La poesía de la segunda mitad del Siglo XX

La poesía de posguerra:


1. La poesía arraigadaFue cultivada por autores de la Generación del 36, adopta una forma clasicista y un tono heroico e intimista ensalzando la belleza de la Tierra o el sentimiento religioso. Su tono contrasta con la pobreza y la desilusión diarias en las que viven. Destacamos a Luis Rosales, a Leopoldo Panero y a Dionisio Ridruejo. 2. Poesía desarraigadaRefleja la peripecia individual del ser humano en tiempos de angustia, de dolor y de falta de fe en el futuro. Es una poesía existencialista realista y muestran su desajuste con el medio en el que viven en la que hay muerte, tristeza, soledad y desesperación. El lenguaje es desgarrado, casi violento. Destacamos a Dámaso Alonso con Hijos de la ira, a Victoriano Crémer, a Eugenio de Nora, a José Hierro, a José María Valverde, a Gabriel Celaya y a Blas de Otero. Junto a la poesía de posguerra surgen otras tendencias minoritarias como: -El postismo que propone rescatar y continuar la poesía surrealista mediante imágenes nuevas y sorprendentes, en el cual destacamos a Carlos Edmundo de Ory. -El grupo Cántico que es sensual, barroca y surgida en Córdoba en la que destacamos a Ricardo Molina.

La poesía social:

En ella los escritores cuentan lo que ocurre en la calle presentando con objetividad la vida colectiva española y sus conflictos mediante un tono de testimonio, denuncia y protesta de la situación social. Denuncian la marginación, el paro y la falta de libertad, además de exigir una transformación de la sociedad, justicia y paz. Buscan compartir sus obras con el pueblo, adjudicándose una función colectiva e histórica por lo que debe ser realista. Los autores de esta poesía son Victoriano Crémer, Gabriel Celaya con “Tranquilamente hablando” y “Cantos iberos”, Blas de Otero con obras de su segunda etapa como “Pido la paz y la palabra” y “Que trata de España”, José Hierro con “Libro de las alucinaciones” y “Agenda”, y Eugenio de Nora con “España, pasión de vida”.

-La poesía de la Generación del 50:

Los poetas de esta generación fueron Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, Carlos Sahagún y Antonio Gamoneda. Estos poetas comparten con los sociales la visión crítica de la realidad, actitudes éticas comunes y una atención al problema de la sociedad. Además estos autores se preocupan por el hombre en dialéctica con el medio, tienen el inconformismo y la denuncia, tienen también, referencias realistas a la vida cotidiana y sentido de la solidaridad y el compromiso. Tampoco comparten el lenguaje de ninguno de los autores sociales. Una de las carácterísticas esenciales de dichos autores, es su actitud humanista, su preocupación por el ser humano aunque lo guardan para lo personal y no hacen nada al respecto. En casi todos hay, una voluntad de estilo, más cuidado con el lenguaje y con las formas poéticas, así como un retorno a temas mas personales que los apartan de la poesía social.

La Generación de los Novísimos:


 Hay que tener e cuenta dos fechas: 1966 (cuando se rompe con la poética anterior) y 1970 (año que da nombre a la generación). Son presentados como un movimiento de ruptura vanguardista y portador de u nuevo lenguaje que llega al experimentalismo formal. Es una generación cuyas carácterísticas son: la despreocupación hacia las fórmulas tradicionales, la escritura automática vanguardista y las técnicas elípticas, la introducción de elementos exóticos, provenientes de lecturas literarias y la artificiosidad. Hay que decir, que los temas utilizados son de otras épocas de origen cultural o histórico por lo que son llamados “culturistas”, además asimilan una mitología procedente del cine, de la música popular o del cine. En cuanto a lo formal, recogen aspectos vanguardistas del Siglo XX sobre todo del Surrealismo, del postismo alternando un lenguaje de imágenes opacas y visionarias sin abandonar el tono coloquial. Sus representantes más destacados de la tendencia culturista y surrealista son: Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Antonio Colinas, Luis Alberto de Cuenca, y los de la tendencia más coloquial, irónica y crítica son: Manuel Vázquez Montalbán y Leopoldo María Panero.

