Guerra de Sucesión Española, Paz de Utrecht y Decretos de Nueva Planta: Ilustración y Despotismo Ilustrado en España (1701–1716)

Estándar 1.1

Explica las causas de la Guerra de Sucesión Española y la composición de los bandos en conflicto.

La muerte sin descendencia del rey Carlos II desencadenó un gran conflicto, tanto nacional como internacional, en torno a los dos candidatos al trono español: el archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Borbón. De acuerdo con el testamento del difunto monarca, éste último debía ser proclamado rey de España. La Casa de Austria, buena parte de la nobleza de la Corona de Aragón y las potencias que rivalizaban con Francia en el continente no aceptaron de buen grado esta decisión.

De esta manera, en 1701 comenzaba la Guerra de Sucesión Española, un conflicto bélico que se prolongó hasta 1713. Al margen de la cuestión dinástica, en este acontecimiento también se enfrentaron dos modelos de Estado y de administración: el de los Austrias, tradicionalmente pactista, que respetaba las instituciones de los reinos y su legislación; y el de los Borbones, que importaba el modelo francés absolutista, unificador y centralizador.

Si bien existieron importantes excepciones en ambos territorios, puede afirmarse que Castilla apoyó a Felipe de Borbón, mientras que Aragón se decantó por el bando de los Austrias. Finalmente, tras más de una década de guerra, en 1713 se firmó la Paz de Utrecht. Por medio de ella, y bajo una serie de condiciones que debían aceptar los Borbones españoles —cabe destacar la renuncia al trono francés—, se reconocía a Felipe de Anjou (Felipe V) como rey de España y, por tanto, se instauraba una nueva dinastía en el país.

Estándar 1.3

Detalla las características del nuevo orden europeo surgido de la Paz de Utrecht y el papel de España en él.

En 1713 y 1714 se firmaron los tratados de Utrecht y de Rastatt, que pusieron fin a la Guerra de Sucesión y permitieron la instauración de la dinastía borbónica en España. Estos acuerdos tuvieron una especial relevancia en la política internacional del siglo XVIII, pues establecieron un nuevo sistema de relaciones entre estados basado en la idea de equilibrio entre las distintas potencias.

Como consecuencia de esos acuerdos, España perdió sus posesiones en Flandes e Italia. El primero de estos territorios pasó a manos austriacas, mientras que las posesiones italianas se repartieron entre las casas de Saboya y de Austria. A pesar de estas pérdidas, los Borbones lograron conservar las posesiones americanas.

En el Reino Unido, con la adquisición de Gibraltar y Menorca, se consolidaba una posición privilegiada en el mar gracias a su poderosa flota y al control de enclaves costeros estratégicos. Además, los británicos lograron introducir sus productos en el mercado americano gracias a la concesión del llamado navío de permiso y a su predominio en el monopolio sobre el tráfico de esclavos de origen africano.

Las restantes potencias europeas aceptaron la política del equilibrio continental, que tendía a evitar el predominio de una de ellas sobre las demás.

Estándar 2.1

Define qué fueron los Decretos de Nueva Planta y explica su importancia en la configuración del nuevo Estado borbónico.

Al finalizar la Guerra de Sucesión, uno de los principales objetivos de Felipe V fue reducir la complejidad legal e institucional de sus reinos. Con ese fin emprendió la uniformización de todos ellos tomando a Castilla como modelo, dando comienzo así la historia del Estado español como una unidad de carácter político-administrativo. En ese proceso, los Decretos de Nueva Planta fueron, sin lugar a dudas, el principal instrumento de la monarquía para llevar a cabo la reforma administrativa. Se aplicaron en Aragón y Valencia en 1707, en Mallorca en 1715 y en Cataluña en 1716.

Con el término «Nueva Planta de Gobierno» se expresaba la idea de una profunda reforma del gobierno y de la administración de los territorios de la Corona de Aragón, siguiendo criterios similares en cada reino. Esto supuso la sustitución del pactismo de los Austrias por el absolutismo de los Borbones, así como la asimilación al modelo castellano.

En todos los territorios de la Corona de Aragón se eliminaron los consejos de los respectivos reinos y se introdujeron las leyes de Castilla. Además, en lugar de contar con un virrey, la autoridad quedó desempeñada por capitanes generales. Los Decretos suprimieron también las fronteras administrativas que separaban los reinos entre sí. Por último, cabe destacar la conversión del castellano en la lengua oficial del reino y la unificación general del sistema de impuestos mediante los denominados «catastros».

Estándar 5.1

Comenta las ideas fundamentales de la Ilustración y define el concepto de Despotismo Ilustrado.

La Ilustración fue una corriente de pensamiento caracterizada por la utilización de la razón para la comprensión de la realidad. Careció de una teoría sistemática y sus ideas procedían de diversos autores —Montesquieu, Voltaire y Rousseau, entre otros—. De entre sus características, cabe destacar las siguientes:

  • Confianza en la razón.
  • Autonomía del poder político.
  • Fe en el progreso.
  • Tolerancia religiosa.
  • Interés por las actividades productivas.
  • Valoración de la educación como medio para lograr la felicidad.

La corriente política conocida como despotismo ilustrado trató de conciliar el absolutismo monárquico con el espíritu reformador de la Ilustración. Esta teoría del poder, que se impuso en buena parte de Europa durante el siglo XVIII, se fundamentaba en tres principios principales:

  1. Reafirmación del poder absoluto: no se pusieron en cuestión las bases del absolutismo de la centuria anterior.
  2. El ideal del «rey filósofo»: un monarca que, asistido por minorías ilustradas, estaba en condiciones de impulsar reformas racionales necesarias para el conjunto de la sociedad, con el fin de promover el progreso y la felicidad pública.
  3. El papel del pueblo: el pueblo era considerado como objeto, nunca como sujeto de su propia historia, según la conocida expresión «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo».