Grandes Obras del Romanticismo Europeo y el Genio de Goya

Alemania: El Paisaje Espiritual

Caspar David Friedrich (1774-1840)

a) El caminante sobre el mar de nubes

El tema de este cuadro es la fascinación del hombre ante la naturaleza, ante el mar de nubes que contempla el solitario personaje central de la obra.

Por la posición de la figura en el cuadro, estamos ante un ser humano maravillado, subyugado ante la inmensa belleza de las montañas, el cielo y la niebla.

En el Romanticismo se puso muy de moda pintar paisajes; paisajes que mostraran las fuerzas de la naturaleza: tormentas, nieblas, vientos, lluvias, nieves… Era lo que estos artistas llamaban “lo sublime”, y quería ser un reflejo de lo que el autor sentía por dentro, una forma de mostrar las emociones, y cuanto más extremas, mejor. Un paisaje tanto exterior como interior.

Es una obra que bascula entre el realismo de lo representado y el simbolismo. Friedrich innova con su nueva concepción del paisaje, al que confiere un carácter casi religioso.

Predominan los colores más cálidos en primer plano frente a otros más fríos en el fondo, destacando el negro de los ropajes del caminante. La obra es equilibrada, no busca el dinamismo. Se estructura en planos paralelos sucesivos: en primer término encontramos al caminante, y después se suceden las montañas y la niebla. Transmite una sensación de inmensidad.

Este cuadro de Friedrich es, en definitiva, el paradigma de la gran idea romántica: ese instante en el que el hombre se siente sobrecogido por la belleza, natural o espiritual.

b) El mar de hielo

  • El Romanticismo se nutrió de historias épicas y trágicas como esta, ambientadas en lugares lejanos o inéditos y mostradas bajo un prisma de introspección e individualismo. El ser humano es devorado por la fuerza de la naturaleza, y aquí casi no vemos ni su huella.
  • Técnica: al óleo.
  • El naufragio en El mar de hielo sugiere la idea de que la naturaleza siempre será superior a los hombres. El hielo es un lugar de muerte y la naturaleza siempre derrotará a cualquiera que intente entrometerse en él.

Inglaterra: La Observación y la Atmósfera

John Constable: El carro de heno

  • El cuadro no está realizado al aire libre, sino en el estudio a partir de numerosos bocetos.
  • Todo este paisaje está cubierto con un estudio de las nubes. A Constable se le ha llamado «el pintor de las nubes». Las más oscuras crean zonas de sombra en el prado y amenazan lluvia, pero otras son más blancas y permiten ver el cielo añil y el prado iluminado.
  • La naturaleza sobresale por los grandes árboles y las nubes; los hombres aparecen empequeñecidos.
  • El interés mayor se centra en los efectos atmosféricos.
  • La gama cromática es variada: los ocres del primer plano, la variedad de tonos del verde (desde el heno a los árboles) y los colores rojos como complementario del verde en la mujer que lava y en el pescador.
  • La pincelada se aplica con pequeñas manchas y trazos superpuestos.
  • Este paisaje rural y campesino nos crea la sensación de paz, sosiego y armonía entre hombres y naturaleza.
  • Es una naturaleza algo idealizada en la que reina la armonía entre aquella y el hombre, con un carácter bucólico.

J.M.W. Turner (1844): Lluvia, vapor y velocidad

  • El color, la luz y la atmósfera son algunos de los puntos más destacados, algo que consigue gracias a técnicas como el embadurnamiento o la raspadura, logrando de esta forma colores difuminados y veladuras.
  • En cuanto a su composición, se podría hablar de dos mitades diferentes. En la parte superior, el cielo lluvioso; en la parte inferior, el resto de elementos: a la izquierda una pequeña barca con remos, en la parte central dos tramos rectos a modo de puente y el propio tren entre ellos. Son esos dos tramos que se «vienen» hacia el espectador y esa fugacidad de la imagen, rota y difuminada por el movimiento, lo que hace que al fijar la vista en el centro la sensación de que el tren se mueve sea real.
  • Turner optó por darle un enfoque atípico, con escenas en cierto modo «amenazadoras y destructoras» en las que el ser humano se sentiría indefenso ante ellas.

