Fundamentos del Pensamiento Moderno: El Realismo de Maquiavelo y la Síntesis de Tomás de Aquino

Nicolás Maquiavelo y el Nacimiento del Realismo Político

Maquiavelo. El Renacimiento italiano de los siglos XV-XVI presenta la transición de monarquías feudales a Estados Modernos absolutistas. Italia, fragmentada en ciudades-estado rivales, sufre caos político. En este contexto emergen dos enfoques opuestos: utopías políticas (Tomás Moro, Francis Bacon) que imaginan sociedades perfectas, y el realismo político de Maquiavelo que se centra en cómo las cosas SON, no en cómo DEBERÍAN SER.

La Innovación de ‘El Príncipe’

Nicolás Maquiavelo (1469-1527), florentino de familia política, funda el realismo político moderno con su obra El Príncipe (1513). Su mayor innovación es la separación radical entre ética y política. Rechaza explícitamente las utopías: «Muchos se han imaginado repúblicas y principados que nadie ha visto jamás… Hay que ajustarse a la realidad, a lo que es y no a lo que debería ser». Esta afirmación es revolucionaria porque establece que la política tiene sus propias leyes, distintas a la moral individual.

La Virtud Política y la Razón de Estado

El gobernante no debe ser virtuoso en el sentido ético tradicional. Su virtud política consiste en la capacidad para mantener el poder y garantizar la continuidad del Estado. Por eso Maquiavelo afirma que «el fin justifica los medios»: si el objetivo es la razón de Estado (supervivencia y bienestar de la comunidad), pueden emplearse medios inmorales siempre que sean estrictamente necesarios y efectivos.

El príncipe debe ser amoral (actuar sin escrúpulos morales cuando es necesario para gobernar), no inmoral (actuar malvadamente por naturaleza). Debe ser «a veces zorro y a veces león»: astuto e inteligente para engañar y manipular cuando sea necesario, fuerte y violento para ejercer el poder cuando sea obligatorio. La crueldad y la traición son herramientas políticas legítimas si son necesarias para mantener el Estado.

La Estabilidad del Estado y la República

Quien quiera consolidar una república después de derrocar una tiranía debe ejecutar al tirano y sus partidarios, porque de lo contrario «constituirá un Estado de muy corta vida». El príncipe debe saber adaptarse rápidamente a los cambios políticos, buscando aliados o forzando traiciones según la situación. El príncipe es digno de gloria (no de infamia) solo si su virtud política está dirigida a garantizar la libertad y la igualdad civiles de los ciudadanos en una república bien gobernada, no si usa el poder para ser un tirano.

La innovación de Maquiavelo no es que el fin justifique los medios (esto ya era implícito en toda política anterior), sino que lo dice explícitamente y lo justifica racionalmente como doctrina. Separa por primera vez la razón de Estado de la razón moral individual. Reconoce que existen situaciones políticas donde la acción del gobernante debe prescindir completamente de la moral convencional. El político no puede vivir según las virtudes cristianas tradicionales porque eso lo haría débil para gobernar.

Santo Tomás de Aquino: La Armonía entre Razón y Fe

Tomás de Aquino. El redescubrimiento de Aristóteles a través de filósofos árabes (Averroes, Avicena) y judíos (Maimónides) generó una crisis intelectual: ¿cómo conciliar la filosofía racional con la fe cristiana? Los agustinianos defendían la primacía absoluta de la fe, mientras que los averroístas latinos sostenían la teoría de la doble verdad: dos verdades independientes (una teológica, otra filosófica). El Papa condenó repetidamente el averroísmo.

La Solución de Tomás: Una Única Verdad

Santo Tomás (1225-1274), fraile dominico, rechazó tanto el anti-racionalismo agustiniano como la doble verdad averroísta, proponiendo que existe una única verdad de Dios alcanzable por dos caminos complementarios: razón y fe. Tomás parte de la teoría aristotélica: nuestro conocimiento proviene de los sentidos. Por eso lo que sabemos de Dios debe ser imperfecto y analógico.

Existen verdades que la razón puede alcanzar (que Dios existe, que es creador, que el alma es inmortal) y otras que jamás podría alcanzar porque sobrepasan su capacidad (que Dios es uno y trino, la Encarnación). Estos son los misterios de fe, conocibles solo por revelación divina. Tomás rechaza el argumento ontológico a priori de San Anselmo y defiende el argumento cosmológico a posteriori: el conocimiento de Dios parte siempre de la experiencia sensible del mundo creado, no de ideas previas.

La Necesidad de la Revelación

Pero lo crucial es que incluso lo que la razón podría conocer necesita ser revelado, por tres razones (retomadas de Maimónides):

  • De accesibilidad: Sin revelación solo los sabios conocerían a Dios después de mucho esfuerzo, privando a la mayoría de este conocimiento esencial para la salvación.
  • De certeza: La razón es falible por sus límites estructurales (no puede conocer lo infinito) y prácticos (tiempo, errores); la revelación proporciona verdad segura.
  • De importancia vital: Del exacto conocimiento de Dios depende la total salvación del hombre.

La Teología como Ciencia Suprema

Entre el conocimiento puramente racional y los misterios de fe puros existe una zona de intersección: los preámbulos de fe (que Dios existe, que el mundo es creado, que el alma es inmortal), alcanzables tanto por razón como por fe, pero la fe las proporciona con mayor seguridad. Aunque razón y fe son autónomas como fuentes, la teología es suprema porque trata del fin último del hombre. La razón ayuda a la fe ofreciendo datos filosóficos que esclarezcan los artículos de fe. La filosofía es la «sierva» de la teología.

Lo revolucionario es que Tomás otorga autonomía relativa a la razón (puede funcionar con sus propios principios) aunque subordinada a la fe (la fe tiene la última palabra). Esto es diferente del agustinianismo que negaba autonomía a la razón.