Luis Cernuda: la noche, el deseo y la libertad en su poesía

La noche a la ventana

Una décima (estrofa de diez versos octosílabos con rima consonante y esquema abbaaccddc) es la forma que Cernuda utiliza para ofrecernos una descripción ingeniosa del amanecer.

El poema describe el amanecer. La expresión «la luz dudosa despierta» se refiere a cómo la claridad aparece poco a poco al empezar el día. La noche se va retirando hacia las estrellas y el horizonte está «alerta» porque allí surge la primera luz. La luz, el aire y el horizonte se unen para expulsar la oscuridad en la hora del amanecer, calificada de «cándida» por su blancura y claridad.

La desaparición de la noche provoca una especie de sonrisa o alegría silenciosa, que el poeta describe de forma poética. Al final, se compara la persiana verde que frena la luz con las ramas de los árboles, mostrando la lucha entre la luz y la oscuridad, aunque la luz termina imponiéndose.

No intentemos el amor nunca

Es una mezcla de realidad y deseo, con el realismo presente; destacan la ausencia de rima y la presencia de versos anisosilábicos y muy largos. Se trata de un poema de carácter moral (experiencial) en el que se ofrece un consejo sobre un modo de vida.

Personificación: Cernuda se identifica con el mar.

Hay un pesimismo total en el poema; la sencillez fabular no hace sino subrayar aún más la dureza de su final. El título, a modo de moraleja, previene acerca de los peligros de buscar el amor cuando este no hallará respuesta. Cernuda escribió el poema en Madrid en julio de 1929, y en él ya ha abandonado por completo la métrica regular. Se trabaja con versículos (combinaciones de versos impares: 11, 15, 9, 7, 14…) y se consigue el ritmo mediante la repetición, el paralelismo y la anáfora.

Todo esto por amor

El poema tiene tres estrofas y utiliza imágenes surrealistas que, aunque parecen confusas, transmiten un mensaje claro: superar las dificultades y mantener la esperanza, aunque sea pequeña. Por eso el tono es optimista, en contraste con el resto del libro, y anticipa el espíritu de Los placeres prohibidos. Además, abandona las formas tradicionales y recurre al versículo.

En la primera estrofa aparecen imágenes muy visuales para hablar de fuerzas que destruyen la vida y los deseos. Los «gigantes de los árboles» representan la fuerza, la naturaleza y los instintos humanos, que son derribados para imponer algo pasivo y sin vida, como «un durmiente». Esto simboliza cómo la sociedad trata de eliminar los deseos y la espontaneidad del ser humano. También se destruyen «instintos como flores» y «deseos como estrellas», símbolos de belleza y sueños. Sin embargo, queda una pequeña esperanza: las flores vuelven a crecer y la luz de las estrellas persiste.

Estas fuerzas buscan homogeneizar a todos, crear un «hombre según las normas» que elimine lo diferente. El poeta se rebela y desafía a quienes destruyen, afirmando que aunque intenten acabar con el amor o con el cuerpo, no podrán eliminar el deseo, porque este permanece vivo en el interior humano. En la última estrofa, el poeta deja la ironía y habla desde lo personal: su amor es secreto y oculto porque no puede mostrarse libremente. Se refiere con claridad a su amor homosexual, no aceptado por la sociedad, pero sentido como algo natural y lleno de vida. Emplea imágenes poéticas para expresar su sueño de un mundo donde el amor sea libre, sin límites ni normas, y donde su deseo pueda realizarse. Aunque encuentre oposición, el poeta mantiene la esperanza de alcanzar ese amor en el futuro.

La canción del oeste

El oeste simboliza un lugar lejano que, aun siendo remoto, es patria de todos los deseos. El jinete representa al ser humano que se entrega a sus impulsos. La víbora o serpiente alude a la tentación. En los primeros versos el poeta nos muestra cómo ve a hombres que le atraen pero con los que no puede hacer nada.

En la estrofa siguiente continúan las imágenes de destrucción y pérdida. La hoguera que convierte los recuerdos en ceniza simboliza el olvido. La noche con una sola estrella y la sangre que se escapa por las venas representan la pérdida de la pasión y la confusión. Todo acaba en una «triste buhardilla», un lugar donde se guardan cosas inútiles u olvidadas, símbolo de un amor o una experiencia pasada que solo produce tristeza. Además, la expresión «color de» se utiliza para expresar estados de ánimo y es típica del surrealismo.

En la estrofa final se muestra que ese paraíso soñado, ese «oeste», está muy lejos y no se puede alcanzar. Antes se creía posible lograrlo, pero ahora la realidad es otra. La luna, símbolo del deseo, deja de ser algo ligero y etéreo y se vuelve dura, «de madera». Las manos se deshacen en lágrimas, expresión de frustración y dolor al constatar que el deseo no puede realizarse.

Telarañas cuelgan de la razón

Presencia notable de metáforas, verso libre e imágenes. Cernuda anhelaba la libertad sexual y fue uno de los primeros en manifestar abiertamente su homosexualidad en la poesía española. Declara que es diferente y que la sociedad no acepta esa diferencia; asume quién es y, con ello, acepta los problemas que de ello se derivan.

La lámpara representa la inteligencia constante; en el poema las telarañas personifican ese tipo de lámpara que existía en la época. La «araña de la razón» simboliza, de forma irónica, la lógica y la razón contra las que lucha el poeta. Cuando domina la razón, desaparecen la pasión y la vida, y solo quedan ceniza y muerte.

El «huracán del amor» ya ha pasado y no queda nada vivo, lo que muestra el final de la pasión. Alguien ha «dividido en dos un cuerpo», lo que sugiere que la pareja se ha roto, ya sea porque uno se marchó o por la intervención de otra persona. Tras la ruptura, el poeta acepta que debe ser más prudente y contener sus sentimientos, aunque sabe que algo se ha perdido para siempre. Solo queda esperar con paciencia a que el amor vuelva y la vida se llene de nuevos deseos.

En la última estrofa, el poeta se dirige directamente al amante que lo ha abandonado, al que vuelve a llamar cruel porque no comprende el dolor ni la soledad que su marcha ha causado. Ese «tú» invocado es un apóstrofe. Para expresar este lamento, Cernuda emplea verso libre y versículos, lo que aporta mayor libertad y emoción al poema.

No decía palabras

Se usa una estructura circular en la que se trata el tema del cuerpo del objeto de deseo: ¿quién es esa persona? Si llegas a conocerlo completamente, deja de ser misterio y, por tanto, deja de ser deseo. El deseo es, en cierto modo, incognoscible. En la segunda estrofa aparecen los síntomas de ese deseo: la angustia representa la incertidumbre que lo acompaña, y cuando esa angustia desaparece, el deseo también tiende a desvanecerse.

En esta estrofa se explica cómo nace el deseo dentro del cuerpo y cómo aflora al exterior. El deseo se presenta como algo natural y biológico, muy ligado a los instintos y a la parte más animal del ser humano, por lo que se utilizan imágenes corporales y orgánicas. Aun así, ese deseo acaba convirtiéndose en una pregunta, en algo que busca respuesta. A continuación se muestran situaciones sencillas que provocan el deseo, como un roce, una mirada o un gesto. Esto desencadena una entrega total, expresada con la imagen de que «el cuerpo se abre en dos» para recibir a otro cuerpo. Ese otro cuerpo es igual al primero en forma, amor y deseo, lo que deja claro que se trata de un amor homosexual.