Contextualización 4: El Reinado de Isabel II (1843-1868)
La fecha del texto nos sitúa en 1855, durante el reinado de Isabel II, hija de Fernando VII y María Cristina, coronada reina a la edad de trece años, tras el exilio de Espartero en 1843. Entonces estaba vigente la Constitución moderada de 1845, que sustituía el principio de soberanía nacional por la soberanía compartida, limitando el poder de las Cortes y ampliando las prerrogativas del rey.
División del Liberalismo
En España se había consolidado la división del liberalismo (iniciada en el Trienio Liberal 1820-1823) en dos grupos:
- Partido Liberal Moderado: Antiguos doceañistas del Trienio. Defendían la soberanía compartida entre Cortes y Corona, un sufragio censitario restringido, un Estado centralista y confesionalmente católico, y la limitación de los derechos individuales. Su apoyo social residía en las clases altas del país.
- Partido Liberal Progresista: Partidarios de la soberanía nacional, sufragio censitario más amplio, descentralización estatal y mayores libertades. Su base social era la pequeña burguesía y las clases medias.
Ambos defendían una monarquía parlamentaria.
El Bienio Progresista (1854-1856)
Durante el reinado de Isabel II (1843-1868), el Partido Liberal Moderado dominó a lo largo de casi todo el período, excepto entre 1854 y 1856, cuando alcanzaron el poder los progresistas. Es aquí donde encuadramos el texto.
En el País Vasco continuaban las negociaciones para acomodar el sistema foral al nuevo régimen constitucional, ya que los fueros defendían unos privilegios incompatibles con el centralismo y la uniformidad que establecía el régimen liberal.
La Vicalvarada y el ascenso progresista
En julio de 1854, el general O’Donnell, moderado, inició un pronunciamiento en Vicálvaro (revolución conocida como la Vicalvarada), enfrentándose a las tropas del Gobierno. Junto con el general Serrano lanzaron al país el Manifiesto de Manzanares, redactado por Antonio Cánovas del Castillo, en el que se hacían peticiones progresistas. Casi toda España se unió a la insurrección, de modo que el alzamiento militar moderado se convirtió en un movimiento popular y progresista. A la vista de los acontecimientos, la reina Isabel II decidió entregar el poder a la principal figura del progresismo, el general Espartero.
Las reformas progresistas del bienio
Los progresistas elaboraron una nueva Constitución, que reemplazara a la de 1845, pero al final no fue promulgada (non-nata).
La política económica tuvo como eje principal la Ley de Desamortización General de Madoz de 1855, que significó la desaparición definitiva de los bienes de manos muertas (tanto eclesiásticos como civiles), siendo destinado el dinero obtenido por la venta a la expansión del ferrocarril. También se promulgaron una serie de leyes librecambistas para atraer capitales extranjeros y fomentar el ferrocarril, símbolo de la industrialización y el progreso:
- Ley de Ferrocarriles de 1855.
- Ley Bancaria de 1856.
- Creación del Banco de España en ese mismo año.
En este proceso, la burguesía con dinero fue de nuevo la gran beneficiaria, aunque la participación de los pequeños propietarios de los pueblos fue mucho mayor que en la anterior desamortización de Mendizábal.
El Retorno al Moderantismo (1856-1868)
Ante la inestabilidad existente en el país (acciones reivindicativas de obreros y campesinos, intentos revolucionarios, conflictividad en la calle…), O’Donnell en 1856 dio un golpe de Estado y desplazó del poder al general Espartero y al partido progresista. O’Donnell asumió la presidencia del Gobierno con el respaldo de su nuevo partido, la Unión Liberal, e intentó establecer un liberalismo centrista. Fueron años de expansión económica en los que España se incorporó, al lado de Francia, a la carrera por reconstruir un imperio colonial, lo que dio cierto prestigio al Gobierno. En 1864 volvió Narváez al Gobierno y, con él, una política conservadora y de recorte de las libertades públicas.
La crisis de 1866 y el agotamiento del régimen isabelino
La crisis económica que se produjo a nivel europeo en 1866 afectó a las finanzas, la industria, los ferrocarriles y el campo, y derivó en crisis de subsistencia; todo ello agravó aún más la situación política y social. Los últimos gobiernos moderados de Narváez y González Bravo reprimieron duramente las protestas y los alzamientos de los militares contra el régimen. Finalmente, progresistas, demócratas y republicanos (corrientes políticas a la izquierda del progresismo), y la Unión Liberal se unieron bajo la dirección de Prim y firmaron el Pacto de Ostende para derrocar el régimen isabelino. Tras la revolución de 1868, denominada La Gloriosa, Isabel II se encontró sin apoyos y se exilió a Francia, iniciándose un período de seis años de democratización del régimen liberal.
Contextualización 5: La Regencia de María Cristina (1833-1840)
La fecha del texto nos sitúa en 1839, época en la que María Cristina es la reina regente de España, debido a la minoría de edad de su hija Isabel II, heredera de Fernando VII. Está vigente la Constitución progresista de 1837, hecha en consenso de moderados y progresistas. En las Provincias vascas, esta constitución y las leyes de los progresistas significaron la supresión de los fueros.
