Teatro vanguardista español: Valle-Inclán, Federico García Lorca y la renovación dramática

El teatro vanguardista en España

El teatro vanguardista constituyó un rotundo fracaso las pocas veces que llegó a las tablas. Son exponentes de esta tendencia Ramón Gómez de la Serna (Los medios seres), Azorín (Old Spain, Angelita) o Rafael Alberti (El hombre deshabitado). Consideración aparte merece el teatro de Alejandro Casona, que se dio a conocer con La sirena varada y que tuvo un enorme éxito con Nuestra Natacha, donde denunciaba la represión en los reformatorios de la época. La obra más celebrada de su exilio —abandonó España en 1937— es el drama simbólico La dama del alba. A todos estos autores hay que añadir: Valle-Inclán y García Lorca.

Ramón María del Valle-Inclán

La evolución del teatro valleinclanesco es similar a la del resto de su obra: parte de una literatura cercana a la estética modernista y avanza hacia una obra cada vez más crítica y original, que en el teatro se resuelve sobre todo en el esperpento. La producción dramática de Valle anterior al esperpento puede ordenarse en dos ciclos:

  • El ciclo mítico, formado por las Comedias bárbaras y Divinas palabras. En ambos casos se centra en el ambiente rural gallego. En las Comedias presenta un mundo de pasiones y violencia, un mundo mítico, feudal, primitivo y en descomposición, dominado por un aristócrata mujeriego y despótico. En Divinas palabras, con un lenguaje cada vez más duro y desgarrado, intenta mostrar lo irracional: la superstición, la crueldad y los instintos enraizados de forma natural en unas gentes elementales y primitivas.
  • El ciclo de las farsas, transición del modernismo al esperpento. En Farsa y licencia de la reina castiza, Valle mueve ya a sus personajes como muñecos grotescos y distorsiona su palabra para degradar y deformar con intención crítica la corte de Isabel II.

Los esperpentos

Esperpento es la palabra valleinclanesca para denominar unas obras creadas mediante una estética dramática personal y renovadora que pretende llegar a una “superación del dolor y de la risa” y mostrar lo absurdo, exponer el “sentido trágico” de la vida y su disconformidad con la vida española de su tiempo.

Entre otros rasgos, el autor se sirve de:

  • La deformación de las situaciones y de la realidad (tal vez deformando la apariencia percibida para captar la auténtica realidad).
  • La distorsión del lenguaje, a veces vulgar pero rico y elaborado.
  • La degradación de los personajes, vistos desde arriba: no como héroes épicos y míticos, sino animalizados, «cosificados», como muñecos grotescos o peleles.
  • La presencia simultánea de aspectos trágicos y paródicos, el absurdo, la intensificación e hipérbole de elementos, etc.

Luces de Bohemia, la mejor obra dramática de Valle-Inclán, multiplica sus personajes y espacios para, a través de las últimas horas y del último peregrinaje nocturno de un poeta ciego, Max Estrella, y de su acompañante, Don Latino, mostrar una visión caleidoscópica y esperpéntica de la vida madrileña y española. Valle-Inclán también satiriza en las tres obras de Martes de Carnaval.

Federico García Lorca

El teatro lorquiano, escrito en verso, en prosa o mezclando ambos en una misma obra, está, como su poesía, dotado de un profundo sentido trágico y, a la vez, lírico. La frustración, el amor y el deseo insatisfechos o imposibles, así como la falta de realización personal, se convierten en motores del conflicto individual o social y de la acción dramática. La mujer se erige, la mayoría de las veces, en protagonista relevante: en su drama histórico Mariana Pineda aborda con tratamiento lírico la historia de esa heroína liberal que fue ejecutada en 1831 por bordar una bandera.

Las farsas

Lorca escribió dos farsas para muñecos: Tragicomedia de Don Cristóbal y La señá Rosita, y El retablillo de Don Cristóbal, en las que critica el miedo ante los opulentos. En las farsas para actores, La zapatera prodigiosa y Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, se trata el tema del amor desvirtuado por las convenciones sociales.

Teatro vanguardista

Tras su estancia en Nueva York y La Habana (1929–1930), Lorca se adentra en el teatro experimental con El público, una obra subversiva y de difícil realización, de carácter simbolista-surrealista, que indaga en la accidentalidad del amor. Es una defensa de la homosexualidad y un alegato a favor de la plena realización del deseo individual frente a las convenciones sociales: dos actores varones interpretan Romeo y Julieta, de Shakespeare, con el consiguiente escándalo del público. Así que pasen cinco años es, asimismo, un texto de inspiración surrealista en el que se reelabora el tópico del carpe diem: un joven aplaza su felicidad aceptando casarse cinco años más adelante.