra los franceses, especialmente después de la invasión napoleónica de 1807. Además, los españoles utilizaron la guerra de guerrillas, una forma de lucha irregular que desgastó constantemente al ejército francés.
En conjunto, la guerra se convirtió en un conflicto largo de resistencia y desgaste que debilitó gravemente a Francia y contribuyó al inicio de la caída de Napoleón.
Conclusión
La Constitución de 1812 y la Guerra de la Independencia están estrechamente vinculadas: la guerra creó el contexto político y social en el que surgieron las reformas y las aspiraciones constitucionales, y la Constitución de 1812 representó un intento de consolidar cambios profundos en la organización del Estado, los derechos y las instituciones. Su legado perduró y resultó fundamental para el desarrollo del constitucionalismo en España y en gran parte del mundo hispánico.