Francia: El Heroísmo y la Tragedia

Théodore Géricault: La balsa de la Medusa

  • Técnica: óleo sobre lienzo.
  • La balsa de la Medusa es un enorme óleo que constituye una de las obras estrella del Museo del Louvre. El naufragio de la Medusa ocurrió por culpa de un capitán incompetente y enchufado; debido a ello, 147 personas quedaron a la deriva en una balsa construida apresuradamente. Todas ellas, excepto 15, murieron durante 13 días de infierno en los que se sufrió hambre, deshidratación, locura e incluso se recurrió al asesinato y al canibalismo.
  • Como era de esperar, la pintura fue muy polémica. Representa una nueva forma de ver la pintura histórica en la que compositivamente se busca el caos intencionado en una estructura piramidal sobre una base inestable (el mar).

En esta pirámide vemos un catálogo de sentimientos experimentados por los náufragos: de la resignación a la esperanza.

En el cuadro se pueden distinguir dos esquemas piramidales: una pirámide de la esperanza y una pirámide de la desesperanza. A la izquierda está la muerte (emocional y biológica), pero a medida que ascendemos por esa pirámide vemos la luz, la vida representada por ese minúsculo barquito al fondo en ese amanecer entre la tormenta.

  • Importancia del modelado y el realismo en fuertes anatomías (Géricault estudió cadáveres) que siguen una influencia clásica, como se aprecia en el padre del primer plano con manto rojo (retrato de su amigo Delacroix) con su hijo muerto, que recuerda en anatomía y rizos la obra de Miguel Ángel.
  • El color predomina sobre el dibujo. Los tonos dominantes son los cálidos.
  • La luz de claroscuro es una luz de atardecer de influencia de Caravaggio que incrementa el dramatismo, al igual que el cielo tormentoso y amenazador.
  • Espacio: El encuadre está realizado desde un punto de vista alto para dar protagonismo al drama de los personajes.
  • Ritmo o movimiento: Se dirige hacia atrás mediante la diagonal desde los moribundos, pasando por los náufragos que levantan la mano hasta el muchacho que quiere llamar la atención con un jirón de tela.
  • Expresión: En la escena aparece tanto la desesperanza (como la del hombre que ha perdido a su hijo y al que ya todo le parece igual) como la esperanza manifiesta en aquellos que hacen un esfuerzo por incorporarse para llamar la atención del barco salvador.
  • Simbolismo: Refleja una metáfora de la decadencia de Francia. Es una crítica de la monarquía y un tema de denuncia; por este motivo fue censurado durante cierto tiempo.

España: El Genio de Francisco de Goya

Francisco de Goya y Lucientes

a) Los duques de Osuna y sus hijos (1788)

Goya muestra aquí un agradable grupo familiar, fechable en 1788, en el que estudia los caracteres personales de los padres y no desdeña en absoluto a los niños.

La composición piramidal integra a las figuras en un agrupamiento coherente y centra la atención sobre ellas, al prescindir de los objetos propios de una estancia y recortar a los personajes sobre un fondo neutro.

Los ojos se destacan fuertemente sobre rostros de rasgos ligeramente abocetados. Goya, que fue protegido por las familias Osuna y Alba, trata aquí a sus protectores con simpatía y familiaridad, sin excluir la penetración que se advierte en el rostro de la duquesa: culta, atractiva, inteligente y refinada, aunque no hermosa. La gama del color que se despliega en todo el lienzo es de sutil delicadeza, resaltando la paleta fría con dominante de grises plateados.

Este es uno de los retratos de grupo donde Goya emplea una composición más sencilla. Los personajes, excepto el duque, se enmarcan en una línea de sombra, y detrás de ellos cae la luz formando una diagonal y dejando un espacio más iluminado donde se recorta la figura del duque.

b) La familia de Carlos IV (1800)

  • Una de las etapas más productivas de la carrera artística de Goya fueron sus años como pintor de cámara para el rey Carlos IV de España (1748–1819).
  • Vemos un intento por parte de la Corona de mostrarse como un núcleo familiar fuerte y unido; sin embargo, el efecto conseguido es justo el contrario debido a los roles que ocupa cada miembro dentro de la familia. La muestra más evidente de esto es que el rey, que ocupa tradicionalmente el lugar principal, se ve relegado ahora a un segundo plano, dejando el centro para su esposa, la reina María Luisa.
  • Una de las interpretaciones más erradas es la que sostiene que se trata de un retrato de realismo descarnado con una solapada intención satírica. Son evidentes las coincidencias formales y compositivas con Las Meninas, lo que demuestra la admiración que Goya sentía hacia Velázquez.

