El Antiguo Régimen y la Crisis de 1808
La Guerra de Sucesión Española (1701-1714)
El conflicto enfrentó a dos bandos principales:
- Felipe V (Borbón): Apoyado por la Corona de Castilla y el País Vasco.
- Austracistas (Carlos de Austria): Apoyados por la Corona de Aragón.
La victoria de Felipe V supuso la instauración del absolutismo borbónico. Felipe V abolió los fueros de Aragón, mientras que el País Vasco los mantuvo por su fidelidad a la causa borbónica.
Los Borbones del Siglo XVIII
Carlos III (Rey de las Dos Sicilias)
Impulsó el Despotismo Ilustrado, buscando mejorar la economía y la organización del Estado, con el rey como ideal del hombre ilustrado.
Carlos IV y la Crisis Monárquica
La Revolución Francesa (1789) trajo ideales revolucionarios que chocaron con la política ilustrada. La gestión del gobierno recayó en Manuel Godoy (valido), quien se ganó la oposición de la aristocracia y la Iglesia.
La Crisis de 1808
La monarquía de Carlos IV se debilitó por varios factores:
- La desamortización de Godoy (1798), mal vista por la Iglesia y la aristocracia.
- La derrota en la Batalla de Trafalgar (1805).
- El Tratado de Fontainebleau (1807), que permitió la entrada de tropas francesas para invadir Portugal.
La aristocracia, defensora de Fernando VII (hijo de Carlos IV), forzó la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo durante el Motín de Aranjuez.
La Guerra de la Independencia y el Gobierno de José I
Napoleón convocó a Fernando VII, Carlos IV y Godoy en Bayona (1808). Ante la ausencia de la familia real, el pueblo se levantó contra los franceses el 2 de Mayo. En Bayona, Fernando VII cedió el trono a José Bonaparte (José I).
El Estatuto de Bayona fue una declaración de derechos y reformas liberales que reconoció a José Bonaparte como rey de España.
La Guerra de la Independencia se caracterizó por:
- Las Guerrillas.
- La organización mediante Juntas.
- La convocatoria de Cortes.
El conflicto finalizó con el Tratado de Valençay (1813), que permitió el regreso de Fernando VII al trono.
Consecuencias de la Guerra
- Aproximadamente 300.000 muertos.
- Ciudades, pueblos e infraestructuras (puentes, canales) fueron saqueadas y destruidas.
- Despertó el deseo de independencia en las colonias españolas.
- División ideológica entre Afrancesados y Patriotas (absolutistas y liberales).
- Se inició la instauración del liberalismo en España, impulsado por las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812.
La Guerra de la Independencia (1808–1814)
A inicios del siglo XIX, España estaba debilitada por la crisis económica, política y por la influencia francesa. Napoleón aprovechó para intervenir y, tras las Abdicaciones de Bayona, impuso como rey a su hermano José I Bonaparte.
La reacción del pueblo español fue inmediata con el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid, seguido por todo el país. La guerra se caracterizó por la resistencia popular mediante guerrillas, el apoyo del ejército regular español y la ayuda británica del duque de Wellington.
Fue un conflicto durísimo, con destrucción, represión y batallas importantes como Bailén, Zaragoza o Arapiles. Al mismo tiempo, en zonas ocupadas había afrancesados que defendían las reformas ilustradas de los franceses.
La guerra terminó con la derrota napoleónica y el regreso de Fernando VII, que restauró el absolutismo.
Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
Durante la guerra, Cádiz —ciudad nunca ocupada por los franceses— reunió a las Cortes, que aprobaron en 1812 la primera constitución liberal española, conocida popularmente como La Pepa.
Sus principales contenidos fueron:
- Soberanía nacional: el poder reside en la nación y no en el rey.
- División de poderes.
- Monarquía constitucional.
- Sufragio universal masculino indirecto.
- Derechos individuales: libertad de imprenta, igualdad ante la ley, abolición de los señoríos, supresión de la Inquisición.
La Constitución de 1812 marcó el inicio del liberalismo español, aunque fue anulada por Fernando VII al regresar.
El Sexenio Democrático (1868–1874)
En 1868 estalló la revolución conocida como La Gloriosa, que derrocó a Isabel II debido a la crisis económica, la corrupción y el desprestigio monárquico. Se abrió una etapa de experimentación política.
