Historia del Bloque Soviético y la China de Mao

El modelo comunista y su expansión

La Komintern tenía como objetivo difundir el comunismo por todo el mundo. Stalin era partidario de controlar a todos los partidos comunistas y ponerlos al servicio de la URSS, el país en el que había triunfado la revolución. Al final de la Segunda Guerra Mundial, la URSS emergió como gran potencia mundial. Desde 1945 se reafirmó la idea de Stalin de construir el socialismo en un solo país y renunciar temporalmente a la internacionalización de la revolución. Utilizaría el resto de países como un mero soporte de expansión y tutelaría a los demás partidos comunistas a través del Partido Comunista de la Unión Soviética. Como consecuencia, a los países en el ámbito de influencia soviética se les impuso una soberanía limitada.

Características del modelo comunista soviético

El comunismo que la URSS expandió fue el modelo implantado por Stalin: el estalinismo. Este fue un conjunto de posiciones ideológicas, mitos e instituciones de represión que sobrevivieron al dictador. El modelo estalinista se apoyaba en los siguientes elementos:

  • Partido único: Tenía todo el poder y se convirtió en protagonista de la vida política.
  • Concepción militar: Aplicada a las relaciones sociales.
  • Liderazgo del Secretario General: Ejercía una dirección férrea para garantizar el triunfo del comunismo.

El estalinismo, con el objetivo de consolidarse en el poder, promovió el culto al líder y una cuidada política de imagen. La represión violenta resultó imprescindible para el sistema: los asesinatos, las purgas y las terribles cárceles afectaron no solo a los anticomunistas, sino también a supuestos disidentes y camaradas, miembros del Partido Comunista sacrificados como culpables de los errores cometidos por el sistema. El terror cumplió la función de eliminar cualquier oposición. Por último, el régimen soviético sacrificó radicalmente las libertades individuales y colectivas; el Partido Comunista negaba toda probabilidad de pluralismo. Este modelo de partido, al igual que el inmovilismo, sobrevivió al propio Stalin hasta su fracaso.

La desestalinización y el estancamiento

La muerte de Stalin abrió el interrogante de quién se haría con el poder en la URSS y cómo lo ejercería. Tras las rivalidades, consiguió la presidencia el ministro Kruschev. El nuevo líder soviético denunció los crímenes del estalinismo, hecho que provocó la oposición de algunos miembros de la nomenklatura. Las críticas a Stalin y el cierre parcial de los campos de trabajos forzados de Siberia parecían anunciar el final de una época. En realidad, el sistema soviético se mantuvo inamovible en lo fundamental.

En 1956 se produjo una movilización en Poznan (Polonia) en demanda de mejores condiciones laborales, mientras que en Hungría se desarrollaba una insurrección nacionalista. La desestalinización fue limitada. En los países de Europa Central y del Este, los mandatarios soviéticos decidieron tomar las siguientes medidas:

  • Mantener la presión: pervivieron el dominio absoluto de los partidos comunistas, la ausencia de libertades y el control y la propiedad estatal.
  • Moderar las medidas de terror.
  • Reducir las purgas para calmar a las nomenklaturas.

En la URSS, la desestalinización se redujo a una renovación superficial de los burócratas gobernantes. Por otra parte, a finales de 1950, el comunismo se encontraba en una fase expansiva tanto en el Tercer Mundo como en la carrera espacial. Finalmente, en octubre de 1964, Kruschev era apartado del poder por la nomenklatura soviética. La ineficacia para abordar los problemas económicos, especialmente los agrícolas, precipitó su caída.

Estancamiento político y económico

Tras la destitución de Kruschev, se hizo cargo de la dirección de la URSS un equipo de tres personas. El nuevo equipo expresaba la gerontocracia soviética y protagonizó un periodo de estancamiento económico y político. Moscú volvió a manifestar su afán de dominio sobre los países del bloque soviético, como se demostró en el caso de Checoslovaquia.

La Primavera de Praga

En enero de 1968, el nuevo líder checoslovaco inició un tímido proceso de democratización y apertura que intentaba lograr cierta descentralización económica, libertad de prensa y sindical, y una renovación de las relaciones con Occidente y con la Iglesia católica. El proceso reformador recibió el respaldo de un grupo de personalidades del país mediante un manifiesto. Finalmente, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia; más de medio millón de hombres pusieron fin a la Primavera de Praga, en la cual hubo 50 muertos y 500 heridos. En 1968, Husak se convirtió en el nuevo líder de Checoslovaquia.

La situación en las democracias populares

En esta etapa de estancamiento e inmovilismo soviético, las democracias populares presentaron algunas variedades:

  • La RDA y Bulgaria se mantuvieron fieles a las directrices de la URSS.
  • Albania, al igual que Yugoslavia, no pertenecía al Pacto de Varsovia.
  • En estos países existía un régimen comunista de signo nacionalista. Hungría y Polonia calmaron las inquietudes de sus respectivas poblaciones estimulando cierta iniciativa privada en la economía.

Además, en Polonia se consolidó una oposición a partir de las movilizaciones de obreros y estudiantes. En dicho contexto, en 1980 se constituyó Solidarność, un sindicato independiente. A esta oposición hay que sumar la tradicional e influyente presencia de la Iglesia católica, dirigida por un papa polaco. Las huelgas y manifestaciones provocaron la caída del gobierno polaco y un golpe de Estado.

La situación en la URSS

Entre 1964 y 1982, Brézhnev gobernó la Unión Soviética y emprendió nuevas acciones en la política exterior. La URSS mantuvo un equilibrio entre la expansión del comunismo en África y América del Sur y la coexistencia pacífica. Las iniciativas internacionales más relevantes fueron la firma del Acta de Helsinki y el apoyo militar al golpe comunista en Afganistán. Esta última intervención se apoyaba en la aparente hegemonía soviética e implicó el inicio de un largo conflicto contra las guerrillas islámicas.

China en el siglo XX

La China del siglo pasado estuvo protagonizada por Mao Zedong, líder del Partido Comunista Chino y máximo dirigente del país.

China 1949

En 1911, una revolución acababa con el imperio chino y situaba al Kuomintang o Partido Nacionalista al frente de la República de China. Sin embargo, los intentos reformistas y nacionalistas del nuevo gobierno chocaron con los grupos dominantes. Se inició un periodo de caos durante el cual múltiples señores controlaban sus territorios, y los nacionalistas, el sur del país. El Kuomintang, dirigido por Chiang Kai-shek con el apoyo soviético y del naciente Partido Comunista Chino, se impuso y volvió al poder. Pero Chiang empezó a contar con el respaldo occidental y se enfrentó con los comunistas, quienes, a la cabeza de una revuelta campesina, se vieron obligados a retirarse hacia el interior en la conocida Larga Marcha. Se inició una guerra civil entre nacionalistas y comunistas que se interrumpió para hacer frente a Japón.

La China de Mao

En 1949 llegó la paz entre comunistas y nacionalistas. Estos se trasladaron a Taiwán. El resto del país se convirtió en la República Popular China.