David Hume y el Empirismo: Epistemología, Metafísica y Ética

Hume y el Empirismo

3. Teoría del Conocimiento y Epistemología

Para David Hume, los conocimientos de la mente humana no son más que percepciones, y estas se dividen en:

  • Impresiones: Son las percepciones vivas e inmediatas que nos suministran los sentidos, ya sean los sentidos externos (sensaciones como el olor o el sabor) o los internos (estados de ánimo como la rabia o la alegría).
  • Ideas: Son las percepciones débiles, que consisten en copias o recuerdos de las impresiones.

Las percepciones, tanto las impresiones como las ideas, pueden clasificarse en:

  • Simples: No admiten distinción ni separación (un olor, un sabor, un color, un sonido, etc.).
  • Complejas: Son la agrupación de percepciones simples y sí admiten distinción (una manzana, un árbol, una melodía, una persona como Luis).

Combinamos estas ideas en función de las siguientes leyes de asociación:

  • Ley de semejanza: Las ideas semejantes se unen a ideas semejantes. Por ejemplo, la catedral gótica de Burgos me recuerda a la catedral gótica de León.
  • Ley de contigüidad en el tiempo o en el espacio: Una idea me induce a otras ideas. Por ejemplo, los villancicos me recuerdan a la Navidad.
  • Ley de causa-efecto: Todo efecto tiene una causa. Si veo humo, es porque tiene que haber fuego.

Para Hume, la experiencia constituye la base de nuestro conocimiento. Esto significa:

  1. Que no hay nada en nuestro entendimiento que no haya estado antes en los sentidos.
  2. Que todas nuestras ideas tienen que haber sido obtenidas de las impresiones.
  3. Que la certeza proporcionada por la experiencia es superior a la proporcionada por el entendimiento.

Clases de conocimiento

Hume distingue dos clases de conocimiento:

  • Relaciones de ideas: Tiene que ver con nuestro modo de pensar, no necesariamente con los hechos de la realidad. Por ello, siempre es verdadero y su contradicción es absurda. Por ejemplo, las intuiciones y las demostraciones de las ciencias formales (matemáticas y lógica).
  • Cuestiones de hecho: Es un conocimiento al que llegamos a través de la experiencia. Este conocimiento no se demuestra; únicamente la experiencia lo podrá confirmar. Por tanto, su contradicción es posible. Por ejemplo, la probabilidad o las costumbres y hábitos.

La relación de causalidad

Una de las partes más importantes en las que se centra Hume en su epistemología es en la relación de causalidad. Razona que cuando pensamos en términos de causa y efecto, en realidad estamos pensando en una unión necesaria entre fenómenos que se suceden temporalmente. De tal modo que, si se conoce la causa, la razón puede deducir el efecto que se producirá, y viceversa; conocido el efecto, la razón puede deducir la causa que lo produce.

Hume encuentra que la idea de causa deriva de tres operaciones:

  • Contigüidad: Los hechos se dan juntos en el tiempo y en el espacio. Es experimentable. (Ejemplo: Julio viene, pues la clase empieza).
  • Sucesión: Siempre hay un hecho (causa) que precede a otro (efecto). Es experimentable.
  • Conexión necesaria: Es la más importante de las tres y, sin embargo, la única que no es experimentable. Es un vínculo constante entre ambos hechos que procede de la costumbre.

El principio de causalidad solo es válido cuando lo aplicamos a sucesos de los que tenemos impresiones, es decir, que ya hemos vivido anteriormente. Es por ello que el principio de causalidad en los hechos futuros no deja de ser una mera creencia, por muy razonable que sea.

Al tener solo como conocimiento las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho, Hume desemboca en el escepticismo, pues el entendimiento solo puede realizar operaciones como las de las matemáticas y la lógica, pero no puede alcanzar ninguna verdad absoluta acerca del mundo.

Crítica de los conceptos universales

Otra crítica que realiza Hume es la de los conceptos universales. Estos nos sirven para representar de modo universal la realidad, pero Hume afirma que, si nos paramos a pensarlo, nadie puede formar una idea realmente precisa, pues todas las ideas son particulares y subjetivas. Estos conceptos universales se deducen a partir de una generalización inductiva procedente de la experiencia.

4. Metafísica

A partir de sus razonamientos epistemológicos, Hume criticará los tres problemas tradicionales de la metafísica, así como el concepto de sustancia. Según Hume, todo nuestro conocimiento está limitado por las impresiones, lo que nos impide abordar cuestiones abstractas.

La sustancia es un concepto al que no corresponde ninguna impresión. La palabra «sustancia» solo designa un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas; por tanto, el concepto clave de la metafísica carece de valor real.

El Mundo

No podemos afirmar la existencia de una realidad distinta de nuestras impresiones, solo la de nuestras impresiones mismas. Si lo afirmamos, estamos deduciendo algo de lo que no tenemos ninguna impresión directa.

El Alma o la existencia del Yo

Hume duda de si verdaderamente en cada uno de nosotros hay un «yo» (la identidad personal). Para el autor, el yo es un conjunto de impresiones simples que nos hacen presuponer que existe una identidad como tal. Pero, al final, estas se encuentran en un cambio constante que hace que la percepción del yo sea variable.

Dios

Hume niega la existencia de Dios porque no tenemos ninguna impresión suya y, por tanto, no podemos afirmar su existencia. Para Hume, Dios es incalificable cognoscitivamente. Así, remarca la filosofía fenoménica: solo conocemos lo que se nos presenta y, por tanto, la realidad queda reducida a simples fenómenos.

En resumen, la metafísica para Hume no ha sido nunca una ciencia, sino un vano deseo de penetrar en lo impenetrable; es puro escepticismo.

6. Ética

Para Hume, la moral tiene su fundamento en los sentimientos y las pasiones. Niega que la razón humana pueda mover la voluntad; esta solo puede ponerse al servicio de las pasiones y colaborar con ellas (describirlas, analizarlas, etc.). Esta postura se conoce como emotivismo moral.

Según Hume, los conocimientos los adquirimos a través de la experiencia, pero los juicios morales no. Los juicios morales derivan de los sentimientos y de las emociones. Afirma que la moralidad no se ocupa del ámbito del ser, sino del deber ser; es decir, no hay conexión lógica entre el orden natural y el moral.

Para Hume, el intento de relacionar el deber con el ser se denomina falacia naturalista. Esta falacia considera «lo bueno» como algo a lo que se puede acceder a través de la razón. Sin embargo, lo bueno o lo malo no pueden venir de la naturaleza, sino de la mirada que nosotros proyectamos sobre la realidad. Somos nosotros quienes, mediante sentimientos de agrado y desagrado, decidimos qué es lo bueno y qué es lo malo.

Hume da por supuesto que la naturaleza humana es común y que, por tanto, esto hace que a todos nos agraden o rechacen el mismo tipo de acciones. Para el filósofo, uno de los factores para juzgar una conducta como buena es la utilidad común y pública, o sea, lo que genera mayor felicidad para todos. Asimismo, Hume concede gran importancia al sentimiento de simpatía y empatía por los demás, aun con nuestras diferencias individuales.