1. La novela
La novela del Novecentismo es consecuencia de la crisis de fe en el racionalismo y del rechazo del realismo. Los autores se angustian porque no encuentran sentido a la existencia humana. Durante esta época, Ortega y Gasset ya postulaba la «muerte de la novela». Por ello, los novecentistas quieren renovar el género con distintas estrategias narrativas.
En este tiempo, el argumento pierde valor en favor de las impresiones rápidas, cercanas a la lírica, o a las digresiones intelectuales. El narrador no es la única perspectiva que encontramos en el texto.
La novela de este periodo se caracteriza por:
- Novela deshumanizada: una reflexión del hombre que se produce a través del humor, la inteligencia o el ingenio.
- Dirigida a una minoría preparada.
- Ausencia de una estructura determinada.
- Los protagonistas no evolucionan.
- Rechazo del realismo y el sentimentalismo.
- Gran preocupación por los rasgos formales y el lenguaje.
1.1. Gabriel Miró
Dentro de sus novelas encontramos un enfoque muy lírico, con descripciones minuciosas y subjetivas. Comienza con obras como Las cerezas del cementerio, más en la línea modernista, que retrata a un protagonista decadente y apasionado en un paisaje sensual. Tras ello, encontramos Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso. Son el ejemplo más representativo de las novelas líricas: obras en las que es más importante la descripción de ambientes que la trama y en las que encontramos una gran psicología de los personajes. Ambas se inspiran en Oleza, ciudad muy del gusto noventayochista.
1.2. Ramón Pérez de Ayala
Su obra reconoce dos grandes etapas:
- Primera etapa: De índole realista con una visión pesimista. Destaca un gran número de novelas autobiográficas, pues el autor se esconde a través de un alter ego llamado Alberto Díaz de Guzmán. Entre ellas, podemos mencionar La pata de la raposa. En una línea más crítica encontramos A.M.D.G., que describe un internado administrado por jesuitas.
- Novelas de transición: Presentan una visión muy negra de la vida rural. Destaca Luz de domingo.
- Segunda etapa: Aquí encontramos las llamadas novelas intelectuales. Muestra un proceso de intelectualización similar al que se da en Europa. Mezcla personajes grotescos, humor y seriedad. Destaca Belarmino y Apolonio, obra en la que se acerca al ensayo y presenta un simbolismo caricaturesco. La mejor novela de este autor ha sido considerada Tigre Juan.
Este autor se caracteriza por la ironía, las citas encubiertas y la intertextualidad. Dio lugar a la novela intelectual, donde lo importante no es la acción, sino los diálogos y las ideas.
2. El ensayo
A principios del siglo, el regeneracionismo era el tema por excelencia. Por ello, el mejor género para exponer ideas sobre la interpretación social y cultural de España fue el ensayo. A través de él, los autores reflejaban su inquietud por las cuestiones del espíritu, creando ensayos de Ciencias Humanas y filosofía.
Algunos de los ensayistas más conocidos son Eugenio D’Ors, Manuel Azaña, Américo Castro, Salvador de Madariaga o Gregorio Marañón. Frente a ellos, destaca la figura de José Ortega y Gasset.
2.1. José Ortega y Gasset
Es el referente del grupo y el gran filósofo del siglo XX. Fundó la conocida Revista de Occidente. Ortega se sitúa como un espectador ante la sociedad española y analiza con «amor intelectual» temas muy diversos (historia, política, etc.). Posee un estilo claro y elegante, manejando con maestría las metáforas.
En filosofía, sus teorías se sitúan entre el racionalismo y el vitalismo. Destacan ensayos como Meditaciones del Quijote, La rebelión de las masas o La España invertebrada.
Su obra estética más importante es La deshumanización del arte. En ella define el arte joven como un arte «impopular», dirigido a una minoría selecta. Según Ortega, este nuevo arte es:
- Arte puro y deshumanizado: valorado por sus cualidades formales y no por los sentimientos.
- Arte intelectual: utiliza metáforas y la obra tiene valor en sí misma.
Para Ortega, la novela es un género acabado. Por tanto, debía dejar de lado la trama y prescindir de definir ambientes y personajes, priorizando la estructura y el estilo.