Ejercicios de política fiscal

¡Escribe tu textDespués del neoliberalismo 

vendrá el neo
Nacionalismo?
Imagen: REUTERS/Kevin Lamarque
Con la colaboración deeldiario.Es
25 nov 2016
1. Andrés OrtegaAnalista, ex director del Departamento de Estudios del Gabinete 
de, la Presidencia del Gobierno
Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, las necesidades de la 
UE de un cierto estímulo fiscal descentralizado para frenar los populismos 
y el entierro por Theresa May no solo de la política económica de Cameron 
y Osborne, sino del thatcherismo, el neoliberalismo generalizado por el 
impulso que le dieron Reagan y la Dama de Hierro en los 80, se da poro aquí!
muerto. Mas, ¿qué viene después? No sabemos lo que puede ser el
“trumpismo”, pero sí que llega con una alta carga de neo-nacionalismo,
proteccionismo y freno a la globalización (que han empezado antes),
estímulo fiscal antes que control monetario e impuestos aún menos
progresivos, y claro está, un límite cuando no una reversión, de la
inmigración.
El neoliberalismo se ha visto socavado por lustros de mayor desigualdad,
la crisis vivida desde 2008 y el consiguiente auge del o de los populismos,
términos definidos en el caso de Estados Unidos por Francis Fukuyama, en
tiempos el teórico del fin de la historia con el triunfo del modelo liberal pero
que hay que leer, como “el sello que las élites políticas atribuyen a las
políticas apoyadas por ciudadanos comunes que no les gustan”. En el
referéndum sobre el Brexit, hubo mucho neoliberal que votó a favor de la
salida de la UE, descubriendo después que se habían cargado su ideal.
Incluso convencidos neoliberales como Larry Summers o Martín Wolf, han
rebobinado.
Aunque bajo esa denominación se esconden enfoques diversos, el
neoliberalismo llegó a codificarse en diez puntos en el llamado Consenso
de Washington de 1989, y consistía, simplificándolo, en reducción del
gasto público (que sólo se consiguió a medias) y gestión de la economía a
través de la política monetaria, privatizaciones, desregulación (sobre todo
del sector financiero a lo que contribuyó decisivamente Bill Clinton) con la
consiguiente financiación de la economía, apertura al intercambio de
bienes y servicios y globalización, una fiscalidad a favor de las empresas
y los más ricos, entre otros. Pensado en un principio para los países en
vías en desarrollo con problemas, se aplicó también y muy esencialmente
a las economías maduras. Aunque faltaba el impacto de la automatización,
que, aunque se repatríen actividades industriales no garantiza más
empleos.
Las décadas de neoliberalismo han aumentado la desigualdad en el seno
de las sociedades occidentales (pero han supuesto también el ascenso de
cientos o miles de millones de personas en los países en vías de
desarrollo, a comenzar por China). En un trueque de, sí, más desigualdad
en el seno de las sociedades, a cambio de productos más baratos; sueldos
más bajos en muchos casos acompañados de “low cost” en el consumo o
hiperconsumo.
Trump, aunque no sabemos aún qué va a hacer realmente, se propone
flexibilizar los insuficientes controles y limitaciones que se habían impuesto en Wall Street tras la crisis de 2008, y fomentar un mayor gasto militar y una política de infraestructuras en un país muy necesitado de ellas pues lleva años de escasa inversión, pero financiado esencialmente por medio de una colaboración público-

Privada

Trump ahora ha flexibilizado su actitud ante el servicio sanitario de Obama, el Medicare, también una colaboración público-privada, pero no ha hablado de qué hacer en materia de educación (que en la superior privada deja endeudados de por vida a muchos jóvenes en ese país: esta deuda estudiantil ha pasado de 400.000 millones de dólares a 1,3 billones (o 1,2 billones de euros) desde 2005).
May por su parte se propone mejorar los servicios públicos, pero sólo para los británicos. Y favorecer las inversiones (como las de Nissan) a cambio 
de abordar los peores excesos del capitalismo. Se propone una política 
industrial (concepto que rechazaba el neoliberalismo) con 2.300 millones 
de euros anuales en I+D. Pasar de una política monetaria, que 
caracterizaba al neoliberalismo, a una de expansión fiscal puede ser 
deseable. Mas no todas las expansiones fiscales son equivalentes. 
Depende en qué se gaste. Todo ello en un posible y difícil marco de 
“estancamiento secular”.
Trump se propone reflacionar una economía sin inflación, a pesar de que 
los bancos centrales han inyectado unos 10 billones de euros en la 
economía en el mundo desde 2008. Una dosis de inflación puede 
beneficiar a los bancos que penan con tipos de interés bajos, y una 
reflación americana puede favorecer a Europa, pero perjudicar al 
consumidor y a los países (sector público y sector privado) endeudados 
que tendrían que pagar así más intereses, dinero mejor utilizado en una 
expansión fiscal. España, tiene la deuda pública (cercana al 100% del PIB) 
desbocada, así como la privada. Aunque una cuestión esencial –y en esa 
es una diferencia con Italia- es si esa deuda es financiada desde el 
extranjero o desde los ahorradores nacionales.
En Europa la Comisión, que también está virando hacia ese estímulo 
descentralizado y desigual, pide ahora a los países menos endeudados 
(como Alemania y Holanda) que gasten más, pero el estímulo fiscal que 
propone Bruselas de 50.000 millones de euros sería insuficiente para la 
Eurozona. En paralelo, el Plan Juncker que pretende doblar se financia en 
un 80% con capital privado, eso sí, garantizado por la UE.
¿Se está viendo el neoliberalismo reemplazado por un neo-nacionalismo, 
como señala Martk Blyth, catedrático de Brown University, o el propio The 
Economist una revista liberal por excelencia? ¿O estamos ante una renovación del reaganismo, un trans-neoliberalismo ¿Vamos también a un
neo-autoritarismo frente a la democracia liberal? ¿Y un nuevo
proteccionismo que ya ha hundido, por decisión anticipada de Trump, el
TPP (acuerdo comercial transpacífico) y las negociaciones para el TTIP
(transatlántico)? Es también un cambio que refuerza a los acreedores
frente a los deudores, en una nueva situación y con la citada colaboración
público-privada. E impositivo, a favor de los más ricos, incluido el propio
Trump que renuncia a su sueldo como presidente, pero ganará más con
las rebajas fiscales que se propone para las grandes fortunas como la
suya.
Repensar globalización, pide Thomas Piketty para evitar que prevalezca el
trumpismo. La redefinición o sucesión del neoliberalismo, sin embargo, no
está en manos de una izquierda renovada, sino que una nueva derecha
variopinta, cuyo origen es en parte populista (Trump, Brexit) o más clásica, como la propia Angela Merkel, convertida ahora en referente europeo  
frente al auge de los populismos de diversa índole.