La poesía última:


Es una poesía que presenta indiferencia en cuanto a la de los Novísimos y en cuanto a los poetas que son llevados por un personalismo extremo. Surgen tendencias continuadoras como la poesía visual y algunos ismos y tendencias de otros tiempos. En autores del Surrealismo destacamos a Blanca Andreu y a Ana Rosseti, en la poesía de la experiencia a Luis García Montero y a Felipe Benítez Reyes, en la épica a César Antonio Molina y a Julio Llamazares y en el neoclasicismo a Fernando de Villena.

El teatro de posguerra (1940):


Es un teatro convencional que tiene melodrama pero que busca divertir y entretener a un público conservador. Es un teatro con mucha censura debido a la época en la que se encuentra y sus principales carácterísticas son: -Es un teatro bien construido, con diálogos sólidos, con acciones bien realizadas, sorpresas calculadas y que se desarrolla en interiores. Los personajes suelen ser de clase media sin problemas económicos y los temas son: el amor, la infidelidad y los altercados entre padres e hijos-Es un teatro cómico, que critica a las costumbres burguesas. Algunos actores lo intentan con el melodrama para reflejar los problemas morales y sociales y en la tradición de alta comedia. Destacamos a dramaturgos como José María Pemán, Joaquín Clavo Sotelo con Una muchachita de Valladolid, Juan Ignacio Luca de Tena con “¿Dónde vas Alfonso XII?” Y “¿Dónde vas, triste de ti?”, José López Rubio, Víctor Ruiz Iriarte. También destacamos a Edgar Neville, a Carlos Llopis, a Jaime Salom, a Alfonso Paso y a Juan José Alonso Millán.

El teatro de humor:


Es un teatro continuista de humor renovado en las que lo inverosímil y lo absurdo son los protagonistas. Tiene un lenguaje ingenioso y destacamos a Enrique Jardiel Poncela con “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” y “Eloísa, está debajo del almendro” y a Miguel Mihura con “Tres sombreros de copa”, “Maribel y la extraña familia” y “Ninette y un señor de Murcia”.

El teatro existencialista y social (1950):


Transmite el desasosiego del ser humano, pero pronto recrea la vida cotidiana española transmitiendo la falta de libertad, la moral absurda, la injusticia social, la violencia, la explotación del hombre, la discriminación, la miseria y la angustia del proletariado. Es un teatro cuya tendencia es el Realismo crítico. Destacamos a Antonio Buero Vallejo y a Alfonso Sastre con un teatro social comprometido cuyas obras a destacar son “Escuadra hacia la muerte”, “La mordaza y Guillermo Tell tiene los ojos tristes”, además de José Martín Recuerda cuya actividad teatral la inicia con Antonio Gala.

El teatro renovador y experimentalista (1970)


Se produce un movimiento de renovación teatral que busca un lenguaje dramático basado en el espectáculo, la escenografía y las técnicas audiovisuales. Es un teatro en el que apenas importa la acción y en el que se utiliza la alegoría y la abstracción como un ritual. Trata de elevar la protesta a través del teatro. Entre los autores destacamos a Francisco Nieva y a Fernando Arrabal.

Fernando Arrabal (1932) nacido en Melilla, fue pintor, novelista, cineasta y un dramaturgo muy original creando el teatro pánico que fue escrito y estrenado en Francia, de rasgos críticos tomados del Surrealismo o de Valle-Inclán. Destacamos entre sus obras “Pic-Nic”, “El triciclo”, “El cementerio de automóviles” y “Oye, Patria, mi aflicción”.

El teatro último (1960):


Es un teatro neorrealista que vuelve a lo tradicional, está bien construido y desarrolla temas de actualidad como la droga, el paro, los problemas de la juventud, la delincuencia,….Y muchos de sus dramaturgos utilizan un matiz de ironía. Entre los nuevos dramaturgos destacamos a José Sanchís Sinisterra con “¡Ay, Carmela!”,  a Fermín Cabal, a José Luis Alonso de Santos con “La estanquera de Vallecas” y “Bajarse al moro”.