c) Capricho 43: El sueño de la razón produce monstruos

  • Basta un rápido paseo por sus 80 grabados para comprobar que los inquietantes y bellos animales de la noche (lechuzas, búhos, gatos y linces, entre otros) comparten imaginario gráfico con monstruos menos oníricos y fantasiosos: los monstruos de la sociedad. Desde las costumbres populares hasta los abusos del poder, Goya no dejará títere con cabeza en su serie de grabados Los caprichos.
  • El artista ha utilizado un aguatinta de dos tonos, una más oscura para el fondo y otra más suave para la parte delantera de la mesa, en donde ha dejado una reserva de barniz con la que escribir el título en letras blancas. La luz ilumina la cabeza y los hombros del personaje que duerme.
  • En primer lugar, Goya subraya la importancia de la razón, sin la cual afloran toda clase de sentimientos irracionales que desembocan en la ignorancia. La razón es la luz que nos hace emerger de la oscuridad de nuestro propio subconsciente y de nuestros miedos.
  • Sin embargo, es necesario precisar que en los manuscritos se apunta un segundo significado en el que el sueño, en cuanto liberación de un mundo interior controlado por la razón, se convierte en una fuente inmensa de creatividad.

d) Dos viejos comiendo sopa

Hay controversia acerca de cuál era el lugar que ocupaba esta pintura en la Quinta del Sordo.

En esta espectacular obra maestra vemos a dos ancianos —o ancianas, aunque uno de ellos es prácticamente una calavera— que, como reza el título, están comiendo un plato de sopa y miran hacia algo que provoca sus risas. Se burlan de forma pesadillesca y no sabemos exactamente de qué o de quién, ni por qué…

Llama la atención la libertad absoluta con la que el pintor aplica el pigmento con el pincel, o más bien con la espátula. Esas pinceladas tan libres, tan raudas y tan vigorosas encajan perfectamente para retratar a estos dos seres tan poco definidos.

Es una composición muy simple y escueta, casi un esbozo. Sobre un fondo negro simplemente se han dado unas pinceladas de ocre, dejando sin cubrir los ojos, la boca y las zonas oscuras. Es una pintura muy matérica, lo que intensifica el componente expresionista.

e) El aquelarre

Esta pintura se situaba en el muro largo del lado de la izquierda en la planta baja de la Quinta del Sordo, frente a La romería de San Isidro. Representa un aquelarre de brujas bajo la presencia del diablo en forma de macho cabrío.

Los personajes que forman tan infernal reunión constituyen una masa integrada por individuos con gestos y expresiones faciales deformadas, que expresan el horror y los instintos animales que el macho cabrío transmite a la muchedumbre.

Se crea una composición central debido al abigarramiento de figuras, aunque ha sufrido alguna modificación después de ser arrancada del muro.

Predomina el color negro, al que se le añaden pequeños matices de carnaciones, además de ocres, verdes y grises sucios para las vestimentas. La pincelada es violenta, de trazos rápidos.

f) Saturno devorando a su hijo

  • Técnica: Óleo sobre yeso trasladado a lienzo.
  • Las Pinturas Negras son 14 obras de Goya llamadas así por usar pigmentos oscuros, pero también por sus temáticas sombrías.
  • Y para sombría, esta escena de infanticidio/canibalismo en la que el dios Saturno (Crono), el padre de Júpiter (Zeus), se zampa a uno de sus hijos, pues tenía el temor de que estos lo destronasen en el futuro.
  • Menos mal que Júpiter, otro de sus hijos, se salvó de ser un aperitivo más para Saturno y lo obligó después a vomitar a sus hermanos.
  • Aquí Goya pinta al dios con una terrorífica mirada de locura en su rostro. Está masticando una masa informe, la del cuerpo sanguinolento de su hijo, al que agarra con fuerza incrustando sus dedos en la carne.
  • Se trata de una pintura muy simple, que casi raya la abstracción, en la que destaca el intenso expresionismo de la cabeza de Saturno. Posee una gran calidad plástica con fuertes y vigorosas pinceladas, bajo las que se esconde un dibujo perfecto. Es una pintura de contrastes, ya que la figura del dios sobresale de un espacio oscuro y neutro, casi irreal. Los rojos de la sangre destacan sobre los negros y grises, logrando un efecto pavoroso.
  • Ojos extáticos.

Saturno está casi tan aterrorizado como nosotros, los espectadores, que al ver esto podemos indagar más en los más profundos miedos del ser humano.