La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)
Desde 1917, el régimen de la Restauración entró en crisis. Era difícil formar mayorías en el Parlamento, lo que ocasionó crisis de gobierno constantes. Esto aumentó la conflictividad social, a lo que se sumó, en 1921, el desastre de Annual.
Durante la primavera de 1923 se conspiraba contra el Gobierno desde dos movimientos distintos: uno vinculado a la desaparición de las Juntas de Defensa de Barcelona y otro desde Madrid. El capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, contactó con los segundos. Cuando en junio pidió en Madrid plenos poderes para luchar contra el terrorismo en Barcelona y le fueron negados, se convirtió en el enlace de ambos grupos y jefe de la sublevación.
El 13 de septiembre de 1923, Primo de Rivera dio un golpe de Estado, que fue reconocido por Alfonso XIII, quien le mandó formar gobierno sin contar con el Parlamento.
El nuevo régimen recibió el apoyo de la burguesía, del Partido Socialista y de la UGT. Primo de Rivera afirmaba no pretender establecer un régimen definitivo.
El Directorio Militar (1923-1925)
De septiembre de 1923 a diciembre de 1925 se desarrolló la etapa del Directorio Militar. Se proclamó el estado de guerra, Primo de Rivera disolvió las Cortes, suspendió la Constitución, sustituyó a los gobernadores civiles por militares, publicó el Decreto de Incompatibilidades, paró el expediente Picasso, creó el Somatén Nacional, disolvió la Mancomunidad de Cataluña y persiguió al radicalismo vasco (PNV) y a los anarquistas.
La dictadura se institucionalizó con la promulgación del Estatuto Municipal (1924), el nombramiento de delegados gubernativos y la creación de la Unión Patriótica (UP, 1924).
Su mayor éxito vino de Marruecos. Tras una etapa de abandono, los ataques rifeños a las posiciones españolas (1924) y las conversaciones con Franco y Sanjurjo le animaron a acabar con el conflicto. Se preparó un potente ejército que, unido al francés, desembarcó en la bahía de Alhucemas (septiembre de 1925). Tras semanas de batallas, Abd-el-Krim se entregó. El éxito conseguido le reconcilió con el Ejército, con los ciudadanos cansados de la guerra, con los empresarios inversores en Marruecos y con Hacienda, que pudo reducir el déficit.
El Directorio Civil (1925-1930)
En diciembre de 1925 se constituyó el Directorio Civil. Tras los éxitos económicos y políticos, Primo de Rivera intentó consolidar el régimen a imitación del fascismo italiano. Convocó una Asamblea Nacional Consultiva, puso en marcha la Organización Corporativa del Trabajo y creó el Consejo Nacional del Trabajo.
En esta etapa de bonanza económica, la Constitución siguió en suspenso y se continuó legislando por decreto. Colaboraron representantes de la oligarquía tradicional, nuevos políticos civiles y militares. Se acometió la ejecución de obras públicas, una reforma fiscal que introducía la declaración sobre la renta y la creación de monopolios estatales.
La dictadura no solucionó la cuestión catalana ni frenó a un movimiento obrero que se fortalecía. Desde 1928, el PSOE, el PCE y la CNT empezaron a pensar en una solución republicana.
También contribuyeron a la caída de la dictadura los intelectuales y el ejército peninsular. Los intelectuales se vieron atacados por la destitución de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca y por la clausura del Ateneo, lo que desembocó en revueltas universitarias y en el cierre de la Universidad. El ejército peninsular estaba descontento por el favoritismo hacia los militares africanistas. A ello se unió la creación de la FAI (1927) y la crisis de 1929.
El 28 de enero de 1930, Primo de Rivera presentó su dimisión al Rey.
El final del reinado de Alfonso XIII
El rey decidió restablecer el viejo sistema parlamentario, pero no se restableció la Constitución de 1876 ni se convocaron elecciones generales. El rey encargó formar gobierno al general Dámaso Berenguer (“dictablanda”); pero la complicidad del Rey con la dictadura alentó el crecimiento republicano y las fuerzas políticas firmaron el Pacto de San Sebastián. Estas fueron apoyadas por intelectuales y respaldadas por acciones del ejército (sublevación de Jaca, diciembre de 1930).
