Evolución de las Letras Españolas: Del Modernismo a la Posguerra

T8- El Teatro a finales del Siglo XIX y principios del XX

A finales del siglo XIX, las obras más representadas eran las llamadas de «alta comedia» de José de Echegaray y sus seguidores. Eran melodramas que buscaban la emoción del espectador mediante los abundantes golpes de efecto y la truculencia de las escenas.

Teatro Comercial

1. La comedia burguesa de Benavente

Jacinto Benavente propuso un teatro sin grandilocuencia, sin excesos, con atención preferente a los ambientes cotidianos. Su obra supone una crítica amable de los ideales burgueses. Así sucede en su obra más valorada, Los intereses creados. Benavente se ganó el favor del público y una popularidad enorme a nivel nacional; en 1922 se le concede el Premio Nobel.

2. El teatro en verso

Supone, ante todo, la presencia en los escenarios del arte verbal modernista. De los cultivadores de esta línea merecen citarse:

  • Francisco Villaespesa con Abén Humeya y La leona de Castilla.
  • Eduardo Marquina con Las hijas del Cid.
  • Los hermanos Manuel y Antonio Machado en obras escritas en colaboración como Juan de Mañara o La Lola se va a los puertos.

3. El teatro cómico

Los tipos y ambientes castizos que habían sido la materia de los cuadros costumbristas del Romanticismo vuelven ahora a la escena de la mano de autores como:

  • Los hermanos Álvarez Quintero: presentan en sus obras la imagen de una Andalucía superficial, tópica e incluso falseada. Algunas de sus obras más celebradas son El ojito derecho o Las de Caín.
  • Carlos Arniches: por una parte, produce sainetes de ambiente madrileño y, por otra, escribe lo que él mismo denomina «tragedia grotesca», obras en las que se mezcla lo risible y lo conmovedor, como La señorita de Trevélez.
  • Pedro Muñoz Seca: quien usó el astracán, que busca la gracia a toda costa con chistes vulgares y chabacanos, como La venganza de don Mendo.

Teatro Renovador: Valle-Inclán y García Lorca

Muchos son los que pretenden hacer un teatro diferente en estos años y, en la mayoría de los casos, cosecharon un rotundo fracaso con sus obras.

Teatro en la Generación del 98

Destacan Unamuno, Azorín y Valle-Inclán, quienes, al margen de pretensiones comerciales, pretenden hacer un teatro que sirva como cauce para la expresión de sus conflictos religiosos, existenciales y sociales.

Ramón María del Valle-Inclán: Teatro en libertad

Su producción es variada e incluye novelas, cuentos, poesía y teatro. En todos los géneros que cultiva se observa una evolución paralela al cambio ideológico por el que pasa: de un modernismo elegante y nostálgico (Las sonatas, entre 1902 y 1905) a una literatura crítica, basada en una feroz distorsión de la realidad (el esperpento, a partir de 1920). Su obra teatral suele agruparse en tres ciclos:

  • a) El Mito: La acción transcurre en una Galicia mítica e intemporal: Comedias bárbaras, Divinas palabras (1919).
  • b) La Farsa: Obras situadas en un espacio más ‘ridículo’, propio del siglo XVIII: jardines, rosas, cisnes: La marquesa Rosalinda.
  • c) El Esperpento: Luces de Bohemia (1920) y la trilogía crítica con el ejército Martes de Carnaval (Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto, La hija del capitán).

El esperpento es un intento de presentar la realidad española, pero no dando una visión natural y real, sino presentando los hechos de una manera exagerada y burlesca. Nos presenta una realidad deformada para que el espectador quede sorprendido y tome conciencia de la misma. Se presenta en el escenario un mundo insólito y sorprendente para que el espectador lo relacione con su propia realidad cotidiana. El teatro esperpento es un teatro de crítica de una realidad falsa y de unos valores que ya no tienen sentido.

Luces de Bohemia inicia la estética del esperpento. La obra cuenta el recorrido (el último, porque al final muere) de Max Estrella y su compañero Latino de Hispalis por la noche madrileña. Max Estrella, después de haber sido desposeído de la posibilidad de hacer vivir malamente a su familia, después de haber sido encarcelado, abofeteado y de haber perdido su dignidad al aceptar una arbitraria pensión, muere arrimado al quicio de una puerta y es traicionado y esquilmado por su lazarillo (quien le roba la cartera).

El teatro en la Generación del 27

Son interesantes las obras escritas por Salinas (El dictador), Rafael Alberti (El adefesio) y Miguel Hernández (El labrador de más aire). Alejandro Casona fue un dramaturgo puro con obras como La dama del alba. Max Aub escribió en España «comedias de vanguardia», pero sus grandes obras son las del exilio, como Morir por cerrar los ojos.