Primero, un Gobierno Provisional redactó la Constitución de 1869, la más liberal del siglo XIX, que reconocía amplias libertades y sufragio universal masculino.
En 1871 fue elegido rey Amadeo I de Saboya, un monarca extranjero que no logró estabilizar el país: sufrió oposición de monárquicos, republicanos, carlistas y de su propio ejército. Abdicó en 1873.
Con su renuncia se proclamó la I República, una etapa breve e inestable marcada por conflictos internos (división entre republicanos federales y unitarios), el cantonalismo, la guerra carlista y la crisis económica.
En 1874, el golpe de Pavía y la acción de Cánovas cerraron el período democrático y prepararon la Restauración borbónica.
La Restauración: Bases del Sistema Político (1874–1923)
Con Alfonso XII vuelve la monarquía. Cánovas del Castillo diseñó un sistema político para garantizar la estabilidad, basado en:
- La Constitución de 1876, flexible y moderada.
- El Turno de partidos entre conservadores y liberales, pactado de antemano.
- El Caciquismo y pucherazo, que manipulaban las elecciones mediante redes locales.
- Un Estado centralista, aunque permitía cierta tolerancia política.
El régimen pretendía evitar golpes de Estado y alternancia violenta, pero realmente impedía una democracia real.
Fuerzas y Oposición al Sistema de la Restauración
El turnismo excluía a gran parte de la sociedad, por lo que surgieron movimientos opositores:
- Republicanos, divididos pero fuertes en las ciudades.
- Nacionalismos periféricos:
- Catalán (Renaixença, Lliga).
- Vasco (Sabino Arana).
- Gallego, aunque más cultural.
- Movimiento obrero, dividido entre:
- Socialistas: PSOE (1879) y UGT (1888).
- Anarquistas, que crecieron en Cataluña y Andalucía (CNT en 1910).
- Carlistas, aún presentes en zonas rurales.
Estas fuerzas denunciaban la corrupción, la desigualdad y la falta de democracia.
Política Colonial y el Desastre del 98
En el siglo XIX, España conservaba Cuba, Puerto Rico y Filipinas, que tenían una gran importancia económica. Sin embargo, sufrían impuestos elevados y falta de reformas, lo que impulsó movimientos independentistas.
La intervención de Estados Unidos en Cuba en 1898 provocó una guerra rápida donde España fue derrotada.
Como resultado, se perdieron Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.
El Desastre del 98 generó una profunda crisis moral, política y económica, dando lugar a la Generación del 98 y al debate sobre la necesidad de modernizar el país.
Economía y Sociedad en la Restauración
La industrialización española fue desigual y tardía:
- Cataluña desarrolló la industria textil.
- El País Vasco creció con la siderurgia y minería.
- Madrid se consolidó como centro administrativo.
La agricultura seguía siendo predominante, con grandes latifundios en el sur y minifundios en el norte.
La sociedad estaba marcada por fuertes desigualdades:
- Burguesía industrial y financiera en crecimiento.
- Amplia clase obrera urbana con malas condiciones laborales.
- Persistencia del campesinado empobrecido.
La Cuestión Social
La aparición del proletariado trajo conflictos laborales: huelgas, reivindicaciones y asociaciones obreras.
Los socialistas buscaban mejoras legales y reformas; los anarquistas apostaban por la acción directa, huelgas generales y, en algunos casos, atentados.
El Estado reaccionó con una combinación de represión y tímidas reformas laborales, insuficientes para resolver el problema.
La Crisis Final de la Restauración (1898–1923)
A comienzos del siglo XX, el sistema restauracionista se debilitó por:
- La crisis colonial, que desacreditó al ejército y al gobierno.
- El aumento del conflicto social, especialmente en ciudades industriales (Semana Trágica de 1909, huelga general de 1917).
- El desarrollo del nacionalismo catalán y vasco, que reclamaba autonomía.
- El Desastre de Annual (1921) en Marruecos, que provocó indignación contra Alfonso XIII.
- El agotamiento del turnismo, incapaz de responder a los problemas reales.
En 1923, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado con apoyo del rey, instaurando una dictadura y poniendo fin al régimen de la Restauración.