Tras la dimisión de Berenguer, el nuevo gobierno del almirante Aznar convocó elecciones municipales el 12 de abril. Acudieron en coalición los firmantes del Pacto de San Sebastián, con un resultado favorable que desencadenó la abdicación del rey, quien abandonó el país. El 14 de abril se proclamó la Segunda República.
La Segunda República
La Segunda República pasó por un periodo reformista (1931-1933) que llegó a su fin con las elecciones de noviembre de 1933, en las que triunfaron la CEDA y el Partido Radical de Lerroux.
Gobierno radical-cedista (1933-1935)
Alcalá-Zamora llamó a Lerroux a formar gobierno. Aplicaron un programa de rectificación legislativa del bienio anterior: paralizaron la reforma agraria y la militar, pusieron en destinos clave a militares antiazañistas, amnistiaron a los golpistas de la Sanjurjada (Ley de Amnistía), redujeron el presupuesto de educación y devolvieron la enseñanza a la Iglesia; bloquearon los Estatutos de autonomía (paralizando el vasco y en tensión con la Generalitat) y en 1935 presentaron un proyecto de reforma constitucional que no se llegó a cumplir.
Durante 1934 el país se polarizó. En la derecha estaba la CEDA de Gil Robles, los monárquicos de Renovación Española, la derecha republicana y los radicales. La izquierda republicana se reconstruyó tras el fracaso electoral (surge Izquierda Republicana y Martínez Barrio funda Unión Republicana). El movimiento obrero se radicalizó: al PSOE se le unió la UGT preparando una revolución en caso de que la CEDA llegase al gobierno; el PCE comenzó a colaborar con los socialistas, sumándose los nacionalistas de Esquerra; la CNT quedó al margen.
La Revolución de octubre de 1934 (Revolución de Asturias)
Fue el momento más crítico de la Segunda República. El programa de rectificación, los enfrentamientos callejeros, la violencia verbal en la prensa y las Cortes, la tensión entre patronos y trabajadores y la huelga general de campesinos (junio) crearon una situación explosiva.
La CEDA presionaba para entrar en el gobierno, y esa posibilidad desde la izquierda se veía como el triunfo del fascismo. El 4 de octubre se formó un nuevo Gobierno con tres miembros de la CEDA. Socialistas y ugetistas lo consideraron una agresión a la República y cursaron orden de huelga general revolucionaria, adquiriendo carácter de insurrección popular en Asturias, Cataluña y País Vasco. Lluís Companys proclamó el Estado catalán.
En 12 días acabaron con la insurrección salvo en Asturias, donde se había firmado la Alianza Obrera para socializar los medios de producción. Los obreros consiguieron ocupar toda Asturias y proclamaron la Revolución Socialista de los Consejos Obreros. El Gobierno recurrió a legionarios dirigidos por Franco, que sofocaron la insurrección con más de mil muertos en los combates y represaliados posteriores por toda España.
La segunda etapa del Gobierno radical-cedista (1934-1935)
Marcada por los sucesos de octubre de 1934, el débil Gobierno estuvo en crisis permanente. La CEDA se fue debilitando y surgió la coalición antirrepublicana del Bloque Nacional de Calvo Sotelo, que aspiraba a contar con el apoyo del Ejército, en el que nació la Unión Militar Española, que también aspiraba a acabar con la República.
La crisis definitiva llegó en octubre de 1935 con el escándalo del estraperlo y el asunto Nombela. Lerroux dimitió y fue sustituido por Portela Valladares, quien convocó elecciones para febrero de 1936.
En enero de 1936 se firmó el pacto de constitución del Frente Popular. Su programa incluía: amnistía para los insurrectos de 1934, deponer a los despedidos por causas políticas, reforma del Tribunal de Garantías Constitucionales, continuación de la reforma agraria, educativa y social, y sujeción del Banco de España al interés público.
El Frente Popular consiguió la mayoría absoluta en las elecciones de febrero de 1936. El nuevo gobierno puso en marcha el programa anunciado: decretó una amplia amnistía, restableció el Estatuto y el Parlamento catalán (iniciando los de Euskadi y Galicia) y se reanudó la reforma agraria. Azaña envió a los generales más sospechosos a puestos alejados de Madrid.
