Años 40: Arraigo y Existencialismo
El triunfo del ejército franquista no solo significó la derrota de la República y sus ideales; los escritores más brillantes habían muerto (Machado, Lorca), estaban en la cárcel (Miguel Hernández), se habían exiliado (Juan Ramón Jiménez, Salinas, Cernuda, Alberti…) o fueron condenados al silencio. Dámaso Alonso clasificó a los poetas que se quedaron en España en dos grupos: los poetas arraigados, partidarios de los vencedores, y los desarraigados.
Poetas arraigados
Entre los arraigados destacan Leopoldo Panero, Luis Rosales y Dionisio Ridruejo. La España que aparece en sus versos es un país idealizado, lo que se refleja en un lenguaje clásico y esteticista. Es una poesía inspirada en los autores del Siglo de Oro que trata temas tradicionales como el sentimiento religioso, el amor y el paisaje.
Poetas desarraigados (existencialistas)
Para los poetas desarraigados, por el contrario, el mundo es un lugar desagradable y la poesía es el medio para buscar la salvación. Entre ellos destacan Dámaso Alonso o Blas de Otero. Su obra recoge la corriente existencialista europea, reflejando la soledad del hombre en un mundo sin sentido. Los temas recurrentes son el vacío personal, la soledad y el desarraigo. La religiosidad aparece con frecuencia, pero es conflictiva, marcada por dudas y reproches hacia Dios. La lengua literaria posee un tono áspero, doloroso, sencillo y muy emotivo.
Años 50: La Poesía Social
En los años 50 predomina el deseo de ofrecer un testimonio crítico de la realidad. Estos autores creían que la poesía era un instrumento útil para cambiar el mundo. El poeta social considera que debe comprometerse con los problemas y sufrimientos de su tiempo, anteponiendo este compromiso a cualquier preocupación estética.
- Temas fundamentales: Injusticias sociales, solidaridad con los desfavorecidos, lucha por la libertad y denuncia de la situación en España.
- Estilo: Lenguaje claro, sencillo, poco retórico y con un tono coloquial para llegar a la «inmensa mayoría».
Los máximos representantes son Blas de Otero, Gabriel Celaya y Gloria Fuertes.
Años 60: Renovación Estética
En los años 60, la lírica modifica sus presupuestos y surge una alternativa a la poesía social que propone la renovación del lenguaje poético, con mayor atención a los valores estéticos y formales. Algunos nombres destacados son Ángel González, José Ángel Valente y Jaime Gil de Biedma. Sus rasgos comunes son:
- Temática íntima: El paso del tiempo, la infancia, la juventud, lo familiar y la amistad.
- Lo cotidiano: Presencia de anécdotas de la vida real.
- Amor: Tratado de forma explícita, incluyendo el erotismo y el amor homosexual.
- Crítica social: Utilización de la ironía y el humor como recursos desdramatizadores.
- Estilo: Conversacional y antirretórico, con una exigente labor de depuración.
Autores Imprescindibles
Miguel Hernández
Poeta puente entre la Generación del 27 y la posguerra. Su obra evoluciona desde la influencia barroca y vanguardista (Perito en lunas) hasta la poesía comprometida (Viento del pueblo) y el dolor existencial de su etapa final en prisión (Cancionero y romancero de ausencias). Sus temas centrales son la pena, el amor, la muerte y la solidaridad frente a la crueldad humana.
Blas de Otero
Inició su trayectoria con una etapa existencialista (Ángel fieramente humano) para evolucionar hacia una poesía social y solidaria (Pido la paz y la palabra). En su última etapa, en los años 60, recuperó la intimidad y experimentó con formas métricas libres e imágenes insólitas.
Jaime Gil de Biedma
Dominado por un tono confesional e irónico, su obra explora la alta burguesía, la experiencia homosexual y el paso del tiempo. Sus poemas, de carácter meditativo, destacan por su tono conversacional y el uso de la intertextualidad.
Gloria Fuertes
Su poesía posee un fuerte componente autobiográfico. Marcada por la posguerra, aborda temas como la soledad, el dolor y el antibelicismo, combinando un lirismo desgarrador con un brillante humor, juegos lingüísticos y el uso del habla coloquial.