Federico García Lorca: Espectáculo total

La obra dramática de Lorca puede agruparse en tres grandes bloques:

  • a) Primeras piezas teatrales: En 1920 estrena El maleficio de la mariposa, obra de influencia modernista sobre el amor entre una cucaracha y una linda mariposa, que inaugura el tema fundamental de su dramaturgia: la insatisfacción amorosa. El estreno fue un fracaso del que se resarció con Mariana Pineda, drama histórico sobre la heroína ajusticiada por Fernando VII. A estas se unen las farsas trágicas La zapatera prodigiosa y Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín. También compuso piezas de marionetas denominadas «Los títeres de cachiporra», donde desarrolla el conflicto autoridad/libertad.
  • b) Teatro vanguardista: Las «comedias imposibles» o misterios. Lorca creó estas obras bajo el influjo surrealista para explorar los instintos ocultos. En El público (incompleta), defiende el amor como un instinto ajeno a la voluntad y critica a una sociedad que condena al diferente.
  • c) La etapa de plenitud: Durante los años treinta alcanza el éxito comercial con Bodas de sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores y La casa de Bernarda Alba. Todas tienen en común el protagonismo de las mujeres y su marginación social.

Bodas de sangre y Yerma son tragedias de aire clásico en las que Lorca mezcla la prosa y el verso, utiliza coros y elementos simbólicos. Doña Rosita la soltera trata sobre el drama de «la cursilería española» y la espera inútil del amor. La casa de Bernarda Alba es un alegato contra el autoritarismo familiar que desemboca en muerte y dolor.

Tras el final de la Guerra Civil española, vendrán autores como Antonio Buero Vallejo o Alfonso Sastre.

T2- La Novela Española del Siglo XX

La novela de los años 30 había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años 20. En esta línea se encuentra la literatura de Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala y Rosa Chacel, quienes al acabar la guerra marchan al exilio por su apoyo a la República. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y trata con insistencia sobre el tema de la guerra.

La novela de los primeros años de posguerra

En 1939 el panorama es desolador; muchos autores se han exiliado y la literatura se encuentra determinada por la presión de la censura, que impide la denuncia explícita. Solo hay casos excepcionales y aislados como Torrente Ballester, Camilo José Cela, Carmen Laforet y Miguel Delibes. Estos autores encarnan dos tendencias:

  • Novela Existencial: Lo existencial se convierte en un tema fundamental. Paralelamente a la poesía desarraigada, la desorientación, la hostilidad de la vida y la angustia marcan los motivos de la novela. Destacan Nada (1944) de Carmen Laforet (Premio Nadal) y La sombra del ciprés es alargada (1947) de Miguel Delibes.
  • El Tremendismo: Refleja los aspectos más desagradables y brutales de la realidad para efectuar una reflexión profunda sobre la condición humana. Obra clave: La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela.

La década de los 50: El realismo social

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Con la Guerra Fría, España empieza a salir del aislamiento. El incipiente desarrollo del turismo y la industria trae cierta recuperación económica y cambios en los estilos de vida, como las migraciones campesinas hacia las ciudades. La colmena de Cela (1951) es un precedente de la novela social. Se observan dos grandes tendencias:

  • a) El neorrealismo: Se centra en los problemas del hombre como ser individual. Autores: Ana María Matute, Ignacio Aldecoa (El fulgor y la sangre), Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1956; novela conductista) y Carmen Martín Gaite (Entre visillos y El cuarto de atrás).
  • b) Novela social (realismo social): Se centra en los problemas de los grupos sociales. Autores: Jesús Fernández Santos (Los bravos), Jesús López Pacheco (Central eléctrica), Juan García Hortelano (Nuevas amistades, 1959; Tormenta de verano) y Armando López Salinas (La mina).

El tema es la propia sociedad española: la dureza del campo, la explotación del proletariado y la banalidad burguesa. El estilo es sencillo.

La novela de los años 60

Durante esta década se detecta una renovación y búsqueda de nuevas formas. Autores como Luis Goytisolo o Juan Goytisolo constituyen la avanzadilla. Los rasgos principales son:

  1. Influencia de autores europeos (Proust, Kafka, Joyce), norteamericanos (Faulkner, Dos Passos) o latinoamericanos (Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez).
  2. Las novelas pasan a ser más complejas y experimentales.
  3. Se suprimen signos de puntuación o párrafos, y se mezclan géneros.
  4. Se persigue la experimentación de nuevas formas: perspectivismo, monólogo interior y saltos temporales.

Modelos de esta tendencia: Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín Santos y Señas de identidad (1966) de Juan Goytisolo.

T4- La Poesía Modernista y Noventayochista

En España, se llamó MODERNISTAS a todos los escritores con impulsos estéticos innovadores. Posteriormente, se reservó el término para quienes se preocupaban por la estética y adoptaban una postura escapista.