Las nuevas Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como presidente, siendo sustituido por Manuel Azaña, y como jefe de Gobierno nombraron a Casares Quiroga ante la negativa del grupo socialista de que fuese Indalecio Prieto. Surgieron diferencias internas: los socialistas no participaron en el Gobierno, CNT y UGT se lanzaron a una ofensiva, la intensificación incontrolada de la reforma agraria mediante la ocupación ilegal de tierras en Extremadura y Andalucía, y la derecha conspiraba contra el Gobierno. Mola, apoyado por el carlismo en Navarra, se erigió en director de la conspiración. El deterioro del orden público crecía, se incrementó el terrorismo, el pistolerismo falangista, las huelgas aumentaban y los parlamentarios se amenazaban.
En el Ejército prosperaban los movimientos conspiratorios. El golpe militar se precipitó a raíz del asesinato, el 12 de julio, de José Castillo; en respuesta, de madrugada fue asesinado Calvo Sotelo. El doble crimen sirvió como argumento para justificar la sublevación militar. El 17 de julio de 1936, la guarnición de Melilla se sublevó y declaró el estado de guerra.
La Guerra Civil (1936-1939)
La Guerra Civil fue el resultado de una combinación de factores que provocaron una profunda división en la sociedad española. La sublevación militar comenzó el 17 de julio de 1936, pero la conspiración se inició como consecuencia de la victoria del Frente Popular. Ya se habían producido otros intentos, como la Sanjurjada de 1932 y movimientos de generales entre diciembre de 1935 y febrero de 1936.
El golpe de Estado de julio de 1936 fue organizado, planeado y liderado por militares descontentos. El estratega y jefe fue Mola; pretendía instaurar un modelo de gobierno como el de la dictadura de Primo de Rivera. Sanjurjo debería dirigir el Directorio Militar que se debía crear tras el golpe, y Franco se incorporó al final. Los sublevados preveían un golpe breve, y el Gobierno confió en exceso en sus posibilidades.
La sublevación comenzó el 17 de julio de 1936 en Melilla, dirigida por el teniente coronel Juan Yagüe. Franco se trasladó de Canarias a Marruecos poniéndose al frente de las tropas del Protectorado. Entre el 18 y 19 de julio se sumaron Sevilla y Cádiz. Aparte de las islas, quedaron sublevadas dos zonas: por un lado, ambas costas frente al estrecho y, por otro, Galicia, Castilla-León, Navarra, Granada, Cáceres y las tres capitales de Aragón. La zona republicana quedó dividida en dos: la cornisa cantábrica y País Vasco (excepto Álava), y por otro lado Madrid, Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha, Málaga y Murcia.
Tras el golpe y desde el 20 de julio, España quedó dividida en dos bandos:
- Los sublevados: Pretendían restablecer el orden, acabar con la anarquía y con los “rojos”. Militarmente, contaban con milicias falangistas y carlistas, un ejército disciplinado con una estricta dirección, y combatientes marroquíes, irlandeses, portugueses, italianos y la Legión Cóndor alemana. Económicamente, dominaban las principales zonas agrarias.
- Los republicanos: Defendían la República democrática y sus logros frente al fascismo. Militarmente lo formaban milicias de partidos y sindicatos de izquierda, el Quinto Regimiento y las Brigadas Internacionales. Económicamente controlaban las zonas industriales y mineras, y los recursos del Banco de España.
A nivel internacional, la Guerra Civil Española estalló en un momento crítico. La guerra provocó divisiones en la opinión pública mundial, convirtiéndose en un conflicto de trascendencia internacional.
La ayuda que recibió el ejército franquista vino de Alemania (Legión Cóndor), Italia (aviones y el Cuerpo de Tropas Voluntarias). En menor medida recibió apoyo de Portugal (Legión Viriato), EE. UU. e Irlanda. El Estado Vaticano reconoció el régimen en 1937. El Gobierno republicano contó con el apoyo de las Brigadas Internacionales, la URSS y México. Francia alentó la adhesión al Gobierno republicano, pero sin pronunciamiento oficial. Las razones que dio Estados Unidos para mantenerse neutral fueron no alentar el “comunismo europeo”. Intelectuales y artistas se involucraron y acudieron a España, como Hemingway, G. Bernanos y Robert Capa.