Generación del 98
La Generación del 98 constituye un grupo generacional definido por la edad, actos comunes, relaciones personales y actitudes homogéneas —aunque con el tiempo se irán diversificando—. Sus características más importantes son:
- Preocupación social, reflejada en su interés por el llamado “problema de España”.
- Inquietudes religiosas y existenciales, a tono con la crisis de fin de siglo: el conflicto fe‑razón, el paso del tiempo, la lucha por la vida.
- Renovación de la novela, superando el modelo realista y naturalista: antirretoricismo, método impresionista, lenguaje sobrio y asequible.
Autores y novelas principales
Todos los miembros del grupo, salvo Antonio Machado, escriben novelas:
Miguel de Unamuno
Unamuno (Niebla, San Manuel Bueno, mártir) trata temas como la tradición, la intra‑historia, la conciencia trágica de la existencia y el conflicto entre fe y razón. Sus novelas —llamadas por él “nivolas”— se caracterizan por la sobriedad narrativa, la importancia del diálogo y la ausencia de trama o hilo argumental.
Pío Baroja
Pío Baroja (El árbol de la ciencia, Camino de perfección) es el novelista por excelencia del grupo. Sus novelas son una mezcla entre el pesimismo existencial más radical y el vitalismo individualista de algunos de sus personajes. En sus obras desarrolla generalmente un esquema de aprendizaje vital.
Azorín
Azorín (La voluntad) tiene un estilo minucioso, lento y casi impresionista.
Valle‑Inclán
Valle‑Inclán presenta también en el género narrativo la misma evolución que en su obra dramática.
Transformaciones tras la muerte de Franco
Tras la muerte de Franco, la vida cultural y literaria experimentó una considerable transformación: desapareció la censura, se recuperaron a los autores exiliados y se produjo una apertura hacia la literatura extranjera europea, norteamericana y latinoamericana.
Hacia 1975 comenzó a publicarse una nueva promoción de novelistas. Reaccionaron contra la complejidad experimental y se produjo un viraje hacia la concepción realista de la novela. Se habló del realismo renovado.
Tipos de novela
Metanovela. El narrador reflexiona sobre los aspectos teóricos de la novela, que suelen trasladarse a la ficción como tema o motivo del relato.
Novela histórica. Se trata de un tipo de narrativa muy valorado por los lectores, que viene a integrarse dentro de una tendencia general europea.
Novela de intriga y policíaca. En la década de los setenta se produjo una invasión de traducciones de novela negra europea y norteamericana.
Novela de intriga y policíaca. En la década de los setenta se produjo una invasión de traducciones de novela negra europea y norteamericana.
Novela neorrealista o de la generación X. Este tipo de narrativa estuvo de moda durante los años que van desde la caída del Muro de Berlín (1989) hasta el 11 de septiembre de 2001.
Novela lírica. Su valor esencial es la calidad técnica con que está escrita: la búsqueda de la perfección formal.
Novela culturalista.
Novela de pensamiento: cercana al ensayo; se trata de un tipo de narrativa en la que se difuminan las fronteras entre la novela y el ensayo, pues da cauce a múltiples digresiones sobre las preocupaciones del autor, en un tono a veces cercano a lo autobiográfico.
La Guerra Civil y la novela de posguerra
La Guerra Civil irrumpe en un momento en que la novela se decanta hacia posturas sociales y comprometidas, abandonando las experiencias vanguardistas anteriores. La propia guerra acentuó ese carácter ideológico, de manera que la mayoría de los novelistas escribieron en defensa de sus ideales.
En España, los novelistas de los años cuarenta se enfrentaron a un panorama desolador: la tradición inmediata se vio interrumpida, no había acceso a las tendencias europeas ni modelos propios —salvo Baroja—. En este ambiente se desarrolló especialmente una novela triunfalista, de exaltación del régimen o justificativa; por ejemplo, obras de Gironella.
Sin embargo, la publicación en 1941 de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, abrió un nuevo camino a la novela española. A esta línea se adscriben autores como Carmen Laforet (Nada) y Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada).
En los años cincuenta, al hilo de los modestos cambios sociopolíticos, de la influencia de la tendencia realista en Europa y Estados Unidos, y de un mayor distanciamiento de la Guerra Civil, una nueva generación de novelistas se sumó a los anteriores para escribir una novela más abiertamente social. Los conflictos sociales fueron el tema central de la mayoría de estas novelas, que optaron en general por un estilo coloquial, cercano al habla cotidiana y accesible para el lector. Este cambio, iniciado de nuevo por Cela con La colmena (1952), atraviesa dos etapas:
- Una primera en la que siguen predominando los enfoques personales, cercanos a la novela existencial anterior.
- Una segunda de carácter más social e incluso político.
La novela más significativa de esta etapa es El Jarama, de Rafael Sánchez‑Ferlosio.