Crisis industrial 1975

La industrialización española (S.XIX y XX)
S.XIX
En el siglo XIX España se inicia en la primera revolución industrial de forma débil y tardía. La inestabilidad política durante el siglo, la debilidad demográfica (mercado de sólo 15 millones de habitantes), el analfabetismo propio de un país atrasado y la presencia de una burguésía conservadora y rentista, hicieron que el país sufriera una gran dependencia tecnológica y financiera del exterior.
Las primeras industrias estuvieron ligadas a la presencia cercana de las materias primas, podemos citar cuatro focos principales: la zona cantábrica de Asturias, que entró pronto en decadencia, y de Vizcaya, donde la minería de hierro creó una importante industria siderúrgica; la zona catalana con desarrollo de la industria textil, Madrid donde aparece un foco de industria ligera y la zona andaluza en la que fracasaron los altos hornos de Málaga, pero se desarrolló con capital inglés una 



potente industria extractiva minera (Riotinto en Huelva y Jaén). A finales de siglo la red ferroviaria española había llegado a las principales capitales y provincias.
Primer tercio del S.XX
En el primer tercio del Siglo XX observamos un crecimiento industrial sostenido basado en medidas proteccionistas y ayudado por la repatriación de capitales de las colonias perdidas (Cuba y Puerto Rico). 
Además, la aparición de un fuerte sector financiero en la cornisa norte (Banco de Santander, Banco de Bilbao) y la neutralidad de la IGM favorecieron el desarrollo industrial, llegando este sector a ocupar un 30% de la población activa del país.
Durante la dictadura de Primo de Rivera se realizaron fuertes inversiones en infraestructuras (embalses, red eléctrica, carreteras, red telefónica…). Este periodo expansivo se detuvo bruscamente por la crisis mundial (Gran depresión de los años 30) y el estallido de la Guerra Civil (1936 – 1939)
Postguerra (1939 – 1959)
La destrucción del tejido industrial que supuso la Guerra Civil (1936-1939) y el bloqueo y aislamiento internacional de España posterior a la IIGM obligó al franquismo a llevar a cabo un modelo autárquico con pobres resultados económicos. Para reactivar la industria el Estado creó el INI (Instituto Nacional de Industria)
, un holding estatal que agrupaba distintas empresas de sectores estratégicos poco rentables como la industria de automoción (SEAT), siderúrgica (astilleros) o de ferrocarriles (RENFE).
La producción industrial entró en declive y no se recuperó hasta la década de los 50.
Desarrollismo
El plan de estabilización de 1959 acompañado del reconocimiento internacional de la España franquista, dio inicio a una nueva etapa de crecimiento acelerado de la producción industrial conocida como desarrollismo. Los resultados económicos fueron espectaculares, con crecimientos anuales del PIB superiores al 7%, haciendo que en una década España se encontrara entre los 15 países más desarrollados del mundo. Las razones de este éxito fueron la presencia de abundante y barata mano de obra; la baja conflictividad social; una buena coyuntura del precio del petróleo, el ingreso de divisas debido al desarrollo del turismo costero; la llegada de remesas enviadas por los emigrantes españoles en Europa y la gran inversión de multinacionales extranjeras, principalmente americanas. Se produce un despegue de la construcción y de la industria automóvilística. Aunque el régimen franquista intentó crear nuevas zonas industriales, los llamados polos de desarrollo (en zonas de Castilla y León y Andalucía), Cataluña, País Vasco y Madrid siguieron siendo los principales focos industriales. La industria se desplazó a nuevos polígonos industriales que aparecieron en los municipios metropolitanos de las principales ciudades.
Crisis del petróleo, transición democrática
A partir de 1975 se inicia una etapa de crisis y reconversión industrial por el encarecimiento de la energía por la subida del precio del petróleo. Esta etapa viene marcada por el estancamiento de la demanda interna por el aumento del paro y las circunstancias políticas convulsas por el fin de la dictadura franquista. El aumento de los costes salariales incentivó la deslocalización de empresas de sectores maduros empleadores de grandes cantidades de mano de obra.
Para intentar paliar la crisis se llevaron a cabo políticas de reconversión industrial (intentar adaptarse a nuevos modos productivos mejorando la competitividad) con desigual resultado.
Estas afectaron a la industria siderúrgica, astilleros, la industria textil, de calzado, y fue especialmente intensa en la cornisa cantábrica, donde hubo una fuga masiva de industrias.
Los planes políticos intentaron reactivar las zonas deprimidas con incentivos fiscales, subvenciones y privatizaciones, obteniendo resultados desiguales. Se crearon 7 ZUR (Zonas de urgente reindustrialización) en zonas de Galicia (Ferrol y Vigo), Asturias, Bilbao, Cádiz (astilleros), con resultados poco satisfactorios.