La poesía desde 1939 a los años 70: autores y obras representativos
La Guerra Civil Española (1936-1939) supuso una ruptura absolutamente determinante en todos los órdenes de la vida, y la poesía no podía ser menos. Una vez acabada la contienda, el arte resurgió, aunque no pudo evadirse de la situación político-social que vivía España: un periodo dominado por la censura y el exilio por razones políticas de muchos autores, hasta el año 1975, con el fallecimiento del dictador Francisco Franco. En el periodo que va desde el final de la guerra hasta los años setenta se sucedieron numerosas tendencias poéticas, entre las que destacaremos las siguientes:
1. La poesía testimonial
Esta tendencia se desarrolló al terminar la Guerra Civil. Dámaso Alonso señaló que dentro de la poesía de la posguerra se dieron dos tendencias:
| Poesía arraigada | Poesía desarraigada (o existencial) |
|---|---|
| Cultivada por los partidarios del Régimen. | Cultivada por los poetas que no se sienten ganadores y que ven el mundo como algo caótico y angustioso. |
| Versos y estrofas clásicos. | Lenguaje desgarrado y violento. |
| Temas: pasado imperial español, belleza de la tierra, la religión… | Temas: la realidad y la vida cotidiana, la existencia como lucha con el mundo o consigo mismo. |
| Revistas en las que escriben: Escorial, Juventud, Garcilaso. | Revista: Espadaña. |
Representantes (Generación del 36):
| Representantes:
|
2. La poesía social
Durante los años cincuenta se produjo una tímida reorganización de las fuerzas de oposición al régimen, lo que dio lugar a la poesía social. Los poetas salieron de su angustia interior y denunciaron el autoritarismo, la marginación, el paro y la falta de libertad. Para ello, consideran la poesía como un arma de concienciación política y social y utilizan un estilo directo, sencillo y coloquial. Los autores y obras más representativos de esta tendencia fueron: Gabriel Celaya con Cantos iberos, José Hierro con Quinta del 42 y, sobre todo, Blas de Otero con Pido la paz y la palabra.
3. La poesía del conocimiento
Esta tendencia se desarrolló fundamentalmente durante los años sesenta y sus autores fueron denominados también Generación del 50 (o generación del medio siglo). Se trataba de poetas que, partiendo de la poesía social, cultivaron una poesía más personal e intimista, convencidos de que emplear la poesía como arma política no había sido eficaz. Tenían, como la generación anterior, una profunda preocupación existencial o social, pero su desacuerdo con el mundo se manifestó a través de un cierto escepticismo. En la forma, mantuvieron un tono coloquial en sus poemas, pero depuraron y cuidaron mucho más el lenguaje y la expresión que los poetas sociales. Sus autores más representativos fueron Ángel González con Grado elemental, José Ángel Valente con La memoria y los signos, Antonio Gamoneda con Descripción de la mentira y Jaime Gil de Biedma, quien ejerce gran influencia en la generación actual y destaca con Compañeros de viaje.
Luis Cernuda
Todos los libros de Cernuda se agrupan bajo un título común: La realidad y el deseo. Ese es el foco temático de toda su obra, el conflicto entre las circunstancias y el anhelo o deseo de realización plena. ¿Qué circunstancias? La soledad, la falta de amor, el paso del tiempo, la lejanía de España, es decir, lo que le hace sufrir, lo que le frustra. ¿Y qué desea? Amor, libertad para amar. La poesía de Cernuda es una biografía de experiencias y reflexiones. Domina en su obra un pesimismo existencial.
Etapas poéticas
- Primera etapa: Llega hasta la guerra. Donde apreciamos un intimismo romántico del que se siente único y diferente, condenado a sufrir la pasión del deseo, esa fuerza vital expuesta a las prohibiciones sociales y al paso del tiempo. Dos libros destacados: Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1934).
- Poesía del exilio: Después del 36, el poeta también expresa la dolorosa conciencia del paso del tiempo y la conciencia de la muerte. Entre otras obras: Las Nubes (1940) y Desolación de la Quimera (1962).
En algunos poemas, Cernuda siente la angustia del desterrado, del desarraigo real, y arremete furioso contra España: «Soy un español sin ganas que vive como puede bien lejos de su tierra». Los poemas de Cernuda suelen oponer las amargas circunstancias que lo aíslan, reprimen y frustran al deseo de amor, de lucha y de libertad. En su libro Los placeres prohibidos acentúa el erotismo y se hace más claro su grito de rebeldía contra la sociedad que reprime los placeres prohibidos. En la segunda etapa, Cernuda acrecienta su conciencia temporal. El destierro, la nostalgia de la infancia, la conciencia de desarraigo y de muerte. En el exilio acrecentó su soledad de siempre y el tema de España se incorpora a su poesía con amargura y despecho.
Simbolismo y estilo
- Las nubes: Se asocian a lo lejano, a lo fugaz, a lo inalcanzable. Suelen ser símbolo de sueño, deseo, ilusión, amor.
- El viento: Es el símbolo de su destino solitario y triste.
- La luz y las sombras: La luz es dicha, placer, deseo, ilusión, felicidad; a su vez, la sombra representa la insatisfacción y el fracaso.
- El verso: En general, Cernuda prefirió el poema largo, sobre todo en su última obra. Eligió casi siempre el verso libre y fue poco partidario de la rima.