  • Temas modernistas: El mundo sensorial (evocación de sensaciones) y el mundo interior (intimidad, melancolía y nostalgia).

Se reservó el término GENERACIÓN DEL 98 para los que adoptaban una actitud de reflexión y crítica ante la situación de España.

  • Temas del 98: El tema de España (paisajes e «intrahistoria») y preocupaciones existenciales (sentido de la vida y la muerte).

Destacan: Rubén Darío (Hispanoamérica), Francisco Villaespesa, los hermanos Manuel y Antonio Machado, Valle-Inclán y el novecentista Juan Ramón Jiménez.

Antonio Machado (1875-1939)

Se observa una evolución hacia una depuración formal en busca de la palabra sencilla:

  • Etapa modernista: Soledades, galerías y otros poemas (1907). Modernismo intimista.
  • Etapa noventayochista: Campos de Castilla, reflexión sobre la realidad de España.
  • De inquietud filosófica: Nuevas canciones (1924) y Cancionero apócrifo. Se funde el subjetivismo y el objetivismo.

2.- Novecentismo o Generación del 14

Movimiento de la segunda década del siglo XX. Rasgos estéticos:

  • Racionalismo: Rigor intelectual y claridad.
  • Antirromanticismo: Rechazo de lo sentimental; preferencia por lo clásico.
  • Defensa del «arte puro»: El arte debe proporcionar placer estético.
  • Aristocratismo intelectual: Concebido para minorías selectas.

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Premio Nobel en 1956. Su obra es una poesía en sucesión dividida en:

  • Etapa sensitiva (hasta 1916): Influencia del Simbolismo. Poesía emotiva: Arias tristes, Jardines lejanos, Platero y yo.
  • Época intelectual (1916-1936): Expresión sin ropajes retóricos. Obra clave: Diario de un poeta recién casado.
  • Etapa suficiente o verdadera (1937-1958): Escrita en el exilio. Busca la belleza y perfección: Animal de fondo, Dios deseado y deseante.

3.- Vanguardismo y la Generación del 27

Ruptura con la literatura anterior. Incluye diversos «ismos»:

  • Futurismo y Cubismo: Cantan a la velocidad y las máquinas.
  • Ultraísmo: Deseo de escandalizar y asociación libre de imágenes.
  • Surrealismo: Explora lo que subyace bajo la razón (sueños, deseos). Obras: Sobre los ángeles (Alberti) y Poeta en Nueva York (Lorca).

3.-

T5- La Generación del 27

Grupo de poetas que mezclan lo intelectual con lo sentimental. Buscan el equilibrio entre la pureza estética y la autenticidad humana, lo universal y lo español, asentado sobre una renovación métrica y el ritmo.

Integrantes: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, García Lorca, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Se incorpora también a «Las Sinsombrero»: Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre y Carmen Conde.

Evolución del grupo:

  • Inicios (hasta 1927): Tonos becquerianos e influjos vanguardistas hacia la poesía pura.
  • Plenitud (1927-1936): Comunicación más íntima. Aparecen acentos sociales y políticos. Libros: Romancero gitano (Lorca), Los placeres prohibidos (Cernuda).
  • Disgregación tras la Guerra Civil: Exilio y muerte de Lorca. Poesía de carácter testimonial. En 1977, Vicente Aleixandre recibe el Premio Nobel.

Autores destacados del 27

Federico García Lorca (1898-1936)

  • Primera etapa: Poesía neopopular. Poema del cante jondo y Romancero gitano (destino trágico).
  • Segunda etapa: Técnica surrealista. Poeta en Nueva York (crítica a la deshumanización) y Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.

Luis Cernuda (1902-1963)

Su obra se reúne bajo el título La realidad y el deseo. Destacan Donde habite el olvido y Desolación de la quimera.

Rafael Alberti (1902-1999)

Etapas: Neopopularismo (Marinero en tierra), Vanguardia (Cal y canto), Surrealismo (Sobre los ángeles) y Poesía comprometida (Poeta en la calle).

Vicente Aleixandre (1898-1984)

Evoluciona del surrealismo (La destrucción o el amor) a una poesía de rehumanización (Historia del corazón) y de senectud (Poemas de consumación).

Pedro Salinas (1891-1951)

Poeta del amor: La voz a ti debida y Razon de amor. Estilo de frase corta y léxico sencillo.

Jorge Guillén (1893-1984)

Poesía pura y optimista: Cántico y Clamor. Lenguaje muy concentrado.

Gerardo Diego (1896-1987)

Alterna la poesía absoluta (Manual de espumas) con la relativa o tradicional (Versos humanos).

Dámaso Alonso (1898-1991)

Principal crítico del grupo. Su obra cumbre es Hijos de la ira (1944), pilar de la poesía desarraigada y existencial.

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