Las Pruebas Racionales de la Existencia de Dios en Tomás de Aquino: Fundamentos y Críticas Escolásticas

El Debate entre Razón y Fe en la Demostración de la Existencia Divina

El problema central que se plantea es si la existencia de Dios puede demostrarse únicamente mediante la razón humana, sin apoyarse en la fe. Este intento ya había sido realizado anteriormente por la teología cristiana, como en el caso de Anselmo, aunque en su propuesta la definición de Dios estaba basada en la fe, siguiendo la idea de “creo para entender”.

Tomás de Aquino, de acuerdo con la tradición cristiana, mantiene que la verdadera sabiduría procede de la revelación, como afirmaba Agustín al decir que sin creer no se puede entender. Sin embargo, también sostiene que la razón humana, al buscar la verdad, no puede contradecir a la fe. Por ello, las demostraciones de la existencia de Dios no deben partir de ningún presupuesto religioso, llegando incluso a admitir, en la tercera vía, la posibilidad de que el mundo sea eterno.

Las Cinco Vías: Argumentos Racionales de Santo Tomás

Tomás de Aquino presenta cinco vías para demostrar racionalmente la existencia de Dios, todas ellas con una misma estructura argumentativa:

  1. Punto de partida: Se parte de hechos que podemos percibir con los sentidos, como el movimiento de las cosas, la relación de causa y efecto, la contingencia de los seres, los distintos grados de perfección o el orden del mundo.
  2. Necesidad de explicación: Se afirma que aquello que observamos necesita una causa anterior que lo explique.
  3. Refutación del infinito: Se defiende que no es posible una cadena causal infinita, ya que, de ser así, nunca podría producirse ningún acontecimiento.
  4. Conclusión: Finalmente, se concluye que debe existir un primer principio que sea causa de todo lo demás, y a ese primer principio se le llama Dios.

Influencias Filosóficas y la Noción de Ser

Estas demostraciones reflejan claramente la influencia del pensamiento aristotélico, así como de la tradición platónica, tal como fue interpretada en la Edad Media, especialmente a través de filósofos árabes y judíos como Avicena, Averroes y Maimónides.

Dios es entendido como el ser que existe plenamente, el ipsum esse subsistens, es decir, el ser mismo que existe por sí. No se trata ya de la noción de esencia, sino del ser en sentido existencial. Por esta razón, la prueba no se basa en una reflexión puramente conceptual, como ocurría en Anselmo, sino que parte de hechos contingentes para llegar a un Dios que no puede ser conocido directamente por el entendimiento humano. Esta dificultad no se debe a nuestras limitaciones, sino a que Dios no puede ser definido mediante conceptos ni predicados, ya que es el existir mismo que fundamenta todo lo que existe. De este modo, todo lo que hay es creado ex nihilo, como ha defendido la teología cristiana medieval occidental.

La Crisis de la Metafísica Escolástica: Escoto y Ockham

Sin embargo, la metafísica escolástica y el pensamiento medieval entran en crisis con filósofos como Duns Escoto y Guillermo de Ockham.

  • Duns Escoto: Critica que, en la filosofía de Tomás de Aquino, Dios sea necesario únicamente para explicar ciertos hechos contingentes, lo que implica que, si esos hechos no son necesarios, tampoco lo sería su causa, es decir, Dios.
  • Guillermo de Ockham: Niega la posibilidad de demostrar racionalmente cuestiones que no proceden de la experiencia, como la imposibilidad de una cadena causal infinita o la idea de que todo lo que se mueve necesita un motor. Además, considera que el carácter necesario de estos principios entra en conflicto con la omnipotencia divina. Para Ockham, todo lo que va más allá de la experiencia pertenece al ámbito de la fe, mientras que la razón debe apoyarse únicamente en la experiencia, idea que se resume en la llamada “navaja de Ockham”.

Con estas críticas se abre el camino hacia la filosofía moderna.


Detalle de las Cinco Vías Demostrativas

Primera Vía: El Argumento del Movimiento

Tomás de Aquino parte del hecho observable de que las cosas se mueven. Todo lo que se mueve es movido por otro, ya que nada puede moverse a sí mismo al mismo tiempo y en el mismo sentido. Si todo lo que se mueve necesitara a su vez otro motor, se produciría una cadena infinita de motores, lo cual es imposible, porque entonces el movimiento no se daría nunca. Por ello, es necesario admitir la existencia de un primer motor que no sea movido por otro, y a este primer motor se le llama Dios.

Segunda Vía: El Argumento de la Causa Eficiente

Esta vía se basa en la relación de causa y efecto que observamos en la realidad. Todo lo que existe tiene una causa eficiente que lo produce, y nada puede ser causa de sí mismo, ya que para causarse debería existir antes de existir. No es posible una serie infinita de causas, porque entonces no habría una causa primera y, por tanto, no existirían los efectos actuales. Por ello, debe existir una primera causa eficiente que no sea causada por otra, y esa causa es Dios.

Tercera Vía: El Argumento de la Contingencia

Tomás observa que los seres del mundo son contingentes, es decir, pueden existir o no existir. Aquello que es contingente en algún momento no existe. Si todo lo que existiera fuera contingente, habría habido un momento en el que no existiera nada. Pero si en algún momento no existió nada, nada podría existir ahora. Por tanto, es necesario que exista al menos un ser necesario, que tenga en sí mismo la razón de su existencia y no dependa de otro. Este ser necesario es Dios.

Cuarta Vía: El Argumento de los Grados de Perfección

En la realidad encontramos distintos grados de perfección, como mayor o menor bondad, verdad o nobleza. Estos grados suponen la existencia de un máximo en cada género, que es la causa de las perfecciones de los demás. Así como el fuego es causa del calor en las cosas calientes, debe existir un ser que sea máximo en perfección y que sea causa de las perfecciones de todos los seres. A este ser absolutamente perfecto se le llama Dios.

Quinta Vía: El Argumento del Orden o del Gobierno del Mundo

Esta vía parte del orden que se observa en la naturaleza. Los seres naturales, incluso aquellos que no tienen conocimiento, actúan de manera regular y orientada a un fin. Esto indica que no actúan por azar, sino dirigidos hacia un fin. Aquello que no tiene conocimiento no puede dirigirse a un fin por sí mismo, sino que debe ser dirigido por un ser inteligente. Por ello, debe existir una inteligencia suprema que ordene la naturaleza y la dirija hacia sus fines, y esa inteligencia es Dios.