Causas y Orígenes de la Presencia Española en Marruecos
España inició su penetración en el norte de África con la Conferencia Internacional de Algeciras (1906) y el Tratado Hispano-francés (1912), donde España obtuvo el reconocimiento internacional a sus derechos sobre el norte de Marruecos. Bajo el influjo de Gran Bretaña (que deseaba limitar la presencia francesa en el norte de África), se estableció un protectorado franco-español en Marruecos. A España se le concedió la franja norte, el Rif, y los enclaves atlánticos de Ifni y Río de Oro.
El interés español por esta zona se fundamentaba en:
- Beneficios económicos: Especialmente por la explotación de las minas de hierro.
- Voluntad política: El deseo de restaurar el prestigio militar tras la pérdida del imperio ultramarino en 1898.
Sin embargo, la presencia española en esta zona estuvo contestada por las tribus bereberes mediante constantes ataques de los rifeños, los cuales obligaron a mantener un fuerte contingente militar.
El Conflicto Social: La Semana Trágica de 1909
La cuestión de Marruecos provocó un profundo descontento popular a causa de los reclutamientos forzosos de tropas para una guerra que solo interesaba a un sector del ejército —como forma de recuperar el prestigio profesional perdido— y a los capitalistas interesados en la explotación de las minas de hierro del Rif.
El Sistema de Reclutamiento y la Protesta
Hasta el establecimiento del servicio militar obligatorio en 1912, aquellos individuos que tenían dinero se podían librar de la incorporación a filas mediante el pago de una cuota. Por tanto, eran las clases bajas las que sufrían, en realidad, los estragos de la guerra. Esto explica el antimilitarismo popular.
Si el sistema de reclutamiento y la guerra ya eran impopulares, el envío de los reservistas fue la chispa que provocó un importante movimiento de protesta que se inició en el puerto de Barcelona en 1909, mientras se realizaba el embarque de tropas a Marruecos. La revuelta, conocida como la Semana Trágica de Barcelona, se prolongó durante una semana.
Consecuencias de la Revuelta
Se constituyó un comité de huelga (con participación republicana, socialista y anarquista) que hizo un llamamiento a la huelga general. Esta acabó siendo un estallido espontáneo de las tensiones sociales acumuladas que multiplicó los incidentes callejeros: se levantaron barricadas, hubo enfrentamientos con las fuerzas del orden y un fuerte sentimiento anticlerical desembocó en el ataque a iglesias.
Las autoridades respondieron declarando el estado de guerra y enviando refuerzos. Hubo heridos y muertos, por lo que el movimiento se radicalizó y derivó en una insurrección descontrolada. Cuando el ejército puso fin a la revuelta, la represión fue muy dura y numerosos anarquistas fueron responsabilizados arbitrariamente. Centenares fueron detenidos y cinco ejecutados, entre ellos Francisco Ferrer y Guardia, anarquista y fundador de la Escuela Moderna. Esta ejecución levantó una ola de protesta internacional que provocó la dimisión del presidente del Gobierno, el conservador Antonio Maura.
El Desastre de Annual y la Crisis del Sistema
La impopularidad de la guerra aumentó drásticamente con el Desastre de Annual en 1921. En julio de ese año, el general Silvestre, gobernador de Melilla, llevó a cabo una imprudente campaña para ocupar la zona que separaba Ceuta de Melilla. Las tropas españolas sufrieron una desastrosa derrota frente a los rifeños dirigidos por Abd-el-Krim. Murieron más de 12.000 soldados y cayeron prisioneros otros 4.000.
El Expediente Picasso
En la península, el desastre tuvo un enorme efecto sobre la opinión pública y el gobierno cayó nuevamente. Socialistas y republicanos atacaron al régimen, apuntando directamente a la figura del rey Alfonso XIII como responsable último por su conocimiento y aprobación de los hechos. Se exigieron responsabilidades políticas, iniciándose una investigación conocida como el Expediente Picasso, en la que varios mandos militares y políticos fueron acusados de negligencia.
El Final de la Guerra: Alhucemas y la Dictadura
El informe de la comisión parlamentaria no llegó a ser conocido públicamente, ya que lo impidió el golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1923. Sería este general quien, tras el desembarco de Alhucemas (1925) —una contundente actuación militar conjunta hispano-francesa—, derrotó definitivamente a Abd el-Krim.
La consecuencia inmediata fue la rendición del líder rifeño, lo que despejó el camino para la finalización de la guerra en 1927. Este fue, sin duda, el mayor éxito del dictador, ya que satisfizo la demanda generalizada de acabar con el conflicto y elevó, al mismo tiempo, el prestigio de los militares africanistas.