Contexto cultural y literario del cambio de siglo en España

El espíritu del Fin de Siglo

La atmósfera cultural del paso del siglo XIX al XX se caracteriza por el cuestionamiento de los valores burgueses hegemónicos, a los que se reputan de vulgares y egoístamente materialistas; además de carentes de cualquier belleza o elevación de espíritu. Contra ellos se alzan las figuras del bohemio, artista inadaptado que abraza conscientemente la marginalidad, o el dandi, su reverso, constituido por un artista sibarita y esteta. Ambos confluyen en la persecución del ideal del arte por el arte, es decir, el rechazo de cualquier utilitarismo asociado a la creación.

Estas actitudes surgen contemporáneamente al auge de las corrientes irracionalistas que representan filósofos como Nietzsche, Kierkegaard y Schopenhauer. Todos ellos se oponen al optimismo objetivista y cientificista decimonónicos y abogan por un enfoque vital que sitúe lo inconmensurable en su centro. Así, ante un mundo insoportablemente hipócrita y de estrechas miras, que además ha perdido la fe tanto en la religión como en la ciencia, los artistas caen en actitudes evasivas que en ocasiones les conducen al culto del erotismo o el abuso de las drogas y el alcohol.

Crisis y transformación en España

En España tiene lugar el Desastre del 98: el país pierde sus últimas colonias y toma conciencia de su papel marginal en el concierto político internacional. Estos sucesos se suman al agotamiento del sistema monárquico de la Restauración, carcomido por el caciquismo y el fraude electoral. Todo ello desencadena una crisis social e intelectual profunda que propicia el surgimiento de movimientos obreristas activos como el anarquismo y el comunismo que desafían seriamente al statu quo.

Los jóvenes escritores españoles respondieron a esta crisis con dos actitudes diferentes:

  • Evasión: Refugio en el arte para escapar de la realidad (Modernismo).
  • Crítica: Búsqueda activa del cambio social y político (Generación del 98).

La Generación del 98

La Generación del 98 está formada por un grupo de escritores heterogéneos nacidos entre 1860 y 1875 que publicó la mayoría de su obra a principios del siglo XX. Sus temas son existenciales y políticos:

  • Existencialismo: Falta de ilusión por la vida, actitudes abúlicas y obsesión por la existencia de Dios.
  • Identidad nacional: Cuestionamiento de la decadencia española, buscando soluciones en la apertura a Europa y ensalzando la austeridad del paisaje castellano.
  • Ideología: Enemigos del caciquismo y el clero tradicional.

En cuanto a su ideario literario, abrazan un primitivismo que exalta lo pequeño y lo popular, además de las creaciones medievales y el léxico arcaico. Mantienen una cosmovisión subjetivista opuesta al positivismo del siglo XIX, apostando por el sentimentalismo con un estilo más austero que el modernista.

Principales exponentes de la narrativa del 98

  • Miguel de Unamuno: Obras de talante filosófico como Niebla o San Manuel Bueno, mártir.
  • José Martínez Ruiz (Azorín): Prosa intimista y detallista en Diario de un enfermo o La voluntad.
  • Pío Baroja: Realismo, estructura abierta y personajes polarizados. Destacan La lucha por la vida y El árbol de la ciencia.
  • Ramón del Valle-Inclán: Lenguaje preciosista y arcaizante en Las sonatas o Tirano Banderas.

El Modernismo

Es un movimiento literario inspirado en el parnasianismo, el decadentismo y el simbolismo franceses que se desarrolla en Hispanoamérica y en España. Sus características principales son:

  • Temática: Evasión hacia mundos de fantasía, mitología, culturas exóticas y ambientes cosmopolitas.
  • Estilo: Preciosista y recargado, con abundantes referencias sensoriales, musicalidad y perfección formal.
  • Angustia: Choque entre el esteticismo y el utilitarismo burgués, derivando a menudo en el escapismo.

Figuras fundamentales

  • Rubén Darío: Máximo representante. Obras como Azul, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza destacan por su exuberancia verbal y mitificación del pasado.
  • Antonio Machado: Encarna los anhelos y fracasos de la España de su tiempo. En Soledades y Campos de Castilla utiliza símbolos como el camino, el río o la fuente para expresar la angustia existencial y el paso del tiempo.