Evolución histórica de la lengua española: de la Hispania prerromana a la actualidad

Las lenguas prerromanas (hasta el s. III a.C.)

En la antigüedad, en la Península Ibérica convivían pueblos distintos, cada uno con sus propias lenguas y culturas. Destacan los iberos, los celtas, los celtíberos, los tartesos y los vascones. Existe poca información sobre las lenguas de estos pueblos, dado el carácter primitivo de sus culturas, por lo que no se conoce realmente su origen ni muchos de sus rasgos lingüísticos.

La romanización (s. III a.C. – s. V)

El Imperio romano llegó a la Península en el s. III a.C., arrasó a casi todos los pueblos prerromanos e impuso su lengua (el latín) y su cultura, lo que supuso que todas las lenguas prerromanas fuesen quedando olvidadas. La única excepción fue el euskera; los romanos no ocuparon con la misma fuerza su territorio y los vascones pudieron mantener su lengua.

La España de los visigodos (s. V – s. VIII)

Durante el siglo V, el Imperio romano sufrió una crisis política que supuso que la Península fuese ocupada por diversos pueblos germánicos procedentes del norte de Europa. De entre todos ellos, lograron imponerse los visigodos, que habían sido aliados de los romanos. Los visigodos hablaban su propia lengua, el gótico, perteneciente a la familia lingüística germánica. Sin embargo, siguieron usando el latín como idioma principal en todo el territorio que controlaban. Algunos términos de origen visigodo son: guerra, guardia, ropa, Rodrigo

Al-Ándalus (s. VIII – s. XIII)

En 711, la Península Ibérica fue invadida por el imperio islámico, que impuso su idioma (el árabe) y cultura en las zonas controladas, aunque también trajo consigo numerosos progresos científicos y culturales. El idioma árabe llegó a influir en la lengua románica que hablaba parte de la población cristiana que habitaba Al-Ándalus, lo que dio lugar al mozárabe, hoy desaparecido.

Los reinos medievales cristianos (s. VIII – s. XIII)

El latín evolucionó de formas distintas en cada uno de los reinos del norte peninsular, lo que dio lugar a las lenguas y dialectos romances actuales. De izquierda a derecha: gallego-portugués, asturleonés, castellano, fabla aragonesa y catalán. Paulatinamente, estos reinos (Castilla, Aragón, Navarra) irían incrementando su territorio en detrimento de Al-Ándalus, lo que supuso que estas lenguas fueran expandiéndose por la Península hacia el sur.

Distribución actual e imposición del castellano (s. XIV)

Tras la Edad Media, cada reino cristiano consolidó sus dominios de forma similar a la distribución actual:

  • El gallego-portugués ocupaba la franja occidental (posteriormente se separaría en el gallego y el portugués).
  • El catalán ocupa la franja oriental (posteriormente nacería el dialecto valenciano en su parte sur).
  • El castellano ocupaba la franja central, escoltado por el dialecto asturleonés y el aragonés a sus lados.

La importancia militar y política de los núcleos que hablaban castellano hizo que el español se expandiera a los territorios dominados por las demás lenguas y dialectos, con los que el español empezó a convivir. En las zonas del sur, el castellano se impuso formando diferentes dialectos, motivados por la influencia del sustrato árabe (dando lugar al andaluz), del sustrato asturleonés (generándose el extremeño) o el sustrato aragonés (naciendo así el murciano).

La expansión del español a través del océano (s. XV – XVI)

En el siglo XV, España inició un proceso de conquista y colonización de América y de las Islas Canarias. Esto supuso que el español (específicamente el hablado en el sur del país, del que procedían la mayor parte de pobladores y exploradores) se impusiera en los distintos territorios conquistados, sustituyendo a las lenguas indígenas habladas allí, que también dejaron su sustrato formando nuevos dialectos, como el canario o el español de los diferentes países de América.

Normativización de las lenguas romances (s. XVII – XIX)

Durante los siguientes siglos, las lenguas peninsulares fueron regulando sus normas lingüísticas a través de su uso en la literatura y la publicación de gramáticas y ortografías. La primera gramática del castellano fue publicada por Elio Antonio de Nebrija en 1492. Sin embargo, el idioma no fue regularizado de forma general hasta el siglo XVIII, cuando se funda la Real Academia Española.

El catalán, el vasco y el gallego quedaron relegados a zonas rurales y fueron sustituidos por el castellano en las ciudades hasta el siglo XIX, momento en el que se reivindicaron como símbolo cultural de sus regiones. Durante el franquismo (1939-1975), estas lenguas volvieron a quedar marginadas al ámbito familiar (no eran consideradas lenguas oficiales). Actualmente, están equiparadas por la Constitución a la lengua castellana como lenguas cooficiales en sus respectivos territorios.