El fin del imperio colonial y el Desastre del 98
En 1895, Cuba inició un nuevo levantamiento independentista con aproximadamente 180,000 habitantes. La isla había comenzado a desentenderse económicamente de España, comercializando directamente su azúcar y utilizando barcos de diversas nacionalidades. La población estaba dividida entre los pro-españoles y los independentistas, conocidos como mambises, quienes usaron tácticas de guerrilla para atacar plantaciones españolas y cortar comunicaciones. Las tropas españolas, inexpertas y mal equipadas, sufrieron grandes pérdidas por enfermedades tropicales.
Estados Unidos, buscando establecer dominio en Cuba, intervino en el conflicto. Desde 1850 había intentado comprar la isla y, en 1896, ofreció 300 millones de dólares, pero España rechazó la oferta. La guerra se justificó tras la explosión del acorazado Maine en febrero de 1898, que fue atribuida a España, lo que llevó a un ultimátum y a la declaración de guerra. EE. UU. mostró su superioridad naval, destruyendo la flota española en dos enfrentamientos. Las negociaciones de paz en diciembre de 1898 resultaron en la cesión de Puerto Rico, Filipinas y Guam a EE. UU., y Cuba logró su independencia en 1902 bajo protección estadounidense. La derrota significó un trauma colectivo en España, provocando un aumento del nacionalismo y una crisis institucional.
La crisis del sistema parlamentario (1902-1923)
Alfonso XIII asumió la corona en 1902 a los 16 años, manteniendo un sistema parlamentario liberal canovista con escasos cambios hasta el golpe de Estado de 1923. Sin embargo, desde inicios del siglo XX, el sistema político evidenció fragilidad, marcada por la inestabilidad que resultó en 32 gobiernos entre 1902 y 1923 y la fragmentación interna de los partidos dinásticos. La gestión de Alfonso XIII fue problemática, con frecuentes errores y una intervención errática en asuntos del Estado, lo que contribuyó al colapso del sistema parlamentario.
Factores de inestabilidad
- Caciquismo y fraude electoral.
- Corrupción y conflictos sociales derivados de la pobreza.
- Terrorismo anarquista y resurgimiento del militarismo.
Los regeneracionistas, liderados por Joaquín Costa, abogaron por reformas para revitalizar el país, proponiendo un cambio hacia un régimen autoritario y una reducción de gastos militares en favor de inversiones en educación y agricultura. La Semana Trágica de 1909 en Barcelona ilustró la crisis del régimen, donde disturbios tras el reclutamiento de soldados para Marruecos culminaron en insurrección, resultando en una dura represión gubernamental.
El protectorado en Marruecos y la neutralidad en la Gran Guerra
La intervención colonial española en Marruecos se dio por las alianzas británicas y francesas, buscando Gran Bretaña controlar el Estrecho de Gibraltar. Tras el tratado franco-español de 1912, se realizó el reparto del territorio marroquí, que resultó en una región montañosa poblada por aguerridas tribus indígenas. Las dificultades comenzaron en 1909, pero fue el Desastre de Annual en 1921, con alrededor de 12,000 bajas, el que marcó un punto de inflexión, fomentando ideas antiliberales entre los oficiales. Durante la Primera Guerra Mundial, España mantuvo una posición de neutralidad, mientras que la Revolución Rusa de 1917 impactó el orden global y los movimientos revolucionarios.
La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
El 13 de septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera lideró un golpe de Estado en Barcelona. Alfonso XIII, que deseaba un gobierno autoritario, aceptó el golpe. La dictadura se caracterizó por:
- Suspensión de la Constitución y disolución de las Cortes.
- Militarización de la administración del Estado.
- Creación de la Unión Patriótica y la Asamblea Nacional Consultiva.
- Intervención económica, proteccionismo y creación de monopolios.
Tras el éxito en el desembarco de Alhucemas (1925), el régimen comenzó a decaer por el distanciamiento entre el rey y Primo, lo que condujo a su dimisión en 1930. El auge de los republicanos y el Pacto de San Sebastián llevaron a la abdicación de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931.
La Segunda República y el programa reformista
El Gobierno Provisional emprendió reformas significativas. En junio de 1931, se celebraron elecciones a Cortes constituyentes donde, por primera vez, mujeres como Clara Campoamor y Victoria Kent fueron elegidas diputadas. La Constitución de 1931 incluyó el sufragio femenino, la aconfesionalidad del Estado y procedimientos para crear autonomías regionales.
Reformas de Manuel Azaña
- Sociolaborales: Salario mínimo y Jurados Mixtos.
- Militar: Reducción del 35% de oficiales y modernización.
- Educativa: Aumento del presupuesto y construcción de 13,000 escuelas.
- Agraria: Expropiación de tierras de latifundistas.
- Religiosa: Limitación del poder de la Iglesia.
Polarización y camino a la Guerra Civil
A mediados de 1933, la ruptura entre socialistas y republicanos de izquierda facilitó el triunfo de la CEDA y los lerrouxistas, quienes desmantelaron las reformas previas. La insurrección de octubre de 1934 fracasó brutalmente. Finalmente, las elecciones de febrero de 1936 dieron la victoria al Frente Popular. La tensión política alcanzó su punto crítico con el asesinato de Calvo Sotelo en julio de 1936, detonante del conflicto.
La Guerra Civil Española (1936-1939)
La historiografía ha evolucionado desde la propaganda inicial hasta los estudios críticos de Paul Preston o Hugh Thomas. El conflicto, marcado por la lucha de clases y antagonismos ideológicos, dividió a la sociedad española. La violencia fue extrema en ambos bandos. Tras la derrota republicana en 1939, se inició una dura posguerra con represalias, fusilamientos y exilio masivo. El régimen de Franco se consolidó como una dictadura autoritaria, apoyada por el clero y potencias fascistas, mientras que la República sufrió la falta de apoyo de las democracias occidentales.