Teatro español contemporáneo: corrientes, características y autores destacados

Teatro existencial

Teatro existencial: obras como Historia de una escalera (situación de pobreza y falta de salidas de una colectividad atrapada en un mundo miserable y sin futuro).

Teatro social (drama histórico, que le permite sortear la censura): Un soñador para el pueblo, El sueño de la razón o El tragaluz.

Teatro último (preocupación existencial y social conjugada con el deseo de innovación formal): Llegada de los dioses, La Fundación.

Características

  • Oposición entre personajes activos y contemplativos: los primeros suelen ser egoístas, carecer de escrúpulos y valerse de cualquier medio para satisfacer sus deseos; los segundos son escrupulosos, dubitativos, angustiados, con una clara conciencia de sus limitaciones y de las imperfecciones de la sociedad.
  • Alcance moral: teatro sobre la condición humana y la posibilidad de salvación radical del hombre por encima de todo optimismo o pesimismo.
  • Necesidad de verdad: vinculada a la libertad y la esperanza; el hombre debe comprender el misterio de su ser y su destino, asumir su condición para llegar a ser libre.

Alfonso Sastre

  • Alternativa al teatro comercial mediante la creación de grupos teatrales.
  • Denuncia social y compromiso político.
  • Obra destacada: Escuadra hacia la muerte (1953), prohibida por la censura en la tercera representación. En ella, cuatro soldados asesinan al cabo que los dirigía a una misión suicida.

Teatro comercial

Predominan melodramas y comedias burguesas o humorísticas. También son habituales las revistas, las zarzuelas, los espectáculos de variedades y musicales diversos, aunque las salas de cine adquieren un papel predominante.

Todos los espectáculos estuvieron sometidos a censura: por un lado, la de los empresarios, que no estaban dispuestos a perder dinero por prohibiciones ulteriores; por otro, la autocensura de los creadores que querían ver representadas sus obras.

Ejemplos y autores

  • Lauro Olmo: La camisa.
  • Martín Recuerda: Las salvajes en Puente San Gil.
  • Rodríguez Méndez: Los inocentes de la Moncloa.
  • C. Muñiz: El tintero.

Comicidad intelectual cercana al absurdo

Esta comicidad debe mucho al atrevimiento formal y al espíritu lúdico de las vanguardias de preguerra.

  • Miguel Mihura: Tres sombreros de copa (1932, no se representó hasta 1952):
  • Sátira de la rutina y la mediocridad de la burguesía de provincias y de la miserable vida del teatro de variedades, cuya jovialidad e ilusión se presentan como una alternativa pasajera. La obra conjuga la tradición de la comedia bien hecha y el teatro de humor con el espíritu iconoclasta de las vanguardias.
  • Transgresión formal presente en situaciones y en el lenguaje (humor vanguardista): situaciones insólitas, uso inadecuado de objetos, coros de extraños personajes, respuestas absurdas, etc.
  • Tras la guerra, Mihura suavizó la carga absurda y crítica de su teatro y alcanzó éxito con comedias que solían basarse en una ligera intriga policíaca, siempre algo extravagante.
  • Jardiel Poncela: «Teatro de lo inverosímil» (comicidad en situaciones ilógicas y disparatadas). Obras: Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Eloísa está debajo de un almendro, Los ladrones somos gente honrada, etc.

El teatro burgués, heredero de la alta comedia de Benavente y destinado a un público acomodado, presenta conflictos de clase media o alta con cierta intriga e ingenio, una suave crítica y una cuidada técnica (construcción, dosificación de la intriga y alternancia de escenas humorísticas y sentimentales). Sus temas son casi siempre amorosos, conyugales o familiares, y defiende valores tradicionales: la institución familiar, la autoridad, las diferencias de clase y la moral católica. Entre los autores destacan J. López Rubio y J. Calvo Sotelo.

En el teatro comercial dominan las comedias melodramáticas, de intriga o de humor. Destaca Antonio Gala (Anillos para una dama), cuyas obras se caracterizan por el tono poético, la simbología accesible, la presentación escénica convencional y cierta inclinación didáctica o moralizante.

Teatro realista de intención social

El teatro realista de intención social siguió encontrando muchas dificultades de representación debido a la censura, a las conservadoras estructuras del teatro comercial y a la resistencia del público a innovaciones estéticas e ideológicas radicales. No obstante, dramaturgos como Sastre, Martín Recuerda, Rodríguez Méndez y Lauro Olmo escribieron nuevos textos donde se aunaban el propósito social y la renovación escénica.

Teatro experimental

Teatro soterrado: camina al margen de los circuitos comerciales y, aunque comparte con el teatro social el rechazo de la situación española, utiliza técnicas más atrevidas que lo alejan del gran público.

  • Oposición estética al teatro realista.
  • Entiende el teatro como espectáculo en el que el texto literario es solo un ingrediente más (tradición vanguardista teatral desde Artaud).
  • Importancia de la escenografía, los efectos especiales, la luz, el sonido, el vestuario, el maquillaje expresionista, la música, la expresión corporal, etc.
  • Se rompe la tradicional división entre escenario y espectadores: la escena se concibe como un espacio dinámico que puede invadir la sala e invitar al espectador a participar en la función.
  • Temática: denuncia social y política del régimen franquista; en general, la falta de libertad, la opresión, la injusticia, la alienación y la sociedad de consumo emergente.
  • Autor destacado: Fernando Arrabal (El triciclo).

Teatro independiente

Bajo este nombre se engloban grupos de aficionados junto a otros con diversos grados de profesionalización. Al margen del teatro comercial establecido, procuraban romper con su rigidez y llevar el teatro a los más diversos rincones del país. Ejemplos: Els Comediants, La Cuadra, Els Joglars, La Fura dels Baus.

Evolución tras la instauración de la democracia

La instauración de la democracia repercutió notoriamente en el teatro. Tanto el realismo de denuncia como el teatro soterrado perdieron parte de su vigencia. Además, se fomentó un teatro de calidad mediante subvenciones, festivales internacionales y nuevos organismos como el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Asimismo, se avanzó en la descentralización, de modo que no solo Madrid y Barcelona gozan de los mejores espectáculos.

En el teatro comercial, además de versiones de comedias musicales anglosajonas, han predominado las obras melodramáticas, los dramas costumbristas y todo tipo de espectáculos humorísticos.

Se produjo también el declive del fenómeno del teatro independiente. Muchos grupos desaparecieron o sirvieron de base para las compañías teatrales promovidas por las administraciones. Sin embargo, algunos han pervivido con éxito (Els Joglars, La Fura dels Baus).

De los nuevos autores dramáticos de las últimas décadas puede decirse que existe una gran variedad de tendencias, como en la lírica o en la narrativa contemporáneas. Podemos destacar a Francisco Nieva (Sombra y quimera de Larra), José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!) y Alonso de Santos (Bajarse al moro).

No obstante, esta diversidad de tendencias y proliferación de autores pueden resultar un espejismo crítico fruto de la inmediatez de los acontecimientos, de la rapidez con que los programadores culturales presentan nuevos productos una vez agotado el filón comercial de los anteriores y de la falta del necesario periodo de tiempo que, más allá de la urgencia periodística, debe mediar entre la aparición de los textos literarios y la reflexión intelectual sobre los mismos.