Epistolografía, novela y fábulas en la literatura latina clásica

La epistolografía

La epistolografía es el género literario que se escribe en forma de carta, dirigida a una persona conocida, a lectores indeterminados o a personajes de ficción. Al convertirse en género literario, la carta evolucionó hasta sobrepasar los límites de la propia comunicación. Con la estructura de carta se busca una forma de expresión breve que permite desarrollar cualquier tema. Dentro de su estructura se aprecia la influencia de otros géneros literarios; la división más común dentro de la epistolografía es la que separa las obras escritas en prosa de las escritas en verso.

Los principales representantes de la epistolografía en prosa son Cicerón (s. I a. C.) con Epistulae ad familiares, Séneca (s. I d. C.) con Epistulae ad Lucilium (cartas morales) y Plinio el Joven (61-113 d. C.) con correspondencia administrativa y privada. La obra de Cicerón es el modelo y, a la vez, posee un claro elemento diferenciador con el resto de las obras de este género: en Cicerón las cartas son verdaderas cartas dirigidas a una persona con la intención de comunicarle alguna noticia; en ellas se ve la importancia y la necesidad de la información y de la inmediatez. Frente a esto, las cartas de Plinio el Joven son meramente artísticas —salvo las cartas pertenecientes a la correspondencia administrativa—: no tienen como finalidad la información ni la inmediatez de la noticia, sino exponer variados temas (cada carta uno solo, frente a la multitud de temas tratados por Cicerón) bajo la forma epistolar.

Dentro del epistolario de corte poético destacan Horacio con sus Epistulae y Ovidio con sus Heroïdum epistulae. En hexámetros, Horacio escribió unas epístolas: un primer libro con veinte poemas, similares a las Sátiras por extensión y temática, y luego otras tres sobre temas literarios; siendo la más famosa la dirigida a los hermanos Pisones y denominada Ars poetica, donde el autor nos presenta un estudio de los géneros sin abarcarlos todos. La obra ovidiana está muy relacionada con la elegía tanto por su métrica como por su tema; en cada carta Ovidio presenta las quejas que dirigen las amantes a sus amados.

La novela

En la literatura romana sólo destacan dos novelas importantes, lo que supone una de las diferencias fundamentales con la literatura actual, donde la novela es el género más cultivado. No se trata de un género rígidamente definido; de origen griego, contó en la literatura latina con algún precedente en las fábulas menipeas o las sátiras menipeas. Los romanos dieron un impulso al género con obras más largas donde, junto al componente erótico y de aventuras —de origen griego—, aparece el tono satírico, la crítica y la parodia, convirtiéndose en precedente de la novela picaresca.

Frente a la novela griega, la novela romana presenta una mayor complejidad psicológica de sus personajes, a través de los cuales se nos muestra la sociedad de su tiempo; son frecuentes la narración en primera persona y la aparición de relatos breves y cuentos de argumento autónomo dentro de la historia o marco general. Sus dos representantes principales son:

Petronio

Petronio, al que se le atribuye la novela titulada Satyricon, cuya obra nos ha llegado muy fragmentada. Su estilo es muy realista en cuanto al retrato de la sociedad romana del siglo I d. C. Muestra un gran dominio del lenguaje de la calle, el latín coloquial y el latín vulgar; hay mezcla de verso y prosa.

Apuleyo

Apuleyo (125-170 d. C.), procedente del norte de África, estudió en Cartago y Atenas y ejerció como abogado en Roma. Su obra más famosa es Metamorphoses o El asno de oro. Narra, con datos autobiográficos y con mucho humor y lirismo, las aventuras de Lucio, transformado en asno por arte de magia, y sus sufrimientos con sus diversos amos hasta que recupera su estado normal. La obra de Apuleyo es un buen testimonio de la crisis espiritual y religiosa que se vivía en el mundo romano de esta época y del auge de las religiones mistéricas.

Fedro

Fedro (15 a. C. – c. 50 d. C.) nació hacia el año 15 a. C. en Macedonia. Llegó a Roma como esclavo de Augusto, que después le concedió la libertad. Murió hacia el año 50 d. C. Escribió cinco libros de Fábulae. Como el propio Fedro nos dice en los prólogos y epílogos a sus libros, sus temas están tomados de Esopo, aunque también compone fábulas originales, inspiradas en la vida y en las costumbres de su época. Las dos características esenciales de la fábula de Fedro son la diversión y la enseñanza moral. Las fábulas de Fedro encierran una dura sátira contra los poderosos que abusan de su poder, contra los soberbios, los mentirosos y los malvados.