Historia y consolidación de la democracia en España (1975-1982)

El franquismo sin Franco: inmovilistas y reformistas

Tras la muerte de Franco, el régimen quedó dividido en dos corrientes principales: los inmovilistas y los aperturistas o reformistas.

  • Los inmovilistas: Defendían la continuidad del franquismo sin cambios significativos, buscando preservar sus estructuras políticas, sociales y económicas. Su figura clave fue Carrero Blanco, y contaban con el apoyo de sectores conservadores, tradicionales y parte del ejército.
  • Los reformistas: Aunque minoritarios, proponían adaptar el sistema a las nuevas realidades sociales y económicas. Su estrategia consistía en abrir progresivamente el sistema político sin provocar una ruptura brusca.

En esencia, el tardofranquismo estuvo marcado por la tensión entre continuidad y cambio, un enfrentamiento clave para el inicio de la Transición.

La Reforma política y la oposición

Tras el breve gobierno de Arias Navarro, el rey Juan Carlos I nombró a Adolfo Suárez presidente en 1976. Su principal logro fue la aprobación de la Ley para la Reforma Política, que permitió desmontar el sistema franquista desde dentro y abrió paso a elecciones libres, proceso conocido como “las Cortes harakiri”.

A pesar de las resistencias de la extrema derecha y grupos radicales (GRAPO, ETA), el gobierno logró avanzar mediante los Pactos de la Moncloa, que estabilizaron la economía y facilitaron el consenso necesario para redactar la Constitución de 1978.

Las primeras elecciones generales y la Ley de Amnistía de 1977

Las primeras elecciones democráticas desde 1936 se celebraron en 1977. Tras la legalización del Partido Comunista, la UCD de Adolfo Suárez obtuvo la victoria. Ese mismo año se aprobó la Ley de Amnistía, con un doble objetivo:

  • Liberar a los presos políticos del franquismo.
  • Facilitar la reconciliación nacional.

Aunque polémica por impedir juzgar los crímenes de la dictadura, fue una medida imprescindible para lograr la paz social.

La Constitución de 1978 y los Estatutos de Autonomía

La Constitución de 1978 es el pilar de la Transición. Define a España como un Estado social y democrático de Derecho, bajo una monarquía parlamentaria. Entre sus aportaciones destacan:

  • Reconocimiento de derechos y libertades fundamentales.
  • Separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).
  • Creación del Tribunal Constitucional.
  • Organización territorial mediante Comunidades Autónomas.

Los primeros pasos de la autonomía vasca: el Estatuto de Gernika de 1979

El País Vasco accedió a la autonomía como “nacionalidad histórica”. El Estatuto de Gernika estableció un sistema parlamentario y reconoció los “derechos históricos”, permitiendo el Concierto Económico y la creación de la Ertzaintza. Este marco fue fundamental para integrar las demandas nacionalistas en el sistema democrático.

Los años de plomo: el terrorismo y la violencia política

Desde finales de los 70 hasta principios de los 80, España vivió los “años de plomo”. Grupos como ETA, el GRAPO y sectores de extrema derecha utilizaron el terrorismo (atentados, secuestros y asesinatos) para desestabilizar el proceso democrático. A pesar de la violencia, el sistema político demostró su capacidad de resistencia.

Crisis económica, movimiento obrero y movimientos sociales

Crisis económica y conflictividad social

La crisis del petróleo de 1973 agravó la debilidad económica española, provocando inflación y desempleo. La conflictividad social resultante fue canalizada mediante los Pactos de la Moncloa, que permitieron el diálogo entre gobierno, partidos, sindicatos y empresarios.

El movimiento obrero y los movimientos sociales

Sindicatos como CCOO y UGT fueron decisivos en la defensa de derechos laborales. Paralelamente, el auge del feminismo, el ecologismo y el movimiento vecinal transformaron la sociedad española, promoviendo valores participativos esenciales para la democracia.

El intento de golpe de Estado de 1981

El 23-F fue un momento crítico para la democracia. El intento de golpe de Estado, liderado por Antonio Tejero y Milans del Bosch, fue frenado gracias a la intervención del rey Juan Carlos I y la respuesta ciudadana. Este evento reforzó la legitimidad del sistema democrático y la Constitución.

Las elecciones generales y autonómicas

En 1982, el PSOE de Felipe González obtuvo una victoria histórica por mayoría absoluta, marcando el fin de la Transición. Este triunfo, junto con la consolidación de los gobiernos autonómicos (como el PNV en el País Vasco), supuso la normalización institucional y el inicio de una etapa de estabilidad democrática en España.