Transformación de Hispania: El Reino Visigodo y el Esplendor de Al-Ándalus

Las invasiones bárbaras y el reino visigodo: instituciones y cultura

En el año 409, en plena decadencia del Imperio Romano, penetraron en la Península unos pueblos germanos (vándalos, suevos y alanos), saqueando y devastando el territorio. Roma pidió ayuda a los visigodos (pueblo germano romanizado) con los que tenía una alianza (hospitalitas) por la que les concedió tierras en el sur de Francia y en Hispania a cambio de expulsar a los invasores; sin embargo, no pudieron expulsar a los suevos, que se establecieron en Galaecia.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, la presión de los francos les obligó a replegarse sobre Hispania, donde se instalaron unos 200.000 godos en una región en la que ya vivían 4 millones de hispanorromanos. Establecieron la capital en Toledo (s. VI). Al principio existió una separación entre los dos pueblos: había una administración goda y otra hispanorromana, bajo dos leyes distintas: el Código de Eurico (visigoda) y la Lex Romana Visigothorum (hispanorromanos).

Instituciones y unificación

La monarquía visigoda era electiva, lo que provocaba constantes conflictos. El rey ostentaba el poder, pero era ayudado por el Officium Palatino y asesorado por el Aula Regia. Más tarde, legislaría con la ayuda de los Concilios de Toledo, mientras el Dux y el Comes Civitatis se encargaban de la administración territorial.

A finales del siglo VI consiguieron expulsar a los suevos, aunque no pudieron obtener el control total de la zona cantábrica y tuvieron que defenderse de los francos. Paulatinamente, se fueron adaptando a la civilización romana tras adoptar el latín. El territorio se unificó cuando Recaredo, en el año 589, se convirtió del arrianismo al catolicismo. Posteriormente, en el Concilio de Toledo del 653, se creó un código legal único para todos: el Liber Iudiciorum.

Cultura y fin del reino

Bajo este sistema, la Iglesia fue ganando poder, sus concilios se convirtieron en asambleas legislativas y los judíos serían brutalmente perseguidos. Desde el punto de vista cultural, destacan las tumbas godas y pequeñas iglesias como San Juan de Baños. El autor más importante fue San Isidoro de Sevilla, autor de las Etimologías.

Desde la mitad del siglo VII, el debilitamiento de la monarquía frente a la nobleza dio lugar a la feudalización. Una disputa sucesoria entre los partidarios de Witiza y los de Don Rodrigo facilitó la irrupción de los musulmanes en la península y el fin de la monarquía visigoda, tras la derrota en la batalla de Guadalete (711).

Evolución política: Conquista, Emirato y Califato de Córdoba

La llegada de los musulmanes a la Península Ibérica se enmarca en el proceso de guerra santa y de expansión territorial del Islam, iniciado en el siglo VII. Ante el llamamiento de los visigodos rivales de Rodrigo, en el 711 unos 12.000 musulmanes dirigidos por Tariq le derrotaron y el reino se derrumbó. Poco después llegaría Musa con más soldados árabes y juntos iniciaron la conquista.

En el 714 ya habían ocupado las principales ciudades, como Toledo. El avance fue rápido gracias a los pactos entre visigodos y musulmanes; además, los campesinos y artesanos fueron respetados y los judíos les apoyaron. El nuevo estado se denominó Al-Ándalus y, hasta el 756, fue un Emirato Dependiente del califa omeya de Damasco. Intentaron expandirse hacia el norte, pero sufrieron una derrota contra los francos en Poitiers.

El Emirato Independiente

En el año 750, los abasíes se hicieron con el control del califato. El único superviviente, el príncipe omeya Abd al-Rahman I, huyó a Al-Ándalus creando el Emirato Independiente (755-929), que rechazaba la autoridad política de los abasíes. Se estableció en Córdoba, capital de Al-Ándalus, y desarrolló la ciudad, iniciando la construcción de la Mezquita.

Hubo varias fases de tensiones entre árabes y bereberes, pero la llegada de Abd al-Rahman II consiguió pacificarlas y unificar el territorio. Finalmente, en el 929, Abd al-Rahman III se proclamó califa, no admitiendo otro poder político o religioso distinto al suyo y tomando el nombre de al-Nasir.

El Califato de Córdoba y su disolución

Así surgía el Califato de Córdoba (929-1031). Al-Nasir actuó como un autócrata, logrando un gran auge económico y obligando a pagar tributos a los reinos cristianos. Su hijo, Al-Hakam II, llevó a Córdoba a su máximo esplendor cultural. A su muerte, le sucedió su hijo menor de edad, Hisham II, lo que permitió que fuera tutelado por su visir Al-Mansur, quien realizó 55 expediciones (aceifas) contra los cristianos, venciendo en casi todas.

Tras su muerte, le sucedió como visir su hijo Abd al-Malik, quien respetó a Hisham como califa. Sin embargo, a su fallecimiento le sucedió su hermano Abd al-Rahman «Sanchuelo», quien desencadenó una crisis política al intentar que el califa le nombrara sucesor. Fue asesinado en 1009 y, desde entonces, Al-Ándalus quedó sumida en rebeliones y ataques palaciegos hasta que, en 1031, una asamblea de nobles declaró extinguido el Califato.