Liberalismo y Guerra Carlista
En España se había consolidado la división del liberalismo (iniciada en el Trienio Liberal) en 2 grupos: moderados y progresistas. Ambos defendían la monarquía parlamentaria. Sin embargo:
- Moderados: Defendían la soberanía compartida, un sufragio censitario restringido, un estado centralista y confesionalmente católico, y limitar los decretos individuales. Su base social eran las clases altas.
- Progresistas: Querían la soberanía nacional, un sufragio censitario más amplio, la descentralización estatal y mayores libertades. Su base eran las clases medias y la pequeña burguesía.
Dos meses antes de la redacción del texto, el general carlista Maroto y el liberal Espartero habían firmado el Convenio de Vergara, que ponía fin a la I Guerra Carlista (iniciada en 1833), enfrentando a absolutistas (defensores del infante Carlos) e isabelinos (defensores de Isabel). Con esta paz, el ejército carlista aceptaba a la reina Isabel pero obligaba al gobierno liberal a respetar el régimen foral.
La Ley de 1839 y la Caída de los Moderados
A los dos meses de esa firma, las Cortes, de mayoría moderada, y la regente María Cristina, por la ley del 25 de octubre de 1839, confirmaron los fueros de Navarra y las provincias vascas pero “sin perjuicio de la unidad constitucional”. Así, el gobierno conciliaba los principios constitucionales y forales y dejaba abierto el camino a futuras modificaciones de los Fueros.
Hasta 1840, se fueron sucediendo gobiernos de signo moderado y se fueron radicalizando las posturas entre moderados y progresistas. El último choque entre ellos fue la “ley de ayuntamientos” impuesta por los moderados, y que, según los progresistas, inculpaba la Constitución de 1837. Esto provocó la insurrección de progresistas y precipitó la caída del gobierno moderado y el destierro de la reina.
El general Espartero, que gozaba de popularidad por haber firmado la paz de Vergara, fue elegido por las Cortes para asumir la regencia siguiendo el programa unificador y centralista de los progresistas. Con él se aceleró la desamortización de los bienes eclesiásticos y se recortaron los fueros vasco-navarros.
Finalmente, una sublevación militar de los moderados, a la que se unieron varios progresistas, puso fin a su regencia y coronaron reina a Isabel II con tan solo 13 años.
Contextualización 6: El Inicio de la Restauración (1874 en adelante)
La fecha del texto nos sitúa en 1877, tras la derrota carlista y recién restaurada la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II.
La Restauración se vio favorecida por:
- El agotamiento del Sexenio Democrático.
- La presión de la oligarquía para recuperar el control político de la etapa de Isabel II.
- El conservadurismo de países de la Europa Occidental.
- El pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto.
El Sistema Canovista y el Bipartidismo
El principal artífice de la restauración fue Antonio Cánovas del Castillo, conservador y antidemocrático, que configuró un régimen político basado en la Constitución de 1876, aprobada por unas Cortes elegidas por sufragio universal del Sexenio, todavía vigente.
Cánovas, admirador del parlamento inglés, introdujo el bipartidismo y la alternancia de poder de dos grandes partidos dinásticos:
- Conservador: Firmado por Cánovas. Partidarios del inmovilismo político, proponían un sufragio censitario y eran defensores de la Iglesia y del orden social.
- Liberal: Liderado por Sagasta (integrando progresistas y demócratas). Defendían el Sufragio Universal masculino y eran partidarios de un reformismo de carácter democrático, laico y social. Su base social eran los pequeños y medianos propietarios rurales, militares de baja graduación y clases medias burguesas.
Ambos partidos coincidían en el rechazo de la violencia para llegar al poder y defendían la monarquía borbónica, la Constitución, la propiedad privada y un Estado centralista y uniforme.
El Fraude Electoral y la Estabilidad
La Constitución de 1876 garantizaba la alternancia pactada en el poder de estos dos partidos, mediante el ejercicio pacífico del sufragio, para alejar la tentación de pronunciamiento militar como forma de llegar al poder. Para asegurarse su alternancia, era necesario manipular las elecciones. Así, el sistema electoral de la Restauración se basó en:
- El fraude electoral o pucherazo.
- El caciquismo: Práctica según la cual una persona notable y con influencia política actuaba al servicio de la oligarquía, que controlaba las votaciones en un pueblo. El cacique amañaba las elecciones para el correspondiente diputado encasillado, haciendo favores políticos a través de votos.
Así se consiguió un largo período de estabilidad política que se vio favorecida por el fin de las guerras carlistas, lo que trajo la abolición definitiva de los Fueros del País Vasco y Navarra.
Asentada la paz en el país, el partido de Cánovas ejerció el poder ininterrumpidamente hasta 1881, cuando el Partido Liberal inició su participación en el turno. Esto se mantendrá durante la regencia de María Cristina de Habsburgo, madre del futuro Alfonso XII y esposa del fallecido Alfonso XII, tras el Pacto del Pardo entre Cánovas y Sagasta. A lo largo de estos años conservadores y liberales se turnaron pacíficamente el gobierno. Los partidos antidinásticos quedaron fuera del turno: a la izquierda, republicanos y socialistas, y a la derecha, carlistas y nacionalistas.