La novela española tras la Guerra Civil y el Franquismo
El final de la Guerra Civil y la implantación de la dictadura franquista traerán consecuencias negativas. A partir de los años 50 habrá un desarrollo económico y una moderada modernización durante los años 60. Muchos artistas son exiliados, marcados por la censura y por el peso de la dictadura, que durará hasta 1975. En el exilio surgen autores como Ramón J. Sender o Max Aub.
La década de los 40: Novela ideológica y existencialista
Los años 40 están marcados por la censura. En esta década surge, por un lado, la novela ideológica, escrita por jóvenes afines al Régimen, que siguen las técnicas narrativas tradicionales; como ejemplo, destaca El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez.
Por otro lado, aparece la novela existencialista, donde confluye el tremendismo —inaugurado con la publicación de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (con un tono pesimista y violento)— y el existencialismo con la novela Nada de Carmen Laforet, que refleja la amargura de la vida cotidiana desde un punto de vista existencial.
Los años 50: El realismo social
En los años 50 hablamos de otra tendencia que es la del realismo social, donde los autores intentan reflejar con objetividad los recuerdos de la guerra, los conflictos de la vida colectiva española, los ambientes concretos del trabajo, el mundo rural o el ambiente burgués provinciano.
Como temas destacados están la posguerra, la dureza de la vida y la soledad. Pretenden que sus novelas tengan una utilidad social para mejorar las condiciones de vida del hombre. Esta corriente destaca por sus intenciones ideológicas y por sus innovaciones técnicas:
- Mayor peso del diálogo.
- Secuenciación de escenas.
- Aparición del personaje-tipo.
- Lenguaje que refleja el habla popular y el estilo directo junto a descripciones de ambientes.
La novela que más claramente representa esta tendencia es La colmena de Camilo José Cela. También podemos destacar a Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama) y a Carmen Martín Gaite (Entre visillos).
Los años 60 y 70: La novela experimental
En los años 60 y 70 predomina la novela experimental, influenciada por los grandes cambios sociales y también en la literatura. Podemos señalar el comienzo de esta tendencia con la publicación en 1962 de Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, que destaca por la introducción de nuevas técnicas narrativas (contrapunto, monólogo interior, el juego de perspectivas y los saltos temporales en el relato).
Otra de las grandes novelas experimentales es Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, compuesta por un largo monólogo. Por último, otro autor destacable de esta tendencia es Juan Marsé con su obra Últimas tardes con Teresa.
El contexto de las Vanguardias Literarias
El primer tercio del siglo XX supone un período de inestabilidad política tanto en España, con la dictadura de Primo de Rivera que desembocará en la proclamación de la Segunda República, como en el resto del continente europeo (fin de la Primera Guerra Mundial; Revolución Rusa). En Hispanoamérica, orbita la convulsión que supuso la Revolución Mexicana y la desigualdad entre clases sociales.
Los Ismos Europeos
En este contexto surgen en Europa las vanguardias, entendidas como movimientos artísticos que proponen una visión novedosa del arte. Los ismos más importantes son:
- Futurismo: Fundado por Marinetti, defiende los avances tecnológicos y la innovación formal en poemas.
- Cubismo: Iniciado por Picasso, donde el poema se considera una entidad autónoma que elimina lo circunstancial para ofrecer una visión fragmentada de la realidad (Gerardo Diego, Manual de espumas).
- Dadaísmo: Fundado por Tristan Tzara, exaltando la irracionalidad mediante un lenguaje absurdo.
- Surrealismo: Iniciado por André Breton, cuyos autores, siguiendo a Freud, reivindican el subconsciente, el sueño y el símbolo por medio de la escritura automática (Lorca: Poeta en Nueva York; Cernuda: Sobre los ángeles).
Ismos Hispánicos y Ramón Gómez de la Serna
Como ismos eminentemente hispánicos, se encuentran el creacionismo y el ultraísmo.
El creacionismo, movimiento iniciado en Hispanoamérica por el chileno Vicente Huidobro con obras como Altazor, defiende que el poema no debe imitar la naturaleza sino crearla en sus versos. El ultraísmo, impulsado con la revista Ultra, donde escribían Guillermo de la Torre y el argentino Jorge Luis Borges, muestra con el uso de la metáfora y el verso libre los avances tecnológicos de la vida moderna. Además, en Hispanoamérica destaca la producción de César Vallejo (que da cabida prácticamente a todos los ismos).
En España, encarna el nuevo espíritu de la vanguardia Ramón Gómez de la Serna, que divulgó en la revista Prometeo la necesidad de un cambio radical en la creación artística. Capta lo absurdo del mundo a través de la incoherencia y la fragmentación. De esta forma crea sus greguerías, género que mezcla la metáfora y el humor para reflejar la realidad. Esta sería la base de su novela vanguardista, como se ve en El hombre perdido.
En conclusión, estos ismos y la labor de Gómez de la Serna marcarían definitivamente los devenires literarios de la Generación del 27.